Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
23 octubre 2016 7 23 /10 /octubre /2016 23:00
Viñeta: Mary Zins

Viñeta: Mary Zins

Si no se trabaja en aislar al terrorismo y sus financistas, sus apologistas y valedores, todo lo que sea solidaridad circunstancial es estéril. Ser parte de rechazos o manifestaciones donde se enarbole el Je Suis Paris, Je Suis Bruselas sin que vaya acompañado del Je Suis Palestina, Je Suis Beirut, Je Suis Siria o Je Suis Libia, no sirve. De otro modo estaremos avalando la hipocresía y la doble moral. Uno de cada cuatro habitantes de Bruselas es Musulmán, ellos, como la gran mayoría del mundo desean vivir en paz y ser respetados en su diversidad, algo que no desean ni los radicales salafistas ni los halcones belicistas de Washington y sus aliados. Son estos nuestros enemigos

Pablo Jofré Leal

Y no sólo se ofrecen lecturas erróneas, manipuladas e interesadas de los conflictos terroristas, sino que también se aprovechan en beneficio de los propios gobiernos, típicamente de los países occidentales. Se magnifica intencionadamente la amenaza terrorista, se juega con los estados de alarma y excepción, se trata de generar en la población un sentimiento de temor generalizado, un estado de parálisis, un caos social, para que las medidas de protección ante esa supuesta "amenaza" terrorista se legitimen y acepten de buen grado. De este modo, en ese delicado equilibrio entre libertad y seguridad, nuestros dirigentes se mueven para lograr la aceptación, en estas sociedades atemorizadas, de recortes en derechos y libertades públicas fundamentales, es decir, en todo aquéllo que nos define como sociedades democráticas y Estados de Derecho. Y todo ello se ordena bajo el mantra de garantizar "nuestra seguridad". En palabras de Jesús Núñez: "Esto es un elemento fundamental que explica por qué existe esa machacona insistencia en hacer ver que el terrorismo yihadista es la principal amenaza que tenemos ante nuestros ojos. Creo que no es así. Creo que existe una amenaza real y hay que ponderar qué respuesta se le da, evitando caer en el error de que, por temor a sufrir un atentado, estemos dispuestos a ceder en lo que nos define como sociedades abiertas y democráticas, y esto, desgraciadamente, es lo que está ocurriendo". 

 

En efecto, nuestro Pacto de Estado contra el terrorismo yihadista, o las medidas tomadas en Francia después de los atentados de Charlie Hebdò son buenas muestras de lo que decimos. En vez de alarmar a la población, en vez de dictar leyes y decretos que recortan nuestras libertades, y en vez de responder a la acción terrorista con más terror, lo que nuestros Gobiernos occidentales han de entender es que somos corresponsables de esta escalada terrorista internacional, y que para afrontarla, se necesita una estrategia global que incorpore medidas de tipo político, social y económico, tanto en nuestros propios territorios (para evitar la radicalización de nuestros musulmanes), como en los países de origen (Magreb islámico, Oriente Medio y Oriente Próximo, fundamentalmente). Como corresponsables del origen de todos estos problemas, no podemos mirar para otro lado, destilando la típica hipocresía occidental, al igual que estamos haciendo con nuestra política de fronteras, y la acogida de refugiados. Es el colmo de la perversión que después de contribuir a la desestabilización y caos de estos países, encima nos neguemos a recoger a las personas que solicitan asilo en los nuestros, porque los suyos se han convertido en un infierno. Pero bien entendido que se trata de una cuestión de obligación internacional, en cumplimiento de convenios y tratados suscritos y reconocidos en el seno de las Naciones Unidas. Por tanto, acoger refugiados no es una cuestión de caridad, ni de solidaridad, sino de legalidad internacional. 

