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6 febrero 2017 1 06 /02 /febrero /2017 00:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

¡Qué cómodo! desde luego: gracias a los medios ya no hay en Oriente Medio un conflicto entre clases sociales a propósito de las injusticias entre ricos y pobres, ya no hay colonialismo israelí violando el derecho internacional, ya no hay injerencia imperial norteamericana permanente con toda clase de puñaladas traperas…No, ya sólo hay una guerra entre varias religiones con buenos y malos. Y los buenos siempre somos “nosotros”, claro

Michel Collon

Como estamos analizando desde los últimos artículos (dentro de este primer gran bloque temático dedicado al terrorismo internacional), las motivaciones de los ataques, conflictos, intervenciones y atentados terroristas obedecen a un sustrato común. Un sustrato que se basa en los diferentes intereses cruzados, en los afanes imperialistas de las grandes potencias occidentales, y en la continuación capitalista del gran complejo militar-industrial. Pero todo ello, como decimos, se disfraza bajo otros falaces discursos. Justo después de los atentados del 13 de noviembre en Francia, Caroline Fourest declaraba lo siguiente: "El Estado Islámico no nos ataca por lo que hacemos, sino por lo que somos. Un país libre, laico y con ganas de vivir bien". Toda esta hipocresía es la que hay que atacar. Tenemos muchos más ejemplos. Algunos los hemos expuesto en entregas anteriores. Por ejemplo, unos días después de los atentados del 11S a las Torres Gemelas de Nueva York, el entonces Presidente estadounidense George W. Bush declaraba ante el Congreso: "¿Por qué nos odian? Ellos odian lo que ven dentro de esta sala: un gobierno democráticamente elegido. Sus jefes son elegidos: ellos odian nuestras libertades: nuestra libertad de religión, nuestra libertad de expresión, nuestro derecho a votar, a reunirnos y a expresar nuestros desacuerdos (...) Estos terroristas matan no sólo para poner fin a unas vidas, también para perturbar y acabar con un modo de vida". 

 

Un argumento muy utilizado, pero absolutamente falso e instrumentalizado. Insisten en la idea de que nosotros (Occidente), con USA a la cabeza, representamos el mundo libre y avanzado, el mundo democrático, de los derechos y las libertades, frente a la regresión que representan ellos. No es así. Lo que Occidente representa son únicamente los valores e intereses capitalistas, y el capitalismo no tiene amigos ni enemigos. Sólo intereses. La prueba la tenemos, ya lo hemos comentado, en el claro caso de Arabia Saudí: un Estado totalitario, abominable, represor, y que financia el terrorismo, pero con el que este "civilizado" Occidente mantiene estupendas relaciones de amistad. Grégoire Lalieu, en el artículo de referencia, lo expresa en los siguientes términos: "Los atentados, se realicen en Nueva York o en París, opondrían simplemente el Bien y el Mal. De un lado, nosotros, los gentiles Occidentales, libres, laicos y amantes de la vida. Del otro, ellos, los malvados islamistas, animados por un odio ciego. Encontramos aquí la retórica propia al Choque de Civilizaciones, a menudo atribuido a Samuel Huntington, pero desarrollada mucho antes por el historiador Bernard Lewis". Pero a nuestro juicio, la teoría del Choque de Civilizaciones no se basa en los hechos concretos, sino en los valores y prejuicios. Esta teoría se interesa en desarrollar una imagen del Islam aislada del tiempo y del espacio. Presentada como un bloque monolítico, la religión musulmana portaría en su interior los gérmenes del terrorismo, al igual que los republicanos españoles eran portadores del "gen marxista", a tenor de las fanáticas y delirantes observaciones del Doctor Vallejo-Nájera. 

 

