Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
13 enero 2017 5 13 /01 /enero /2017 00:00
Arquitectura de la Desigualdad (XX)

Me pregunto en qué clase de sociedad vivimos, qué democracia tenemos donde los corruptos viven en la impunidad, y al hambre de los pueblos se la considera subversiva

Ernesto Sábato (“Antes del fin”)

A la creciente desigualdad de las últimas décadas se ha unido la explosión causada por la crisis desde 2007-2008 en adelante, que ha sido aprovechada como excusa para desmontar prácticamente todos los pilares de nuestro raquítico Estado del Bienestar, y para llevar a cabo crecientes olas privatizadoras de servicios públicos. Se han atacado derechos humanos fundamentales (trabajo, sanidad, educación, renta básica, alimentación...), y se han polarizado de forma brutal las desigualdades. Carlos Pereda, del Colectivo Ioé, en el informe para el Barómetro Social citado como referencia en el artículo anterior, nos indica que las políticas antisociales adoptadas para abordar la crisis han generado gravísimos problemas para un amplio sector de la clase trabajadora, muy especialmente para quienes se encuentran en paro, sobre todo si no reciben ningún tipo de prestación (hoy día el 47% de los casi cuatro millones de personas desempleadas). Pero no contentos con ello, las contrarreformas laborales y sociales practicadas han dejado también en la estacada a los que hoy poseen un empleo, que se han convertido en trabajadores pobres, incapaces de poder vivir dignamente con su sueldo. A partir de 2010, los salarios y la renta disponible de los hogares cayeron a ritmo creciente, y la población en situación de exclusión ha aumentado en más de un millón de personas. 

 

Las subidas de impuestos, focalizadas en los impuestos regresivos (los que paga igual todo el mundo), como las subidas del IVA, de la electricidad o del transporte, junto a la práctica congelación de las pensiones (en realidad una ridícula e indecente subida de un 0,25%), han contribuido también a reducir el poder adquisitivo de gran parte de la población. El resultado lo podemos observar claramente, a pesar de los múltiples intentos por parte de nuestros gobernantes para hacernos ver una realidad distinta: los pobres son cada vez más pobres, y los ricos más ricos. Esta enorme polarización ha acabado prácticamente con la ilusión de la "clase media", a la que gran parte de la población se adscribía en los buenos tiempos de bonanza económica, una artificialidad que duró poco tiempo, al no estar asentada sobre justas redistribuciones de la riqueza, y sobre modelos productivos sostenibles. La realidad es hoy día aplastante: millones de familias tienen que optar cada mes entre comer, vestirse, pagar los suministros básicos del hogar o pagar el alquiler o la hipoteca de la vivienda, ya que afrontar todos los gastos a la vez no es posible. Pero gran parte de estos hogares ya no responde a la clásica imagen de la pobreza, sino que han surgido de familias con ingresos medios que se han visto afectadas por situaciones de desempleo de larga duración, que han agotado sus prestaciones por desempleo, u otras ayudas públicas. Entre los grupos mayormente afectados, se encuentran las familias monoparentales, en su mayoría madres solteras o divorciadas, con hijos a su cargo. 

 

Durante estos últimos años de crisis, la desigualdad entre los patrimonios creció a un ritmo mucho mayor que el de la renta, provocando una revalorización patrimonial de más de un billón de euros en el 10% más rico de la población, que concentra la propiedad (y los beneficios y revalorizaciones) de la mayor parte de las acciones empresariales (cotizadas y no cotizadas), los fondos de inversión y otros activos financieros. Sin embargo, en el otro extremo, el 25% de familias más pobres (4,3 millones de hogares, que formaban 12 millones de personas en el año 2011), disponía de un patrimonio medio 87 veces menor que el del grupo anterior, concentrando la mayor parte del desempleo, la pobreza y el endeudamiento. Bastaría, si tuviéramos gobernantes con la sensibilidad y la voluntad política necesarias, que, gracias a una política fiscal realmente redistributiva, esa ratio fuera de 50 veces en lugar de 87, y que la diferencia se reorientara al 25% más pobre de la sociedad, para que éstos multiplicaran su patrimonio por más de 20, reduciendo así las actuales desigualdades. Por su parte, el gasto social en España en relación al PIB (como muy nos destaca Vicenç Navarro en muchos de sus artículos) ha sido siempre inferior a la media europea, incluso después de la ampliación de la UE a 28 países. En conjunto, el gasto público por persona en políticas sociales, después de crecer hasta 2009 a un ritmo interanual entre el 3% y el 6%, experimentó una bajada del 12,6% en los cuatro años siguientes, a raíz del cambio de rumbo introducido por el gobierno del PSOE de Zapatero a partir de 2010 (cuya puntilla fue el cambio del artículo 135 de nuestra Constitución, para blindar el pago de la deuda ante cualquier otro gasto social).

