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11 septiembre 2016 7 11 /09 /septiembre /2016 23:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

Carter, Reagan, los dos Bush ( Daddy y Baby), los dos Clinton (Bill y Hillary) y Obama, productos del bipartidismo imperante en EU (partidos Demócrata y Republicano) por igual, mantuvieron a conveniencia la llama votiva del terrorismo islámico: desde los mujahidines hasta sus hijos y nietos yihadistas, debido a propósitos geoestratégicos de EU, con el fin de socavar las entrañas musulmanas de las tres superpotencias euroasiáticas: ayer la URSS, hoy Rusia, al unísono de los dos rivales geoeconómicos de Washington: China e India

Alfredo Jalife-Rahme

A estas alturas de la serie, y estamos sólo dentro del primer gran bloque dedicado al terrorismo internacional, espero ya haber despertado en mis lectores muchas dudas en cuanto a la acepción del término "terrorismo" en nuestras actuales sociedades, así como a levantar algún tupido velo que revele la tremenda hipocresía que destilan nuestros gobernantes en cuanto a estos asuntos. Porque terrorismo no es sólo el terrorismo yihadista, es también el terrorismo ambiental, es también el terrorismo de Estado, es también el terrorismo económico y empresarial, es también el terrorismo derivado del tratamiento a las víctimas de las guerras (exiliados, desplazados, desaparecidos, refugiados...), es también la política nuclear de las superpotencias, es también la escalada armamentista de la OTAN, es también el continuo genocidio al que se somete al pueblo saharaui, es también el terrorismo "colateral" que se practica de modo preventivo (y justificado internacionalmente en la mayoría de las ocasiones), es también la continuada política de sanciones económicas que Estados Unidos aplica a cualquier país que no obedezca sus designios, es también la continua masacre que se perpetra en Palestina por Israel, es también el terrorismo neoliberal y los Golpes de Estado "blandos" que se están ejecutando hoy día sobre todo en América Latina (véase el caso más reciente de Brasil), y un interminable etcétera que deleznables actos que ocurren diariamente, pero a los que nuestros "occidentales" medios de comunicación dominantes no le dedican atención, o al menos, no los tildan de "terroristas". 

 

Luego existe una conclusión que deberíamos tener en cuenta: deben existir muchos intereses, cruzados y poderosos, para que las diversas concepciones y acepciones de terrorismo se apliquen a unos determinados hechos, sujetos a unos determinados condicionantes, y aplicados dentro de un contexto determinado. En definitiva, una sublime manipulación de nuestras conciencias, para que se nos determine a considerar qué es terrorismo y qué no lo es, qué es lo que merece nuestro repudio y qué es lo que merece nuestra justificación y nuestra comprensión, o al menos, nuestra tolerancia. Pero si lo pensamos profundamente, es un peligroso juego donde no deberíamos entrar. Básicamente, existe un complejo militar-industrial al que le sigue interesando que continúe existiendo el terrorismo, los atentados y las guerras, los conflictos armados y las escaladas armamentistas, y por supuesto, que continúe todo el pánico popular y la paranoia al respecto. Pero no nos desviemos de nuestro guión, ya que todo lo relativo a este complejo militar-industrial lo discutiremos en su momento dentro de esta serie de artículos. Regresemos al terrorismo internacional, porque los datos que estamos poniendo encima de la mesa no apoyan la manipulada y torticera idea de que el terrorismo yihadista forma parte de una lucha titánica del Islam contra Occidente. Para empezar, porque este terrorismo es particularmente virulento contra países de mayoría musulmana, desde Turquía a Indonesia, pasando por Túnez o Egipto. 

