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7 agosto 2016 7 07 /08 /agosto /2016 23:00
Autor: ENEKO

Autor: ENEKO

La campaña militar francesa [después del atentado de Niza] trajo como resultado un alto número de bajas civiles en la densamente poblada Manbij, Siria. Algunas estimaciones indican que el número de bajas civiles superaron las 300 víctimas, la mayoría de los cuales eran ancianos, mujeres y niños. También la Fuerza Aérea francesa bombardeó una escuela iraquí en Nínive masacrando a 36 niños, según fuentes locales. El terror fundamentalista-takfir se siembra con el terror galo. Es un duelo entre el califa francés François Hollande y el califa Abu Bakr Al-Bagdadi para ver quién mata más civiles. Es el ojo por ojo de la misma coalición responsable de crear y armar a esos demonios

Laila Tajeldine y Basem Tajeldine

Continuando desde los razonamientos y exposiciones del último artículo, donde comenzamos una revisión al fundamentalismo islámico, hemos de reconocer que, lejos de representar una civilización esplendorosa (como ocurrió antaño), hoy por hoy el mundo árabe no marca la vanguardia cultural del planeta. Su papel en el concierto mundial se ve relegado, al menos para la lógica que imponen los centros internacionales del poder (representantes a su vez de la globalización capitalista), a ser productores de materias primas, fundamentalmente petróleo. Riquezas naturales que sólo contribuyen a mantener dinámicas sociales pre-industriales, apoyadas en corruptas monarquías feudales que conforman Estados dictatoriales, que controlan la explotación de dichos recursos, y que mantienen en situación precaria a la inmensa mayoría social de sus países. Es precisamente en este contexto donde surge el fundamentalismo islámico, en tanto movimiento político-religioso que preconiza la vuelta a la estricta observancia de las leyes coránicas en el ámbito de la sociedad civil. Dentro de sus planes están el rescate de los valores propios e intrínsecos del Islam, la restauración del Estado Islámico y la oposición a todo lo que haya entrado en la sociedad musulmana como importación, progreso, novedad o innovación. 

 

En el seno de este amplio movimiento se encuentran tendencias diversas, incluso antagónicas entre sí: sunnitas, chiítas, wahabitas, el Yihad islámico, los Hermanos Musulmanes de tendencia sunni (surgidos a finales de los años 20 e implantados fundamentalmente en Egipto, pero también en otros países del occidente musulmán como Sudán, Yemen, Siria...), el movimiento Hamás, la red Al-Qaeda, etc. Y si bien está extendido en modo difuso por buena parte de África (Sahel, Magreb islámico) y Asia contando entre sus seguidores a millones de personas, es muy difícil encontrar un hilo conductor único que reúna a todo este movimiento. No obstante, a pesar de su amplísima pluralidad, se dan varios aspectos inmutables del derecho islámico que podemos ver transversalmente en todo el amplio arco del fundamentalismo: el rechazo a admitir el matrimonio de la mujer musulmana con el no musulmán, el rechazo a la posibilidad de que un musulmán pueda cambiar de religión reconociendo su derecho a la libertad de conciencia, el rechazo a admitir la legalidad de los sindicatos para los trabajadores, la pena capital por apostasía, la aceptación de los castigos corporales, y ciertas desigualdades crónicas: la superioridad del amo sobre el esclavo, del musulmán sobre el no musulmán y del varón sobre la mujer, la que es sometida al proceso de mutilación genital desde niña, desde la concepción de que no debe gozar sexualmente (algo reservado a los varones). 

