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10 marzo 2017 5 10 /03 /marzo /2017 00:00
Viñeta: Oxfam Intermón

Viñeta: Oxfam Intermón

Los salarios se estancan, a pesar de que los empresarios se llevan a casa bonos de un millón de dólares. Se recortan los servicios de salud y educación, mientras las corporaciones y los super ricos evaden impuestos; se ignoran sus voces, mientras los gobiernos cantan al ritmo de las grandes empresas y de la élite adinerada

Guy Ryder, Director General de la OIT

En esta nueva entrega aún continuaremos desmontando las típicas falacias que se vierten en la opinión pública (por medio del pensamiento dominante y sus voceros), intentando legitimar o justificar las desigualdades. Como ya hemos citado, nuestra fuente de referencia sigue siendo este magnífico artículo del economista Luis Molina Temboury. Bien, una típica voz de alarma que se suele articular es la que dice que "Destruir el capitalismo es el mayor de los peligros". Se nos intenta instalar en el miedo sociológico para avalar el famoso "There Is No Alternative" (TINA) que ya pronunciara en muchas ocasiones la Primera Ministra Británica, Margaret Thatcher, responsable de la destrucción del tejido industrial de su país, del debilitamiento de los sindicatos, de la precarización laboral y de la privatización de entidades públicas del Reino Unido, durante su etapa de gobierno. Dicho principio, así enunciado, es una absoluta patraña. La arquitectura de la desigualdad es el resultado de la aplicación al capitalismo de una doctrina radical y fanática, el neoliberalismo, que considera la desigualdad como la atmósfera natural de la sociedad, su entorno natural. Sin embargo, como ya hemos explicado, aunque el capitalismo tienda a la desigualdad, nada impide que se puedan establecer una serie de políticas de control, tanto en la distribución de rentas, como en la del patrimonio. De todos modos, nosotros somos de la opinión de que el capitalismo debe ser erradicado, para dejar paso a un sistema económico más justo, sensato y humano, pero no obstante, estas tendencias pueden ser implementadas incluso desde dentro del capitalismo. 

 

Un modelo en el que la ambición de una élite siempre voraz, perversa e insaciable se impone al mínimo bienestar de la mayoría (como nos está sucediendo ya, y prueba de ello es el constante avance en el desmontaje de todos los servicios públicos y sistemas de protección social) es irracional e inviable. Bien, llegamos en este punto al clásico argumento que podríamos llamar "tecnocrático", que puede enunciarse como "La economía es cosa de expertos, ¿cómo vamos a dejarla en manos de ignorantes?". Lo hemos aclarado muchas veces en nuestros artículos, pero volveremos a hacerlo aquí y ahora. La economía no es una ciencia exacta (como las matemáticas, o la física termonuclear), sino una ciencia social. La economía no es un oráculo sagrado al que sólo los expertos pueden acceder, sino que es el sistema en que nos basamos para regular nuestros bienes y servicios de modo eficiente y justo, entre los miembros de una comunidad. Detrás de la economía existen intereses, que se proyectan perfectamente en las personas que están detrás de las diversas teorías económicas que circulan. De hecho, el pensamiento dominante favorece a unas teorías económicas sobre otras, difundiendo masivamente aquéllas que le interesan (incluso en los planes de estudios universitarios), y acallando, ignorando u ocultando a los economistas que defienden otras teorías. Y los medios de comunicación son hoy día grandes aliados de toda esta estrategia. Por tanto, los expertos y técnicos deben estar al servicio de los deseos de la comunidad política, y no a la inversa. Es frecuente que los "expertos" neoliberales auspiciados por el gran capital apliquen políticas económicas a su medida, y que arguyan precisamente que "no hay alternativas". Falso. Siempre existen alternativas. Lo que ocurre es que se intentan esconder, y en su caso, desacreditar. Sin ir más lejos, muchos otros economistas, no adscritos a la línea convencional, pero tan expertos y profesionales como los demás, son partidarios de amortiguar las desigualdades de renta y de patrimonio. 

