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25 septiembre 2016 7 25 /09 /septiembre /2016 23:00
Fuente: http://lalibertaria.blogspot.com

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Necesitamos esfuerzos internacionales para reducir el gasto militar en todo el planeta y ocuparnos de las causas de la guerra: la pobreza, el odio, la desesperanza y la ignorancia

Bernie Sanders

Hemos de luchar por tanto contra las posturas y razonamientos simplistas, que muchas veces empañan el debate, y no nos dejan ver la luz. De hecho, el simplismo y los planteamientos propagandísticos y revanchistas de "buenos y malos" se parecen, en su función, al simplismo de los planteamientos xenófobos e islamófobos. Buscan movilizar a personas con características individuales y sociales aptas para ser cooptadas. Las respuestas oficiales en "Occidente" ante los ataques terroristas son estándares, siguen el mismo patrón, son fieles a un argumentario infantil y simplista: ellos "odian" nuestra democracia, nuestra modernidad y nuestras libertades, mientras su religión fomenta la yihad, la lucha violenta contra el infiel, luego por tanto, en ambos lados hay posturas simplistas y fundamentalistas. Pero como estamos analizando, el fenómeno del terrorismo internacional es mucho más complejo. Se esconden sus auténticas razones para que no sean vistas por las clases populares, y para que éstas clases populares se adscriban a ese discurso simplista y erróneo en el enfoque hacia el terrorismo. En palabras de José María Tortosa: "El "por qué nos atacan" tendría que responderse con algo más de seriedad que las soflamas de los líderes "occidentales" orgullosos de su democracia, modernidad y secularismo. Si atacan en sitios tan diferentes y por motivos muy distintos unos de otros, habrá que buscar otro tipo de argumentos al margen del simplismo de las soflamas del EI". 

 

Por tanto, y como venimos contando, condiciones de desarraigo social, desempleo, vulnerabilidad, exclusión, rechazo, marginación o pobreza de determinadas comunidades en Europa y en el mundo árabe explican mejor la aparición del yihadismo que los eternos planteamientos simplistas del pensamiento dominante. Sus condiciones de vida tienen que ser tenidas en cuenta, así como su personalidad, por una razón muy sencilla: si la religión fuera el verdadero y único motivo para el terrorismo, todos los que la comparten tendrían ese comportamiento asesino. Es un absurdo pensar bajo esos planteamientos simplistas. Todos los atentados, sean perpetrados por quiénes sean, por organizaciones terroristas, por lobos solitarios, adeptos o no a cualquier religión o ideología, obedecen en el fondo a motivaciones psicosociales, y/o económicas, y/o geopolíticas. Hay que investigarlas, hay que intentar erradicarlas, y con ello (no queremos ser nosotros también simplistas y afirmar que los atentados terroristas se erradicarán), al menos, el terrorismo internacional se verá mermado. En las características de los individuos hay que estudiar su temperamento, sus experiencias recientes y el entrenamiento que haya podido recibir. Las experiencias pueden incluir marginación, frustración, "mobbing" u otras similares. Pero también hay que responder a la pregunta de qué es lo que quieren "los que les mandan" (cuando existan quiénes les manden). Si no estudiamos todos estos factores, los discursos, como estamos repitiendo, se volverán retóricos, simples y vacíos. No ayudarán a la paz. Perpetuarán el terrorismo. 

 

