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10 febrero 2017 5 10 /02 /febrero /2017 00:00
Fotografía: http://hilodirecto.com.mx/

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En realidad, la austeridad funciona muy bien para lo que ha sido diseñada: transferir riqueza de abajo a arriba

Susan George (Presidenta de Honor de ATTAC)

Las consecuencias de la aplicación de estas perversas medidas de austeridad no sólo nos están llevando a la pobreza masiva y están disparando las desigualdades, sino que además perdurarán incluso mucho después de haber finalizado su período de aplicación. Desnivelar la desigualdad se puede provocar durante una legislatura, o un lustro, pero la vuelta a niveles previos, incluso mejorarlos, no se consigue tan rápidamente. El Instituto de Estudios Fiscales prevé que, por ejemplo, los niveles de pobreza en Reino Unido (país que no está en la Eurozona, pero que también se adscribió a las políticas de austeridad, incluso de forma más entusiasta que el resto de Europa) habrán aumentado entre 2,5 y 5 puntos porcentuales en 2020; es decir, aproximadamente 2,7 millones de personas más vivirán en la pobreza. Si las medidas de austeridad continúan aplicándose, para el año 2025, entre 15 y 25 millones más de ciudadanos/as europeos/as podrían verse sumidos/as en la pobreza, esto es, aproximadamente la población conjunta de Austria y los Países Bajos. En el mejor de los casos, los países más afectados por la austeridad se convertirán en los más desiguales del mundo occidental, y en el peor, se encontrarán entre los más desiguales de todo el mundo. Y las consecuencias, como fácilmente puede preverse, serán extremadamente nefastas. 

 

No será fácil, por tanto, si continuamos por este camino, que la población adulta de las generaciones actuales alcance los niveles de prosperidad que vivieron sus padres. Los  mercados laborales perderán su razón de ser a medida que las élites aumenten su participación en los ingresos. Cada vez más, los trabajadores lucharán por encontrar un empleo donde les paguen lo suficiente (o donde les contraten suficientes horas) como para salir de la pobreza. El elevado nivel de paro (sobre todo juvenil y de larga duración) excluirá a generaciones enteras, a las cuales el estallido de la crisis y su excusa capitalista, simplemente, les habrá destrozado la vida. Al fallar los mecanismos de protección y de justicia social de toda sociedad democrática que se precie, las clases populares y más vulnerables dependerán cada vez de los sistemas y organizaciones caritativas. Los servicios públicos se volverán cada vez más inaccesibles, perderán su universalidad y no se garantizará una mínima cohesión social. Gran parte de estos efectos los estamos padeciendo ya hoy día. Los recortes en los servicios públicos ocasionarán la pérdida de millones de puestos de trabajo. La reducción de presupuestos de sanidad y educación perpetuará la pobreza, ya que sólo quienes dispongan de mayores recursos económicos podrán permitirse acceder a ellos. Oxfam Intermón calcula que podría llevar entre 10 y 25 años recuperar los niveles de pobreza y desigualdad que existían en Europa antes de 2008. El panorama es, pues, ciertamente preocupante. 

 

La aplicación de estas medidas de austeridad, y sus efectos y consecuencias, están sentando las bases de sociedades profundamente desiguales. La retórica de las élites dominantes que las aplican nunca van a reconocer esto (enseguida vamos a recoger sus principales falaces argumentos), y continuarán adornando sus discursos con indecentes eufemismos, basados en una profunda tergiversación de la realidad social, que siempre intentarán ocultar. Las medidas de austeridad perpetuarán el poder y la riqueza de una élite minoritaria, y despojarán a millones de personas de sus oportunidades de futuro, y de su derecho a una vida digna. Pues bien, para exponer los argumentos típicos (auténticas patrañas, como vamos a ir desmontando) que las clases dominantes (y los más ignorantes de las clases dominadas) emiten en torno a este modelo que genera esta creciente desigualdad extrema, vamos a basarnos a continuación en un fantástico artículo escrito por Luis Molina Temboury, miembro de Economistas Frente a la Crisis, y publicado en su misma web oficial. Luis Molina distingue y rebate hasta un total de 39 argumentos (es decir, 39 falacias), y las agrupa en cuatro grandes bloques, a saber: A) las que se refieren al cuestionamiento o minimización de la desigualdad, B) las que llevan a cabo una exaltación de los ricos y una legitimación de su riqueza, demonizando a los pobres (para una exposición más profunda sobre los ricos y su poder remito a los lectores al primer bloque temático de esta serie de artículos, desde la entrega octava en adelante), C) las que se refieren a la justificación del capitalismo en relación a la economía, y D) las que abogan por el argumento de la "libertad" para justificar las desigualdades. Vamos a ir exponiéndolas a continuación. 

