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1 marzo 2017 3 01 /03 /marzo /2017 00:00
Hacia la superación del franquismo (XII)

Quien crea que el franquismo se sostuvo en España durante 40 años gracias al apoyo del Ejército al general Franco es que no se ha enterado del país en el que vive. En España existe una gran masa de población que por razones culturales, religiosas o las que sean vivió muy a gusto y se sintió muy identificada con lo que fue el régimen franquista

Leandro Álvarez Rey

Las atrocidades del franquismo fueron perpetradas, tal como nos recuerda Xavier Caño Tamayo en el artículo de referencia, hasta los años cincuenta, por el ejército golpista y Falange, y justificadas por la Iglesia Católica. Fue, como hemos venido contando, una estrategia de tierra quemada, un genocidio en toda regla, y a medida que en la guerra el ejército franquista conquistaba pueblos y ciudades, detenía a los republicanos y casi siempre los fusilaba, además de expoliar su casa y el resto de sus bienes. Este proceso de rapiña ha sido muy bien resumido por Ángel Munárriz en este artículo para el medio Publico. Es significativo que uno de los colectivos más perseguidos y asesinados por los franquistas fueran los maestros de escuela, impulsores de la lealtad a la República, y vehículos conductores de un nuevo ideario colectivo impregnado de los valores universales de justicia y equidad social, libertad y progreso. De ahí que los profesores y maestros se convirtieran en un enemigo de hondo calado para la causa del Alzamiento Nacional. Bien, la pregunta que nos hacemos es: ¿Termina todo esto con la muerte del dictador? Existen miles de razones para contestar a esta pregunta con un sonoro: NO. En su momento hablaremos a fondo sobre el período que dio en llamarse de Transición, período que ha sido abiertamente elogiado por los estamentos del poder como digno de encomio, por su valentía y su inteligencia, pero la verdad es que no fue tal. 

 

Pongamos un simple ejemplo: el texto que vamos a rescatar a continuación es el de un spot publicitario de una emisora de radio del año 1977: "Nueve de cada diez personas que usted admira son de derechas: José María Pemán, Jackelyn Kennedy, Paco Camino, la Princesa Gracia Patricia de Mónaco, la Reina Isabel de Inglaterra, Julio Iglesias, el General Pinochet, José María de Porcioles, Santiago Bernabeu...La derecha es bienestar, confort, seguridad...Sea usted de derechas, como Dios manda...Y sea feliz". Absolutamente bochornoso. Pero estos mensajes casposos e intolerables, como decimos, se emitían con toda normalidad por las emisoras de radio y televisión, y continuaban siendo "normales". ¿Se imaginan los lectores y lectoras a una emisora actual sugiriendo a sus oyentes que se hagan de izquierdas con tanto descaro? Enseguida los medios de comunicación dominantes montarían en cólera, saldrían ladridos, sapos y culebras por las bocas de la caverna mediática y de las cloacas del Estado, y el hecho se convertiría en un escándalo nacional. Sin embargo, proclamas tan indecentes como la que hemos mostrado eran absolutamente normales en 1977, dos años después de la muerte del dictador, en pleno proceso de "aperturismo" político. Pero es que hoy, a más de 41 años de la muerte del dictador, la Fundación que lleva su nombre no sólo continúa siendo legal, sino que además premia y realiza homenajes a los políticos que incumplen la Ley de Memoria Histórica, y continúan honrando la memoria del caudillo. ¿Alguien da más?

 

Y es que, como asegura Rafael García Almazán en este artículo, los rescoldos del franquismo continúan vivos en el seno del PP, por mucho que se empeñen en disimularlo. Por mucho que traten de minimizarlo y de esconderlo, sus acciones, sus opiniones y sus actitudes desprenden un rancio hedor a franquismo. Los continuos ultrajes a los que someten a las víctimas de la horrenda dictadura son buena prueba de ello. Vetan leyes cada vez que pueden (leyes que van dirigidas a proteger a las víctimas y a condenar a los verdugos), disculpan las opiniones y actos franquistas, banalizan la propaganda fascista, mantienen en sus filas de honor a personajes que proceden de la época franquista, etc. Estas raíces y comportamientos fascistas son parte de su ADN, de su carácter fundacional, y sólo podrán ser combatidas mediante un repudio social mayoritario. ¿Pero cómo explicamos todo este extraño fenómeno? ¿Cómo explicamos toda esta anomalía sociológica, que no ocurre en ningún país del mundo? Sólo es posible explicarlo entendiendo hasta dónde llegan las raíces ocultas del franquismo en nuestro país, y ello a su vez sólo es posible imaginarlo si entendemos el auténtico alcance de aquél genocidio. La Segunda República había enconado el conflicto de clases, poniendo el acento sobre la desigualdad que en el reparto de la riqueza provoca que ciertos sectores organizados quieran cambiarla. El eterno conflicto capitalista entre quiénes poseen la riqueza y no quieren compartirla, contra los que sí quieren. El conflicto llega hasta hoy día, puesto que como ya enunciara Marx, es imposible entender la historia de la humanidad ignorando el conflicto de clases. 

