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9 octubre 2016 7 09 /10 /octubre /2016 23:00
Por la senda del Pacifismo (XIX)

Daesh no es un Estado, es simplemente una banda de mercenarios, un grupo terrorista que bajo el alero y protección de potencias occidentales, la Casa al Saud y las Monarquías del Golfo Pérsico se ha desarrollado en función de intereses geoestratégicos ajenos al mundo de Oriente Medio desatando el terror y la búsqueda de mancillar el nombre del Islam

Pablo Jofré Leal

Por tanto, comencemos a llamar a las cosas por su nombre, y a denunciar las tremendas hipocresías que hemos de escuchar y experimentar en nuestro mundo occidental, sobre todo por parte de nuestros dirigentes políticos. Y a propósito de dirigentes, traemos a colación, una vez vislumbrado (aún tendremos que explorarlo todavía más) el terrible papel que ejerce Arabia Saudí en todo este contexto, el lamentable papel que nuestra Monarquía siempre ha desarrollado con la Monarquía de la Casa Al Saúd, reinante en Arabia. En su resumen del ensayo "Juan Carlos de Borbón, un Rey con antecedentes", de Iñaki Errazkin, el autor del mismo, Arturo del Villar, indica lo siguiente sobre las visitas del actual Rey Emérito a estos países: "Los reyes o emires o como se llame a los tiranos de las monarquías árabes han resultado en verdad los moros amigos del abdicado. Desde 2003 ha efectuado once viajes a la zona, el último en abril y mayo de 2014. Según las crónicas periodísticas, realizó esos viajes acompañando a empresarios españoles que desean negociar en esos países enriquecidos por los ingresos del petróleo, sin importarles que no respeten los derechos humanos. ¿Qué pinta un Rey entre empresarios? Nada, a no ser que actúe a comisión". Y en efecto, en numerosas ocasiones hemos podido comprobar cómo el numeroso séquito que le acompañaba constaba de banqueros y grandes empresarios, acompañados típicamente de algunos Ministros del gobierno de turno, que han representando el papel diplomático para que dichos empresarios se forren a costa de los negocios proyectados en estos abominables países. 

 

¿Existe hipocresía o no? Pues curiosamente, jamás se ha denunciado la indecente connivencia de nuestra Monarquía con los máximos responsables de estos países árabes, que están detrás de todas las tropelías que se llevan a cabo no sólo en Oriente, sino muchas de las que se perpetran en Occidente. Y ahí está nuestro actual Rey, su hijo Felipe VI, para perpetuar la dinastía y las prácticas corruptas y vergonzosas de su padre. Así que mientras el Rey Felipe siga haciendo viajes de negocios a Arabia Saudí, que, como ya hemos expuesto en entregas anteriores de esta serie, alberga y difunde oficialmente la rama del wahabismo, y cuyo catálogo de delitos religiosos y las penas impuestas por ellos se parecen mucho a los del ISIS, la farsa que representa el denominado "Pacto contra el terrorismo yihadista" es un simple acto de propaganda de cara a la galería, vacío tanto en su forma como en su fondo. Porque como nos recuerda Luis Gonzalo Segura en este reciente artículo (escrito con motivo del infame discurso pronunciado por Felipe VI ante la Asamblea General de la ONU), nuestro actual Rey ya visitó Arabia Saudí en su primer año de mandato, y tuvo que anular otro viaje en el segundo año de su reinado ante la presión mediática desatada, y a petición de PODEMOS. No es de reciblo que un Rey de un país que se dice "democrático" (la sola presencia de un monarca ya anula tal calificativo) ejerza de amigo fiel de un país que lleva años cometiendo obscenos crímenes de guerra en Yemen, y a los cuales nosotros continuamos vendiendo armas para sus guerras. 

 