 

Tenemos en primer lugar la excusa que Luis Molina enuncia bajo la frase "¡Qué manía con la desigualdad! Tenemos otros muchos problemas en el mundo". Intenta desviar el foco de atención, correr un tupido velo sobre el problema, e incurren en dos falacias: minimizar las graves cifras de la desigualdad (cada vez más aberrantes, como nos señalan las ONG's que estudian el problema), y aislar el problema de la desigualdad, sin darse cuenta de que la desigualdad no finaliza en ella misma, sino que es origen y causa de esos otros "muchos problemas del mundo": la pobreza, el terrorismo, la miseria, las hambrunas, la falta de medicamentos, las injusticias, etc. Se intenta quitar hierro al hecho de que la desigualdad hoy día es extrema, exagerada, brutal, irracional y perversa. Y todo ello porque, como decimos, sólo el 0,004% de la población mundial controla las decisiones económicas del mundo. Visto así, sí parece un problema grave, ¿verdad? Otra excusa suele enunciarse bajo la forma "Otros datos muestran que la desigualdad no es tan exagerada". Eso es porque se compara a escala mundial, donde los países ricos tienen mayor riqueza absoluta y los países pobres mayor población, pero no hay país del mundo que se libre de la extrema desigualdad, ni siquiera los países nórdicos, con fama de ser los más avanzados del mundo. También se argumenta que "El reparto del patrimonio a nadie le importa si se dispone de rentas suficientes". Otra falacia más, ya que el hecho de que todos tuviéramos un nivel de rentas holgado (algo que no ocurre, por cierto, en nuestro país) no garantiza un modelo de sociedad cohesionada ni viable. La desigualdad patrimonial (las diferencias en cuanto a lo que se posee, no en cuanto a lo que se gana) tiene problemas asociados más allá del hambre y la pobreza, porque llega un momento en que las exageradas posesiones patrimoniales también van en detrimento del disfrute por todos de la riqueza pública nacional. 

 

Otro típico argumento de los justificadores de la desigualdad es el que dice: "La desigualdad no es un problema. Lo es la pobreza". Para empezar, a los que lo dicen les debe también importar la pobreza un pimiento en adobo. No se dan cuenta de que pobreza y riqueza, tal como explicábamos en las primeras entregas de esta serie, son dos caras de una misma moneda, la desigualdad, y que la una no se puede explicar sin la otra. Evidentemente, si no hubiese con quién compararse no existirían pobres ni ricos, pero también es evidente que la miseria y la desgracia de muchos es el efecto de la ambición ilimitada (y no controlada por el sistema) de unos pocos. Una variante de este argumento es el que podría enunciarse así: "Aunque la pobreza fuese consecuencia de la desigualdad, la pobreza es el problema urgente y prioritario que debemos abordar". Luis Molina contraargumenta aquí del siguiente modo: "Cuando las desigualdades son extremas y crecientes, ocuparse de las persistentes necesidades de abajo ignorando lo que ocurre por arriba es un esfuerzo estéril (...). Evitar la absorción patológica de la riqueza es imprescindible para prevenir la extensión de la pobreza". Así es, exactamente, ya que precisamente existen perentorias y básicas necesidades en los de abajo porque existen incontroladas ambiciones en los de arriba. Tenemos una prueba evidente ahora mismo: mientras el Gobierno rescatará con más de 5.000 millones de euros a unas cuantas desaprensivas empresas que se empeñaron en construir hace algunos años una serie de autopistas de peaje, en el Congreso de los Diputados, los grupos parlamentarios de PP y CIUDADANOS acaban de votar en contra de la aprobación de una Renta Mínima Vital para personas en paro sin prestaciones, argumentando, precisamente, que "no hay dinero". Estos son los criterios de nuestros lamentables políticos, fieles servidores de los de arriba. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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