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20 septiembre 2016 2 20 /09 /septiembre /2016 23:00
La transmisión del pensamiento dominante (45)

Hay que considerar cómo ha crecido el poder de ese gobierno invisible [se refiere a los medios de comunicación]. En 1983, 50 corporaciones poseían los principales medios globales, la mayoría de ellas estadounidenses. En 2002 había disminuido a sólo 9 corporaciones. Actualmente son probablemente unas 5. Rupert Murdoch (de la megacadena Fox) ha predicho que habrá sólo tres gigantes mediáticos globales, y su compañía será uno de ellos

John Pilger

Bien, otro manido concepto que el pensamiento dominante nos disfraza, y del cual hemos hablado en varias ocasiones, es el relativo a la supuesta "libertad de prensa", muy ligada a la "libertad de expresión", que más o menos tiene que ver con el mínimo intervencionismo sobre las "libres" declaraciones de ciudadanos/as y periodistas de cualquier medio de comunicación, público o privado. Bien, esto estaría muy bien partiendo de la base de que efectivamente disfrutáramos de un sistema democrático pleno...pero la realidad es muy distinta. Hasta ahora hemos abordado el tema en tanto en cuanto representa un arma fabulosa de los poderes dominantes para difundir su pensamiento, y ahora, además de realizar una más profunda exposición sobre todo ello, intentaremos ofrecer una solución al problema, es decir, una propuesta de hacia dónde deberíamos caminar en este sentido. Podríamos comenzar por cuestionarnos (venimos diciendo que la mejor técnica para enfrentarse al pensamiento dominante es hacernos buenas preguntas) cosas como las siguientes: ¿Se nos cuentan en los medios todas las cosas relevantes que están ocurriendo en nuestro mundo? ¿Qué cosas son las que se nos cuentan? ¿Cuáles son las que se nos ocultan? ¿Quién decide lo que se nos cuenta y lo que se nos oculta? ¿Por qué toman estas decisiones? Como siempre, dejamos las subsecuentes reflexiones a los lectores. 

 

En primer lugar, vamos a basarnos en el magnífico trabajo documental titulado "Una mosca en una botella de Coca-Cola", publicado en Internet, que nos relata a la perfección la situación y el alcance de los medios de comunicación, no sólo en nuestro país, sino en la escena internacional, para que podamos sacar las justas conclusiones. El vídeo comienza con esta sugerente idea: "Alguien dijo que en los Estados Unidos se puede escribir contra el Presidente demócrata o contra el Presidente republicano, pero nunca se podrá publicar la noticia de que se haya descubierto una mosca en una botella de Coca-Cola". No tenemos más que echar un vistazo general, para comprobar cómo los grandes magnates de los medios de comunicación ejercen una impresionante influencia en las opiniones de la gente. Nosotros tenemos aquí, en una cadena nacional española (La Sexta), un programa semanal nocturno sobre debate político (La Sexta Noche), donde acuden sistemáticamente dos de los directores de periódicos de mayor tirada nacional. El resto de tertulianos suele variar, pero ellos dos siempre están presentes. Ello hace que sus opiniones y sus análisis lleguen a millones de personas, contribuyendo a la difusión del pensamiento dominante. Y a pesar de que nuestra Constitución (esa con la que tanto se llenan la boca los partidos políticos conservadores) reconoce como un derecho fundamental la información veraz y el acceso a los medios de comunicación social, basta hacer un ejercicio simple de zapping para darse cuenta de hasta qué punto ese derecho no está garantizado. La mayoría de medios de comunicación en nuestro país (y en el resto) son propiedad de dos o tres grandes imperios mediáticos, y por tanto, los medios, sus fines, sus editores y su línea editorial no están al servicio de la ciudadanía, sino de los intereses privados de sus dueños. 

