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2 enero 2017 1 02 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Mohammad Sabaaneh

Viñeta: Mohammad Sabaaneh

La tragedia que vive la ciudad siria de Alepo es del tamaño del silencio cómplice que guardan los grandes medios de comunicación occidentales, junto a la domesticada y doble moral de nuestra presente sociedad consumista

Morena Minnesota

Bajo su política de demonización de sus "enemigos" clásicos, últimamente son Rusia e Irán los dos grandes objetivos de la política exterior norteamericana. Y la incertidumbre ante la inminente llegada a la Casa Blanca de Donald Trump calienta aún más el ambiente. Hasta ahora, todas las acciones y medidas de hostigamiento hacia Rusia han fracasado, incluida la perversa política de sanciones al gigante ruso por parte de sus serviles aliados europeos. Dichos aliados (incluida España) han adoptado también la estrategia estadounidense de la presencia de tropas en múltiples países y continentes, para contribuir, según ellos, "a la democracia y a la paz". Y así, una extensísima red de tropas norteamericanas y de bases militares se despliega por los cinco continentes, donde unos 200.000 efectivos de tropas del Ejército, la Marina y las Fuerzas Aéreas están presentes en más de 100 países, y donde los Estados Unidos mantienen más de 450 bases militares. Evidentemente, la inversión económica para mantener este demencial despliegue requiere que el complejo militar-industrial situado detrás de dicha estrategia de multipresencia invierta cantidades astronómicas de miles de millones de dólares anuales en mantenimiento, actualización y armamento para sufragar toda esta política de apoyo a las tropas norteamericanas.

 

Según datos aportados por Vicky Peláez en su artículo para el medio Sputnik News, se calcula que uno de cada cinco dólares que pagan los ciudadanos norteamericanos al Estado Federal en concepto de impuestos, están destinados a esta escalada de despliegue del Pentágono. The National Defense Authorization Act 2017 (NDAA) establece el presupuesto para el Departamento de Defensa en 619.000 millones de dólares. Parece una broma de mal gusto, si contemplamos la tremenda situación de pobreza y desigualdad que aún soportan muchos países del Tercer Mundo, y cuyos problemas podrían ser erradicados con bastante menos dinero que el que Estados Unidos dedica a su beligerante política. Vicky Peláez lo ha expresado en los siguientes términos: "Pero si tomamos en cuenta que EE.UU. cubre el 72% del presupuesto de la OTAN que es equivalente a 288.000 millones de dólares que salen vía Pentágono y también el Departamento de Defensa recibe anualmente unos 25 mil millones de dólares del Departamento de Energía para mantener las armas nucleares, otros tantos miles de millones de dólares para los programas especiales de la NASA vinculados a los sistemas de misiles y tantos aportes más clasificados, llegaríamos a la conclusión de que el presupuesto real del Pentágono sería encima de un millón de millones de dólares. Todo esto explica porqué el presupuesto militar norteamericano representa más del 50% de todos los presupuestos militares del mundo". 

 

Y todo ello, como decíamos más arriba, para plantear sobre la mesa estrategias que puedan delibitar a sus acérrimos y declarados "enemigos". En realidad, no son enemigos, sino rivales y claros adversarios a abatir para poder explotar sin límites con total impunidad los recursos naturales que las zonas estratégicas en liza poseen. Y así, para Estados Unidos, una Siria débil y balcanizada, sumida en el caos total, también debilitaría a Irán, lo que permitiría el acceso de USA al abundante petróleo y gas del Mar Caspio, y haría más vulnerable a Rusia, cuya zona sur linda también con el Caspio. De ahí que también Rusia sea un actor de primer orden en la feroz guerra siria, Y como venimos contando desde entregas anteriores, también están en liza los intereses geoestratégicos y energéticos de Qatar, Arabia Saudí, Turquía, Israel y Jordania. La orilla de Siria está considerada un especial punto de tránsito de gas y petróleo tanto de Irán como de Arabia Saudí y Qatar. Por una parte, Irán y Siria mantienen su proyecto de gaseoducto y oleoducto, con su propio recorrido, ligeramente distinto al que también han diseñado Estados Unidos, junto a Qatar y Turquía. Rusia por su parte apoya el proyecto iraní. ¿Se impone pues la senda del pacifismo en la región? No, se impone la senda de los intereses energéticos y extractivos de las grandes potencias, cuya lucha encarnizada por el poder sobre los recursos naturales de las zonas en conflicto es permanentemente disfrazada de otros intereses, y lo peor de todo, es que en medio del cruce de todos estos espurios intereses, a nadie le importa que continúen muriendo en Siria, cada día, miles de personas, adultos, ancianos y niños. 

