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4 septiembre 2016 7 04 /09 /septiembre /2016 23:00
Por la senda del Pacifismo (XIV)

Pese a su bien cultivada imagen de progreso e ilustración, la Unión Europea no es un baluarte de paz y cooperación mundial. Actúa como una banda de 28 naciones al servicio de la política exterior de Estados Unidos pero los países que la integran también son víctimas del poder norteamericano. Estados Unidos es el socio invisible de la UE, asegurando que se mantenga bien financiada, crezca la OTAN y nadie se salga fuera de la órbita estadounidense

Margaret Kimberley

Como ya indicábamos desde el artículo anterior, no es justa la generalización de carácter islamófobo que se hace contra estos grupos terroristas, ya que en realidad, se trata de una minoría, apoyada y financiada desde el wahhabismo más rancio de Arabia Saudí, que resulta ser el principal aliado de Estados Unidos e Israel en la zona. Pero desgraciadamente, no es ésta la información que nos cuentan los grandes medios de comunicación occidentales, que como siempre, instrumentalizan la información al servicio de sus intereses. Nunca nos cuentan la verdad, y la verdad es que el Estado Islámico (y su predecesor, Al-Qaeda en Irak y demás grupos previos) fue financiado por grandes jerarcas y magnates saudíes desde hace años, incluso estando Estados Unidos sobre el terreno tras la invasión y ocupación de Irak, y que ya desde entonces, se ocupaban de matar a gente irakí por comportamientos o creencias consideradas "heréticas". Hasta que llegado un determinado momento, con suficiente financiación, armamento y base geopolítica, decidieron hacer la guerra por su cuenta, atacando al gobierno de estos países musulmanes, logrando apoderarse de los pozos de petróleo y destruyendo todo el capital cultural de las tradiciones históricas de todos estos países. Pero a EEUU todo esto le da igual, a ellos sólo les interesa que tienen un nuevo enemigo al que criminalizar, ya tienen una nueva guerra preparada, y les importa muy poco que mueran cientos o miles de civiles inocentes, al bombardear de forma indiscriminada. 

 

Pero en realidad, como venimos contando, ni Estados Unidos ni sus socios europeos tienen ninguna intención de acabar con el fundamentalismo wahhabí, permitiendo que sus aliados Arabia Saudí y Qatar continúen financiándolo y extendiendo esta corriente por el mundo árabe, y por las comunidades musulmanas en Europa, donde reclutan muchos de sus activistas. Este es el verdadero panorama, y se constata perfectamente, como venimos afirmando desde varios artículos atrás, que este asunto del terrorismo internacional no es un asunto de buenos y malos. Existen muchos intereses implicados, y muchos factores que inciden en que dichos nidos de terrorismo se expandan, para así justificar determinadas políticas, en un escenario internacional tremendamente complicado, con intereses cruzados entre diversos países. Así, vemos cómo el auge del fundamentalismo islámico favorece a su vez el auge del racismo y de la islamofobia, y por extensión del neofascismo en Europa, a la vez que crea un clima favorable a nuevas intervenciones armadas por parte del imperialismo norteamericano y todos sus "socios" europeos. Todo ello sirve a su vez para retroalimentar los atentados terroristas en suelo europeo y norteamericano, lo que a su vez contribuye a la creación de Estados de excepción, autoritarios y policiales, que justifican los recortes a ciertos derechos y libertades públicas. Y todo ello unido, a su vez, distrae la atención sobre los problemas sociales que acucian a estas sociedades occidentales capitalistas, sumidas en el desempleo, la precariedad, y un desmontaje de todos sus sistemas de protección social, bajo nuevos ataques en oleada del más descarnado neoliberalismo. 

