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28 agosto 2016 7 28 /08 /agosto /2016 23:00
Imagen del sitio: www.laregion.es

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Desde que yo recuerdo, las razones que se han dado por las grandes potencias para justificar sus guerras de agresión y conquista no han tenido que ver con sus intereses económicos o imperiales, sino con la defensa del “mundo libre”, los “derechos humanos”, la “democracia”... Por esas razones se creó la OTAN, se invadió Vietnam y se masacró a su pueblo, se ocupó Granada y Panamá, se hicieron las guerras del Golfo, Irak, Afganistán… Y por esas mismas razones se han apoyado Golpes de Estado y armado regímenes criminales como el de Franco, Pinochet, Videla, Israel, Arabia Saudí…

Sabino Cuadra

En el último artículo de esta serie habíamos expuesto, siguiendo el referido artículo de Roberto Mérida, las diferentes corrientes islámicas que existen en la actualidad, los países donde se cultivan mayoritariamente, y la rigidez de sus respectivos idearios, centrándonos en la que más nos interesa para nuestro guión: el Wahhabismo. Como habíamos contextualizado, el wahhabismo tiene sus precedentes en el salafismo, que significa toda doctrina religiosa islámica que parte de la idea de que es necesario "mirar atrás" (recuérdense los pilares y argumentaciones del "fundamentalismo", ya comentados en anteriores entregas), aproximándose de forma lo más rígida y estricta posible a las que se consideran las prácticas originales de los fundadores del Islam, oponiéndose a toda forma de innovación, flexibilización, adaptación, modernización, apertura o reforma. El salafismo no es una corriente unificada, sino que es una actitud o tendencia doctrinal de la que existen a su vez varias ramas o corrientes a lo largo de la historia del Islam, las cuales tienden a surgir en especial por parte de algunos teólogos en situaciones de crisis económica, política o social. No es un fenómeno reciente, ya que como hemos explicado en el número anterior, tiene sus orígenes en el hanbalismo de Ibn Hanbal (siglo IX), considerada la primera interpretación literal del Islam, mientras Oriente Medio sufría las invasiones por parte de Mongolia. Las corrientes almorávides y almohades, que llegaron a fundar un imperio que unificó gran parte del occidente musulmán, incluida la mayoría de Ál-Andalus, siguieron también esta doctrina. 

 

Pero el movimiento salafista contemporáneo, como nos recuerda Roberto Mérida en su artículo, experimenta un renacer gracias a Abd al Wahhab, que recupera la interpretación rigorista, literal y puritana del Corán, adscrita al hanbalismo a finales del siglo XVIII, y respaldada por el mecenazgo del fundador de la dinastía saudí. Esta tendencia al retroceso religioso-cultural se vio incrementada tras la caída del bloque soviético, en especial en las repúblicas ex-soviéticas islámicas, donde pasa a convertirse en un elemento claramente identitario. Se va creando todo un imaginario colectivo donde se criminaliza toda manifestación cultural considerada de "influencia occidental", bajo una filosofía absolutamente integrista y fundamentalista. Bien, ya tenemos entonces situado el contexto bajo el cual se crea el caldo de cultivo para un rechazo sin paliativos hacia todo lo que no se considere que sigue a pies juntillas las enseñanzas del profeta, pero como hemos explicado, dentro de un entorno completamente irracional, que obedece en el fondo a motivaciones de carácter geopolítico. ¿Cómo entroncamos todo ello con los movimientos de carácter terrorista que sufrimos en la actualidad? Vamos a ello. El autoproclamado Estado Islámico (ISIS, Daesh, o como queramos llamarlo) es la escisión actual más importante y reciente de Al-Qaeda, hasta hace poco el principal exponente mundial del wahhabismo y el salafismo armados. Surge como la rama iraquí de Al-Qaeda. Durante la guerra en Siria, que cumple ahora cinco largos y angustiosos años, a medida que (merced a la creciente financiación saudí) el Frente al-Nusra gana terreno a costa de la fragmentación, debilidad y disposición a colaborar de un Ejército Libre Sirio cada vez más precario y hegemonizado por ideologías salafisas, Al-Qaeda sufre una importante escisión. 

