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14 noviembre 2016 1 14 /11 /noviembre /2016 00:00
Imagen: www.pijamasurf.com

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A la luz de los últimos casos registrados en Francia y Estados Unidos, el terrorismo es cada vez más local y cada vez menos importado, sus causas anidan más en las sociedades nacionales que en los invasores venidos de afuera, lo que fortalece la sensación de amenaza permanente, la aterrorizante percepción de convivir con el peligro que tan rápidamente está corroyendo a las buenas conciencias occidentales

José Natanson

Vamos a ocuparnos de Arabia Saudía en breve, un actor al que ya nos hemos referido de pasada en varias de las entregas anteriores, dentro de esta serie de artículos (en éste su primer bloque, dedicado al terrorismo internacional), pero antes vamos a volver a remarcar el peligroso perfil belicista norteamericano, el aparato de guerra más potente del planeta, tanto en vocación como en medios. Al momento de escribir este artículo aún no sabemos quién será el próximo inquilino de la Casa Blanca, pero tenemos claro que sea quien sea, la política belicista norteamericana, por desgracia, no cambiará. Nos vamos a basar en un reciente artículo del gran periodista y cineasta australiano John Pilger (en traducción para el medio Rebelion.org), cuya revisión completa recomiendo a mis lectores y lectoras. Los potentísimos medios de propaganda estadounidense llevan adormeciendo y alienando a la población durante décadas, por lo cual el nivel de "aceptación" del carácter belicista de su gobierno está allí bastante asumido. Esa falsa, ingenua y manipulada leyenda de los "buenos" y de los "malos" lleva calando en la sociedad norteamericana (y por extensión, en las sociedades occidentales) durante mucho tiempo, inoculando en las mentes de la ciudadanía el germen de las invasiones "justificadas" a los regímenes que ellos consideran contrarios a sus intereses. 

 

John Pilger clarifica su ejemplo en los siguientes términos: "Este doble estándar básico, es la quintaesencia de la propaganda. Me refiero, por supuesto, al sitio de Mosul por las fuerzas del gobierno de Irak, respaldados por los Estados Unidos y Gran Bretaña y al asedio de Alepo efectuado por las fuerzas del gobierno de Siria, apoyados por Rusia. Un asedio es bueno; el otro es malo". Los medios de comunicación amplifican permanentemente esta propaganda, y por lo tanto, también contribuyen en alto grado a la extensión de las conciencias que "justifican" las invasiones, las guerras, los conflictos, los atentados y las intervenciones estadounidenses en suelo extranjero. Si los medios hicieran bien su trabajo, de forma veraz e independiente, la maquinaria de guerra, seguramente, no habría ejecutado sus planes en un montón de situaciones que nos vienen a la memoria. Seguramente, hoy día, cientos de miles de personas seguirían con vida, buen número de infraestructuras no estarían destruidas, no existiría el ISIS, ni estarían bajo asedio Alepo o Mosul. Pero tampoco se habrían producido los devastadores atentados de Madrid o de Londres, ni habría cientos de miles de refugiados a los que conceder asilo, que abandonan sus hogares a la aventura de tener que emigrar a zonas más tranquilas. Tal como WikiLeaks ha revelado, sólo cuando el líder sirio Bashar Al-Assad rechazó en 2009 la construcción de un oleoducto que atravesara su país desde Qatar a Europa, comenzó la terrible guerra civil Siria. No queremos con esto defender la perversa labor de los dictadores orientales, que no respetan los derechos humanos, sino denunciar que el camino belicista de los Estados Unidos y el seguidismo de sus aliados occidentales tampoco es el camino. 

 

