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28 noviembre 2016 1 28 /11 /noviembre /2016 00:00
Por la senda del Pacifismo (26)

La Casa Al Saud está conformada por una amplísima familia, compuesta por tres mil personas entre centenares de jeques, decenas de Príncipes y sus familias, lo que convierte a Arabia Saudita, no sólo en un Estado cuyo nombre asume el nombre de su casa reinante, sino también crea un Estado Absolutista donde la familia del Monarca reúne todos los cargos de gobierno y en aquellos que la participación familiar es menor, como por ejemplo la Majlis as Shura - la Asamblea Consultiva - es el propio Rey quien nombra a sus miembros. Un país donde los derechos de la mujer brillan por su ausencia y donde la vida cotidiana es regida por una policía religiosa dotada de amplísimas potestades. En ese marco es donde el wahabismo es el pilar político-ideológico y religioso donde se sustenta la existencia de la Casa al Saud, su política interna y su labor en el plano de la política internacional

Pablo Jofré Leal

El régimen saudí es un régimen ciertamente peligroso, no sólo para la inestabilidad de su región y del mundo musulmán en general, sino para el resto del planeta. Conocidas son las tropelías ejecutadas por la Casa de Al Saud, algunas de ellas muy sonadas. Entre muchas otras, el monarca saudí, al que siempre se aplaudió desde La Zarzuela y La Moncloa (como nos recuerda Carlos Enrique Bayo en el artículo de referencia), ordenó el arresto domiciliario de sus hijas, porque la madre (una de sus 30 esposas), que logró exiliarse en Londres, las educó en la defensa de los derechos de la mujer, y ellas se atrevieron a expresar esas ideas en público a través de las redes sociales y en entrevistas por videoconferencia. Tal es el carácter del amigo wahabí de los Borbones, que demostró que ni siquiera las princesas pueden librarse del dominio patriarcal saudí, bajo el cual las mujeres no tienen derecho a salir del domicilio (además de la prohibición de conducir, ni a poseer una cuenta bancaria, ni a ejercer cualquiera de los derechos y lilbertades más básicos, sin el permiso, tutela, vigilancia y control de algún varón). Pero como decimos, todo esto es sólo una ínfima parte de la doctrina del wahabismo, que es el padre ideológico del Estado Islámico, impuesto en Arabia por la dinastía de los Saud y promovida en todo el mundo por la fabulosa fortuna de los petrodólares de Riad. 

 

Como estamos viendo, una demencial versión hiperfundamentalista del Islam que está en el origen del salafismo yihadista, y por tanto, es el verdadero autor intelectual de los más feroces y crueles actos de terrorismo masivo cometidos en todo el mundo. Daesh no inventó nada de esto. Todas estas prácticas se llevan ejecutando desde hace mucho tiempo en las Monarquías saudí y adyacentes, sin el escándalo del "civilizado y libre" mundo occidental. ¿Los motivos? A este mundo occidental le ha convenido, por motivos políticos y geoestratégicos, ser muy "amigo" de los monarcas saudíes, y no enfrentarse a ellos, alejándose de sus demenciales corrientes fundamentalistas. Una política íntegra de defensa a rajatabla de los derechos humanos tendría que haber denunciado a este monstruoso país en la ONU desde hace décadas, y haber coartado internacionalmente todas las posibilidades de continuar por dicha senda (siempre dentro de la senda del pacifismo, como es lógico). Pero como decimos, los criterios económicos y políticos son los que han predominado, y al amparo de ellos, se ha tolerado, se ha mirado para otro lado, y se han ignorado las aberrantes prácticas contra los derechos humanos llevadas a cabo por Arabia Saudí. Es más, lejos de practicar una política de rechazo, los saudíes son inestimables aliados de las mayores potencias occidentales. ¿Cabe mayor hipocresía? ¿Cabe mayor vergüenza y escarnio de la comunidad internacional? 

