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10 noviembre 2016 4 10 /11 /noviembre /2016 00:00
Contra los Tratados de Libre Comercio (35)

El TPP recoge y amplifica a intensidades no conocidas la globalización bajo los términos neoliberales

Paul Walder

Ya en enero de 2015, el Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ese lobby de los paraísos fiscales, sentenció sin despeinarse: "No puede haber elección democrática contra los tratados europeos", y efectivamente, se está cumpliendo a rajatabla. Y en efecto, el establisment europeo ha conseguido, después de varias semanas de valiente bloqueo por parte de la región belga de Valonia, doblar el brazo a Bélgica, y avanzar hacia la firma del CETA. La noticia es un auténtico jarro de agua fría. No obstante, aún no está todo perdido. Pablo Elorduy lo explicaba hace varios días en este artículo para su medio, Diagonal, que tomamos como referencia para contar lo que ha ocurrido. Charles Michel, Primer Ministro belga, anunció a mediodía del pasado 27 de octubre que su Gobierno levantaba el veto al tratado de inversiones entre la Unión Europea y Canadá (CETA), por lo cual el ultimátum de los mecanismos de gobernanza de la UE había conseguido su objetivo, rubricándose el tratado el mismo día 30 de octubre. La entrada en vigor será inmediata, aunque provisional, pues aún debe ser ratificado por todos los Estados miembro, y por el Parlamento Europeo. No habrá elección democrática contra los tratados, según Juncker. Es una guerra a la democracia, es un chantaje a la soberanía popular, es la imposición fascista del neoliberalismo. 

 

Durante el pasado verano, la Comisión Europea había maniobrado para que el tratado, considerado mixto (es decir, que tiene que ser ratificado en cada uno de los 38 parlamentos nacionales y regionales), pudiera entrar en vigor de forma provisional antes de esa ratificación múltiple, con lo cual quedaba allanado el camino para que el CETA pudiera comenzar a andar con el voto de los Gobiernos actuales (incluido el de Rajoy, uno de los más entusiastas con el tratado, que además también maniobró durante el verano para la ratificación exprés del CETA sin consultar ni al Congreso, ni al Senado ni a las Comunidades Autónomas, en un ejercicio de claro autoritarismo y desprecio a la soberanía nacional, esa que tanto invocan cuando les amenaza el independentismo catalán). El plan hubiera seguido su curso de no haber sido por la valiente y decidida negativa del Parlamento de Valonia, que se negó hasta en cinco ocasiones, manifestando sobre todo discrepancias con el sistema de los tribunales privados de arbitraje entre las compañías multinacionales y los Estados. Parecía así que el trabajo de 18 meses anteriores se iba al carajo, e incluso las autoridades canadienses (concretamente, la Ministra canadiense de Comercio) abandonaron la sede de la Comisión con una profunda decepción. El grupo de la izquierda en el Parlamento Europeo (GUE/GNL) protestó enérgicamente a través de su portavoz Marina Albiol, y el activista Tom Kucharz, de Ecologistas en Acción, declaró que "las presiones y los chantajes feroces de la Unión Europea, de la patronal y de los gobiernos europeos como el alemán y el francés han surtido efecto", y comparó la situación con el golpe a Grecia para la firma del tercer memorándum de entendimiento con la Troika, que ha puesto prácticamente todos los recursos del país en manos de empresas privadas. 

 

Según este activista medioambiental, a la presión de la propia Comisión Europea, se ha unido una presión inaceptable del Gobierno belga, de corte derechista y ultraliberal, hacia sus gobiernos regionales, como el de Valonia, amenazando con los recortes en subvenciones u otras consecuencias políticas y económicas. Como vemos, la historia se vuelve a repetir, por desgracia. Esta indecente y antidemocrática Europa sólo entiende de presiones y chantajes cuando se trata de acallar toda voz que salga en contra del despiadado neoliberalismo global que pretende imponerse. Pero como decimos, los llamamientos a la presión y a las movilizaciones ciudadanas son más importantes que nunca, porque las élites no han ganado todavía, ya que queda todo un largo camino hasta su aprobación final. Deberá ser la protesta popular la que tumbe estos aberrantes tratados, porque la práctica totalidad de las Instituciones europeas, así como los Gobiernos de sus Estados miembro, son de carácter claramente neoliberal, y estarán a favor de su aprobación definitiva. Por su parte, en el Parlamento Europeo, la mayoría de conservadores, socialdemócratas y liberales tampoco planteará una gran oposición al tratado, por lo cual también es casi segura su aprobación. Sólo la fuerza de la ciudadanía en la calle, en los centros de trabajo, de las ONG's, de los movimientos sociales y de las plataformas del tejido civil podrán enfrentarse a la aprobación final de estos monstruos que consagran la primacía de las multinacionales sobre los derechos laborales, sanitarios, económicos, culturales y medioambientales. 

