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27 octubre 2016 4 27 /10 /octubre /2016 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (IX)

No hay ninguna razón para que una persona tenga miles de millones de dólares. El dinero eleva el poder político de determinados tipos por encima del poder del electorado. De hecho, el dinero se convierte en el electorado. El dinero se utiliza para comprar control político y eso destruye a un gobierno que sea representativo

Paul Craig Roberts

En efecto, estamos completamente de acuerdo con la cita de entradilla, pues no hay ninguna razón para que una sociedad permita que una determinada persona posea una cantidad de riqueza tan desorbitada. Y esto es un punto fundamental que tenemos que dejar sentado. Enseguida se nos volverán a echar encima los defensores del actual sistema, apelando a la "libertad" de los individuos de amasar sus enormes fortunas si les da la gana, mientras sean "buenos/as ciudadanos/as" y "no se salten las leyes". Y ahí radica la profunda perversión. Porque como sostiene Craig Roberts, bajo el sistema capitalista, el dinero representa al poder, y se ha construido todo un edificio jurídico-penal-socio-económico, enfocado abiertamente para favorecer a los ricos, y perjudicar a los pobres. Si la posesión de una inmensa fortuna fuese un hecho neutro para la sociedad, si no implicara el despliegue ni la connotación de otras muchas consecuencias, la cosa no tendría mayor efecto, pero desgraciadamente no es así. La riqueza va asociada al poder, y por tanto, llega un momento en que los ricos no sólo poseen enormes fortunas, sino también un enorme poder, lo cual invalida por injusto todo el andamiaje social consagrado a ello. El pensamiento dominante y las leyes están a su favor, y toda la estructura social se proyecta para beneficiarlos.

 

Vayamos a algunos datos. Según el Informe de Riqueza Global de la entidad Crèdit Suisse, no llegan a 39 millones (lo que representa más o menos el 0,5% de la población total del planeta) los multimillonarios y billonarios, que poseen algo más de la tercera parte de todos los activos financieros del mundo. ¡Sólo 39 millones entre los 7.200 millones de personas que pululamos en el planeta! Mientras, el 90% de la población mundial apenas accede a la quinta parte de la riqueza global. Y como curioso dato comparativo sobre lo que afirmábamos en el artículo anterior (es la misma sociedad la que está diseñada para que existan ricos y pobres), diremos que el Salario Mínimo Interprofesional se sitúa actualmente en el Estado Español en 655,20 euros, mientras que la fortuna personal de Amancio Ortega (fundador del grupo textil Inditex y la segunda fortuna mundial) se eleva a 72.000 millones de euros. Los autores del texto "La secesión de los ricos" (Antonio Ariño y Joan Romero) proponen en su libro un repaso a las biografías de las cuatro personas actualmente más opulentas del mundo: Bill Gates, Carlos Slim, Warren Buffet y Amancio Ortega. También las del nuevo multimillonario chino, Peter Fung, o la de Ingvar Kamprad, fundador de Ikea. Pero también ofrece un repaso por las fortunas del espectáculo, tales como Johnny Deep, Lady Gaga, Julio Iglesias, Shakira, Leo Messi, Cristiano Ronaldo, etc. Hoy día, estas minorías opulentas han impuesto una visión mundial que supone la deslegitimación del contrato social implícito, vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Y así, nuestro imaginario colectivo en torno a este asunto ha pasado a ser otro, menos ligado a las metas de igualdad y de justicia social, y más ligados a la fortuna y al éxito personales. 

 