 

La dinastía saudí controla hoy día la mayor producción de petróleo del planeta, y las mayores reservas del crudo más barato de extraer, además de llevar la voz cantante en las reuniones de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), así que Riad tiene la sartén por el mango para hacer que se hunda el precio del barril (como de hecho ha ocurrido ya en varias ocasiones), para arruinar a sus rivales dentro y fuera de la OPEP. La comunidad internacional ha hecho oídos sordos a todo ello, y ha tolerado el chantaje del régimen saudí y sus adláteres (Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, etc.), en vez de enfrentarse a ellos con determinación y valentía (pero insistimos, siempre desde la senda del pacifismo). Una economía saudí floreciente, gracias a los 650.000 millones de dólares en divisas que sigue acumulando Riad, a pesar incluso de la caída de sus ingresos petroleros. Una riqueza descomunal que también se ha empleado en financiar a esos mismos grupos terroristas contra los que supuestamente estamos "en guerra". Esto es un hecho reconocido por la Secretaría de Estado estadounidense, así que no es ningún secreto internacional. Grupos terroristas suníes, que son los que violentamente atacan a todos los regímenes musulmanes que intentan desviarse del fundamentalismo, implantando regímenes más abiertos y democráticos. Eso no le conviene, como hemos explicado en entregas anteriores, a Estados Unidos (y sus aliados occidentales), así que tienen como socio local a Arabia Saudí, que está dispuesta en cualquier momento, con su gran capacidad económica y militar, a "doblar el brazo" de cualquier país vecino que intente sacar los pies del tiesto, como se suele decir. 

 

Pues estos son nuestros "buenos amigos" árabes, bienvenidos a nuestra Costa del Sol cuando llegan con sus tremendos lujos y su cohorte de sirvientes (conocí personalmente a una costurera española contratada durante una semana en una mansión marbellí perteneciente a la familia saudí, que cobró para mantenerse durante un año entero), y ante los cuales nuestros serviles gobernantes y empresarios (con nuestro Rey a la cabeza) visitan de vez en cuando, porque lo importante para ellos son los negocios, y claro, los negocios no se pueden politizar. Y a renglón seguido, tenemos la desfachatez de llevarnos las manos a la cabeza por las tremendas salvajadas que ejecuta el Estado Islámico en los territorios que conquista, o de criticar a Podemos porque obtiene "financiación iraní" (o venezolana), cosa que además es absolutamente falsa, poniendo el grito en el cielo o rasgándonos las vestiduras porque estamos en relaciones con "tiránicas dictaduras" que no respetan los derechos humanos. ¿Más hipocresía todavía? ¿Más desvergüenza aún? El cinismo y la cara dura que profesan los que emiten dichas opiniones no tiene límites. Pero desgraciadamente, aún existen muchos ciudadanos/as que siguen creyendo a estos hipócritas y farsantes. Bien, veamos con algo más de detalle los negocios que tenemos con este bárbaro país, basándonos en este artículo de Europa Press recogido por Publico, a tenor de la reciente visita (cancelada a última hora) del Rey Felipe VI a Arabia Saudí. 

 

Según estas fuentes, la visita del monarca impulsará la firma de un contrato para Navantia, por el que la empresa pública española construirá 5 corbetas para las Fuerzas Armadas saudíes. Un contrato valorado en unos 2.000 millones de euros, que garantizará la carga de trabajo a los astilleros de San Fernando (Cádiz) durante varios años. Y no seré yo quien se oponga o haga proclamas en contra de los puestos de trabajo de estos profesionales gaditanos (además en un sitio tan castigado por el desempleo), pero por encima de todo ello (es lo mismo que argumentábamos cuando nos hablaban de los puestos de trabajo que crearía EuroVegas en Madrid o Barcelona World), debe estar la ética y los efectos colaterales o secundarios de dichas políticas de empleo (en aquéllos casos contrarias al medio ambiente, y en este caso contrarias al pacifismo y a los derechos humanos). Además, la sola presencia del monarca español en el reino saudí supone un espaldarazo a las empresas españolas con proyectos en curso en aquél país (como el de la construcción del AVE entre Medina y La Meca), o que aspiran a conseguir futuras adjudicaciones. Tres líneas de metro de Riad se han adjudicado a consorcios en los que participan compañías españolas, y las autoridades saudíes sopesan construir otros suburbanos en ciudades como Yeddah, La Meca y Dammam. Pero además, España cree que el Plan Visión 2030 de las autoridades saudíes para diversificar y modernizar su economía (ya que las previsiones dicen que queda petróleo sólo para los próximos 80 años) abre oportunidades de negocio para nuestras empresas, en ámbitos como por ejemplo las energías renovables. Todo ello estaría muy bien si no fuera porque las armas exportadas por nuestro país a Arabia Saudí se están usando para exterminar a las poblaciones civiles de Siria o de Yemen. ¿Nos parece un motivo plausible para negarnos a negociar con tan macabro y sanguinario país? Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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