Retomo las palabras de Luis Gonzalo Segura en dicho artículo: "Si a ello le añadimos que en la fanática dictadura se decapitaron a más de doscientas personas en los últimos dos años por delitos tales como homosexualidad, adulterio o ateísmo y que se han encontrado armas españolas en casi todos los últimos conflictos internacionales (Libia, Yemen o Siria), las palabras se convierten en un grotesco insulto. Ciertamente, es una broma de muy mal gusto presentarse como promotor del desarrollo a la vez que se apoya a un régimen con estrechos vínculos con el Estado Islámico, más de 5.000 cadáveres en Yemen, muchos de ellos civiles, y varios miles de decapitados y encarcelados en su propio país". La hipocresía española, de nuestros dirigentes y de nuestros gobernantes, es absoluta, patética, aborrecible. La propia nomenclatura, el propio lenguaje utilizado, ya es en sí mismo un ejemplo perfecto de manipulación. Ni siquiera el propio concepto de terrorismo es auténtico, sino que se ve envuelto en una serie de consideraciones absolutamente subjetivas, interesadas e inmorales, que pretenden instalarnos en un imaginario colectivo injusto, incorrecto y partidista. Porque como hemos asegurado en anteriores entregas, Daesh es un conglomerado diverso, una creación colectiva, un conjunto de intereses y actores ocultos que van más allá de esa exposición simplista que nos quieren hacer ver. Muchos integrantes de Daesh fueron antiguos luchadores de diversas facciones terroristas entrenadas por la CIA en Afganistán e Irak, para servir a los intereses geoestratégicos de Washington contra sus principales objetivos: la URSS o Irán, entre otros. 

 

Y es palpable que Arabia Saudí y el resto de petromonarquías feudales del Golgo Pérsico entregan numerosos fondos con absoluta opacidad a diversas sectas o grupos islámicos para desestabilizar a muchos países musulmanes, impidiendo así que cuajen sus diversos procesos democráticos y laicos, difundiendo el mensaje fundamentalista que ya explicábamos en entregas anteriores. Mensajes manipulados e interesados, pues lo único que pretenden es perpetuar la hegemonía estadounidense y el wahabismo saudita. Y cómo no, nuestra Unión Europea es igualmente un actor fundamental en toda esta campaña. Como ya hemos señalado, se recoge lo que se siembra, y por tanto, tenemos una cosecha sangrienta. Mientras los lectores leen este artículo, continúan los bombardeos sobre Alepo, o se siguen desangrando los yemeníes a marchas forzadas, o continúan sufriendo los palestinos a costa del despiadado tratamiento de los israelíes, por poner sólo unos cuantos ejemplos. Es lógico por tanto que, tarde o temprano, con mayor o menor intensidad, los ataques reboten también en nuestro suelo. De ahí que no sea casual que Ankara, París, Niza, Bruselas, Estambul, Hamburgo, Londres o Madrid sean tambien sitio de violencia, de terror y de venganza. ¿O es que sus habitantes se merecen mejor vida que los de Gaza, Beirut, Saná, Bagdad, Alepo, Mosul, o El Cairo? Hoy, los escenarios de guerra se trasladan a las estaciones de metro, a las grandes avenidas, a los aeropuertos, estaciones de tren, centros comerciales, o estadios de fútbol, donde cientos o miles de víctimas civiles inocentes mueren en actos de extrema violencia. 

 

Y son asesinados en virtud de decisiones que toman sus Gobiernos, esos mismos que después invocan los "valores" de su mundo "libre" y "occidental", y reclaman la libertad de su cultura. Esos mismos que declaran abiertamente "estar en guerra" y sufrir "invasiones" de un mundo árabe o musulmán que es tan víctima como lo podamos ser nosotros. Esa sociedad que hoy es víctima del terror, debe exigirle por tanto explicaciones a sus líderes, a sus gobernantes locales e internacionales. Deben invocarlos a la paz, a que dejen de intervenir en terceros escenarios para convertir a Estados estables y florecientes (aunque nos parezcan injustos o poco democráticos, pero no podemos imponer la democracia con la fuerza de las bombas) en países derrocados, humillados, devastados y empobrecidos. En países caóticos y en Estados fallidos. Así que al mismo tiempo que nos manifestamos con pancartas que dicen "Todos somos...", debemos exigir responsabilidades a nuestros gobernantes, dejar de ser cómplices de otras matanzas que se ejecutan a miles de kilómetros de nuestros países, y al mismo tiempo que expresamos nuestro tormento y nuestra indignación frente a estos horrendos e injustificables crímenes, también debemos, con voz alta y firme, exigir el cese de los crímenes contra otros pueblos, contra otras sociedades, contra otras culturas, estén donde estén y crean lo que crean. La paz ha de partir del respeto, y los valores universales se han de inculcar desde la educación, la diversidad y la multiculturalidad. No se puede empujar al cielo a nadie a la fuerza. Por tanto, dejemos de ser hipócritas. Los europeos hoy día estamos llamados a interpelar a nuestros gobernantes, para que apremien a regímenes como el saudí, el israelita, o las monarquías feudales del Golfo Pérsico, a que terminen de una vez por todas con su apoyo y sostén al terrorismo internacional, porque es la única manera de cortar esta diabólica y violenta espiral. Mientras esto no suceda, no tendremos autoridad moral para protestar, porque seremos igual que ellos. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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