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2 marzo 2017 4 02 /03 /marzo /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (56)

La prensa sostiene la creación de la mentira y es el respaldo de quien controla los designios de la sociedad. Su objetivo no es informar, sino convencer a sus lectores de su propia fatalidad (de la desigualdad y del consentimiento y la resignación ante su propia explotación). Y no importa que no salgan las cuentas, y que todas las empresas mediáticas estén en crisis, porque hay quien se hace cargo de su supervivencia, a cambio de falsear la realidad

José Luis Vázquez Domènech

La Psicología Social nos da amplias referencias sobre los estudios realizados en torno a la expansión de las diferentes ideologías de pensamiento a lo largo del tiempo, y de su uso y difusión desde los poderes dominantes. Y en este sentido, el éxito cultural del neoliberalismo ha sido categórico, general, abrumador. No es una exageración afirmar que el neoliberalismo constituye nuestro sentido común (por eso, cuando nuestros gobernantes actuales nos lo invocan, ya debemos ponernos en alerta). Las mismas ideas, los mismos planteamientos, los mismos argumentarios, las mismas convicciones, aparecen reiterada y cansinamente en trabajos académicos, en informes de consultoría, en artículos de opinión, en editoriales de prensa, en las tertulias televisivas, etc.: racionalidad, mercado, competencia, incentivos, maximización...En ese lenguaje nos entendemos, en ese lenguaje explicamos la experiencia humana en todos los campos, y así la educación se ha convertido en "formación de capital humano", la conversación pública es el "mercado de las ideas", etc. Ya dimos cuenta durante los primeros artículos de esta serie de los principales eufemismos lingüísticos que se utilizan hoy día para disfrazar la realidad de los conceptos. A ellos remito a mis lectores y lectoras. De modo que es muy difícil argumentar contra una política económica cuando se basa en las propias ideas de nuestro "sentido común", las cuales nos parecen, cómo no, absolutamente obvias. 

 

Pero no son tan obvias. Están fuertemente manipuladas. El orden neoliberal favorece desproporcionadamente a unos pocos, eso es indudable (la idea de que a fin de cuentas favorece a todos, aunque unos ganen más que otros, es mucho más discutible con los números en la mano). Pero no son las ideas de unos pocos, sino de la mayoría. Hasta el más castigado por la fuerza del sistema reproduce los esquemas mentales del pensamiento dominante. Este es el verdadero problema político para poder imaginar, diseñar y proyectar una alternativa. Las afirmaciones básicas del programa neoliberal parecen indiscutibles: que una empresa privada es siempre más eficiente que una empresa pública, que la competencia produce siempre los mejores resultados, que los seres humanos somos egoístas, calculadores, que buscan siempre la máxima ventaja personal...Estamos completamente imbuidos de este perverso ideario, que anula siquiera nuestra posibilidad de entender la idea del bien común. La escuela de Margaret Thatcher ("No existe la sociedad, sólo existen los individuos") nos ha hecho muchísimo daño. Eso nos convierte en la rampa de salida para aceptar que a pesar de que el capitalismo ha de vencerse de forma global, colectiva, sin embargo cada individuo, cada uno/a de nosotros/as, debe contribuir a la lucha anticapitalista, que es lo mismo que decir a la lucha contra el pensamiento dominante. En el fondo se trata, básicamente, de construir sociedad, la sociedad avanzada, la sociedad justa. 

 

Me remito a todas las consideraciones que hemos venido plasmando, para que cada cual pueda interiorizar su lucha contra el capitalismo, pueda minimizar la influencia que el pensamiento único ejerce sobre sí mismo. Es un ejercicio que exige coherencia, claridad de mente, y sobre todo, valentía, porque no es una toma de conciencia cómoda. La acción de resistencia anticapitalista, a nivel individual, de cada persona aislada, es la semilla que cada cual debe ir sembrando para llegar a sentirse libre, en un mundo donde el pensamiento alternativo vaya ganando terreno. ¿Cómo podemos hacer esto? Pues contrastando las ideas todo lo posible, practicando continuamente el pensamiento libre y crítico, preguntándonos el por qué de las cosas, cuestionando los intereses que pueden esconderse detrás de cada acción, de cada opinión, de cada decisión, de cada estudio, incluso de cada dato objetivo. Sí, porque los datos objetivos también pueden camuflarse, también pueden esconderse, también pueden resaltarse. La misma botella, con la misma cantidad de líquido, puede verse como medio llena o medio vacía. Por otra parte, aquéllo de lo que estemos convencidos en la teoría, debemos llevarlo a la práctica. Y aquí es quizá donde viene la parte más valiente, más arriesgada, pero la más importante, porque si no somos coherentes entre nuestro pensamiento y nuestras acciones, jamás podremos contribuir a un cambio de nuestro mundo. 