La agenda neoliberal, hoy hegemónica en la inmensa mayoría de países del planeta, que condiciona el nivel de soberanía tradicional de los Estados, empobrece la calidad de las democracias y ha producido niveles inéditos de precarización y destrucción de empleos, pobreza, exclusión social, eliminación de los derechos básicos de ciudadanía para los sectores más vulnerables de la población, y deterioro de las condiciones de vida para la inmensa mayoría social. Y por tanto, volvemos de nuevo al punto de origen, que ya denunciábamos en el artículo anterior de esta serie: es el propio modelo de sociedad el que se ha configurado para que, a la par que existan estos pobres tan pobres, existan estos ricos tan ricos. En palabras de Josep Ramoneda: "Una pequeña franja de la población se ha desprendido y vive en otro mundo. Han dejado de interesarse y sentirse vinculados a un territorio concreto. En cierto modo, esto es representativo del proceso de globalización y del paso del capitalismo industrial al capitalismo financiero y especulativo. En el primero había un enraizamiento, una empresa, trabajadores, sindicatos y empresarios que se encuentran y hablan. Un polígono industrial, y también una sociedad que los acoge. La economía digital y especulativa es, por definición, "aterritorial": no tiene patria". Es una perfecta definición de los modelos sociales de riqueza que patentamos. 

 

Es evidente, por tanto, que si queremos marchar en el sentido de ir reduciendo las enormes desigualdades sociales de nuestro mundo, un criterio fundamental que hemos que asumir es que tenemos que debilitar a estas grandes fortunas (y grandes empresas, de las que hablaremos en su momento en el bloque correspondiente). De hecho, no habrá cambio posible en esta arquitectura de la desigualdad sin debilitar a las grandes empresas y fortunas, así como a los grandes patrimonios. El Profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid Fernando Luengo lo explica muy bien en este artículo para Publico, que vamos a tomar como referencia. Las grandes empresas y las grandes fortunas son los actores más importantes de un modelo económico crecientemente globalizado (el capitalismo neoliberal y financiarizado). Son los actores que determinan las reglas del juego y los que cosechan los mayores beneficios. En la película "El Crack Dos", de José Luis Garci, en un fragmento de la conversación que sostienen el detective protagonista y el magnate de una empresa farmacéutica, éste afirma: "Los políticos están para hacer la política, pero otros agentes más potentes y más inteligentes son los que deben guiar a los políticos sobre la política que hay que hacer". Absolutamente real como la vida misma. Estos grandes agentes (las grandes empresas y fortunas) son los que ordenan las políticas que hay que hacer, y son los serviles políticos quienes obedecen. Se ponen en marcha políticas al servicio de estos grandes agentes, y se proyecta (es lo que venimos afirmando) toda una arquitectura social consagrada a reproducir, ahondar y perpetuar esta aberrante desigualdad social. 

 

Según la Conferencia de Naciones Unidas y el Desarrollo (UNCTAD), las 100 empresas transnacionales (ET) más importantes del mundo tenían en el año 2015 activos valorados en cerca de 13 billones de dólares, una cantidad superior al Producto Interior Bruto (PIB) de los países que forman parte de la Unión Económica y Monetaria, superando en un 159% el de toda América Latina y El Caribe, en un 789% el de África Subsahariana, en un 973% el de toda la economía española, y en un 3.174% el del conjunto de los países de bajos ingresos (según la clasificación seguida por el Banco Mundial). Y si esas comparaciones se hacen teniendo en cuenta sólo a las 10 ET más importantes, atendiendo al volumen de activos que manejan (entre otras, Royal Dutch Shell, General Electric, British Petroleum, Exxon Mobil, Chevron, Volkswagen, Vodafone y Apple), las asimetrías son también muy destacadas. Este selecto grupo de grandes corporaciones atesora activos por valor de 3,3 billones de dólares, lo que equivale al 28% del PIB de la zona euro, al 63% de América Latina y El Caribe, al 108% del África Subsahariana, al 272% de España y al 731% del registrado en los países de bajos ingresos. Las grandes empresas no sólo lo son por su tamaño, medido por el volumen de activos que controlan y por el nivel de las exportaciones que realizan, sino que también lo son porque tienen multitud de conexiones accionariales, entre sí y con otras muchas empresas, creando una enorme red de intereses e interrelaciones, todo lo cual revela un panorama corporativo mucho más concentrado y poderoso que el reflejado por las estadísticas oficiales. Estos gigantes empresariales poseen auténticos ejércitos a su servicio, no de militares (aunque todo se andará), sino de periodistas, de políticos, de economistas, de "intelectuales" que viven a su servicio, cuya labor se consagra a proyectar y ampliar la imagen y el poder de estas corporaciones. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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