 

Por tanto, ninguna religión posee el monopolio de tener miembros o corrientes violentos, no se trata por tanto de ninguna "guerra de religiones", luego por tanto, son otros factores de muy distinta naturaleza los que hay que considerar. No valen por tanto tampoco enarbolar absurdas banderas que oculten los mezquinos intereses en juego, tal como la defensa de los "valores europeos", porque quizá tales valores sean la ponzoña de nuestro Viejo Continente, al permitir cómo cientos de miles de personas se dejan su vida en nuestro Mar Mediterráneo, y no se nos mueven nuestras conciencias al contemplar la vida de niños pequeños ahogados en el mar, o ensangrentados por la guerra. Los valores europeos son actualmente los del neoliberalismo, los mercados financieros, pero no los del respeto a los derechos humanos, el pacifismo y la libertad. El Islam, por tanto, no ha desatado ninguna guerra contra Europa. Es una afirmación completamente falsa y absurda. Los ataques yihadistas sufridos en nuestros países vecinos corresponden a grupos muy particulares de musulmanes, mejor dicho de no-musulmanes, que ni representan al Islam ni están en contra de Europa, sino que son producto de los diversos actos terroristas previos en la región, y de la tiránica manipulación del fundamentalismo islámico. Y la supuesta "invasión" que los grupos islamófobos y racistas en general están denunciando no es tal, y en cualquier caso, la llegada de extranjeros a nuestras costas y a nuestros países es fruto de la globalización capitalista, responsable última de las guerras y de los conflictos, así como también de que las tasas de natalidad hayan disminuido en todo Occidente. 

 

Hay que romper con toda la propaganda del fundamentalismo islámico mediante una denuncia de la religión en general (de TODAS las religiones), así como de una progresiva evolución hacia Estados Laicos en todos los Continentes, pero entendiendo el laicismo en su verdadero significado, esto es, como la neutralidad del Estado ante cualquier confesión religiosa, pero respetando siempre el ámbito del culto privado. Pero el origen de los problemas surgen cuando los Estados son los primeros que se ven enfangados por este culto religioso obsesivo, que va calando en el comportamiento de todas sus Instituciones, y va imponiendo despóticamente un comportamiento religioso en todos los ámbitos y esferas de la vida pública. Pero ante todo y sobre todo, la filosofía pacifista, ya lo hemos dicho hasta la saciedad, no puede responder a la violencia con más violencia. Por eso no tienen sentido los comportamientos de nuestros gobiernos europeos y occidentales, que después de presentarse como "consternados" ante la violencia yihadista en su suelo, encargan nuevos bombardeos sobre las zonas en conflicto. No es sólo un contrasentido ético y moral, sino un absurdo político, ya que sólo conduce a enconar aún más los conflictos. Hay que atender igualmente a los motivos por los que los jóvenes, tanto musulmanes como occidentales, entran en este peligroso juego del fundamentalismo, que como ya hemos comentado, se debe fundamentalmente a la impotencia ante la ausencia de condiciones para poder desarrollar proyectos de vida autónomos y satisfactorios. 

 

En este sentido, José María Tortosa, en su estupendo estudio "El Islam, ¿enemigo de Occidente?", que recomiendo encarecidamente a mis lectores, dice textualmente: "El papel del reclutador es muy importante, sea en la cárcel, la mezquita, el grupo de amigos o Internet. Es gente que sabe percibir la vulnerabilidad de quien puede ser cooptado, conocidas sus circunstancias personales. O, simplemente, que deja su mensaje para que quien lo necesite pueda asimilarlo y hacerlo propio". En efecto, si nuestras sociedades ofrecieran a nuestros jóvenes vidas dignas, facilitaran su emancipación, trabajos decentes, y comunidades auténticamente libres, otro gallo nos cantara. El miedo y la inseguridad son siempre malos consejeros, y es exactamente lo que estamos fomentando entre la población joven. Se pueden transformar rápidamente en desconfianza, después en violencia, y en todo caso, son un perfecto caldo de cultivo para que cualquier mensaje "esperanzador" que les pueda ofrecer una (falsa) salida, represente para ellos una alternativa al descrédito y a la indiferencia de nuestras sociedades. Más que la imposición de nuestros "valores", necesitamos sociedades que respeten los derechos humanos, que respeten la naturaleza, y que practiquen el pensamiento crítico, la tolerancia, la libertad y la fraternidad con todos los pueblos del mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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Published by Rafael Silva - en Política
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