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22 noviembre 2016 2 22 /11 /noviembre /2016 00:00

El presidente de la CEOE la ha vuelto a liar, dándole otra vuelta al tornillito. Se trata siempre de un personaje polémico, al que le gusta dar la nota, a tenor de las múltiples salidas de tono que lleva protagonizando desde que está al frente de la patronal. En esta ocasión, sus exabruptos han tenido como destino los Servicios Públicos de Empleo, o mejor dicho, los empleados públicos que trabajan en ellos. Porque en efecto, y tal como nos cuentan en este artículo del medio InfoLibre, Rosell ha acusado a los funcionarios del INEM (es el nombre antiguo, ahora es el SEPE a nivel estatal, apoyado en los diferentes Servicios Públicos de Empleo de cada Comunidad Autónoma) de no estar bien formados. Comienza su discurso asegurando que estos organismos públicos de empleo "no funcionan", pues sólo logran colocar al 1,7% de los desempleados registrados, por lo que Rosell opina que habría que acometer una "auténtica reestructuración". Propone formar a todos los empleados públicos que trabajan en estos servicios durante dos o tres años para que aprendan a ayudar a los parados a encontrar un trabajo rápidamente. Los sindicatos ya le han respondido. UGT le ha reprochado a Rosell que lo que fallan son las políticas y no los funcionarios, y en la misma línea ha ido CC.OO. Veamos en realidad qué es lo que ocurre, y porqué el jefe de los patronos sostiene estas barbaridades. 

 

Pero vayamos en primer lugar a exponer sus argumentos, propuestas y sugerencias. Argumenta que hay que partir de la base y reconocer sin ambages que los Servicios Públicos de Empleo no funcionan, asumir esto como un hecho, y después, enfrentarse a él para solucionarlo. Sostiene que aunque ese período de formación implique la paralización temporal de dichos servicios, es conveniente hacerlo. Sus palabras exactas para Onda Cero, recogidas por Europa Press, fueron las siguientes: "Tenemos que ser valientes y hacer una reestructuración auténtica. Y la primera de todas ellas es hacerles cursos de formación durante dos o tres años a todos los empleados públicos de los servicios de empleo, incluso a costa de paralizarlos, para que aprendan cómo pueden ayudar a una persona que viene a su ventanilla a obtener un puesto de trabajo en un plazo corto de tiempo". De entrada, hay que destacar lo "espléndido" que se muestra el señor Rosell con la formación para los empleados públicos, y lo mucho que les cuesta hacer formación a la CEOE en sus empresas privadas. Y también habría que haberle preguntado al señor Rosell cuáles son las materias que deberían aprender, durante dos o tres años (casi una carrera universitaria) los empleados públicos para estar capacitados en la asistencia a los parados. ¿Quizá deberían aprender técnicas de sometimiento a los empresarios, para después enseñarlas a los parados? ¿Se trataría de conocimientos sobre voluntarismo de los empleados en entregarse a la empresa? ¿De ofrecerse para trabajar como un esclavo? ¿De estar dispuestos a pasar por todos los aros que la empresa les pida a sus trabajadores? ¿O más bien podrían ser técnicas para que comprendan la necesidad de no sindicalizarse, para no representar un peligro para los intereses de las empresas? Aún así, eso se explica en una sola tarde, no hacen falta dos o tres años de formación. 

 

El desprecio a los empleados públicos que ejerce este señor es palpable, y no es la primera vez que ocurre. En general, desprecia todo lo que no sea la empresa privada: los parados, los funcionarios, los empleados públicos, los servicios públicos, todo ese mundo no significa nada para el señor Rosell, a quien si le dieran la posibilidad, lo echaría abajo en menos que se chupa un espárrago. Afirmó en cierta ocasión que las amas de casa se apuntan al paro para cobrar un subsidio, y se ha mostrado en multitud de ocasiones partidario de "relajar" los derechos de los trabajadores fijos, de endurecer la reforma laboral, de dificultar el acceso a las prestaciones por desempleo (endureciendo los requisitos, y recortando plazos y cantidades), incluso ha llegado a sostener que en España no había rebaja de salarios, entre otras lindezas, con una espantosa desfachatez. Pero en fin, es lo que tenemos: la clase empresarial más explotadora, inculta, fanática y corrupta que existe en Europa. El catálogo de sandeces, exabruptos y humillaciones a los trabajadores que el señor Rosell lleva en su mochila es absolutamente espectacular. Y todo lo declara el señor Rosell en un país que es, según la OIT, líder en trabajo precario en toda la Unión Europea, sólo superado por Polonia. Así, nuestro país es líder en todo tipo de trabajos basura ("formas atípicas de empleo" es como lo han llamado en la OIT), a saber: empleos temporales, empleos a tiempo parcial, recortes de salarios, disfunciones en la indemnización, intermediación de agencias de colocación privadas, subcontratación, eliminación de derechos y prestaciones, trabajo por cuenta propia dependiente, y economía sumergida, entre otras "modalidades". El señor Rosell debería haberse leído este informe, sobre todo la parte de las recomendaciones que hace la OIT, que seguro no le interesan para nada. 

