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9 enero 2017 1 09 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

El Da’esh es una degeneración que asola nuestra sociedad debido a la prolongada manipulación religiosa y política por parte de agresivas potencias internacionales y de poderes regionales sin causa ni principios. El Da’esh, que nació de nuestra opresión, no tiene un futuro sostenible. Sin embargo, sólo perecerá cuando nos emancipemos de esa misma opresión

Yassin al-Haj Saleh (escritor e intelectual sirio)

Y mientras estos salvajes siguen campando a sus anchas, liquidando todo cuanto posee vida y destrozando todos los tesoros arquitectónicos de miles de años, toda la riqueza cultural, paisajística, urbana, histórica y civilizatoria de los pueblos por donde pasan, Occidente sigue mirándose su ombligo. Estos días pasados lo único que les ha preocupado ha sido, cómo no, blindar completamente los centros de nuestras grandes ciudades, para que nuestras consumistas sociedades puedan seguir haciéndolo con tranquilidad, multiplicando los efectivos de los cuerpos y fuerzas de seguridad en todas las ciudades europeas, ante la previsión de posibles atentados. Pero mientras todo eso ocurría, la ciudad siria de Alepo se liberaba por fin de su asedio, aunque todavía quedan otras muchas ciudades sirias en dicha situación, y la guerra aún promete durar más tiempo. Así que mientras en Occidente nos afanábamos en hacer nuestras "compras navideñas", en Alepo más de un millón de civiles inocentes se morían de hambre, bajo la despreciable y distraída mirada de la comunidad internacional. Esa comunidad que no se conmueve ante el sufrimiento ajeno, que continúa indiferente ante las grandes injusticias y aberraciones de nuestro tiempo. 

 

En su carta "Asediados por el silencio", traducida por Matías Bru para el medio Rebelion.org, Jaffa nos describe con horror la terrible situación de su gente en los siguientes términos: "Estar bajo asedio significa estar despojado de tu capacidad de sobrevivir, de tu capacidad para cuidar a quienes amas. Estar bajo asedio significa estar encarcelado en tu propia ciudad, en tu propio barrio. Ese lugar al que llamas hogar deviene en el escenario de tu tortura, el lugar donde se te obliga a ver cómo tu hijo pasa hambre. La hambruna masiva es el arma con la que un dictador castiga al pueblo para hacer que se arrodille a su voluntad. Te ves forzado a comer hierba, hojas de árboles y hasta a tu gato. Tus hijos oyen hablar de comida abundante y del chocolate como si fuera un cuento de hadas, algo con lo que sólo pueden soñar pero que nunca será realidad. Estar bajo asedio no es sólo estar privado de alimentos; significa también que se te nieguen los medicamentos, los recursos, los servicios, la educación y la elección. Ni siquiera tienes la opción de irte, de ser un refugiado. Estás encerrado en una situación en la que no puedes hacer nada. Estar bajo asedio es estar abandonado a un estado peligroso, mortal y desesperanzado. Las zonas sitiadas reciben ataques reiterados de bombas de cañón que caen deliberadamente sobre los civiles. Por lo tanto, no sólo estamos atrapados, hambrientos, débiles, indefensos y abandonados: el infierno desciende desde el cielo y no hay donde esconderse. Por último, estar bajo asedio significa la ausencia de perspectivas. No te permites el lujo de pensar en el futuro, de esperar, de soñar. La única cosa que puedes permitirte es pensar en sobrevivir y en cómo llegar al día siguiente". 

 

