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15 septiembre 2016 4 15 /09 /septiembre /2016 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

El retorno de las desigualdades no es sólo un efecto mecánico de las mutaciones del capitalismo, sino que también responde al hecho de que los individuos ya no eligen la igualdad social. [...] La reducción de las desigualdades descansa sobre los lazos y los sentimientos de solidaridad, que hoy están en declive, y en cierta manera no queremos más ‘pagar por los otros’

François Dubet

En el artículo anterior hemos bosquejado un breve pero ilustrativo retrato de la situación de la pobreza en nuestro país, tomando como referencia datos, estudios e indicadores oficiales, lo cual nos ha dado un buen punto de partida para asimilar nuestra realidad social, justo cuando en el otro extremo hay sujetos, personas y corporaciones, que manejan sin despeinarse miles de millones de euros, y que son responsables (porque tienen el poder para ello) de la vida de otros millones de personas y entidades. Sobre los ricos y su poder nos detendremos ampliamente más adelante en esta misma serie, pero de momento, queremos detenernos en intentar explicar qué tipo de sociedad, sobre qué bases y mimbres, se da esta tremenda radiografía social desigualitaria. Y ello nos lleva, como no podía ser de otra forma, al estudio de la esencia capitalista de nuestro modelo de sociedad. Seguiremos para ello algunos pasajes (la bibliografía en torno a este asunto es ingente) de este fantástico artículo de Rodolfo Crespo, sobre todo en sus puntos iniciales. Pues bien, desde los años 70 del siglo XX el sistema-mundo capitalista entró en un estadío de crisis estructural. Pero...¿qué significa esto exactamente? Es decir, ¿qué es lo que distingue una crisis estructural de aquéllos otros fenómenos que se producen también de manera cíclica y recurrente, de forma sistemática y con cierta periodicidad en la vida de cualquier sistema? 

 

Pues lo que diferencia una crisis estructural de aquéllas otras que no lo son es el hecho de que los mecanismos que normalmente tienen los sistemas para corregir las desviaciones que normalmente en su accionar los alejan del equilibrio, ya no surten efecto. Es decir, cuando el sistema llega a un punto en que las fluctuaciones, desequilibrios y descontroles del mismo son tan suficientemente amplias e impredecibles que ninguna acción, por fuerte, poderosa y correctiva que sea, es capaz de asegurar la renovada viabilidad del mismo, es cuando decimos que estamos ante una crisis estructural. Esto es, una crisis per se del propio sistema, una crisis consustancial e irrecuperable. El sistema se tambalea y se bifurca, esto es, se ve a sí mismo ante dos o más rutas alternas hacia una nueva estructura, bajo un equilibrio nuevo. Pero cuál de dichas rutas seguirá el sistema, es decir, qué tipo de nuevo sistema se establecerá, es algo imposible de determinar por adelantado, por cuanto es una función de una extrema complejidad y con una infinidad de elecciones particulares que no están delimitadas sistemáticamente. Bien, pues esto es justamente lo que sucede hoy día con el capitalismo, lo reconocen hasta sus intelectuales más fieles, y negarlo sería un ejercio de completa ignorancia. Estamos ante la esencia misma del capitalismo, ya predicha por Marx y sus colaboradores en multitud de obras, y como decimos, fuente y caudal del inmenso mundo de las desigualdades. 

 