 

¿Quién controla los medios de comunicación? En España, gracias a un estudio del fantástico periodista Pascual Serrano, y que sólo se atrevió a publicar la Editorial Traficantes de Sueños, sabemos que gran parte de los medios de comunicación, los que nos proporcionan la información que escuchamos, vemos y leemos, pertenecen al BBVA, Repsol, Grupo Planeta, Banco Santander, Telefónica, La Caixa, incluso a Silvio Berlusconi. En 2008, Seguros OCASO y la compañía cervecera Heineken retiraron su publicidad de La Sexta por el tratamiento que ésta tenía hacia la Iglesia Católica. Son por tanto grandes corporaciones y agencias de publicidad las que controlan lo que oímos, lo que vemos, las noticias que nos cuentan, cómo nos las cuentan, y qué opinión tenemos que tener sobre ellas. Es tal el complejo entramado que define la propiedad sobre los grandes medios de comunicación, que sería enormemente extenso el relatarlo aquí, pero la idea está expuesta. Grupo PRISA, Grupo VOCENTO, Grupo ZETA, Grupo PLANETA y otros muchos grupos, son en realidad un conglomerado de empresas, corporaciones y grandes capitalistas, con el concurso de terceros agentes, como la Iglesia Católica, algunas grandes fortunas y grandes banqueros y otros empresarios, que son los que al final deciden lo que nuestras televisiones, radios, periódicos y sitios en Internet nos cuentan. Y en la escena internacional, el panorama no es muy distinto. Obsérvese el trato uniforme que se le dan a las noticias internacionales, todas colocadas sobre el mismo foco, bajo el mismo ángulo de opinión, bajo los mismos criterios de análisis. 

 

El poder que dicta desde arriba el tratamiento que ha de hacerse a la información en estos medios dominantes es absolutamente dictatorial. Existen claras consignas sobre cómo ha de tratarse la información que se le da a un asunto concreto, a un país concreto, a una empresa concreta, a un gobierno concreto. Y ello porque estos grandes grupos corporativos no poseen medios de comunicación porque estén interesados en la información auténtica, plural y veraz, sino porque utilizan estos medios como atalaya para perpetuar e incrementar su poder. Ante tamaño despropósito, es evidente que se necesita regular el espacio mediático, mediante leyes que garanticen la pluralidad, que eviten la concentración, y que eviten la entrada masiva de capitales extranjeros, pues como estamos viendo, los intereses que hoy día gobiernan los medios son absolutamente ajenos a los del conjunto de la población. Lo democrático se expresa mediante una soberanía popular, que dicte leyes (a través de sus Parlamentos), que eviten que el derecho a la información se convierta en otra mercancía más, y que impida todo tipo de adulteración, sesgo, manipulación o adoctrinamiento sobre la información. Mientras no lo hagamos, los medios de comunicación seguirán siendo el principal teatro de operaciones donde se libran las batallas, las principales armas en manos del poder dominante, y ese es el motivo de la ira que demuestran los propietarios de dichos medios en cuanto se plantean los mecanismos de regulación. La lucha de clases prosigue su curso, pero los escenarios de esa lucha se han trasladado, ya no son tanto las fábricas y los grandes centros de producción, son los medios de comunicación, con su basura mediática y su poder de crear opinión y de satanizar cualquier intento de disidencia. 

 

Los grandes imperios comunicativos se han constituido en increíbles monstruos, en una especie de gobierno invisible, en un poder en la sombra, un poder incontrolable que no rinde cuentas ante nadie (sólo ante sus grandes inversores y accionistas), y que actúa con total impunidad. Una estructura de este tipo es algo absolutamente incompatible con la democracia. La concentración mediática es hoy día de tal magnitud que conforma un auténtico ejército de "periodistas" a sueldo de dichos medios, de "analistas" alineados con la opinión de los grupos de poder, y de "redactores" que velan porque la línea editorial no varíe ni un ápice, y cualquier mínima desviación sea castigada. Y así, O Globo en Brasil, Televisa en México, Clarín en Argentina, o Atresmedia y Mediaset en España son claros exponentes de ese enorme poder oligopólico que controla los medios en sus respectivos países, y que constituyen una mortal amenaza a la democracia. En palabras de Atilio Borón: "Porque, ¿qué duda cabe? No puede haber estado democrático, o una democracia genuina, si el espacio público del cual los medios son su "sistema nervioso" tiene una estructura profundamente antidemocrática, en cuyo vértice se encuentra un puñado de enormes corporaciones que dominan a su antojo la escena mediática (...). La amenaza a la democracia es enorme porque con la concentración de los medios y la instauración de una aplastante hegemonía se consolida en la esfera pública un poder oligárquico que, articulado con los grandes intereses empresariales, puede manipular sin contrapesos la conciencia de los televidentes y del público en general, instalar agendas políticas y candidaturas e inducir comportamientos políticos, todo lo cual desnaturaliza profundamente el proceso democrático". Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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