 

De este modo, el fundamentalismo apegado al Islam primigenio no establece separación entre política y religión (para ellos es un todo indivisible, de ahí que se estile tanto que los partidos políticos sean organizaciones religiosas, y viceversa). Y así, los líderes islamistas suponen que la dirección política de la sociedad debe recaer en líderes religiosos. Para el fundamentalismo, la restauración del Islam originario es la única alternativa viable, la respuesta religiosa frente a los fracasos, las crisis y el secularismo, en el que Occidente (los infieles, según ellos) es el principal causante de los males. Siguiendo esta línea, para los fundamentalistas muchos problemas del mundo árabe actual (la pobreza, el atraso económico, la dominación extranjera, etc.) son achacables al abandono de la fe islámica. Por tanto, lo esencial para ellos es volver a las fuentes de la fe, y depurar todas las impurezas o evoluciones provenientes y resultantes de siglos de decadencia, recuperando una especie de "edad de oro" entendida hoy como un paraíso perdido. Este fundamentalismo y toda su doctrina se ha difundido principalmente entre los estratos más pobres y explotados del mundo musulmán, tales como asalariados, campesinos expropiados y empujados a emigrar a la ciudad, trabajadores en general y pequeña burguesía que gira alrededor de la economía de los bazares, y una parte del clero islámico. Y muy especialmente entre la juventud, donde el 60% de la población islámica está desocupada, y con un porvenir incierto. 

 

El fundamentalismo es un movimiento interclasista que, incluso mediante acciones violentas, se opone a la "modernidad laica" en vez de oponerse a la explotación capitalista y al injusto sistema neoliberal y globalizado internacionalmente, que son las verdaderas, últimas y auténticas causas de los actuales sufrimientos de todas las masas oprimidas, no sólo en el mundo musulmán, sino en todo el planeta. Como en el Corán está escrito que quienes mueran en la defensa de su fe tendrán bienaventuranza eterna, los adeptos a este dogma se ven inducidos a los mayores sacrificios para alcanzar las ambiciones terrenales de sus líderes, hábilmente camufladas detrás de los textos sagrados y de los ideales religiosos. Esto explica el terrorismo de inmolación de estos fundamentalistas, tan difícil de entender desde la cosmovisión y el imaginario occidental. Así, cuando un joven islámico se lanza cargado de explosivos por todo su cuerpo contra un objetivo y mata a decenas de personas, lo hace desde la convicción de que esa es "la voluntad de Dios", y que después de su muerte, irá directamente al paraíso para estar junto a Alá. En el contexto de miseria económica, desempleo y pobreza, y desde la desesperanza transmitida en una creencia de decadencia de los valores originales, las masas fundamentalistas de los países musulmanes se encuentran en un callejón sin salida. Si a todo ello unimos la arrogancia y desprecio de los monarcas y de los dictadores del mundo islámico, se añade aún más combustible al odio y a la desesperación de estas masas. 

 

El fenómeno obedece por tanto a esta dimensión socio-política, pero dominada por la religión, y la razón principal para poder explicarlo y entenderlo viene dada por el enorme vacío creado ante la falta de propuestas alternativas y de salidas que se dan en estas sociedades, y por la manipulación ideológica de las poblaciones apelando a un fanatismo religioso muy fácil de manipular y de exagerar. Es aquí donde podemos comenzar a realizar ciertas preguntas, y a intentar buscar las verdaderas respuestas: ¿A quién beneficia este fundamentalismo? ¿Es realmente un camino de liberación para las masas? ¿A qué intereses responden estas manipulaciones? Para poder explicar todo esto nos tenemos que situar en las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado. Entonces, en el mundo musulmán existían corrientes de izquierda bastante importantes. En Siria, Yemen, Somalia, Etiopía y otros países islámicos, se produjeron Golpes de Estado de izquierdas, que derrocaron a los antiguos regímenes capitalistas, feudales y corruptos, conduciendo a la creación de nuevos Estados obreros y proletarios. Dichos líderes incluso desafiaron al imperialismo occidental, y llevaron a cabo nacionalizaciones de sus recursos y empresas, y reformas radicales para una mayor justicia social en sus respectivos países. Pero claro, todo esto molestaba al imperialismo estadounidense, que veía peligrar sus intereses hegemónicos en estas regiones, y entonces, a partir de ese momento, una de las piedras angulares de la política exterior norteamericana fue organizar, armar y fomentar estas oleadas de fundamentalismo islámico moderno, como una arma reaccionaria frente a la insurrección de las masas y las revoluciones sociales. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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