Como sabemos, y ya hemos explicado en otros artículos de este Blog, el capitalismo, como modo concreto de producción, es un sistema que da prioridad a la incesante acumulación de capital. En concreto, sólo aquéllos sujetos económicos que privilegien la inversión constante e ilimitada de capital se verán recompensados, mientras que los que no lo hagan serán castigados, y de continuar perseverando en esa dirección, terminarán en la ruina. Pero es que a esa orientación extensiva del capitalismo que hace del crecimiento constante, ininterrumpido y sin fin de capital un imperativo categórico, en el que crecer y crecer es la única manera de no perecer, se suma el hecho de que el capitalismo resuelve muchas de sus contradicciones trasladándolas fuera de su propio marco, es decir, creciendo en el espacio. Alguien dijo alguna vez que "el capitalismo no arregla sus problemas, simplemente los traslada a otro lugar", muy acertadamente. Y así, en cuanto desciende el ratio de ganancias, el capitalismo arranca un trozo de la zona no capitalista y lo convierte en la periferia capitalista, fuente de mano de obra barata y nuevo mercado para su expansión. De ahí los históricos episodios de colonialismo, ya que la expansión colonial nunca ha transcurrido progresivamente, sino a saltos. Por tanto, para funcionar de forma segura el capitalismo necesita zonas no capitalistas, que se van convirtiendo sucesivamente en su periferia, y sin las cuales, tampoco puede existir. 

 

Pero a base de explotar sin fin esta peligrosa dinámica, el capitalismo contemporáneo ya ha ocupado todos los lugares del planeta Tierra, sometiéndolo a un intenso proceso de mercantilización, acabando con los espacios necesarios para ulteriores expansiones, que por imperativo sistémico, está obligado a seguir incorporando como única alternativa para asegurar su perpetuidad. Podríamos poner muchos ejemplos de ello, tal como aplicado al urbanismo, el hecho de que ya no exista prácticamente ninguna zona libre de nuestras costas sin construir. Ello provoca con el tiempo que se agoten los recursos naturales, las áreas aún no mercantilizadas, aunque susceptibles de ello, y las bolsas de población rural dispuestas a aceptar una oferta económica inferior para la fabricación de productos de forma deslocalizada, provenientes de zonas salariales de mayor poder adquisitivo. Ejemplos de ello también podemos poner de forma múltiple. Ese proceso de ocupación total del planeta, concluido a finales del siglo XIX, mostró ya sus primeros signos de saturación durante la primera mitad del siglo XX, pero ocurrió la Segunda Guerra Mundial, y ello supuso una especie de "salvación" del capital, destruyendo primero para reconstruir después, abriendo entonces la etapa expansiva más grande que ha conocido el sistema-mundo capitalista hasta nuestros días, pero ésta también acabó por extinguirse hacia finales de los años 60, y comienzos de los 70 del siglo pasado.

 

Entonces, acudieron al rescate del capitalismo varios factores: la reincorporación de las grandes potencias asiáticas (Rusia y China, fundamentalmente), una orgía de expansión financiera y monetaria sin precedentes (la llamada financiarización de la economía, que aboca a estallidos financieros continuados), y la reciente constitución de los BRICS o países emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), como último gran nicho de acumulación y esperanza de salvación del capital. Estos nuevos espacios, mercados y mecanismos capitalistas vienen al reemplazo de los viejos espacios agonizantes, dando un poco más de alivio, de oxígeno y de fuelle a un sistema ya de por sí agotado, a un sistema que se queda sin la fuerza motriz que lo ha expandido, sus motores propulsores se detienen, sus engranajes se quedan sin aceite, y sus piezas sin la debida resistencia necesaria para poder continuar en la escalada capitalista sin fin. Ello ocurre porque se agota el espacio de expansión limítrofe del capitalismo, se acaban sus zonas periféricas (sólo disponemos de un único planeta), se agotan sus principales recursos naturales (agua y petróleo, fundamentalmente), quedando finiquitadas todas sus fuentes de producción, todos sus espacios geográficos habilitados, y todas sus posibilidades de mercantilización. Frente al discurso de nuestros necios e ignorantes políticos, hay que concluir que cuanto más se crece más difícil es seguir creciendo (nos estamos refiriendo al crecimiento económico bajo la filosofía capitalista), y así llegamos a la conclusión final de que un capitalismo sin crecimiento es un oxímoron, es decir, una contradicción en sí misma, pues dejaría de ser capitalismo. Pues bien, toda esta agonía del capitalismo es el basamento fundamental, proporciona la amplia arquitectura para las tremendas y aberrantes desigualdades de nuestra época. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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Published by Rafael Silva - en Política
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