A partir de ese momento, fue la CIA la última responsable de planificar la destrucción de Siria mediante los fanáticos yihadistas (también financiados por Arabia Saudí), que son los mismos fanáticos que ocupan actualmente Mosul y el este de Alepo y que mantienen a su población como rehenes. Pero desgraciadamente, ningún gran medio de comunicación occidental nos contará estas noticias. Estos mensajes y estas verdades serán silenciadas, porque van en contra de los intereses de los Estados Unidos, y por extensión, de todos sus países aliados. Y por su parte, la mayor nación cliente de Occidente, la medieval Arabia Saudí, de la cual nos ocuparemos más a fondo próximamente, y a la cual los estadounidenses y los británicos venden anualmente miles de millones de dólares en armamento, en la actualidad está bombardeando y destruyendo salvajemente Yemen, un pequeño país tan pobre que, en el mejor de los casos, la mitad de sus niños están desnutridos. El documento pdf que ofrecemos como referencia da buena cuenta de la terrible situación yemení. La guerra en Yemen no ofrece el mismo altavoz mediático, pero se trata de una guerra tan violenta, destructiva y aniquiladora como la de Siria, o aún peor. Los saudíes, en connivencia con Occidente, lanzan diariamente bombardeos contra los pobladores de pobres aldeas, contra bodas, contra funerales, contra colegios, contra hospitales, contra población indefensa ya de por sí pobre y desnutrida, dejando dantescos paisajes de absoluta devastación. Es una aniquilación cruel y espantosa a la que nuestro "mundo occidental", nuestras sociedades "libres y civilizadas" no le prestan la más mínima atención. 

 

En el año 2011, Libia, uno de los Estados más modernos del África musulmana, fue destruido bajo el falso pretexto de que Muammar El Gadaffi (presentado como un dictador, cuando había sido recibido por todos los Jefes de Estado y de Gobierno occidentales, presentándolo siempre como un útil amigo de Occidente) estaba a punto de cometer un genocidio contra su propio pueblo. Fue otra gran mentira, otra operación encubierta basada en el auge de lo que se dio en llamar las "primaveras árabes", comenzadas en Túnez, y seguidas en Egipto y otros países. La intervención norteamericana no se hizo esperar, y aprovecharon la ocasión para conspirar contra los "dictadores" de dichos países, alentando a la "revolución democrática", gran falacia promovida por los medios, ya que Estados Unidos es el primer gran país enemigo de la democracia. De hecho, Gran Bretaña, Estados Unidos, en colaboración con nuestra indecente Unión Europea (conjunto de países sin política exterior común, vergonzante seguidista de la política belicista norteamericana), querían "un cambio de régimen" en Libia, el mayor productor de petróleo de toda África. Así que fue asesinado por un comando de fanáticos comandados por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Se cuenta que Hillary Clinton broméo con la muerte de Gadaffi. De acuerdo con sus propios registros, la OTAN lanzó un total de 9.700 vuelos de ataque contra Libia, de los cuales más de un tercio estaban dirigidos contra objetivos civiles. Estos bombardeos incluyeron misiles con ovijas de uranio. La destrucción fue completa, absoluta, terrorífica. Como consecuencia de esta "intervención", Sirte se ha convertido en la capital de ISIS en Libia. 

 

¿Y qué decir de Ucrania? Hoy día gobernada dictatorialmente por un empresario amigo de Washington, bajo el control de unos agitadores fascistas, con el Partido Comunista de Ucrania ilegalizado, y bajo las "políticas de austeridad" del FMI. Su situación es mucho más caótica que antes de su "revolución". Sin embargo, nuestros medios de comunicación occidentales nos presentan a Rusia como el gran instigador y responsable del conflicto, cuando fue orquestado directamente por Estados Unidos, con la vergonzosa complicidad de esta Unión Europea (sobre todo de Alemania), y de la OTAN. La intimidación militar de la OTAN hacia Moscú no es noticia, sino todo lo contrario. Se nos presenta a Vladimir Putin y a su gobierno con unas ansias perversas de "recuperar su hegemonía", cuando es Washington la que amenaza constantemente a Rusia mediante un hostigamiento continuo y cada vez más cercano de las fuerzas militares de la OTAN desde los países bálticos. Como vemos, no hay descanso para los que hacen sonar los tambores de guerra. Los que incitan a la guerra contra Rusia desde el diario The Washington Post, son los mismos periodistas que publicaron la mentira de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Y podríamos seguir con más ejemplos. La lista sería ciertamente interminable. Washington está detrás del derrocamiento del Presidente Zelaya, de Honduras, en 2009, del hostigamiento económico hacia el Presidente Maduro en Venezuela, del proceso político contra Dilma Rousseff en Brasil, etc., etc., etc. ¿Por qué su población no es consciente de ello? John Pilger relata que en 1946, el fiscal del Tribunal de Nüremberg dijo de los medios alemanes: "Antes de cada agresión importante, iniciaron una calculada campaña de prensa para debilitar a sus víctimas y para preparar el puebo aleman psicológicamente para el ataque con un sistema de propaganda, donde la prensa diaria y la radio eran las armas más importantes". ¿Les suena de algo? Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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