 

A nivel de los Estados miembro, tan sólo se encuentran a día de hoy pequeñas resistencias en Austria, Rumanía y Alemania, pero no lo suficientemente fuertes como para poder tumbar el tratado. Y en nuestro país, el Gobierno (por esas fechas aún en funciones) del Partido Popular autorizaba el 14 de octubre la firma del CETA, en un ambiente de total opacidad y falta de transparencia, sin apenas haber debatido sobre ello en el Congreso (a pesar de estar plenamente operativo), un día antes de que una veintena de ciudades españolas saliesen a la calle a protestar, y a sabiendas de que varios de nuestros Parlamentos autonómicos (entre ellos Extremadura, País Valenciano, Baleares o Cataluña) se habían opuesto al mismo. Tampoco tuvo en cuenta, como es su estilo, las manifestaciones de las grandes ciudades como Madrid o Barcelona, que se habían declarado "Ciudades Libres de TTIP y CETA". Nada de ello impidió la decidida acción de nuestro perverso gobierno en pro del tratado comercial con Canadá. La lucha, por tanto, ha de continuar. No podemos rendirnos. El domingo 30 de octubre fue un día triste para la democracia europea, para la democracia mundial. La alegría de los líderes reunidos en Bruselas a tal efecto lo confirma. "'¡Lo conseguimos!", dijo la Ministra de Comercio de Canadá, Chrystia Freeland, a punto de saltar de alegría entre las sonrisas de los líderes presentes. Era la escenificación de la victoria ante los sindicatos, los movimientos sociales, las organizaciones ecologistas y las ONG's que velan por los derechos humanos frente al poderío transnacional de las empresas, y también sobre Valonia, esa "pequeña aldea gala del siglo XXI que puso contra las cuerdas al mismísimo Jean-Claude Juncker", en palabras de Adoración Guamán y otros autores en este artículo para el medio Contexto y Acción

 

Porque como decimos, las presiones sobre Valonia, esa pequeña región que alberga sólo el 1% de la población de la UE, han sido inmensas. Incluso el Presidente del Europarlamento llegó a presionar al Presidente del gobierno valón para que se rindiera a las presiones de la Comisión. Por supuesto, los grandes medios de comunicación también han presionado lo suyo, intentado sacarle los colores al gobierno valón por su declive económico, justificando así la necesaria apertura a las inversiones extranjeras que se promueven con el CETA. Pero Valonia no se rendía. Su resistencia representaba el esfuerzo de miles de activistas que llevan años de campañas contrarias a los tratados, y que veían en la pequeña región belga un bastión de su resistencia. Pero en fin, esperemos que a la hora de la ratificación definitiva, las Instituciones europeas se encuentren con otros "valones" repartidos por toda la geografía del viejo continente, que pongan en cuestión y se enfrenten decididamente a la aprobación del mismo. Si finalmente el CETA descarrila por esta vía, lo cual es bastante probable, finalizará la aplicación provisional del mismo, aunque no sabemos durante cuánto tiempo más estaría activo. Por tanto, tenemos aún en nuestra mano la posibilidad de muerte definitiva del CETA, lo cual a su vez pondría en peligro el resto de tratados comerciales negociados por la UE. Por otra parte, el Tribunal de Justicia de la UE tendrá que dictaminar la compatibilidad del mecanismo de ISDS (Tribunales de arbitraje inversor-Estado) con los propios Tratados de funcionamiento de la UE. Por tanto, aún hay esperanzas. Sigamos en la lucha. No nos rindamos. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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