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5 diciembre 2016 1 05 /12 /diciembre /2016 00:00
Por la senda del Pacifismo (27)

Y justamente eso pretende la ideología wahabita: subvertir el Islam y convertirlo en un instrumento de predominio y opresión, sobre todo regional en concomitancia con poderes hegemónicos como el estadounidense, Francia e Inglaterra fundamentalmente, contando incluso con la alianza del sionismo, que en aras de dividir y fragmentar al Islam genera relaciones con la Casa al Saud y apoya toda causa que signifique perjudicar a la Umma – la comunidad de creyentes del Islam-

Pablo Jofré Leal

Así que como estamos contando, el régimen saudí es un actor peligrosísimo en todo este escenario bélico. Y también lo es en el conflicto armado en Yemen, que generó una resolución del Parlamento Europeo donde se denunció de manera mayoritaria que la intervención saudí en Yemen ha incluido el uso de las prohibidas bombas de racimo, causando más de 6.000 muertes, la mitad de ellas de civiles. Los bombardeos de la aviación saudí sobre el ya devastado país no cesan, y Occidente, con su silencio y su implícito apoyo, también es responsable de las diarias matanzas que allí ocurren, que sin embargo, no llenan portadas de periódicos ni de noticieros. Oriente Medio es una de las regiones mundiales con cotas más altas de inseguridad, armamentismo e inestabilidad, donde la paz se ve continuamente puesta en riesgo, y la responsabilidad de nuestros "civilizados" países occidentales no puede eludirse. Comenzando por nuestro propio país, pues como veremos en el bloque temático correspondiente con más detalle, cada año España autoriza la venta de armas a un buen número de países que incumplen radicalmente la legislación sobre derechos humanos, y no respetan las convenciones internacionales. ¿Por qué se deciden estas operaciones? Lógicamente atendiendo únicamente a criterios económicos, geoestratégicos y energéticos, es decir, a un conjunto de intereses concretos de grandes empresas españolas con millonarios contratos en juego en suelo saudí. 

 

Y sumergidos en esa indecente y miope política comercial, no quieren darse cuenta de que contribuimos así a la demencial escalada de violencia que dicha región experimenta día a día. Pablo Jofré Leal, gran experto en estos asuntos, lo explica en un reciente artículo bajo los siguientes términos: "Convertida en una caricatura del Islam como es el takfirismo, que suele ser el mejor apoyo a la intolerancia y al pensamiento de aquéllos sectores en Europa y Estados Unidos, que hablan irracionalmente que el mundo se enfrenta a un choque de civilizaciones. Teoría surgida en el seno ideológico estadounidense, interesada y proclive a justificar la política de hegemonía y agresión que Occidente suele llevar contra los pueblos del mundo. En ese marco, la casa real saudí y sobre todo el círculo de hierro que tiene el poder --el denominado Clan Sudairí-- justifican y se justifican en función de esas ideas erradas, devenidas en un simple pero peligroso pretexto, para justificar el dominio de unos sobre otros y que ha servido para que la Monarquía wahabita incremente sus acciones de represión interna y agresiones externas, con el aval de Occidente". Y es que, al igual que Israel a su modo, desde su nacimiento Arabia Saudita es la dictadura oriental protegida de Estados Unidos. Muchos autores opinan incluso que sin la labor y el respaldo de Occidente, ni siquiera hubiese llegado a existir esta perversa dinastía. La historia se remonta a 1945, cuando el Presidente Roosevelt y el Rey Abdelaziz ibn Saud, firmaron un acuerdo mediante el cual Estados Unidos garantizaba la defensa y protección del nuevo reino surgido de las tribus, de la conquista de La Meca y Medina, a cambio del petróleo, como nos cuenta Tomás Alcoverro en este artículo para el medio La Vanguardia

 

Y desde entonces, han pasado décadas de tremendos conflictos bélicos, revoluciones y golpes militares en Arabia Saudí y en general en todo Oriente Medio, pero, pese a sus violaciones flagrantes a los derechos humanos más elementales (mientras tenían la desfachatez de criticar a Cuba bajo el mismo pretexto), al fomento del fundamentalismo islámico más atroz y a sus múltiples actividades terroristas, sigue siendo su aliado más consentido. Ahí volvemos a tener otra prueba palpable de la naturaleza bélica y demencial del gigante norteamericano. Por tanto, al igual que Israel (socio inquebrantable de USA), Arabia Saudita es un cómplice de primer orden de la nefasta política norteamericana en la región. Arabia Saudí, al igual que Israel, siempre estarán disculpados por Estados Unidos, cometan todas las aberrantes tropelías que cometan. Siempre tendrán el respaldo hipócrita norteamericano, tanto si el inquilino de la Casa Blanca es demócrata o republicano, que se inclinará ante los sagrados intereses geoestratéticos, políticos y económicos para con estos dos "socios" y "aliados". Y recientemente, como no podía ser de otra manera, la aproximación entre Estados Unidos e Irán (con la firma del acuerdo múltiple para controlar la política nuclear iraní) indignó a los gobernantes de Riad. Pero no llegará la sangre al río. Las relaciones diplomáticas no se romperán por ello, pues es mayor la alianza estratégica para que el régimen saudí se convierta en el mejor representante de los intereses estadounidenses en todo Oriente Medio. 

 

Tomás Alcoverro lo ha explicado de la siguiente forma: "Desde 1980, la doctrina wahabita de la Casa de los Saud, reaccionaria y oscurantista, se esparce no sólo en los pueblos del Oriente Medio sino en el océano del Islam, desde países africanos o asiáticos hasta colonias musulmanas establecidas en Occidente gracias a los petrodólares. Antes de Al Qaeda, y de la guerra de Afganistán, había comenzado su proselitismo en mezquitas, asociaciones benéficas, centros escolares, programas de televisión, periódicos, aplastando como muy bien ha descrito en sus libros Georges Corm, una sociedad árabe que no anulaba la libertad de expresión, destruyendo las tradiciones tolerantes de la religión musulmana". De ahí que cada vez que ocurre un atentado, y ante las continuas olas de islamofobia despertadas en nuestras sociedades occidentales, muchas asociaciones de musulmanes se esfuercen en enviar el mensaje de que el Islam no es eso, de que ellos no tienen nada que ver con esos actos horrendos. Y lo más vergonzoso de todo, es que nuestra Unión Europea, un simple títere de la agresiva y arrogante política exterior norteamericana, tampoco sea capaz de poner un poco de orden en este caos, y de acabar con la impunidad de Arabia Saudí. Y como dato absolutamente surrealista, a la luz de todo lo que estamos contando, como una terrible y aberrante paradoja, una noticia además que no ha tenido apenas eco en los medios de comunicación dominantes, resulta que el Gobierno británico presionó a la ONU para que Arabia Saudí formase parte de la Comisión de Derechos Humanos de dicha organización. Y lo consiguió. Sin comentarios. 

 

En este artículo, el estudioso Nabil Mouline se ha expresado sobre el tema saudí bajo estos términos, que recogemos literalmente: "Arabia Saudí no es sin duda la creadora del yihadismo --fenómeno multidimensional--. Pero ha participado fuertemente en su expansión. Además de ser el primer proveedor de fondos y el padrino de numerosos grupos fundamentalistas y radicales a lo largo y ancho del mundo, el reino de los Saud es el principal propagador que justifica con la religión las atrocidades de Al Qaeda y del Daesh: el wahabismo. El régimen de Riad recurre ampliamente, desde su aparición, a métodos similares (castigos corporales, parcelación del espacio público, opresión de las minorías) para asentar su dominio sobre los territorios y las poblaciones que controla. No puede considerarse ninguna solución duradera para la plaga yihadista, y más generalmente para el neotradicionalismo que gangrena al mundo musulmán, sin interesarse por el caso saudí. Parece que todos los caminos de la yihad, desde Mosul hasta Raqqa pasando por Sirte, llevan a Riad". El Gobierno saudí financia directa o indirectamente a los individuos, movimientos y partidos que sirven a los propósitos espirituales y temporales de Arabia Saudí. Y así, miles de millones de dólares se ponen a disposición de numerosos grupos de combatientes en Afganistán, en Pakistán, en Bosnia, en Chechenia, en Irak, en Siria, y en otros muchos lugares. Y todo ello, como subrayamos una vez más, con la cómplice e indulgente mirada de Estados Unidos y el resto de potencias occidentales. Y después se rasgarán las vestiduras. Simplemente vergonzoso. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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