 

En esa misma línea, otra variante del mismo argumento dice que "Debemos dejar a los técnicos que dirijan la economía y dejarnos de experimentos con los deseos de gente poco preparada". En fin, más de lo mismo. No merece la pena siquiera elaborar una respuesta. Pero repitámoslo: cualquier política económica conlleva una ideología y una intencionalidad. Cualquier teoría económica obedece a unos objetivos y a unos intereses. Que no intenten engañarnos con la tecnocracia. Para los tecnócratas neoliberales la desigualdad no tiene importancia, ya que, como decimos, para ellos es una consecuencia natural, lo que es un claro posicionamiento ideológico. Pero no todos los economistas piensan así. Precisamente el neoliberalismo, sus instituciones y sus medios ocultan las voces discordantes, para contribuir al famoso mensaje de la no existencia de alternativas, o en su caso, intentan ridiculizar, menospreciar o ignorar a los que predican otras teorías y otros sistemas. Otro argumento sostiene que "Sin acumulación de capital no hay capitalismo ni otro sistema más que el comunismo o el caos". El capitalismo, hoy día el único sistema, requiere acumulación de capital empresarial, pero en absoluto de capital patrimonial. Al contrario, las decisiones que exigen mayor capital debieran tener mayor consenso, porque demasiado poder individual conduce a indeseables oligopolios o monopolios. La acumulación empresarial es beneficiosa si, y sólo si, las decisiones empresariales responden a intereses comunitarios. La acumulación excesiva de capital personal que propugna el neoliberalismo es un obstáculo para el progreso, porque dispara las desigualdades y hace inviable el propio sistema. 

 

Otro argumento reprocha que "Siempre tratando de confrontar al populacho inculto con la estabilidad y el orden". Este argumento es muy gracioso. De entrada, recomiendo a mis lectores/as el artículo que dedicamos en su momento al manipulado concepto de la "estabilidad" política. La palabra "estabilidad", cuando es usada por las élites dominantes, se convierte de nuevo en otra falacia más. Un orden irracional muy organizado en su propaganda, acción y decisión puede ser más peligroso que cualquier desorden. Lo vimos en la Alemania nazi. Por tanto, las desigualdades no son el pequeño contratiempo de un orden casi perfecto, sino el resultado de una pretensión irrealizable de contradicciones y tensiones crecientes. Por tanto, esa "estabilidad" que consagra las desigualdades es muy peligrosa. Otro argumento dice que "Bastante contribuyen los ricos al bienestar económico de todos". Otra nueva patraña. A los ricos les importa un pimiento en adobo el bienestar económico de los demás, sólo le interesa hacer crecer su ya inmensa riqueza. Pero claro, como esto no pueden decirlo así, a las bravas, se molestan en disfrazarlo continuamente. Si fuera verdad lo que dice el enunciado, los ricos (que serían bastante menos ricos, en primer lugar) contribuirían con sus impuestos de forma justa al desarrollo armónico de la sociedad, en vez de preocuparse continuamente en ver cómo pueden eludirlos, o evadir fondos a paraísos fiscales. Los ricos, en general, pagan poco o muy poco, porque sus mandatarios en el poder les facilitan cómodos mecanismos para que no paguen (véase la amnistía fiscal de Montoro como un estupendo ejemplo). Ellos expresan públicamente que los impuestos son un obstáculo en su carrera, y que el resto de "impedimentos" legales que existen (barreras sociales que controlan y distribuyen la riqueza) deben ser abolidos. De hecho, los Tratados de Libre Comercio de última generación (TTIP, CETA, TISA...) están diseñados para cumplir este objetivo. 

 

También tenemos otro argumento que dice que "Los ricos cumplen los deseos colectivos, porque nadie es tan tonto como para querer pagar impuestos". Y es que los valores antisociales de este descarnado y bestial capitalismo inundan nuestras mentes de forma absoluta. Lo que se propugna no es el bien común, la cooperación, la redistribución y el reparto, sino la competencia, la desigualdad, el egoísmo y el individualismo. El neoliberalismo ha barrido la conciencia social de comunidad. Y así nos va. Algunos ricos proclaman abiertamente que el que paga impuestos en nuestro país es porque "es un burro", e incluso el propio Presidente de Estados Unidos, el descerebrado, fascista e ignorante Donald Trump, ha reconocido públicamente en varias entrevistas que, en sus empresas, siempre ha intentado evadir el pago de impuestos. Y encima le ríen las gracias. Es un absoluto insulto a la inteligencia. Es un llamamiento a la lucha salvaje de los que menos tienen contra los que más. Cualquier sociedad no alienada por el pensamiento dominante estallaría en violentas rebeliones ante tan claros exabruptos, pero sin embargo, lo tenemos tan asumido, que no pasa nada. Insisto: le ríen las gracias. Se disculpan los paraísos fiscales, la corrupción, la degradación y perversidad moral de nuestros políticos y empresarios, pero aquí no pasa nada. Cuando llegan las elecciones, vuelven a votarles. El lavado de cerebro del pensamiento dominante, hay que reconocerlo, está teniendo un éxito magistral. Hay que recuperar imperiosamente el honor y la decencia comunales, los valores de una sociedad justa, porque en otro caso, de continuar por esta dirección, nos dirigimos al precipicio. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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