Se han estudiado las trayectorias personales de muchos de los autores de los atentados, y parece ser que en los antecedentes de estos asesinos, la religión no es el factor determinante. Es cierto que algunos pasan del islamismo "sociológico" (poco practicante) a la observancia rigurosa, y de ahí al wahabbismo, y de ahí al salafismo y de ahí al yihadismo tal como se entiende en Europa, es decir, violento. Pero la religión viene después, no antes de su radicalización. Ya lo hemos dicho: desigualdad, desorientación, discriminación, inseguridad, alienación política, insatisfacción de necesidades básicas, todo ello forma el principal (no decimos el único, pero sí el principal) caldo de cultivo para la radicalización de esos futuros o potenciales terroristas. La religión viene (o no) después. Por supuesto, existen otros factores que influyen en la génesis de ciertos grupos armados a nivel internacional, como por ejemplo, los grupos organizados de la sociedad civil, que han intentado cambiar diversas situaciones relacionándose con el Estado, y no lo han conseguido, es más probable que, a veces, recurran a tácticas extremistas y que, eventualmente, alcancen apoyo o complicidad por alguna parte de la población. Piénsese, por ejemplo, en los diferentes grupos guerrilleros que se han venido formando durante la segunda mitad del siglo XX en algunos países de América Latina, como el EFLN o las FARC-EP. Un bloqueo de la participación política, una corrupción muy extendida, dominación por parte de una élite y escasas esperanzas de cambio que crean frustración social, han sido el caldo de cultivo para la histórica formación de estas guerrillas populares. Y la historia también nos demuestra que cuando los respectivos Estados han tenido la voluntad política y negociadora para acabar con dicha situación, dichos grupos guerrilleros han acabado por disolverse e integrarse de nuevo en la sociedad civil, como acaba de ocurrir con las FARC-EP en Colombia

 

En resumidas cuentas, sean "lobos solitarios" o pertenecientes a organizaciones terroristas, el terrorista no nace, se hace. Es decir, nadie nace terrorista per sé, sino que sufre un determinado proceso antropológico, cultural, sociológico y político, que inciden, unido a sus propias características y experiencias personales, para que dicha persona se convierta en un terrorista, al igual que puede convertirse en un heroinómano, en un asesino machista o en un inadaptado. Las palabras de Marx pueden aplicarse por tanto también aquí: "Son las condiciones materiales las que determinan la existencia". Y también hay que prestar atención a los otros terrorismos internacionales que no son yihadistas, tales como los grupos secesionistas, los terrorismos de Estado (Israel contra Palestina, Marruecos contra el pueblo saharaui, etc.), los terrorismos de clase (por ejemplo, el que ejecuta Estados Unidos contra su propia población afroamericana), o los terrorismos de extrema derecha, tales como los atentados en Noruega (ejecutados por el fanático supremacista blanco Anders Breivik). En el caso concreto de Estados Unidos tenemos además el terrorismo social norteamericano, pero de ese tipo sabemos exactamente sus motivos y circunstancias, siendo la principal de ellas la amplia permisividad norteamericana hacia la posibilidad de comprar, poseer y portar armas de fuego para todo el mundo. Todos ellos son tipos de terrorismo tan detestables como los atentados yihadistas, pero sin embargo, no tienen la misma repercusión social ni mediática que por ejemplo se les ha dado a los atentados de Bruselas, de París o de Niza, por poner algunos ejemplos de sus últimas manifestaciones. 

 

Pero volviendo al terrorismo yihadista, está claro que existen toda una serie de factores de propaganda que intervienen más o menos directamente. Las mezquitas wahabitas financiadas con dinero saudí, las redes sociales y los reclutadores se unen al hecho de la existencia del Estado Islámico como entidad casi mítica hacia la que vuelven sus ojos personas de procedencia muy heterogénea, pero que son susceptibles de convertirse en buenos candidatos para la opción fundamentalista y violenta. Y en el centro de todo ello, como decíamos en entregas anteriores, un Estado y un Gobierno (Arabia Saudí), con mayoría de una determinada variante de una religión, que persigue a los que practican una variante diferente de esa misma religión. Obsérvese que no se trata de lucha de civilizaciones, ni siquiera de religiones distintas entre sí, sino de una intervención política a favor de una determinada variante de una misma religión (bajo motivaciones geoeconómicopolíticas, claro está). El gobierno saudí, por tanto, de profundo islamismo wahabita, persigue a los musulmanes de otras tendencias. Es evidente (no hay más ciego que el que no quiere ver) que tales persecuciones tienen poco que ver con la religión en sí misma, y que son utilizadas como pretexto (no como causa) de otros fines estrictamente políticos. Y mientras, en Europa y en Estados Unidos aumenta la islamofobia, manteniendo esas posturas simplistas y esa necesidad de "democratizar" a Oriente, aunque sea a bombazo limpio. Da igual que los verdaderos objetivos (que los hay) sean otros, mientras exista gente que siga creyendo esa milonga. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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Published by Rafael Silva - en Política
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