 

De todas las partidas del gasto social,  han bajado sensiblemente las referidas a sanidad y educación públicas (-7 y -9%), y las prestaciones por desempleo (-10% en relación al PIB). La cobertura de las prestaciones por desempleo a las personas en paro ha bajado del 77% en 2007 al 55% en 2011 y al 45% en 2014, como consecuencia del paro de larga duración, y de los contratos precarios, temporales y de muy corta duración que no han cotizado lo suficiente como para adquirir nuevos derechos contributivos. De las restantes partidas sociales, cabe destacar la dedicada a la exclusión social, una de las peor dotadas de toda la política social de nuestros indecentes gobiernos (sólo representó un 0,23% del PIB en 2013). La implantación de una Renta Básica universal, incondicional e individual acabaría con todos estos problemas, pero dejaremos su discusión para el bloque correspondiente. ¿Cuál es entonces el discurso dominante? Pues en complicidad con la Comisión Europea (última garante de que los dogmas neoliberales se cumplen a rajatabla en el continente europeo), las tesis de nuestros gobiernos sostienen que las políticas sociales están sobredimensionadas en relación a la capacidad económica de la Hacienda Pública (recordarán los lectores y lectoras la famosa frase de que "Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades"), y que, por tanto, es imprescindible introducir recortes ("reformas estructurales" en su eufemístico lenguaje), así como procesos de privatización que impliquen una reducción del gasto. Pero la tremenda ofensiva neoliberal disfraza bajo estas medidas un ataque al volumen del Estado, que pretende adelgazarlo, aniquilando sus empresas públicas y estatales, y "externalizando" gran parte de sus servicios públicos, para contribuir a ampliar las posibilidades de negocio de la iniciativa privada. 

 

En definitiva, como nos indica Carlos Pereda, se despliega sin restricciones el modelo social de capitalismo neoliberal cuyos orígenes en el contexto europeo se remontan al Tratado de Maastricht (1992) y al Tratado de Lisboa (2009), después del fallido intento de Constitución Europea de 2006. Mientras la derecha abrazaba la supuesta "modernidad" de nuestro Estado al adscribirse a todos estos tratados, desde la izquierda transformadora denunciábamos la peligrosa deriva neoliberal que se avecinaba, y sus futuras, previsibles y terribles consecuencias. La crisis actual está siendo la ocasión para profundizar en estas políticas, a través de tratados como el Pacto Fiscal o el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad, ambos de 2009), que la derecha política y mediática nos disfraza como nuevos niveles de "integración europea". El Pacto Fiscal tiene como objetivo asegurar que los Estados miembros apliquen unas políticas presupuestarias estrictas (donde entra la consabida reducción del déficit público), con sanciones económicas en caso de incumplimiento. Por su parte, el MEDE se encarga de conceder préstamos a los países de la zona euro que no cumplan con sus obligaciones financieras, pero imponiendo como contrapartida estrictas condiciones macroeconómicas y recortes del gasto social, tal como ya ha ocurrido en varios países, siendo Grecia el más paradigmático de todos ellos. En realidad, la Comisión Europea actúa como un buen alumno de la disciplina impuesta mundialmente por el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo surgido del famoso Consenso de Washington para implantar el más fanático neoliberalismo por todo el globo, y vigilar de forma estricta su cumplimiento. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Política
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías