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17 abril 2017 1 17 /04 /abril /2017 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

Estamos ante un nuevo instrumento demoledor del neoliberalismo desregulador, que va más allá de los acuerdos bilaterales vistos hasta ahora

Laia Ortiz y Ernest Urtasun

Después de algún tiempo de interrupción debido a los temas de interés de la actualidad social y política que se han ido suscitando, retomamos las entregas de esta serie de artículos, donde estamos exponiendo los peligros de los mal llamados "Tratados de Libre Comercio" (TLC), y al final de la misma, expondremos lo que para nosotros debe ser un auténtico "Tratado para los Pueblos", enfrentado en sus lógicas y objetivos a los nefastos TLC. Bien, lo primero que tenemos que contar es que, como era previsible, el Parlamento Europeo dio recientemente luz verde al CETA (Tratado de Libre Comercio entre la UE y Canadá) con los votos a favor de PP, PSOE y Ciudadanos en la Eurocámara, tal como ya nos contara, entre otros, el medio eldiario.es en este artículo. En efecto, el CETA fue respaldado el pasado mes de febrero por el Partido Popular Europeo (PPE), Liberales (ALDE), Conservadores y Reformistas (ECR), mientras que los grupos parlamentarios de Los Verdes y la Izquierda Unitaria (GUE/NGL), así como las fuerzas políticas euroescépticas, votaron mayoritariamente en contra. El CETA, por tanto, a la espera de las respectivas ratificaciones de los Parlamentos nacionales, podrá entrar en vigor esta primavera. 

 

Como decimos, los/as eurodiputados/as españoles del PSOE votaron, como era previsible, a favor del CETA, mostrando una vez más su hipocresía y su traición constante a los ideales socialistas. Como siempre desde que estos TLC comenzaron a negociarse hace ya varios años, la retórica de los grupos políticos que los apoyan es la misma, difundiendo las falacias relativas a que estos instrumentos son sinónimo de prosperidad, modernidad y creación de empleo. Pero como ya hemos expuesto hasta la saciedad en anteriores entregas de esta serie (y continuaremos haciéndolo), todas estas razones no hacen sino esconder los peligrosos efectos que estas herramientas consagran, pues están dedicadas a incrementar el poder de las ya muy poderosas empresas transnacionales a ambos lados del Atlántico. Los TLC como el CETA y similares sólo persiguen,como aseguró la eurodiputada de Podemos Lola Sánchez, vender la democracia y los derechos humanos a las multinacionales, además de los nocivos efectos colaterales hacia la sostenibilidad de los recursos de nuestro planeta. Tenemos por delante mucho trabajo de divulgación y de pedagogía, pues sólo con que un Estado miembro de la UE vote en contra del CETA, el Tratado en cuestión quedará automáticamente rechazado (aunque mucho nos tememos que sus paladines no desfallecerán en sus intentos por materializarlo). Y es que como ya hemos explicado, estos nuevos Tratados constituyen un entramado regulatorio que resta poder a los Gobiernos, Comunidades y Ayuntamientos, cuando quieran legislar a favor de las personas y del medio ambiente. 

 

Hay que contar lo que es el CETA, lo que realmente supone para la soberanía popular y para la democracia, la grave involución que representa para los derechos humanos y para la sostenibilidad medioambiental, hay que darlo a conocer, hay que difundirlo y explicarlo, sin complejos, exponiendo el daño que supondrá para la gente. Hay que conseguir que el PSOE se avergüence de su voto en el Parlamento Europeo, hay que sacarle los colores, hay que dejarle sin argumentos, para conseguir que cambie su voto, haga campaña en contra en su momento, y el CETA sea finalmente rechazado. La tarea es ardua, pero hay que conseguirlo. Nos va mucho en ello. Pero para tener más datos e información al respecto del CETA y de su socio canadiense, sigamos a continuación parte de la exposición que realizó Adoración Guamán en este artículo para el medio Contexto y Acción. Existe una suerte de imagen "buenista" respecto de Canadá que en realidad no se corresponde ni con su grado de integración económica con su vecino estadounidense, ni con el amplio contenido del acuerdo al que ha llegado con la UE. Es cierto que Canadá es un mercado pequeño, pero no puede olvidarse que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) implica que el grado de integración económica entre los Estados Unidos y Canadá es altísimo. De hecho, el 81% de las empresas canadienses están vinculadas como filiales a empresas matrices de USA, y en su mercado operan 42.000 empresas estadounidenses. 

 

Por otra parte, y también como consecuencia de su integración económica, que entró en vigor en 1994, las normas y las prácticas de Canadá y USA tienen numerosas similitudes. En resumen, se trata de un país grande pero relativamente poco poblado y muy colonizado comercialmente por las marcas y las normas americanas, con lo que las europeas tendrían una muy dura competencia aunque sólo fuera por temas de logística. Pero además hay que tener en cuenta que el contenido del CETA ya aprobado por el Parlamento Europeo es muy cercano al del fallido TTIP. Su estructura y contenido "regulador" así como los mecanismos de protección de los inversores extranjeros (los famosos Tribunales de Arbitraje) son muy parecidos (si bien es verdad que el CETA los ha relajado un poco), por lo que a través de la puerta del CETA se abriría una vía para la utilización de los mecanismos de desregulación y de protección de los que disfrutarían igualmente un amplio número de empresas norteamericanas. Los riesgos, las oscuras intenciones y los peligros, por tanto, están ahí. Agustín Moreno lo ha expresado muy bien en este artículo, cuando resume: "Si no queremos que las personas, el medio ambiente, la democracia y la soberanía de los pueblos sean relegadas a los intereses económicos de las grandes corporaciones, hay que salir a la calle para frenar esta agresión que, de aprobarse, sólo traerá más pobreza, más desigualdad y más autoritarismo". 

 

No nos engañemos, por tanto, con respecto al CETA: En primer lugar, conlleva el mismo espíritu que el TTIP (aunque no haya sido tan criticado ni tan secretamente negociado como éste), es un caballo de troya para el TTIP (pues aunque Canadá sea menos potente que USA, el CETA no es menos agresivo, e intentará colar la mayor parte de la filosofía comercial impregnada en el TTIP), puede representar un duro golpe para la agricultura local (el CETA beneficiará sobre todo a los grandes productores y distribuidores, que pueden terminar por asfixiar la producción local), amenaza seriamente la soberanía de los países (mediante los tribunales internacionales de arbitraje, sistema que coarta y limita la democracia mientras potencia la hegemonía y el control de las grandes corporaciones), supone el fin del llamado "Principio de Precaución" (ya explicado en entregas anteriores de esta serie, este principio asegura la no comercialización de determinado producto o servicio si antes no se ha demostrado que no posee efectos adversos para la población, los animales o el planeta), representa la pérdida de control sobre el consumo de productos cárnicos (permitiendo los tratamientos clorados de la carne destinada al consumo humano), abre el camino a la entrada de productos transgénicos en el mercado europeo (que sí están permitidos en Canadá y Estados Unidos), y finalmente, deja la puerta abierta a las compañías mineras canadienses (uno de los sectores más agresivos del mundo, que provoca problemas medioambientales debido a los elementos químicos usados en la extracción, como el cianuro). Por todo ello, y mucho más, el CETA debe ser abortado. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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