 

Como estamos comprobando, esas oscuras razones de las guerras y los conflictos bélicos de nuestro tiempo no se corresponden con las falsas proclamas mediáticas que nos quieren imponer, sino con claros objetivos relacionados con la geopolítica en el tablero mundial. Reconocer esto de forma clara y sin tapujos es el primer paso para encaminar la senda del verdadero pacifismo, al igual que el reconocimiento de un cierto problema psicológico es el primer paso que una persona puede dar para que los especialistas puedan ayudarle a superarlo. El terrorismo wahabita, por una parte, intentando instalar y difundir su visión fundamentalista del Islam, que en realidad busca impedir que los países musulmanes en todos los continentes puedan evolucionar hacia Estados laicos y democráticos, y los intereses estratégicos, por otra parte, intentando hacerse con un trozo cada vez más grande de la enorme tarta de los recursos naturales de ciertas zonas del planeta. Y en medio de todo esto, una diabólica espiral de armamento, catalizada, gestionada y propulsada desde una agresiva política de militarización de la OTAN y de sus países aliados, que necesitan las guerras como sostén del propio capitalismo e imperialismo. Estos son los auténticos motivos. La senda del pacifismo tiene que comenzar denunciando toda esta hipocresía, toda esta doble moral, y después, intentar, cada país en la medida de sus responsabilidades y de su propio alcance, ir renunciando, desmontando y dejando de colaborar en la consecución de todos estos bárbaros objetivos. Pero para disfrazar todo ello, nos continúan vendiendo falsos mensajes de "buenos y malos", de "choque de civilizaciones", de "guerra contra el terrorismo", de "aliados y enemigos", y demás estupideces, que alimentan las perversas posturas del pensamiento dominante. 

 

Y  mientras, seguimos instalados en la hipocresía local del "Todos somos berlineses", "Todos somos Francia" y variantes, pero se nos olvida que "Todos somos Siria", "Todos somos Yemen", "Todos somos turcos", "Todos somos palestinos", y un largo etcétera de continuos y constantes agravios que la comunidad internacional tolera sin despeinarse. Guadi Calvo lo ha expresado de forma fantástica en un reciente artículo: "Si en vez del Cairo, Estambul, Mogadiscio, Adén, y en la pequeña ciudad de Madagali, en el noreste de Nigeria, la misma cadena ¿casual? de atentados se hubiera llevado a cabo en ciudades equivalentes de Europa y Estados Unidos, el mundo entero estaría marchando a la guerra, contra quien no se sabe, pero a la guerra seguro". Y así es, en efecto. Ya nos hemos acostumbrado a despersonalizar a los "otros" muertos, que sólo le damos importancia y nos rasgamos las vestiduras cuando los cadáveres están próximos a nosotros, sin importarnos lo más mínimo lo que ocurre a miles de kilómetros de distancia, en una tierra donde nosotros mismos hemos contribuido a su hostilidad. Atentados con coches bomba, con camiones kamikaze, suicidas que se inmolan ante mercados, museos, parques públicos o estadios de fútbol, ataques masivos a centros comerciales, cadenas hoteleras o iglesias, marcan el día a día terrible, el incesante goteo de una sociedad dominante que proyecta sobre otros puntos del planeta su voluntad de dominación, unos con la arrogante actitud de planificar, actuar y colaborar, y otros con el cómplice beneplácito, basándose en falsos y estúpidos eslóganes que sólo sirven como propaganda para legitimar la guerra. Son los síntomas de una sociedad alienante y alienada, decadente y hostil. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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