Lo más inteligente, pensamos, es no dar crédito a las diversas teorías que puedan estigmatizar a los seres humanos (independientemente de sus creencias, religiones, razas, etc.) en unos bloques determinados. Lo único que persiguen es adscribir de forma simple y reduccionista en bloques a los actores interesados. La senda del pacifismo no puede aceptar de ningún modo estas teorías. La opción pacifista es una opción tolerante, abierta, que no estigmatiza a ninguna persona, colectivo, religión, raza, etc. Los únicos condicionantes que se aceptan son los que obedezcan a los hechos empíricos que puedan observarse, a las reacciones y a los intereses encontrados. Porque en última instancia, la senda pacifista se esfuerza en erradicar todas las intolerancias, todos los prejuicios, para que las personas, los países y los colectivos puedan entenderse entre sí mediante el acuerdo y la cooperación, sin recurrir jamás a la violencia. Por tanto, cualquier teoría determinista o prejuiciosa contra cualquier colectivo humano ha de ser desechada. No cabe en la doctrina pacifista. Porque en caso contrario, continuaremos cada vez más en la actual deriva belicista, intolerante, agresiva y neofascista que asola a gran parte de la humanidad. Hoy día, presentando como telón de fondo la "terrible amenaza" de la supuesta islamización de nuestras sociedades occidentales, las opciones y fuerzas políticas neofascistas están ganando cada vez más terreno. En la Unión Europea gran cantidad de países poseen ya en el repertorio electoral fuerzas políticas de este tipo, que evidentemente representan un azote a la democracia, y una regresión en los derechos humanos. Y por su parte, en USA ya lo está comenzando a implantar Donald Trump. Esta deriva es tremendamente peligrosa. Hemos de detenerla como sea. 

 

Naturalmente, esta explosiva mezcla de racismo, nacionalismo, neofascismo e intolerancia (unido también normalmente a valores y creencias machistas y xenófobas) es agitada por la extrema derecha. Agitando los mantras del "control de las fronteras" no hacen sino extender la xenofobia y el fundamentalismo racista por toda la población que se deja embaucar por sus falaces y peligrosos discursos. Existe incluso un trasfondo de "conservar la pureza" de la población, que deja entrever un discurso supremacista que creíamos absolutamente superado. Haciendo llamamientos absurdos a nuestras "libertades democráticas" legitiman estas prácticas para defendernos de esta "invasión de los bárbaros". Pero...¿quiénes son los bárbaros en realidad? Bárbaro e ignorante es aquél que concede crédito a cualquier discurso que anteponga trabas para el entendimiento entre los seres humanos. Ningún país del mundo posee una población absolutamente "pura" desde el punto de vista racial. Las comunidades y colectivos humanos se han ido formando, a lo largo de los siglos, mediante la mezcla de culturas, de razas y de costumbres. Cualquier intento de alarmar a la población mediante el mensaje "invasor" del extranjero sólo obedece en el fondo a objetivos neofascistas. Hemos de destapar todos estos intentos de manipulación intelectual, de alienación de las mentes, de mensajes baratos y falaces, que intentan desviar el foco de atención de lo realmente importante. Y lo realmente importante, volvemos a repetirlo, es la garantía (en cualquier país, bajo cualquier religión, para cualquier cultura) total y absoluta del respeto a todos los derechos humanos. Porque cuando estos derechos humanos comienzan a no ser respetados, se forma el principal caldo de cultivo para la violencia, los conflictos, las guerras, los atentados, el terrorismo. 

 

Vamos a explicarlo tomando las palabras del gran investigador y escritor francés Roland De Bodt: "Salvo raras excepciones, relacionadas con un aislamiento completo, ninguna forma cultural es simple; ellas están siempre compuestas por elementos heteróclitos (...) La cultura francesa cristaliza no solamente a partir de las aportaciones culturales de las tradiciones griegas, celtas y latinas, sino además --y de forma significativa y activa-- de los aportes culturales de las tradiciones judías, persas, eslavas, turcas, africanas, árabes y bereberes, etc. (...) Prácticamente ninguna expresión cultural "original" es, hablando con propiedad, una forma de cultura "original", todas las culturas humanas son formas y expresiones construidas, es decir: necesariamente híbridas,  cruzadas, estratificadas, prestadas, modificadas, apropiadas, mestizas...". Ahí queda dicho con absoluta claridad y rotundidad. Ocurre en todas las culturas, ocurre en todas las civilizaciones, en todos los países. Luego por tanto, dejemos de dar crédito a los engañosos y absurdos cantos de sirena de los mesías y liberadores de las razas y de los países. Precisamente ellos son los culpables de que la senda del pacifismo sea un sendero tan complicado de seguir. Esa teoría del choque de civilizaciones acepta como postulado una visión determinista de las poblaciones, en el sentido de que la pertenencia a una determinada religión predetermina, unilateralmente, para los creyentes en ella, todas las convicciones morales, civiles y políticas, todos los actos, todas las decisiones que puedan adoptar. Valoración que lógicamente se sitúa en el más completo absurdo. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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