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6 octubre 2016 4 06 /10 /octubre /2016 23:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

Luchar contra la desigualdad es fundamental para erradicar la extrema pobreza, impulsar las transformaciones propicias para el desarrollo sostenible, promover el progreso social, reducir los conflictos y la violencia y fomentar una gobernanza inclusiva

Informe Mundial sobre Ciencias Sociales 2016 (UNESCO)

En estos artículos introductorios, estamos intentando establecer un rápido diagnóstico de la situación, una radiografía de partida, que luego podamos desarrollar en cada uno de los grandes bloques temáticos en los que dividiremos esta serie de artículos, vital para que se comprenda la actual arquitectura de nuestra desigual sociedad. Y así, una primera conclusión rápida podría ser la siguiente: nuestras sociedades son desiguales porque el capitalismo se niega a repartir. La palabra reparto ya de por sí es satanizada bajo el capitalismo, ya que se parte de la premisa esencial de que la concentración es la base para su patrón de acumulación. Y así, actualmente, como nos señala en este artículo Alfredo Serrano Mancilla, son 147 corporaciones las que controlan el 40% de la economía mundial según el estudio "La Red de Control Corporativo Global" (The Network of Global Corporate Control), publicado en la revista científica PlosOne. Estas super empresas son conglomerados que abarcan diferentes dimensiones del universo económico global (financiero, comercial, productivo...), llegando a controlar hasta el 80% de las cadenas globales de valor. El 1% de la población mundial posee tanto dinero líquido o invertido como el 99% restante. 

 

Por supuesto, si comparamos estos niveles de concentración con los que existían durante el siglo pasado, los niveles han aumentado de forma inusitada. La fase capitalista actual, que llamamos neoliberalismo, basada en una economía financiarizada globalmente y fragmentada geográficamente en lo productivo, es la gran responsable de esta tremenda desigualdad social. A ello contribuye en el nivel de las conciencias la enorme influencia del pensamiento dominante, que difunde la legitimación del mensaje de que las desigualdades son inherentes a nuestro mundo, y de que poco podemos hacer frente a ellas. En el pasado año 2015, las empresas estadounidenses obtuvieron beneficios récord por un valor de más de 1,6 mil millones de dólares. De esta cantidad, sólo se volvió a reinvertir el 31%. Dicho de otra forma, de cada 10 dólares que obtuvieron como ganancia, sólo se invirtieron 3, y los 7 restantes se acumularon en forma de patrimonio improductivo, ocioso, alejado de la economía real, únicamente dedicado a engordar las grandes fortunas de dueños y accionistas. Y así, en nuestro mundo de hoy existen grandes reservas de dinero no destinadas a ninguna actividad económica. Una hucha cada vez más grande pero cada vez más inútil socialmente. Una suerte de abundancia destinada únicamente a servir las arcas de los más privilegiados, a los que el sistema trata con alfombra roja, y de cuyo poder y de cuyas decisiones ya dependen miles de millones de ciudadanos en todo el mundo. 

 

Por eso, sostenemos que además de tremendamente injusto, el actual capitalismo es profundamente ineficiente. Acumula sin invertir. Y al quedar el escenario cada vez con menos actores y más grandes, existen corporaciones cada vez más gigantes con alto poder de mercado y de decisión, impidiendo un verdadero grado de competencia. Se establecen pequeños oligopolios en torno a la producción de diversas commodities o materias primas, o en torno a la generación de determinados servicios. En muchos casos estos oligopolios llegan a convertirse en monopolios. Y toda esta filosofía comercial se apoya desde Gobiernos y organizaciones internacionales (FMI, OCDE, BM, OMC...) de una forma absolutamente irracional. Estamos en la era de las megafusiones entre corporaciones de alcance global, y entre modelos de negocio de gran poder que no quieren admitir competencia. Piénsese en lo que ocurrió recientemente en nuestro país con las antiguas Cajas de Ahorros, que mediante procesos de "bancarización" (algunas) y de fusiones frías o calientes (la mayoría) pasaron a formar parte de otras entidades de mayor envergadura, para a continuación proceder a llevar a cabo escandalosos cierres de oficinas y ERE a su personal. Todos estos procesos fomentan gravemente la desigualdad, ya que ahora existe mucha menos gente dedicada al negocio bancario, mucho más desempleo en el sector, y más beneficios concentrados en menos entidades. Pero no nos engañemos: ese era justamente el objetivo que se pretendía, además de demonizar a las Cajas de Ahorros (bajo la falacia de que estaban "politizadas") y esconder las vergüenzas de los grandes bancos privados. 

