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25 noviembre 2016 5 25 /11 /noviembre /2016 00:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

Con la masiva acumulación de riqueza por parte de los más ricos, hay una acumulación de poder político para asegurar –contra el interés y la opinión pública mayoritaria– que las cosas sigan exactamente así. Algunos lo llaman plutocracia

David Brooks

No  hemos avanzado mucho de hecho en la estructura social de clases desde la Edad Media, aunque eso sí, las prácticas contra los pobres se han vuelto más "civilizadas". En el feudalismo teníamos un poder casi absoluto de los Reyes y sus consejeros, la aristocracia, los representantes de la Iglesia y los caciques locales. La oligarquía española en aquélla época, como nos cuentan en este artículo del Blog "Entérate y debate" los autores Gloria Helena Restrepo, Maribel González y J. F. Leal, se organizaba en facciones dirigidas por determinadas familias, con sus círculos de influencia, matrimonios de conveniencia, vasallos y sirvientes. Controlaban directamente la recaudación de impuestos y gestionaban el territorio. Hoy día, en cambio, poseen suculentos beneficios a través de su participación en los Consejos de Administración de unas cuantas empresas, participan en diversas SICAV que las eximen de pagar impuestos, evaden tremendas cantidades a paraísos fiscales, y continúan determinando la política que hay que hacer, dictando sus conveniencias a nuestros serviles gobernantes. El paranoma ha cambiado únicamente en las formas, en el envoltorio, en los procedimientos, pero no en el fondo. El artículo de referencia es un magnífico estudio que nos presenta un pequeño resumen de las diferentes familias de la oligarquía española actual, las mismas que amparadas desde el franquismo, se han perpetuado en nuestra sociedad, manteniendo sus privilegios. 

 

Hoy día, esta oligarquía parasitaria y rentista se sigue organizando en familias, como antaño, pero tomando la forma de grupos empresariales, típicamente mediante la forma de Sociedades Limitadas (S.L.) de entre 3 a 5 miembros. Poseen toda una suerte de empresas de todo tipo, dominando grandes campos de la producción patria. El dinero conseguido del privilegio social que ostentan, cuando no es conducido a paraísos fiscales, es vuelto a reinvertir en toda suerte de empresas, destacando las SICAV (artefacto fiscal anómalo mediante el cual tributan por sus fortunas al 1%), gestionadas por los bancos. Entiéndase bien nuestro planteamiento: esto no es una crítica a que existan estos personajes, sino una crítica a la desigualdad social que provoca no sólo que ellos existan, sino que sean además los que estén detrás de las políticas que perpetúan dichas desigualdades. Lo volveremos a repetir una vez más, a costa de ser insistentes: la sociedad que produce a los muy ricos es la misma sociedad que produce a los muy pobres, y es una ecuación matemática que tiende al infinito. El artículo de referencia hace un recorrido por Comunidades Autónomas, sobre las 70 familias de caciques más poderosas del país, como los Osborne, los Díaz de Mera, los García Baquero, los Carbó, los Costafreda, los Ferrer Sala, los Fernández Tapias, los Ibarra, o los Zardoya, por citar sólo los más conocidos. Gracias a sus contactos políticos (algunas de sus empresas aparecen en los llamados "Papeles de Bárcenas" del ex tesorero del PP), también vasallos, si es que no miembros de los clanes, controlan indirectamente la recaudación, y se aprovechan del sistema coercitivo estatal para absorber los fondos de los presupuestos, en forma de suculentas subvenciones públicas. 

 