 

En última instancia, toda esta escalada terrorista (cuyos intereses ya hemos expuesto a grandes rasgos) pone sus miras en disipar a medio plazo el enorme descontento social debido a las políticas de sus respectivos Gobiernos, atajando el malestar social, las revueltas populares y las protestas callejeras, y debilitando la lucha de clases, ante la posibilidad de una escalada bélica, que amenaza con convertirse en un conflicto mundial. Pero en el fondo, no es más que otro recurso de la burguesía para intentar debilitar cualquier conato de oposición sindical y política contra la masiva implantación y expansión de esta fase del capitalismo, la fase neoliberal globalizadora. El terrorismo internacional juega esta importante baza, ya que en resumidas cuentas, es el tipo de "oposición" que al capitalismo norteamericano y europeo le interesa. Bajo la difusión de manipulados mensajes y la ocultación de la verdad, convierten al terrorismo en su aliado, y mientras proclaman a los cuatro vientos la necesidad de defenderse contra él, de criminalizar a los terroristas y de declarar solemnemente que nos están haciendo la guerra, justifican el resto de sus políticas, que son en última instancia lo que persiguen. Como vemos, una casi perfecta maniobra del imperialismo norteamericano y europeo para conseguir sus fines. En este artículo publicado por Alfredo Jalife-Rahme para el medio La Jornada, el autor explica perfectamente el origen de los yihadistas, refiriendo la denominada "Operación Ciclón" de la CIA, organizada en 1979 cuando el Presidente Carter destinó de forma secreta 500 millones de dólares para crear, a instancias de su asesor de Seguridad Nacional, un movimiento de guerrilleros islámicos en Afganistán y en Pakistán con el fin de desestabilizar a la por entonces Unión Soviética (URSS). 

 

Por tanto, y como estamos viendo, el terrorismo internacional no es una cuestión de cuatro fanáticos, ni de la maldad intrínseca del ser humano, ni de la bestialidad del mundo musulmán, sino producto de unos intereses geopolíticos que, cuando se convierten en la obsesión de ciertos y poderosos países, activan una serie de reacciones en cadena que hacen surgir, con el tiempo, los factores que desencadenan los actos terroristas. Es inútil por tanto establecer perfiles étnicos o religiosos, desplegar ataques furibundos tras cada atentado, fomentar la islamofobia o el racismo excluyente, porque ninguna de dichas estrategias es buena consejera para la consecución de la paz. Para fomentar la paz, lo hemos dejado sentado desde el primer artículo de esta serie, simplemente hay que creer y apostar firmemente por ella. Y ello implica, como estamos haciendo, desvelar los verdaderos intereses que fomentan la crueldad, las guerras y los atentados por todo el mundo, e intentar, cada país en la medida de sus posibilidades, enfrentarse con determinación a dichos intereses. Basta ya por tanto de típicas y enlatadas interpretaciones de nuestros ignorantes políticos de turno, basta ya de llamadas al nacionalismo para combatir el terrorismo, basta ya de falsas e hipócritas proclamas que lo único que consiguen es tensar aún más la cuerda fanática del terrorismo. Los intentos de despolitizar los actos terroristas son otra táctica para desconcertar, para manejar a la opinión pública, para desviar su atención y para ocultar los auténticos motivos que mueven a los asesinos. Por tanto, ni Islam ni locura: el terrorismo es, en el fondo, pura política. 

 

Bruno Guigue lo ha dejado expresado perfectamente en este artículo traducido del francés para el medio Rebelion.org por Caty R.: "El terrorismo no existe porque haya ciertos locos que lo ejecutan, pero no existirían esos locos si no hubiera una organización que difundiera las consignas. No dejaremos de repetirlo: el terrorismo es un asunto político. Y si brinda a los desequilibrados un medio de expeler su malestar es porque la organización existe antes que los locos y los utiliza como "soldados de la yihad". Lo que llevan pretendiendo nuestros gobernantes es que veamos al terrorismo como una cuestión de buenos y malos, de amigos frente a enemigos, de socios y aliados frente a los monstruos adversarios que intentan destruirnos. Enmascaran las estrategias políticas que hay detrás del terrorismo bajo ataques a nuestras culturas, a nuestros valores, a nuestros modos de vida, a nuestra libertad. Nos venden el mensaje de que ellos quieren destruirnos sin más motivos. Pero en realidad, como estamos demostrando, esta falsa interpretación del fenómeno terrorista oculta su motivación primigenia, esconde sus orígenes y difumina los intereses en juego, despojando al fenómeno de cualquier análisis racional. Lo que se consigue, al fin y al cabo, es arrojar una cortina de humo sobre las razones de fondo de ese peligro letal, de ese abominable fenómeno, que nuestros dirigentes, por cobardía, ignorancia o cinismo, contribuyen a extender. Pero aún nos quedan muchas cosas por contar. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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