 

Esta escisión se convertiría en el ISIS, que ocupan en varios días importantes pozos petroleros y localidades del norte de Irak, llegando a tomar finalmente la emblemática ciudad de Mosul. Y posteriormente Ramadi. Luego proceden a la rápida y paulatina conquista de importantes ciudades controladas por otras facciones, lo que les permite hoy día controlar una extensa región entre el noroeste de Irak y el centro-este de Siria. Su principal valor estratégico es una importante red de carreteras, autovías y vías de suministro que se extienden sin interrupción desde un extremo al otro del área que controlan, pudiendo movilizar constantemente unidades de combatientes a distintos frentes. Cuentan además con algunos puestos fronterizos con Turquía, de carácter estratégico para el abastecimiento de sus recursos, contando así con rutas de suministros ininterrumpidos y con el flujo constante de exportaciones petroleras, armas y combatientes. Y de esta forma, han llegado a convertirse en una de las redes criminales mejor financiadas del mundo. Han pasado a convertirse en la mayor organización terrorista mundial, máxima exponente del wahhabismo, y han declarado a la ciudad de Raqqa como capital de un nuevo para-Estado teocrático, proclamando la restauración del califato. Parte de su estrategia de extensión y crecimiento consiste en poner en marcha una enorme maquinaria propagandística, con la que tratan de ganar adeptos a su causa, llegados no sólo de las principales comunidades musulmanas, sino también de las mayores ciudades occidentales. 

 

Pero no perdamos el sentido de nuestro relato, y conectemos todo esto con lo que ya exponíamos en entregas anteriores de esta serie. Gracias a todo este despliegue, han comenzado a ganar popularidad entre los sectores de gente que se siente perdida con sus actuales modos de vida, sin esperanzas, en desempleo y sin ningún referente moral. O bien que se sienten descontentos o defraudados con el capitalismo, o con cómo éste discrimina a las minorías árabes en sus países occidentales (España, Francia, Bélgica, Alemania, pero también Canadá, Estados Unidos, etc.), a la vez que el imperialismo norteamericano y sus vasallos europeos emprenden guerras de rapiña en países árabes o musulmanes, masacrando a civiles sin que ello tenga mayor eco mediático. Y creen que ante toda esa barbarie, el fundamentalismo es la respuesta. Han creído ver en el fundamentalismo islámico, en la interpretación a rajatabla del Corán la alternativa que los saque de ese pozo de miseria. Quieren, en una palabra, "volver atrás". Quieren con ello regresar a un pasado que fue esplendoroso, a la gran cuna de su civilización, por considerar que las actuales sociedades musulmanas se han alejado de la verdadera práctica del Islam. En el fondo, como tantas veces ha ocurrido a lo largo de la Historia de la Humanidad, la religión actúa como lo que en verdad es: el auténtico "opio del pueblo", que ya definiera Karl Marx. Bien, y por la otra parte...¿cuál es la respuesta de las sociedades occidentales a este fenómeno de regreso al fundamentalismo? Para ello hemos de situar el foco de estas sociedades donde realmente importa: en los intereses del neoliberalismo. 

 

La prensa de estos países "libres" y "civilizados" (lo ponemos entre comillas porque en realidad distan mucho de ello), como no podía ser de otra forma, ante cualquier atentado en su terreno achacado a este integrismo islámico siempre reacciona de la misma forma, esto es, mostrando los hechos sin profundizar en sus orígenes, en sus causas, en las verdaderas motivaciones que lo generan, lo cual no sólo genera pavor y desconcierto entre la población, sino que además, fomenta y abona el terreno para el crecimiento de la islamofobia, el fascismo, el racismo y la xenofobia en general. Se extiende la falsa idea de que todos los musulmanes son fanáticos, y lo peor de todo, se extiende la idea de que nuestras sociedades son "inocentes" ante esta barbarie, y que los demás son los culpables. Se nos ofrece una leyenda de buenos y malos, de buenas civilizaciones frente a culturas perversas, que sólo cultivan el terrorismo, el odio, el asesinato y la barbarie, escondiendo o silenciando que nuestras "civilizadas" sociedades han contribuido y lo siguen haciendo de forma muy destacada en los motivos para la generación de este salvaje fundamentalismo. ¿Quiénes son los autores ejecutores? Una minoría, financiada con dinero procedente del principal aliado de Estados Unidos e Israel en la zona, como es Arabia Saudí. ¿Quiénes son los últimos responsables? Estados Unidos y la Unión Europea, como los grandes adalides de los acuerdos con Arabia Saudí y los grandes centros del fundamentalismo, a los cuales se les venden armas, y se les firman ingentes tratados comerciales. Como puede comprobarse, es un comportamiento que destila una abyecta hipocresía. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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