Tienen desplegada toda una red de empresas concesionarias, y participan en el accionariado de muchas otras. Su abanico de posibilidades aumenta, proporcionándoles acceso a los determinados concursos públicos, muchas veces en situación de clara ventaja competitiva. Todas estos representantes de la burguesía española del siglo XXI dominan sus respectivos territorios, y controlan todos los aspectos de nuestra vida: lo que comemos, cómo nos vestimos, nuestros coches, nuestras casas, etc. Los circuitos comerciales establecidos se aseguran de que no podamos escapar de sus garras, pero además tampoco es posible montar alternativas, ya que son ellos los que poseen mayoritariamente los medios de producción, y están asesorados y apoyados por los dispositivos legales que aseguran su supremacía y defienden sus intereses. Como nos cuenta este artículo de Vicente Clavero para el medio Publico, sólo los Consejeros de las empresas del índice bursátil español, el famoso IBEX-35, se han repartido casi 2.200 millones de euros desde el inicio de la crisis (entre 2008 y 2015). Durante 2015 ganaron una media de 636.000 euros, muy por encima de los 521.000 que cobraron en 2008 (un 17% más). Sólo en 2014, su retribución creció un 25%, mientras nuestros gobernantes, incluidos el Banco de España, recomendaban (en realidad obligaban) la "moderación salarial" (otro eufemismo para referirse a la bajada de sueldos para la clase trabajadora). Los Consejos de Administración del IBEX-35 lo componen algo más de 450 personas, entre las que destacan empresarios y ex políticos que en algún momento decidieron hacer uso de las puertas giratorias, mecanismo mediante el cual las grandes empresas "agradecen"  a estos serviles voceros la aplicación de las políticas "adecuadas". 

 

El número medio de miembros de un Consejo es de 13 personas, la inmensa mayoría de ellos son hombres, y los trabajadores de sus empresas cobran cientos de veces menos que ellos. Asumen la práctica del agresivo terrorismo empresarial, que consiste en un plan establecido al efecto de consolidar los tremendos beneficios empresariales en varias fases: en primer lugar, si la empresa es pública, debe ser privatizada. En segundo lugar, comienzan a "externalizarse" sus servicios, nuevo eufemismo para designar la práctica de subcontratar sus servicios a terceras empresas, para que éstas a su vez vuelvan a subcontratar, generándose una cadena donde los únicos perjudicados son los trabajadores finales. Como resultado de toda esa cadena de subcontratación, las matrices de las empresas pueden ir despidiendo a su personal alegremente, ya que, simplemente, dejan de ser necesarios. Entonces plantean salvajes ERE (aún teniendo grandísimos beneficios) que dejan en la calle a miles de trabajadores y trabajadoras, y también se expanden en el mercado internacional, ampliando sedes en el extranjero, deslocalizando fábricas y aumentando la mano de obra barata, todo lo cual incide en aumentar la riqueza de sus directivos. Un típico Consejero del IBEX que haya permanecido en su puesto desde 2008 hasta 2015, disfrutando de una retribución media, ha podido cobrar por su condición de administrador casi 4,5 millones de euros. Siempre, claro está, aparte de las ganancias (o pérdidas, que todo hay que decirlo) que registrara su patrimonio en el caso de que, además, vendiera acciones de la empresa. Pues bien, a lo largo de ese mismo período, un asalariado medio de estas empresas ha cobrado poco más de 200.000 euros. 

 

Como se ve, las diferencias son abismales. Durante los ocho años de la crisis citados, cada sociedad incluida en el IBEX-35 se gastó una media de 62,7 millones de euros en remunerar a su Consejo de Administración. Sólo en 2015, el coste total fue de 291,7 millones de euros, a razón de 8,3 millones de euros por empresa. ¿Qué se paga en realidad a un Consejero? Se paga por su poder, por su influencia, por sus contactos, e incluso podemos comprender que cobren bastante más que los empleados medios, pero nunca una diferencia tan abismal, tan exagerada, tan irracional. Pensemos una cosa: esta gente, para mantener su tren de vida, sus riquezas y sus privilegios, ha entrado en una dinámica donde no les importa que los últimos empleados de su "cadena empresarial", como ocurre por ejemplo con los trabajadores del sector del telemárketing, o de los servicios de atención al cliente, o de los montadores de las empresas de telecomunicación, estén llevando una vida absolutamente precaria. Esta es la tremenda injusticia social que se produce en nuestra sociedad. Para que cierto consejero de tres al cuarto pueda seguir embolsándose cantidades millonarias, tienen que existir miles de trabajadores, en la última escala, que son vil y salvajemente explotados, que cobran un sueldo ridículo y miserable, con el que no pueden desarrollar un proyecto de vida digno, y que sufren unas condiciones laborales deplorables: no poseen convenios colectivos, han de negociar directamente con la empresa, que les impone sueldos de miseria, horarios interminables, ausencia de protección social, contratos temporales, cotizaciones mínimas, y una inestabilidad permanente. Esta es la injusticia. Esta es la desigualdad. Este es el producto de nuestra miserable sociedad. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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