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21 diciembre 2016 3 21 /12 /diciembre /2016 00:00
Dos niños saludan brazo en alto ante un cartel de Franco en septiembre de 1939. Fuente: Agencia EFE

Dos niños saludan brazo en alto ante un cartel de Franco en septiembre de 1939. Fuente: Agencia EFE

Toda mi vida joven pensé que llegaría el momento en que este país se desperezaría y reconocería por fin la deuda que tiene con sus luchadores antifranquistas. Siempre creí que algún día el Estado rescataría por fin a los cientos de miles de muertos que inundan nuestras cunetas y los entregaría a sus familiares para que de una vez por todas pudieran llorarlos en paz. Solía creer que algún día llegaría la cordura a España. Que este país seguiría la inevitable senda de las demás naciones europeas y haría justicia con quienes dieron su vida luchando por la legalidad vigente, por la República. Ese día no ha llegado. En este país a quienes lucharon contra un golpe de Estado que se tornó en guerra civil se les ha premiado con una fosa común con vistas al olvido

Juan Diego Botto

Como ya afirmábamos en la entrega anterior, y basándonos en la fuente de referencia indicada (el Blog Tribuna Histórica de Héctor Braojos, que estamos siguiendo para este relato inicial), la represión franquista fue uno de los episodios más oscuros y tristes de nuestra historia contemporánea reciente. Fue además silenciada en los medios de la época, que de forma propagandística se alineaban y glorificaban la "victoria" mientras mantenían invisibles las cunetas, las cárceles, el exilio y la pobreza. De aquélla época podemos rescatar ya, en ese sentido, sin ir más lejos, las portadas del Diario ABC. El fascismo español empezó a respaldar su crueldad con leyes hechas a medida, que justificaban cualquier enseñamiento con los perdedores de la historia. Y mientras se repartían después de la Guerra las famosas "cartillas de racionamiento", la Ley de Vagos y Maleantes se encargaba de "limpiar" las calles de todo elemento sospechoso por parte del régimen. Pero no fue la única. Héctor Braojos cita la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939, que convirtió "a los leales en rebeldes y a los rebeldes en leales", retorciendo los principios jurídicos de irretroactividad para juzgar desde 1934 a todos los militantes y simpatizantes de izquierdas o simplemente contrarios al alzamiento. Junto al delito de rebelión se construyeron los pilares de una dictadura que castigaba a cualquier desertor en un sistema de denuncias anónimas y venganzas personales. 

 

Se fomentaron los más bajos instintos, de tal forma que, de manera engañosa la inmensa mayoría de las veces, amigos, vecinos e incluso familiares se convertían en chivatos, y entregaban a las torturas y las cárceles del régimen a aquéllas personas críticas con la dictadura, o que simplemente habían defendido la República, o tenían otra visión de España. Después de la Guerra, la sociedad española, completamente destruida, desangrada, pobre y hambrienta, tuvo que soportar un abuso continuo de las autoridades del fascismo, que se erigían en los nuevos "guardianes" de la patria. Y así, grupos de jóvenes milicianos, arrogantes y altaneros, se paseaban por ciudades y pueblos, por calles y plazas, obligando a que el gentío gritara con ellos brazo en alto el "¡Arriba España!", porque en caso contrario eran apaleados en la misma vía pública. Todavía hay gente del PP a la que se le ha "escapado" esa expresión en nuestros días. Y es que aún, a más de 40 años de la muerte del dictador, se les sigue viendo el plumero. Un plumero fascista y totalitario, cuyo único afán es denigrar a las clases humildes y populares. Pero continuemos con nuestro retrato histórico. Este fascismo "a la española" se comenzó a mostrar de forma vil y canalla, vertebrado con un espíritu nacional-católico, que afloraba también su carácter machista. El nuevo régimen trajo consigo una realidad ficticia de victoria moral y paz, de monopolio de espacios públicos y de exaltación nacional que evidenciaba un triste contraste con el día a día de los supervivientes de aquélla terrible guerra. 

