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21 noviembre 2016 1 21 /11 /noviembre /2016 00:00
Por la senda del Pacifismo (25)

Bajo un Estado auténticamente laico la política laica se separa de la política religiosa, cosa que no sucedió en Oriente donde los Estados son confesionales, entonces utilizan esa fusión entre cultura y religión para obtener identidad y aglutinar a los ciudadanos que son de orígenes muy diferentes, porque hay muchísimas minorías religiosas y étnicas

Guillermo Almeyra

Vamos a ocuparnos a fondo a continuación sobre Arabia Saudí, ese país que hemos venido citando en innumerables ocasiones en entregas anteriores de esta serie, prometiendo abordarlo con más profundidad. Tomemos como referencia en primer lugar esta interesante entrevista al editorialista internacional del medio mexicano La Jornada, Guillermo Almeyra, gran analista político internacional, en este artículo de Mario Hernández para Rebelion. Bien, comencemos por recopilar algunos datos e informaciones que hemos venido contando en artículos anteriores de esta serie. Arabia Saudita (y en general, todas las potencias petroleras del Golfo) es el principal valedor del fundamentalismo islámico en toda la región, y el financiador, junto con Qatar, del terrorismo del Estado Islámico, con el claro objetivo de combatir las tendencias chiítas dentro del Islam, extender el fundamentalismo religioso, impedir la instauración de Estados laicos, y proteger así sus monarquías, influyendo además en particular para debilitar a Irán (y a Siria, aliada de Irán), y obtener de este modo un papel privilegiado de potencia dominante, con el apoyo de Estados Unidos directamente, e indirectamente de Israel. Este es el panorama de partida, básico para poder entender la raíz de todos los conflictos que rodean a Oriente Medio, durante las últimas décadas. La historia se remonta a mucho antes, cosa que explica muy bien Almeyra en su entrevista, cuya lectura recomiendo a mis lectores. 

 

Por su parte, Israel es un actor muy interesado en todos estos conflictos. Amigo inquebrantable de Estados Unidos, está muy interesado en que el Estado Islámico capte jóvenes decididos al combate, debilitando a los brazos armados del chiísmo libanés (Hezbolla) y palestino (Hamas), por ser también aliados de Irán y Siria. Y por su parte, Turquía también tiene enorme interés en destrozar a Siria (de ahí que su guerra se haya convertido en un infierno interminable, dada la gran cantidad de intereses cruzados que se dan en el campo de batalla), para acabar con los kurdos (ya sean éstos turcos o sirios) que resisten y se enfrentan al régimen turco, y actúa igualmente como aliado de Estados Unidos, y por tanto, enfrentada también a Rusia. El cóctel, como puede comprobarse, es ciertamente explosivo. En el meollo de la cuestión la guerra fratricida entre las diversas facciones del Islam (unas más tolerantes y abiertas que otras, remito a los lectores a la entrega de esta serie donde estuvimos repasando las mismas), que tiene a su vez que ver con el antiguo problema de la superación de la fusión entre cultura y religión en todo Oriente, y las motivaciones y circunstancias que llevaron a que las potencias occidentales (sobre todo Estados Unidos) intentaran aprovechar esto a su favor, fomentando de nuevo los Estados fundamentalistas más reaccionarios por toda la región, algo que también hemos comentado en anteriores entregas, a las cuales remito a los lectores y lectoras que no las hayan seguido. Y así, en el pasado, la revolución argelina, la yemenita, y algunas otras, intentaron instaurar Estados laicos, pero sus experiencias fueron abortadas rápidamente por la acción de estas potencias occidentales, así como la instrumentalización que se ha hecho de las llamadas "Primaveras Árabes", en algunas de las cuales también se ha intentado recuperar el laicismo. 

 

