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21 septiembre 2016 3 21 /09 /septiembre /2016 23:00
Escuela Pública y Religión: Incompatibles (V)

En la última entrega de esta serie (y siguiendo el magnífico artículo de Ana Sigüenza, que continuamos en esta entregaya adelantamos que el profesorado para la impartición de esa "asignatura" era elegido por las autoridades religiosas competentes, mediante tres grandes y significativas diferencias con respecto al resto del profesorado, a cual de ellas más arbitraria, y donde las recomendaciones eran práctica habitual. Vamos a examinarlas a continuación, comenzando por la primera de ellas.

 

1.- TODO EL PROFESORADO NO SE TRATA POR IGUAL

 

Por una parte, los profesores y profesoras de religión gozan de privilegios respecto a otros profesores/as, como los interinos, en la mayoría de Comunidades Autónomas. Por ejemplo, cobran durante los meses de verano, mientras que los profesores/as interinos son despedidos en junio y contratados en septiembre-octubre. La Administración se ahorra su sueldo, enviándolos al desempleo (en realidad, simplemente los traslada de una Administración a otra, perdiendo derechos y garantías laborales). Los interinos son llamados a su plaza temporal por orden de prelación establecida típicamente en una Bolsa de Trabajo, en función del orden en que quedaron en su oposición correspondiente. Su inestabilidad es patente. Nunca tienen claro si trabajarán, dónde, durante cuánto tiempo, en qué jornada..., situación totalmente diferente a la de los profesores/as de religión. Y así generan una antigüedad y unos derechos con los que expulsan a los profesores/as interinos de otras especialidades en los procesos selectivos. Hoy día, igualmente, los profesores de religión suelen ser miembros del Claustro, pueden votar en él, tienen departamento propio, y próximamente podrán ser Directores de Centro (lo cual les conferirá, según la LOMCE, mucho poder). De hecho, su posición y relevancia en la escuela pública desde la década de los 80 hasta la actualidad se ha reforzado notablemente. 

 

Es bastante habitual, por otra parte, que se les permita formar grupo con muy pocos alumnos (incluso hasta con un único alumno demandante de esta "asignatura"), mientras que se aumentan los ratios (número de estudiantes por aula) de forma generalizada, y se impide a otras materias hacer desdobles (hasta con 42 alumnos) u ofertar asignaturas optativas de interés para el alumnado con esa misma cifra. Los profesores/as de religión no tienen que coordinarse curricularmente con el resto de compañeros/as del centro, incluso pueden permitirse propagar ideas sexistas, homófobas o anticonstitucionales (justificado en su adoctrinamiento religioso), a veces inmediatamente después de que otro profesor/a haya intentado contribuir a que sus alumnos/as logren objetivos, conocimientos o capacidades de carácter científico o social, o hayan intentado inculcar en ellos valores de igualdad, de respeto, de civismo, de tolerancia y de derechos humanos. De ahí  que para la LOMCE, adorada por nuestros Obispos, la existencia de la asignatura de Educación para la Ciudadanía haya representado un conflicto, pues impartía valores y principios que muchas veces no casan bien con la doctrina social de la Iglesia. Solución: se ha suprimido Educación para la Ciudadanía (que impartía valores democráticos, constitucionales, de derechos humanos, de tolerancia, de respeto, de civismo, etc.), y se ha vuelto a implantar religión como asignatura que cuenta para la nota media final del alumnado. 

 

Hay lugares donde a los profesores/as de religión se les permite completar horarios con otras materias curriculares, cuando a la inversa no se permite. Por ejemplo, se les permite completar horarios dando clases de Ciencias Sociales (sin haber demostrado su capacidad para impartir esta materia en una oposición), mientras que al compañero titular de Ciencias Sociales no se le permite impartir religión. Aún peor: se le permite completar horario con la asignatura alternativa a la religión del alumnado que ha rechazado la religión, lo cual supone más bien una burla. De hecho, la asignatura alternativa ha sido siempre menospreciada, y ofrecida sólo como una salida administrativa. Por su parte, los sindicatos de la enseñanza tampoco están teniendo un comportamiento a la altura de las circunstancias. Hipócritamente, casi todos los sindicatos defienden los intereses del profesorado de religión (salvo CNT). O sea, que mientras firman manifiestos y declaraciones laicistas, y mientras negocian condiciones laborales diferenciales, están apoyando en sus centros a estos pseudodocentes del adoctrinamiento religioso. Por su parte, la Administración educativa beneficia a los profesores/as de religión en detrimento de los trabajadores y trabajadoras del sector educativo. Las plantillas de los centros se negocian entre las Direcciones de los mismos y las Consejerías correspondientes, excepto las plazas de profesorado de religión. Y así, los docentes de religión se aprovechan del acceso al mundo educativo por una puerta trasera, dorando la píldora a ciertos estamentos, pero luego, cuando les va mal, recurren a las instancias civiles para reclamar sus derechos. Por ejemplo, el Obispado despide a cierto docente de religión, pero a la que le toca indemnizar es a la Administración, es decir, al conjunto de la ciudadanía.

 

Estos "profesores" de religión van a la escuela a catequizar y a adoctrinar, mientras sus honorarios los pagamos entre todos, seamos o no católicos. Y con relación a su alumnado, mantienen un alto grado de clientelismo: inflan notas, realizan excursiones, ejercen un mal disimulado proselitismo, todo lo cual es imposible para un profesor/a de cualquier otra especialidad. Por lo general, atienden a un alumnado más homogéneo, teniendo un trabajo mucho más sencillo. Nadie les critica en los famosos Informes PISA por el bajo nivel, como ocurre en otras materias. Porque mientras que de cara a la oficialidad del currículum y de las ventajas de su profesorado la religión es una asignatura con todas las de la ley, de cara a los informes estadísticos, y a la valoración social de sus conocimientos, incluso de cara a la posterior dedicación profesional, la religión es sólo un aditivo, un complemento que nuestros gobernantes, fieles y cobardes vasallos de la Conferencia Episcopal, y presos de los Acuerdos con la Santa Sede (que los Obispos se encargan de vigilar estrechamente para garantizar y exigir su cumplimiento), se empeñan en que nuestros alumnos estudien. Tampoco se nota el fracaso escolar y su repercusión en lo académico o profesional de su vida posterior. Nadie les hace responsables del mismo. Son como unos profesores de cascarilla, pero que gozan de todas las ventajas (incluso más) que los docentes de la vía oficial. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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Published by Rafael Silva - en Educación
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