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16 enero 2017 1 16 /01 /enero /2017 00:00
Fuente Viñeta: http://sp.depositphotos.com/

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La humanidad se extermina a sí misma, no hay bondad o maldad natural, hay una enorme falta de conciencia del hecho simple y fundamental de que todos y cada uno de nosotros es un ser humano con derecho a la dignidad

Cristóbal León Campos

La guerra sucia contra Irán del gigante norteamericano y de sus socios y aliados occidentales es otro gran caballo de batalla, que enciende el foco de los conflictos internacionales. Con la obsesión de Washington de controlar todo lo que hacen el resto de países, se firmó en Suiza en julio de 2015 un acuerdo nuclear entre Irán y el G5+1 (conformado por Rusia, China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania) para poner bajo control la actividad atómica de Irán y sus procesos de tratamiento del uranio. Tras dicho acuerdo, el país islámico ha cumplido cada uno de los puntos del referido acuerdo, mientras continúa una guerra sucia a través de la presión, intensificación y prórroga de las sanciones políticas y económicas ya impuestas por USA mucho antes de la firma del tratado. Y es que como venimos contando, las continuas violaciones de Washington de todos los acuerdos, convenios y tratados (a los que se unen los no ratificados) es algo absolutamente normal para su Administración, lo cual genera un continuo clima de incertidumbre e inestabilidad en prácticamente todo el planeta. Y no parece que bajo la nueva Administración de Trump (donde el Gobierno de USA lo gestionará una petrolera, ya que el próximo Secretario de Estado es el Presidente de Exxon) vayan a cambiar los parámetros injerencistas, desestabilizadores, promotores de Golpes de Estado e impulsores de genocidios por todo el globo que patrocina USA.

 

Y es que, tal y como se señala en este artículo del medio Prensa Islámica: "Antes del triunfo de la Revolución Islámica [se refiere a la revolución de los Ayatolás de 1979], Irán y Arabia Saudita eran considerados los dos pilares de la estrategia de Estados Unidos en Oriente Medio y el Golfo Pérsico. La Revolución Islámica puso fin, de una vez por todas, a la dominación de la monarquía en Irán, y como resultado de ello, EEUU perdió a un principal aliado y a uno de los dos pilares de su política en la región. Obviamente, los políticos estadounidenses, pese a sus afirmaciones en apoyo de la libertad y de la democracia, no podían tener unas relaciones normales con un gobierno revolucionario que había acabado con el dominio de la Casa Blanca sobre Irán. Estados Unidos no sólo perdió al régimen monárquico al que apoyaba en Irán, sino que se vio enfrentado a un sistema de gobierno cuyo lema estratégico era "independencia, libertad y república islámica". Para EEUU era doloroso que la República Islámica deseara la libertad no sólo para el pueblo musulmán de Irán, sino para todas las naciones bajo opresión, especialmente en la geografía del mundo islámico". Todo esto entronca con las tesis que hemos venido defendiendo desde los primeros artículos de esta serie, que no son otras que las que defienden que los verdaderos motivos de las guerras y los conflictos bélicos no se deben a la maldad ni al carácter terrorista de algunos pueblos, sino a los deseos de intervención y de injerencia de las grandes potencias mundiales en los asuntos internos de terceros países, cuando dejan de servir a sus intereses. 

 