 

La misión de mantener alta la moral se acompañó con reordenar los sitios comunes, tales como las plazas, calles y avenidas para borrar todo rastro de vida anterior a la Guerra Civil, poniendo en todo caso la atención cultural en figuras históricas que eran utilizadas como guardianes de la tradición, como Don Pelayo, el Cid Campeador o los Reyes Católicos. Y a la vez, fue instalándose en dicho imaginario común una suerte de culto a los victoriosos y a los "caídos por Dios y por España", que aún hoy día continúan llenando placas y reconocimientos públicos de muchos Ayuntamientos. Por contra, para los vencidos (tanto militares como civiles) sólo hubo sangre, esclavitud, exilio y humillación. Todo un calvario que había comenzado ya durante la propia guerra, pero que acabada la cual se extendió durante cuarenta años más de perversa dictadura, y que incluso continuó durante los primeros años de la llamada "Transición". Y así, anticipando la victoria, antes del final de la guerra, en febrero de 1939 comienzan las depuraciones de todos los funcionarios públicos, para que dieran explicaciones de su procedencia, su ideología y su actividad durante el 18 de julio de 1936 así como en el resto de la contienda. Esta represión administrativa fue el primer paso para reorganizar el Estado franquista. Los interrogatorios entre profesores, jueces o diplomáticos fueron auspiciados desde todos los Ministerios para eliminar de sus filas cualquier posible disidente. Miles de docentes de ideas contrarias al régimen, que habían educado a sus alumnos durante la República en la idea de las libertades y los derechos humanos, fueron exiliados, torturados y asesinados. Y otros miles fueron expulsados de sus puestos de trabajo, y condenados a la pobreza y a la exclusión social. 

 

La Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo (1940), así como la Ley para la Seguridad del Estado (1941), acabaron por cerrar este dantesco círculo de vigilancia y represión estatal. Los fusilamientos se convirtieron en prácticas habituales, y en algunos pueblos, la amenaza del "paseo" a los que no fueran acérrimos defensores de la "causa nacional" estigmatizó a familias enteras, que vivían completamente aisladas y aterrorizadas. Y también bajo esta excusa, los caciques fascistas asesinaron vilmente a ciudadanos que no habían hecho daño a nadie, que eran buenas personas, y que incluso no se habían enfrentado al régimen. Por su parte, los tribunales militares se encargaban de eliminar opositores, pero también de atemorizar a las poblaciones locales dando ejemplo de lo que sucedía si alguien se atrevía a enfrentarse a aquélla España del gatillo fácil, del "¡Muera la inteligencia!" del General Millán-Astray. La lógica del miedo no sólo se aplicaba con asesinatos, sino que extraoficialmente se abusaba de familias enteras. Especialmente las mujeres de familiares republicanos fueron sometidas a todo tipo de abusos, maltratos y torturas, convirtiendo su vida diaria en un infierno con expropiación de sus bienes, ingesta de aceite de ricino, paseos al cuartelillo, palizas, violaciones, rapadas al cero para ser reconocidas como enemigas del Estado, y sobre todo sometidas a una exclusión social bajo una vida de silencio atronador, sin actividad laboral e invisibilizadas por el régimen. Había que extirparles el "gen rojo", en palabras del doctor Vallejo-Nájera, otro de los grandes ideólogos del franquismo. 

 

Esta brutal represión fue silenciada durante la dictadura, y absolutamente nadie acudió en ayuda de tantas familias destruidas y humilladas desde las instituciones, y generaciones enteras (cuyos descendientes hoy siguen en la lucha por la dignidad, la verdad, la justicia y la reparación) vivieron en el terror más absoluto y a muy duras penas fueron capaces de sobrevivir en aquéllos años de amargura y opresión. Hay que tener en cuenta, como nos recuerda Héctor Braojos, que hasta el 7 de abril de 1948 el Consejo de Ministros no levantó el estado de guerra, durante el cual todas las tropelías están permitidas. Pero lo cierto es que durante todo el franquismo, "la injusticia se adueñó de la ley al servicio de los más feroces instintos de lo peor del ser humano", usando las palabras de la fuente de referencia. Sus defensores y herederos, todavía hoy, pretenden darnos lecciones de democracia. A tal grado llega su desfachatez. Son los mismos que justifican las calles con nombres franquistas, los mismos que niegan la historia, los mismos que miran para otro lado cuando se producen exaltaciones fascistas cada 20-N, los mismos que defienden al fundador de la Legión, los mismos que ponen una vergonzosa equidistancia entre la República y la dictadura, los mismos que se niegan a extraditar y a juzgar a los altos mandos franquistas y torturadores todavía vivos, los mismos que se volvieron "demócratas de toda la vida", mientras llevan conduciendo al pueblo a la pobreza, y machacando a las clases populares y trabajadoras. Todo cuadra. El círculo se cierra. Todo se comprende. Cada cosa está en su lugar. Hasta que la inmensa mayoría social no lo asuma, seguiremos dando cobijo institucional a estas sabandijas que llevan 80 años chupándonos la sangre. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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