 

Según el informe citado más arriba, durante 2015, las grandes empresas del mundo dedicaron 4,7 billones de dólares para comprarse entre ellas mismas, y así crear conglomerados todavía más grandes, y obtener aún más poder. De hecho, esa cifra marcó un hito en la historia mundial, suponiendo un 42% de incremento respecto al año anterior. Justo a eso, como nos recuerda Serrano Mancilla, Director del CELAG, es a lo que tildan bajo el eufemismo de "ser más competitivos". Pero la deriva globalizadora del capitalismo neoliberal, responsable de los demenciales índices de desigualdad, no encuentra límites ni metas. Ya no se generan nuevas fuentes de riqueza, ni de crecimiento económico, uno de los grandes mantras bajo los que se venden sus falsos éxitos. Hemos llegado a un punto donde las economías sólo se mueven, sólo pueden reactivarse, mediante el inflado artificial de grandes burbujas especulativas, que cuando se desinflan tarde o temprano, vuelven a provocar las grandes crisis, que son a su vez de nuevo utilizadas como pretexto por el sistema para ahondar las desigualdades. A todo ello hay que sumar la tremenda injusticia de la economía orientada a las deudas (tanto de los países y Estados, como de sus poblaciones, es decir, tanto públicas como privadas). El sometimiento que hoy día representa la deuda es un peso muerto que actúa como freno para crear riqueza. Supone una continua hipoteca de los recursos públicos, bajo los cuales se amenaza a los países y se limitan sus posibilidades de recuperación, y de poder intervenir para, al menos, suavizar las desigualdades. 

 

Los deudores ordenan el sistema económico sólo para satisfacer a sus acreedores (piénsese en la reciente modificación de nuestro artículo 135 de la Constitución, al servicio del pago de la deuda como prioridad absoluta), con tasas de interés usureras. Y si alguna gran empresa, como resultado del estallido de dichas burbujas, quiebra, el Estado acude a su rescate en detrimento del rescate ciudadano, para consagrar el poderío de estos grandes agentes económicos. Y ya no sólo a la banca, sino también se ven rescatadas por los Bancos Centrales las grandes empresas privatizadas, que lejos de garantizar recursos y servicios básicos para la inmensa mayoría social, sirven de nido de buitres, parásitos del sistema, o cementerios de elefantes para los ex políticos de turno, bajo la escandalosa práctica de las "puertas giratorias". La política fiscal restrictiva, recortadora de inversión pública, derechos sociales y empleo, también es clave para impedir que la demanda efectiva se recupere, ya que el empobrecimiento salarial, como están cansados de advertir y afirmar cientos de economistas a los que no se tiene en cuenta en los oráculos neoliberales, tampoco reactiva el consumo privado. En resumidas cuentas, y tomando las palabras de Alfredo Serrano Mancilla: "El capitalismo prefiere trabajar lo mínimo para ganar lo máximo. Puede que esta dinámica sea considerada como eficiente desde la perspectiva de la maximización del beneficio de unos pocos privilegiados. Pero lo que no se puede afirmar es que sea eficiente en lo económico. Es ineficiente ambientalmente, es inútil para mantener una demanda estable, es infructuosa para crear empleo con salarios dignos, ineficaz para aumentar sostenidamente la productividad. La ineficiencia neoliberal es responsable de la actual adormecida economía real. Y además empobrece a las mayorías". Es decir, está pensada para agudizar las desigualdades. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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