 

Bien, vayamos al grano, y desmontemos las estrategias y los mensajes de este indecente personaje. Tenemos que partir de una base: al señor Rosell le importan un pimiento en adobo los empleados de los servicios públicos de empleo, su reciclaje, el funcionamiento de los mismos, y los propios desempleados que acuden allí, porque al jefe de la patronal, lo único que le interesa es el desmantelamiento de cualquier servicio público a cualquier nivel administrativo (estatal, autonómico o local). La publifobia de Rosell y sus secuaces es absoluta, clara y evidente. Todas estas declaraciones, todos estos desprecios y todo este acoso forman parte de una evidente estrategia de "desmantelamiento por inutilidad", como podría llamarse a la campaña en su objetivo final. Es algo que llevan implementando (con la complicidad del Gobierno) con la práctica totalidad de las empresas públicas. Fijémonos por ejemplo en Correos y Telégrafos, la empresa pública de correspondencia postal en nuestro país. Todavía es pública, pero su acoso y derribo por adelgazamiento es palpable, para sustituirla progresivamente por empresas privadas. El proceso es bien sencillo: se coge una empresa pública, se desprestigia (insultando a sus empleados y demonizando su utilidad), se adelgaza, se cierran oficinas, se recorta personal (no reponiendo las jubilaciones, saturando sus servicios), los usuarios se ven obligados a acudir a oficinas más lejanas, sus locales se van haciendo incómodos para los usuarios (se cierran ventanillas, se recortan horarios, se eliminan asientos), y mientras todo ello ocurre, se van potenciando empresas privadas que van poco a poco dedicándose a los mismos servicios que dicha empresa pública poseía, en este ejemplo, el correo postal. Y ahí tenemos por ejemplo a UniPost (empresa privada que hace lo mismo que antes hacía Correos), dedicándose a las mismas tareas, pero de forma más precaria, más cara, menos eficiente, y con más conflictos laborales. 

 

Pues esta es la filosofía que el señor Rosell y sus empresarios quieren extender a la totalidad de nuestros servicios públicos. Siempre nos contarán la misma milonga (que las empresas privadas son mejores que las públicas), y cuando no pueden, lo que hacen es desprestigiar con mil excusas (como ahora con la falsa necesidad de formar a los empleados de los servicios de empleo) a la empresa pública, pero siempre con el mismo fin: desprestigiarla, crear falsas imágenes y percepciones, satanizar a los empleados públicos, presentarlos como inútiles parásitos que no sirven para nada, llevar a cabo una estrategia de acoso y derribo sobre las mismas, y al final, colocar en su lugar, empresas privadas controladas por los empresarios. En realidad, todo ello obedece a una estrategia mayor, como es endurecer de forma gradual la legislación laboral para adecuarla a lo que piden los sectores más fanáticos del neoliberalismo, los más salvajes acosadores de lo público, más o menos las mismas tendencias que se expresan en los Tratados de Libre Comercio que nos quieren imponer las multinacionales, con la criminal connivencia de nuestras Instituciones europeas. Ahora están preparando una nueva fase, donde se trata de liberalizar desde el SEPE hasta las prestaciones sociales. En realidad abogan por un desmantelamiento de los servicios públicos de empleo (previa fase de desprestigio), para conceder más control, poder y protagonismo a las agencias privadas de colocación y empresas de trabajo temporal, cuya labor es chupar hasta la última gota de sangre a los trabajadores y trabajadoras. Más bien parece que son los empresarios y el señor Rosell los que deberían formarse durante dos o tres años para comprender y valorar la utilidad de las empresas y servicios públicos. 

 

Sus metas son, entre otras muchas, promover salarios muchos más bajos que los actuales (al estilo de los mini-jobs alemanes) como norma, reducir aún más el coste del despido, destrozar definitivamente la posibilidad de la negociación colectiva, reducir (incluso llegando a eliminar) el Salario Mínimo Interprofesional, hacer controlar todo el mercado laboral (ofertas y demandas) por medio de las ETT (según ellos, para asegurar una "intermediación más dinámica" y con "menos fricciones"), reducir los plazos y las cantidades de las prestaciones por desempleo (modulando además la cuantía de la misma a lo largo de los meses de su vigencia), redefinir el actual concepto de "empleo adecuado", desvincular completamente los salarios del IPC (modulando además salarios acordes con la evolución y el esfuerzo formativo de los empleados), y desmantelar las pensiones públicas en favor de los planes privados de pensiones (aquí las excusas son la evolución demográfica de la población, y los escasos fondos de la Seguridad Social, algo que ellos mismos promueven con sus trabajos precarios). También buscan ahondar en el proceso de simplificación contractual (desmantelando derechos de los empleados fijos para asociarlos a la baja con los temporales). Y en esas están, paso a paso, sin tregua, sin prisa pero sin pausa, atacando y desvirtuando lo público cada vez que tienen ocasión, intentando derribar todo lo que huela a sociedad y a bienes comunes. Lo suyo es el individualismo, el egoísmo y el capitalismo más brutal y descarnado. La meta es instalar el salvajismo laboral, contratos por semanas, días y horas, inestabilidad total, terrorismo patronal, ausencia de derechos, selva laboral, precariedad absoluta, indecencia garantizada. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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