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7 noviembre 2016 1 07 /11 /noviembre /2016 00:00
Por la senda del Pacifismo (23)

La guerra, el aparato militar, sus prolongaciones industriales y financieras, sus articulaciones mafiosas, constituyen actualmente el núcleo central de las élites dominantes de los Estados Unidos que conforman un conglomerado de redes muy concentradas volcadas mayoritariamente a prácticas parasitarias. Parasitismo, imperialismo y militarismo son conceptos decisivos cuando tratamos de describir el comportamiento del Imperio. Estos rasgos del amo explican a su vez la dinámica de sus socios-vasallos (Alemania, Francia, Japón, etc.)

Jorge Bernstein

Actualmente, y hablando de terrorismo internacional, tal como señala Luis Gonzalo Segura en este artículo para el medio Publico, el primer reto que tenemos es acabar con el Estado Islámico (EI, ISIS...). Pero el problema de esta operación es que en realidad no existe voluntad política de hacerlo, pues terminar con esta facción terrorista implicaría enormes pérdidas para la industria armamentística, las petroleras, distintas empresas, los bancos y los gobernantes, que obtienen enormes beneficios con su existencia, además de la extensión de la cultura de la guerra, lo cual les provee la legitimación para adoptar medidas de recortes de libertades públicas y derechos fundamentales. Gonzalo Segura se expresa en los siguientes términos: "Terminar con el EI es relativamente sencillo, aunque tendríamos que asumir un coste elevado de víctimas. Una primera operación de bloqueo económico de seis meses a un año de duración que debilite considerablemente su estructura financiera y le impida pagar a los mercenarios reduciría el número de éstos y el apoyo entre la población. Una segunda fase militar, si fuera necesaria, terminaría con los terroristas con una operación terrestre que no excedería los seis meses". Bien, ¿por qué no se lleva a cabo, pues? Pues por las razones que venimos argumentando desde anteriores entregas, no sólo los aspectos económicos que relataba Gonzalo Segura, sino también los aspectos e intereses geoestratégicos que las diversas potencias tienen en juego. 

 

Si fuera posible lanzar la operación militar para acabar con el Estado Islámico, ésta tampoco sería el punto final para acabar con la tremenda inestabilidad de la región, pues ya hemos explicado en anteriores artículos de esta serie, que este polvorín es generado desde situaciones de tremenda inestabilidad política, económica y social, lo cual constituye el principal caldo de cultivo para el fundamentalismo religioso que les lleva a la radicalización yihadista. Por tanto, una segunda fase debiera constituir un verdadero Plan de Desarrollo Regional, algo de lo que nunca se habla porque tampoco existe verdadera voluntad de establecer. Ni siquiera somos capaces como comunidad internacional de llevar estos planes a los países más pobres del mundo, después de catástrofes naturales (terremotos, inundaciones, etc.), mucho menos a zonas de guerra donde se cruzan diversos intereses en conflicto. Pero como decimos, una operación militar, de no poder evitarse, no es nunca el objetivo final, sino una parte muy pequeña de un plan mucho mayor para instaurar una paz estable y duradera en regiones en conflicto. Un auténtico Plan de Desarrollo Regional (PDR) supondría mucho dinero y esfuerzo, pero es el único instrumento que garantizaría la estabilidad, y sería capaz de desarrollar la región afectada a medio plazo. Este PDR, junto con un Plan de Integración en determinadas áreas de Europa que ofrezca un verdadero futuro a las comunidades marginadas, hoy día víctimas de proclamas y ataques fascistas, sería la única forma de reducir los ataques terroristas en nuestro suelo, tanto a corto, como a medio y largo plazo. 