Y hoy día, además, como nos señala Pablo Jofré Leal en este artículo para el medio Hispan TV, ese odio contra Irán se ha intensificado por el apoyo que dicha República Islámica otorga a la lucha del pueblo palestino (enfrentado históticamente a Israel, el otro gran aliado incondicional estadounidense), y sobre todo por el hecho del apoyo a las fuerzas de los gobiernos sirio e iraquí en su lucha contra el ISIS. Porque como también hemos insistido ya anteriormente, el Daesh no es más que un instrumento de agresión contra las sociedades árabes que desean iniciar un recorrido de paz y de libertad, que actúa desde el Magreb hasta el Levante Mediterráneo, pero que ha encontrado en Siria un hueso duro de roer. Desgraciadamente esta hostilidad va a continuar, pues la nueva Administración Trump está compuesta por empresarios, halcones y multimillonarios de conocido carácter belicista. De hecho, y hasta ahora, las terribles declaraciones de intenciones de Trump van en la línea de rechazar el acuerdo nuclear con Irán, hostigar comercialmente a China, continuar la guerra climática y revertir los avances para la normalización de sus relaciones con Cuba. Quizá el único punto positivo de su alegato sea la intención de colaborar activamente con Rusia, aunque veremos en qué queda y cómo se conforma todo ello. El panorama es ciertamente desesperanzador. Porque lo más probable es que las acciones de guerra sucia continúen por todos sus medios. Y es que pueden más los intereses estratégicos, comerciales, energéticos, armamentísticos, etc., que los verdaderos objetivos de una política pacifista, que no interesa para nada, y se esconde bajo grandilocuentes palabras. 

 

Pero en el frente europeo, nuestros líderes políticos son tan incompetentes y fanáticos como los norteamericanos. En Francia, en Gran Bretaña (siempre aliada incondicional de Washington), en España, en Italia, en Bélgica, en Alemania, etc., nos encontramos con toda una legión de políticos nefastos, ignorantes y fallidos que empujan a Europa hacia el desastre de la mal llamada "guerra contra el terrorismo". En las grandes ciudades europeas, políticas de blindaje de los espacios públicos, controles de seguridad y recorte de derechos y libertades básicas campan por doquier, bajo la excusa de la protección frente a los ataques terroristas, ataques provocados por nuestros mismos gobiernos, bien por acción o por omisión. Porque quien calla y se alinea cobardemente contra los agresores, también es cómplice de dicha barbarie. Proclaman soberbiamente a los cuatro vientos que nada puede explicar que se mate en terrazas de bares, en aparcamientos públicos o en mercadillos populares, mientras ellos contribuyen diariamente a las matanzas de miles de civiles inocentes en los países en conflicto. Una estrategia absolutamente hipócrita, abyecta y cruel. Que conste que no estamos disculpando a los terroristas que empotran sus camiones contra la inocente muchedumbre, sólo estamos intentando explicar por qué se produce, aunque el Primer Ministro francés, Manuel Valls, afirme que "Explicar ya es un poco disculpar". Pues no, señor mío, a intentar explicar los motivos de tanta sangre derramada es a lo que nuestros gobernantes se deberían dedicar, en vez de lanzar soflamas infantiles, absurdas y reduccionistas, como las de que "el mal existe en el mundo" (Barack Obama dixit). 

 

Por tanto, asumamos nuestras responsabilidades (las de cada país) en la situación internacional, renunciemos a esta absurda "guerra contra el terrorismo" (que no es más que un invento propagandístico), y encaremos la senda del pacifismo desde una revolución interior y exterior, desde un cambio de políticas, desde una concepción de las relaciones entre los diferentes países enfocada bajo otros parámetros. Porque bajo ese absurdo pretexto de la guerra contra el terrorismo, se han perpetrado los más graves atentados contra la soberanía de los países, contra el conjunto de su población, las más cruentas invasiones neocoloniales, y las más feroces venganzas. La senda del pacifismo debe andar el camino diametralmente opuesto. La senda del pacifismo es incompatible con un Occidente "civilizado y libre", pero que es parte esencial del mundo bélico porque suministra armas y mantiene guerras petroleras y por los recursos naturales en los países que las poseen. La senda del pacifismo pasa por reconocer la humanidad de todas las culturas, de todos los seres humanos, de todos los habitantes del planeta, sin distinción de raza, sexo, cultura o religión. La senda del pacifismo pasa por reconocer que es Occidente quien más contribuye históricamente al terrorismo, a los conflictos bélicos y a las intervenciones armadas, y por admitir que bajo ese manto de "cooperación, de democracia y de derechos humanos", que tanto dicen respetar, ocultan perversas campañas de hostigamiento, aislamiento y ataque a los valores y culturas de otros pueblos. Continuaremos en siguientes entregas. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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