Desgarrador relato donde los haya, que expresa perfectamente la situación que durante meses han vivido cientos de miles de personas en Siria, pero también en Yemen, en Irak, y en otras zonas en conflicto. Actualmente en Siria, hay más de 15 áreas donde la gente se está muriendo de hambre. Y mientras, las potencias que perpetúan el conflicto participan en indecentes "conversaciones de paz", y hacen solemnes declaraciones de alto el fuego que luego no respetan, provocando aún más confusión, más muertes y más desesperación. Este es el juego sucio de la guerra. Una diabólica espiral desenfrenada que sólo provoca caos y destrucción. Y mientras, como decimos, a nuestros indecentes gobiernos occidentales sólo les preocupa que su gente pueda vivir con "serenidad y tranquilidad" durante las fiestas navideñas, blindándose ante la posibilidad de nuevos "ataques terroristas". ¿Han pensado lo que le preocupa a una madre siria en la situación descrita anteriormente que la gente de Londres, París o Barcelona puedan hacer sus "compras navideñas" con tranquilidad? Pues aún menos parece preocuparnos a nosotros que esa gente muera de hambre, o sufra desesperadamente mientras contempla con pavor cómo todo su mundo se destruye, cómo su vida de despedaza. Nosotros somos los asediadores, con nuestro silencio. Nuestros gobiernos son los criminales, con su perversa complicidad. Nuestros políticos y líderes internacionales son los verdugos, mediante su cruel pasividad e indiferencia. Recuperemos nuestra dignidad como seres humanos sensibles ante el horror y ante la barbarie. 

 

La senda del pacifismo ha de recuperar, en primer lugar, la sensibilidad ante el horror de la guerra, ante los asesinatos masivos de gente inocente, de millones de civiles masacrados, mujeres, niños, jóvenes y ancianos, sin ningún reparo ni cargo de conciencia. Hemos de recuperar esa sensibilidad perdida durante el desarrollo de la actividad bélica, de la vertiente más bárbara de nuestra civilización. No nos damos cuenta, como ya hemos explicado en anteriores entregas, que esos niños que hoy día son bombardeados, puede que sean los terroristas del mañana. Es lo que han vivido. Es lo que la sociedad les ha dado. No puede esperarse otro destino para ellos. Hemos de cortar ese cordón umbilical de raíz. Hemos de impedir que la continua siembra de violencia sirva de razón de continuidad para el terrorismo del futuro. Hemos de reaccionar para parar esa indeseable cadena de muerte y destrucción, de odio y de rencor, que lo único que fragua es una memoria histórica de la barbarie vivida, de la solidaridad no prestada, de la indiferencia del mundo, de los callejones sin salida. Hemos de romper con este diabólico juego, con este infernal destino de la humanidad. Y en ese recorrido, en esa senda pacifista que hemos de construir, no caben los llamamientos religiosos como pretexto para más guerras, para más sufrimiento. Hemos de dejar de alimentar el mito de la "Guerra Santa", un invento del fundamentalismo islámico para movilizar a las almas más fieles en su aberrante cruzada. La dominación de las mentes y de los cuerpos es total bajo el concepto de guerra santa: "Toma nuestros hijos y nuestra sangre". Bajo ese falaz pretexto se han inmolado millones de cuerpos, se ha entregado la vida a una causa estéril, que sólo engendra nuevas guerras y conflictos. 

 

Ya hemos explicado anteriormente que los verdaderos motivos de los conflictos bélicos son imperialistas, polìticos, económicos, estratéticos y energéticos, geopolíticos en suma, y de mantenimiento de una industria militar que busca la guerra como continuación y garantía de su supervivencia. Pero el fundamentalismo islámico promueve ese concepto de "guerra santa" entre sus fanáticos militantes, como una suerte de perfecta instrumentalización de los auténticos motivos que dan lugar a los conflictos bélicos, a los enfrentamientos y a las intervenciones. La guerra santa no existe, es sólo un perverso disfraz para ocultar las verdaderas motivaciones que se concitan, y la intrincada maraña de intereses que se cruzan. Pero de nuevo, Occidente se ha valido también de ese zafio pretexto, lo ha utilizado en su favor, ha contribuido a su difusión, en vez de renunciar a él, desmontando la falacia que supone, y denunciando ante los organismos internacionales las cruentas guerras que se libraban bajo esa pérfida bandera. Occidente, de nuevo (Estados Unidos y sus potencias aliadas europeas) han servido a un objetivo alienante: la guerra santa. Un motivo que sólo obedecía a la tremenda ocultación de espurios intereses que se jugaban en su beneficio. Y ahora, cuando contempla cómo ese perverso juego se le vuelve en contra, también nos proclama a los cuatro vientos su nueva bandera: la "guerra contra el terrorismo", contra "el eje del mal", la eterna falacia de buenos y malos, de amigos y aliados frente a perversos enemigos con los que no se puede negociar...¿Hasta cuándo tanta mentira, tanta manipulación, tanto horror? Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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