 

Y como decíamos al principio, los conflictos llegaban también al ámbito educativo. El acceso a la educación estaba restringido a los mismos grupos. La Iglesia Católica mantenía, si no la exclusividad, sí los privilegios y el monopolio de la enseñanza, incluido su perverso adoctrinamiento. Pero durante la Segunda República, el interés por la formación y la educación libre y gratuita genera enormes expectativas entre la mayoría social, que veían cómo sus horizontes de mejora y progreso social se iban abriendo ante sus ojos, tal como nos cuenta Nale Ontiveros (Coordinadora en Andalucía de ATTAC) en su artículo "España partida en dos", para el medio Paralelo36. De ahí el escarnio que hemos citado más arriba que sufrieron los profesores supervivientes, de los que unos 50.000 fueron expedientados. Otro motivo de conflicto fue la idea de la nación. La República (obsérvese el paralelismo con nuestro tiempo) quería abrirse al modelo plurinacional del Estado Español, reflejo de una España plural. Y al igual que hoy día, frente a los nacionalismos de País Vasco y Cataluña (sobre todo, aunque no son ellas las únicas naciones históricas, ni siquiera las más antiguas), los sublevados levantaron la engañosa bandera de la unidad de la patria (tal como hoy día enarbolan el PP y el PSOE, junto a ese engendro de CIUDADANOS). Y todavía existió también el conflicto relativo al nuevo papel de la mujer en la Segunda República, que también dividió a la sociedad entre los que mantenían una idea más conservadora, arcaica y patriarcal, frente a los que sostenían la superación del machismo imperante (un machismo que auspiciaba sobre todo la Iglesia).

 

La Guerra Civil se convirtió pronto en una guerra internacional, ya que en ayuda de los militares golpistas (devenidos en el "bando nacional") acudieron los fascismos alemán e italiano, mientras que los defensores de la legalidad y legitimidad de la República fueron ayudados por los miles de voluntarios de las Brigadas Internacionales. La guerra se convirtió en un cruento conflicto, largo y sangriento, con múltiples frentes de batalla, y al final, consiguieron ganarla los militares sublevados porque tenían tropas mejor entrenadas, y porque los vientos internacionales soplaban a su favor (en ese sentido, la colaboración norteamericana con el régimen franquista también es de destacar, como volvería a ocurrir de nuevo durante la Transición). De hecho, la actuación de la aviación italiana y alemana fueron decisivas para la victoria franquista. Se estima que durante la Guerra Civil murieron unas 600.000 personas, y cuando terminó, medio millón de personas se amontonaban en las prisiones y en los campos de concentración. A partir de entonces, entre los vencedores fue cobrando fuerza la idea del exterminio, patrocinada por los más sangrientos gerifaltes del régimen, y bendecida por la Iglesia Católica. Y durante los siguientes 40 años, militarismo, fascismo y catolicismo fueron los componentes del nuevo Estado que emergió conforme avanzaba la dictadura. Por un lado, se exaltaba al líder del levantamiento, el Caudillo "por la Gracia de Dios". Por otro lado, aparecían los ritos y las manifestaciones religiosas, dotadas del más rancio conservadurismo y puritanismo. Autoritarismo y desprecio por los sistemas democráticos. Y así, militares, fascistas y católicos fueron recuperando todo lo "perdido" durante la República, y construyendo esa España de la "gloriosa tradición" que ensalzaba los clásicos y tradicionales valores del otrora grande Imperio Español. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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