 

Y ante las demagógicas e indignas afirmaciones que nos hablan de "invasión" de refugiados, de que "estamos saturados", de "pérdida de nuestra civilización", y demás lindezas por el estilo, las cifras cantan por sí solas: las 160.000 personas que se acogieron durante el año 2015 al estatuto de refugiado suponen exactamente el 0,024% de toda la población europea, mientras que una de cada cuatro personas que vive hoy en Líbano es refugiada, en Jordania viven un millón de refugiados de una población de seis millones, o Turquía (con quien recientemente la UE firmó un indecente acuerdo de devolución de personas a cambio de dinero) tiene más de dos millones de refugiados para una población total de 78 millones de personas. Que no nos vengan con cuentos de invasiones. Los que opinan así, a tenor también de la grave influencia de las nuevas formaciones políticas de extrema derecha que están surgiendo por doquier, sólo están manifestando una actitud fascista y genocida. Nos remitimos de nuevo a las palabras de Jesús Núñez: "Dicho en términos muy generales, lo que estamos haciendo es gestionando problemas, no resolviendo problemas. Gestionar un problema es intentar que no estalle delante de nosotros, mientras que resolverlo es ir a las causas estructurales que lo han provocado, intentar modificar la situación de partida para eliminar el caldo de cultivo, por ejemplo, que alimenta al terrorismo; evitar las dobles varas de medida que hay a nivel internacional; o luchar contra la exclusión, sea económica o de otro tipo". En efecto, mientras no pongamos en marcha políticas de auténtica resolución de los problemas, seguiremos únicamente "gestionando" sus terribles consecuencias, sin atrevernos a enfrentarlos en su origen. 

 

Nuestros gobernantes se limitan a poner parches a los problemas, a lanzar proclamas vacías y sin sentido, a proponer huidas hacia adelante que no resuelven nada, sino que simplemente, aplazan los problemas, intentando ganar algo de tiempo hasta que vuelvan a estallar de nuevo, cada vez con más intensidad y gravedad. Pero esto lo podemos extrapolar incluso a otras muchas cuestiones del orden internacional. Por ejemplo, Haití acaba de ser devastado de nuevo por un tifón (el famoso Huracán Mathew), y su población, ya de por sí de las más pobres del mundo, se ve absolutamente abandonada por la comunidad internacional. Hace pocos días, han tenido lugar disturbios y enfrentamientos, debido al pillaje practicado con los camiones de la insuficiente y tardía ayuda humanitaria que reciben. Las imágenes de las peleas entre los habitantes eran desoladoras, insoportables, indignas y absolutamente increíbles en pleno siglo XXI, cuando existen no sólo las materias primas para ayudar a esta devastada población, sino también toda la infraestructura tecnológica y logística necesaria para que estas cosas no ocurran. Pero hay algo todavía peor: el hecho que de la comunidad internacional consienta que aún, sobre la faz de la Tierra, existan países tan frágiles, débiles y pobres como Haití, que quedan absolutamente destrozados y sin posibilidad de recuperación ante un desastre natural. Que estas cosas sigan ocurriendo hoy día es algo absolutamente indignante, que nos debería hacer sentir vergüenza como seres humanos que habitamos esta comunidad mundial. 

 

Valga este inciso que hemos hecho para demostrar que nuestras sociedades no poseen la voluntad política de solucionar los problemas que nos aquejan, y que nos limitamos, desde nuestra profunda hipocresía y egoísmo, a ir gestionando los problemas según surgen (así nos va), y a ir evitando concentrar nuestros esfuerzos en proyectar las auténticas soluciones definitivas para los mismos. Hemos de ser conscientes, a nivel de toda la comunidad internacional, que la senda del pacifismo no sólo hay que recorrerla, sino que hay que cuidarla continuamente, entendiendo que no puede haber desarrollo sin seguridad, y viceversa, no puede haber seguridad sin desarrollo. Y no pueden existir ninguno de esos dos factores, ni desarrollo ni seguridad, si no existe un pleno y absoluto respeto a los derechos humanos, y la garantía de atención a los mismos en todas las partes del mundo. Y no caigamos en la tentación de decir que como estas son palabras muy gruesas, a todo lo que aspiramos es una utopía, una quimera inalcanzable. Eso es lo que argumentamos cuando no queremos enfrentarnos de verdad al problema, cuando el problema nos supera, o cuando no tenemos la valentía suficiente para abordarlo. Pero ese no es el camino. Cada país, nación o comunidad debe alcanzar dichas metas, así que nosotros preocupémonos de alcanzar las nuestras, sin estar pendientes o no de si los demás también las alcanzan. Seguro que llegará un momento en que la semilla de la voluntad política y de la valentía para solucionar los conflictos armados florecerá en cada vez más países, y será la primera rama de un gran árbol, de una gran senda: la senda del pacifismo. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Política
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías