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8 febrero 2017 3 08 /02 /febrero /2017 00:00
Hacia la superación del franquismo (IX)

Han pasado más de 80 años de la Guerra Civil y España sigue en paz. Los dueños del país continúan en su puesto porque el exterminio ideológico, del que el asunto de los bebés robados es sólo una rama más, fue todo un éxito

Luis Pla y Miguel Hernández (autores del documental "Ladrones de vidas")

¿Cuáles son los argumentos que usan los que se niegan a investigar, o bien menosprecian el fenómeno del robo de bebés en nuestro país? Pues los mismos de siempre, los que estamos hartos de escuchar: que es un asunto del pasado (que no merece la pena remover), que es cierto que pudo haber algún casi aislado pero de ningún modo con la envergadura que se dice, que es un hecho que sólo afectó a prostitutas y madres solteras, que fue mejor para los niños y niñas afectadas porque acabaron en familias "normales", que en algún caso se hubiera abortado dada la precariedad vital de sus progenitores, que los que ahora remueven estos asuntos buscan dinero, subvenciones o notoriedad pública...Como vemos, todo un catálogo de estupideces e indecencias que no cabe ni siquiera rebatir, porque demuestran la catadura moral de quien las argumenta. Frente a todos estos criminales argumentos, el robo de bebés sí ha sido reconocido como un delito de lesa humanidad por Naciones Unidas y el Derecho Internacional, lo cual ampara a estas víctimas, si la justicia española los ignora (como de hecho así ocurre), a llegar hasta las más altas instancias internacionales. Recientemente se constituyó la Federación X-24, que agrupa a la casi totalidad de organizaciones de víctimas del robo de niños en el Estado Español. También existe la asociación "Todos los Niños Robados son También mis Niños". Y es importante destacar (por eso lo estamos exponiendo en esta serie de artículos) que este terrible fenómeno está absolutamente ligado a la recuperación de la Memoria Histórica, pues se encuentra adscrito totalmente (tanto en la forma como en el fondo) a los crímenes del franquismo. 

 

Como venimos contando, entre desaparecidos, exiliados, torturados, asesinados, o robados, las cifras de la guerra civil y de la posterior dictadura son atronadoras. Franco quedará en la Historia como uno de los dictadores más crueles y represivos que hayan existido en la Europa Occidental del siglo XX (según el Profesor Malefakis, Catedrático de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y experto en fascismo europeo, por cada asesinato que cometió Mussolini, el régimen dictador del General Franco asesinó a 10.000). El periodista Enric Llopis nos hace un resumido recuento en el artículo donde presenta el reciente libro de Juan Carlos Colomer y Ricard Camil titulado "La Guerra Civil: una síntesis a ocho décadas de su comienzo". De dicho artículo destacamos lo siguiente: "La represión de los golpistas durante la guerra se saldó con una cifra de muertos que oscila entre 100.000 y 200.000; a ello se agregan un mínimo de 10.000 víctimas civiles por los bombardeos aéreos y de artillería (si se considera la represión en sentido extenso). El período más duro --"exterminador", califican los autores-- se concentró entre 1939 y 1945. Si se atiende al medio millón de exiliados, 350.000 nunca retornaron a España; 260.000 prisioneros durante la contienda (civiles y militares), robo de niños en las cárceles, represión laboral, 200.000 funcionarios depurados (25% de expulsiones definitivas en el cuerpo de maestros)...". Como decimos, las cifras resultan absolutamente escalofriantes. 

 

¿Y cuáles son los argumentos en los que se basan los seguidores y encubridores del franquismo para ocultar y restarle importancia a su acción genocida? Pues básicamente la referencia a la Ley de Amnistía de 1977, la prescripción de los delitos cometidos, y la absurda y engañosa idea de "olvidar y cerrar heridas" (o de "no reabrirlas", que para el caso es lo mismo). La amnistía de crímenes políticos puesta en marcha durante la Transición debería haber tenido como objetivo la excarcelación de las personas que el franquismo encarceló por el simple hecho de pensar diferente. Sin embargo, fue usada (en su momento haremos una referencia más extensa) para amnistiar a los culpables de crímenes contra la humanidad, algo indignante para cualquier país democrático. Bajo el mantra de "pasar página" se hizo eso exactamente: borrón y cuenta nueva, aquí no ha pasado nada, a otra cosa. Y de un día para otro, todos los gerifaltes de la dictadura, incluidos los ministros franquistas, se volvieron "demócratas de toda la vida". Pero los crímenes contra la humanidad no prescriben nunca, mal que les pese a los seguidores de Franco todavía vivos, y a sus nuevas generaciones. En nuestro caso, como venimos explicando, se trata de crímenes masivos ejecutados por motivos ideológicos, siguiendo un macabro plan de exterminio de los rojos, republicanos, antifascistas, socialistas, anarquistas o comunistas, esos que formaban lo que el dictador solía denominar "el contubernio judeo-masónico". ¿Alguien legitimaría ese argumento de "olvidar y cerrar heridas" en 1945 con el fin de evitar los famosos juicios de Nüremberg? Es un argumento repugnante, insostenible e indecente, propio de los criminales franquistas que aún continúan defendiendo la figura del dictador como un "estadista". 

 

Por ello, la superación completa y absoluta del franquismo no se producirá hasta que todas las fuerzas políticas no emitan un reconocimiento oficial condenando el franquismo sin fisuras, hasta que no se produzca la retirada de todos los símbolos franquistas de las instituciones públicas, hasta que no se procese a todos los dirigentes aún vivos de la dictadura, hasta que no se conceda por parte del Estado la justicia, verdad y reparación debida a todas las víctimas y sus familiares, y hasta que no sea superado el aún latente franquismo sociológico que pervive en nuestra alienante sociedad, que en pleno siglo XXI, sigue alabando a dictadores genocidas. La trampa fundamental que nos ponen los defensores del franquismo (o simplemente los que disculpan aquélla cruel dictadura) es la equidistancia. La equidistancia consiste en un argumento falaz, difícil de detectar, que apelando al reparto equitativo de culpas y responsabilidades, intenta cubrir con un baño de cierta legitimidad ciertos hechos deleznables. Y en base a esa equidistancia, se nos vienen contando y difundiendo muchos bulos que es preciso denunciar: por ejemplo, la Guerra Civil no fue una "guerra de bandos", sino una guerra provocada por unos militares que se sublevaron mediante las armas contra un gobierno democrático y legítimo elegido por el pueblo. O por ejemplo, la típica falacia que consiste en proclamar que "ambos bandos cometieron muchos crímenes", que no sólo nos induce de nuevo a pensar en los "bandos enfrentados", sino que se coloca en equidistancia entre los crímenes cometidos por los que se levantaron en armas, y los crímenes en defensa propia de la República que tuvieron que organizar aquéllos que querían defenderla. 

 

Por su parte, la persecución a la Iglesia es otro mito que se atribuye a la República, que lo único que hizo fue contribuir a una difusión del pensamiento y de la sociedad laica. Pero claro, la Iglesia entendió que dicha política atentaba claramente contra sus intereses, y de ahí su clara alineación con los militares golpistas. Pero el hecho es que muchos curas de la época, rompieron el secreto de confesión, tanto en la guerra como en la posguerra, denunciando a republicanos y disidentes del franquismo, después de que éstos mismos o sus mujeres se confesaran con su párroco local. Pero el hecho contrastado es que la Segunda República Española nunca fue comunista (pueden consultarse su Constitución y sus Leyes para comprobarlo), por muchos que se empeñen los franquistas en decir lo contrario, que argumentan que Franco "salvó a España del comunismo". Es momento, pues, de desterrar todos los mitos, engaños, bulos y falacias que se han vertido sobre la República, sobre la Guerra Civil, sobre el franquismo, sobre la dictadura y sobre la Transición, si queremos llegar algún día a la superación completa del fascismo en nuestro país. Es una necesidad democrática, una obligación histórica, y una poderosa razón moral de decencia que tenemos con las próximas generaciones. Sólo la superación real y auténtica del franquismo nos conducirá a la garantía de no repetición de un régimen genocida y dictatorial como el franquista. ¡Fuera monumentos franquistas, fuera encubridores del franquismo, fuera símbolos religiosos de las instituciones públicas! Nuestra madurez democrática se alcanzará, entre otras cosas, cuando seamos capaces de alcanzar dichos listones. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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