Hacemos de nuevo un inciso para aclarar que el fundamentalismo religioso no sólo se da en Oriente. En Estados Unidos, el Tea Party y toda la derecha republicana es fundamentalista religiosa protestante (ellos se creen el país elegido por Dios para representar al gerdarme mundial, y en este sentido, el electo Vicepresidente Mike Pence, declaraba recientemente: "Soy cristiano, conservador y republicano, en ese orden"), y en España, nuestro pasado colonial nos trae los recuerdos de las aberrantes prácticas y genocidios llevados a cabo por el Imperio Español (ese donde nunca se ponía el sol), para llevar la "fe cristiana" a los demás pueblos, y hacer correr la sangre (o expulsar) a los infieles. El fundamentalismo religioso es, por tanto, un problema de gran parte de la Humanidad. Fin del inciso. Pues bien, como decíamos al comienzo, Arabia Saudita es el gran país promotor de las corrientes islámicas más fundamentalistas, por lo cual, seguramente, estamos ante el régimen más tiránico e integrista del mundo, tal como lo califica Carlos Enrique Bayo en este artículo para el medio CaffeRegio., que vamos a seguir como referencia. Mientras critican y lanzan aspavientos en las tertulias hacia el régimen teocrático de Irán, resulta que nuestro Gobierno, nuestro  Jefe del Estado y nuestros poderes económicos rinden pleitesía a Arabia Saudí con pleno conocimiento no sólo de su brutal represión interna, sino también de su falta de responsabilidad financiera e ideológica directa en los crímenes contra la humanidad provocados por el aberrante Estado Islámico. Por tanto, la hipocresía y la doble moral en este asunto es absolutamente pasmosa y vergonzante. 

 

Más aún, nuestros gobernantes multiplican las ventas de armas a ese mismo régimen saudí (por valor de 744 millones de euros entre los años 2010 y 2014), pese a que el Ejército de Riad está cometiendo las mayores atrocidades en Yemen, un país vecino donde sus bombardeos (contra barrios residenciales, hospitales, centros de salud, escuelas, mercados, campos de refugiados, etc.) han dado muerte a miles de civiles inocentes, y a niños y niñas ya de por sí pobres y desnutridos. Y frente a todo ese comportamiento, esa responsabilidad y esas aberraciones del régimen saudí, a nuestros gobernantes, según dicen ellos, sólo les interesan las relaciones económicas. ¿Queremos pruebas más palpables de la complicidad con regímenes terroristas? Nuestra empresa pública naval gaditana Navantia se dispone a vender cinco fragatas Avante 2200 a la Armada saudí, con plena conciencia de que ese "cliente" mantiene desde hace más de un año un despiadado bloqueo naval contra Yemen, que ha privado a ese país de alimentos, medicinas y otros productos de primera necesidad. Dicha venta supone una clara violación del derecho internacional, así como del Tratado sobre el Comercio de Armas, de los Principios Reguladores de las Transferencias de Armas Convencionales adoptados por la OSCE, y de las normas sobre el control de exportaciones de material militar de la Posición Común de la Unión Europea, según denuncian diversas ONG's como Amnistía Internacional, Oxfam Intermón o Greenpeace. 

 

Quizá estemos hablando, en el caso de Arabia Saudí, de la teocracia más cruel y desalmada del escenario internacional, manifestada (entre otras muchas facetas) en su brutal opresión de la mujer y en su sanguinaria persecución de toda disidencia política o religiosa (que hemos dicho que son, para ellos, la misma cosa). Pero ahí está nuestro Rey Emérito Juan Carlos I, como buen exponente de buena amistad con el monarca saudí Salman Ibn Abdulaziz, y con toda su familia. Y esa amistad también ha sido "heredada", parece ser, por su hijo, el actual Rey Felipe VI, que mantiene el mismo interés que su padre en visitar al país saudí cada cierto tiempo, y en mantener las buenas relaciones con la Casa Real saudí. De hecho, hace algo más de un año, Felipe VI, tal como nos recuerda Carlos Enrique Bayo en el artículo de referencia, cambió precipitadamente la agenda de un viaje por Asia para acudir al funeral del Rey Abdulá y mostrar sus condolencias a sus familiares, precisamente en el momento en que Amnistía Internacional hacía una campaña mundial a favor del activista saudí Raif Badawi, condenado a mil latigazos y diez años de cárcel por haber creado un foro en Internet en el que promovía el debate público, y en el que abogaba por la separación de poderes entre el Estado y la Iglesia. Arabia Saudí es el instigador principal de haber conducido al mundo árabe (y en general a todo el fundamentalismo islámico) al borde del abismo bélico, y es el principal valedor de las teorías interpretativas más brutales y salvajes del Corán, imponiendo su visión a sangre y fuego al resto de países de la zona. Tanto que nuestra derecha política, social y mediática repudia a Irán (que además les sirve de pretexto para atacar a Podemos), y sin ánimo de defender a ningún Estado teocrático, hay que poner las cosas en su sitio, y proclamar sin complejos que ya les gustaría a las mujeres saudíes gozar de la mitad de las oportunidades de trabajo, la independencia, las libertades y los derechos que conservan las mujeres iraníes (y ello pese al machismo y a las odiosas restricciones del chiísmo jomeinista). Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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