 

Y como argumenta Luis Gonzalo Segura, nadie habla de estos planes de desarrollo ni de integración, porque nuestros gobernantes (presionados por el complejo militar-industrial y sus grandes empresas) prefieren emplear billones de euros en la industria armamentística (nuestro país ya es la séptima potencia del mundo en fabricación y exportación de armas), que en un plan de desarrollo que generaría Estados soberanos, que reclamarían a su vez la explotación propia de sus recursos, algo que no está en la agenda de las grandes potencias. Ello haría disminuir también el tráfico de armas, los diversos intereses de los poderosos implicados, y dejaría de servir como cortina de humo para nuestros gobernantes, usadas para desviar la atención de los asuntos importantes. Para todos ellos, es mucho mejor que las guerras continúen, aunque todo ello nos explote después en nuestras propias narices, generando inocentes víctimas tanto en los países locales afectados, como en los países remotos del "civilizado occidente". En vez de parar las guerras y establecer verdaderos planes de desarrollo, sin intervenciones militares, es mejor para nuestros gobernantes que se cree este falso relato de los enfrentamientos entre religiones y civilizaciones, del fanatismo terrorista, de los dos bandos del bien y del mal, de la guerra mundial contra el terrorismo, y de las medidas que implementan fruto de las nefastas consecuencias que generan. Observemos también cómo ningún medio de comunicación convencional pone el dedo en la llaga, pues también son marionetas y armas de difusión del pensamiento dominante, en manos de las mismas élites que generan las guerras. 

 

No caigamos por tanto en el burdo y engañoso juego de pensar en las guerras y actos terroristas como "guerras culturales", de religiones y civilizaciones, sino como continuación y difusión de caminos alternativos para la extensión del capitalismo, para su canalización por vías diferentes, que garantizan la obtención de beneficios para todos los actores implicados. Hagamos frente a la realidad, y concluyamos que todo esto es un gran negocio, una gran partida donde cada uno tiene sus propios intereses, y que por tanto, a nadie le interesa que venga alguien a "detener" el juego. Tomando de nuevo las palabras de Gonzalo Segura: "...los responsables están tan cerca de nosotros que les votamos y les hacemos reverencias, y cada atentando de la supuesta guerra cultural supone una subida de las acciones de la industria armamentística en la bolsa". Y nuestro país, como no podía ser menos, va también escalando puestos para desarrollar un rol militar destacado en el mundo, como asegura Jordi Calvo en esta entrevista de Enric Llopis para el medio Rebelion. Tanto es así que Calvo asegura que entre 2004 y 2014, España ha multiplicado por diez sus exportaciones de armamento. Además, en 2014 el 16% de las armas exportadas por el Estado Español se dirigieron a Oriente Medio, que como sabemos, es actualmente el gran polvorín del mundo, con las guerras de Yemen, Siria e Irak. Estos complejos industrial-militares son en su gran mayoría occidentales (de las 100 principales empresas de armamento del mundo, 69 son occidentales), y el volumen de ventas de este complejo asciende a 400.000 millones de dólares.

 

Está claro que para mantener este enorme potencial, se necesita un gran volumen de consumo bélico, lo cual contribuye también a mantener enormes ejércitos, y a sufragar las carreras armamentistas de las grandes potencias. Se forman entonces grandes lobbies formados por militares, la industria bélica y los diferentes gobiernos, pasando de un lado a otro gracias a las famosas "puertas giratorias". La práctica habitual de nuestros gobiernos occidentales es bien conocida: ante las grandes decisiones tomadas en los "gabinetes de crisis" después de las graves tragedias, o los atentados terroristas, en dichas mesas de toma de decisiones no están las organizaciones pacifistas, ni los movimientos sociales alternativos. Valga como inciso: cuando se habla de la creación de empleo, tampoco están las organizaciones de desempleados. Pues bien, ¿quiénes están entonces? Están la cúpula militar del país en cuestión (España en nuestro caso), los altos representantes del Ministerio de Defensa, el Ministro del ramo, y algunos altos cargos relacionados. Sigamos el razonamiento: teniendo en cuenta que gran parte de estas personas proceden de la industria militar...¿qué tipo de decisiones es de esperar que tomarán? ¿Organizarán cónclaves de paz? ¿Intentarán detener los conflictos por vías pacíficas? Más bien no: ordenarán bombardeos, respuestas agresivas, colaboración con terceros países belicistas, y como mucho, de forma hipócrita y retórica, declararán solemnemente que apoyan tal o cual resolución de Naciones Unidas para fortalecer la paz, u ordenar alguna tregua. Mientras, las zonas en conflicto, seguirán desangrándose. Continuaremos en siguientes entregas.

 

 

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Published by Rafael Silva - en Política
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