 

Un aspecto donde tenemos que cambiar el chip, a nivel general y a nivel particular, es el relativo a la preponderancia de la filosofía que recoge el culto a la propiedad privada, algo sagrado para el pensamiento dominante. Básicamente, hemos de replantearnos y reivindicar la función social de la propiedad, conseguir la hegemonía de la propiedad social (colectiva) sobre la propiedad individual, y replantearnos todos los bienes, productos y servicios sobre los que no tendríamos por qué ser "propietarios", sino que podríamos disfrutar de ellos en régimen de usufructo (temporal o indefinido) o alquiler: la vivienda, el automóvil, etc. En este sentido, las tendencias de la llamada "economía colaborativa" están avanzando mucho últimamente. La propiedad privada debe dejar de ser un derecho absoluto para pasar a ser un derecho relativo, es decir, supeditado al cumplimiento de otros derechos fundamentales, tales como la alimentación, la vivienda, el trabajo, la sanidad, la educación, etc. En realidad, si nos damos cuenta, y extrapolamos este razonamiento al ámbito empresarial, podremos concluir sin ningún tipo de complejos que para que dichos derechos estén garantizados para toda la ciudadanía, sus bienes, productos y servicios deben ser nacionalizados, esto es, deben pertenecer a lo público, ser patrimonio de todos, y por supuesto, estar gestionados democráticamente. Si hubiéramos ido implementando esto poco a poco durante los últimos años (en vez de haber hecho justo lo contrario), ahora no nos encontraríamos con los terribles problemas que nos están creando los bancos, las empresas eléctricas, de telecomunicaciones, etc. 

 

Creer en la sociedad (al contrario de lo que pregonaba Margaret Thatcher) es creer en los derechos humanos, y tejer una intrincada red social donde ninguna persona se encuentre desatendida en relación a los mismos. No queremos abolir la propiedad privada. ¡Por favor, que no se nos malinterprete! Lo que estamos queriendo decir es que el foco que hoy día se centra sobre la propiedad privada está...pues eso, desenfocado. Está magnificado, puesto en un lugar que no le corresponde, y hay que volverlo a colocar en su sitio. Es absolutamente inhumano que si todas las personas tenemos el derecho humano a la vivienda, por ejemplo, alguien pueda mercantilizar con las viviendas hasta el extremo que su propiedad (privada) sobre las mismas, esté por encima del derecho (humano) a disfrutar de una. Lo mismo podemos afirmar sobre las empresas eléctricas y energéticas: si es un derecho humano poder acceder a la electricidad, una sociedad que se precie no debería situar el derecho a la propiedad (privada) de este bien o servicio en torno a unos pocos agentes capitalistas, mientras existe gente que no puede acceder a este derecho. El pensamiento dominante trastoca los derechos, los relativiza, los ignora, y coloca por delante de todos ellos el sagrado derecho a la propiedad privada, magnificándolo y abarcando cada vez más facetas y aspectos de negocio (privado), donde se ponen en juego los derechos humanos fundamentales, y cuando esta situación se produce, hemos atravesado ya el límite que separa una sociedad justa y avanzada, democrática, transformándola en una sociedad salvaje, cruel e inhumana. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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Comentarios

casandra 03/11/2017 21:08

Venía muy bien el texto hasta que apareció esta frase "No queremos abolir la propiedad privada. ¡Por favor, que no se nos malinterprete!" ¿Por qué no? ¿Por qué no abolir la propiedad privada? ¿Por qué no todo estatal? La única diferencia entre estatal y privado es entre quienes se reparten las ganancias, si entre los pocos dueños privados o todos, porque el estado somos todos. La abolición de la propiedad privada no significa la pérdida de la intimidad, el que tengamos que compartir tooodo y que cualquiera pueda venir y hacer uso de lo que tenemos. No hay que compartir hasta el cepillo de dientes. No. Una plaza pública es un ejemplo perfecto del uso de la propiedad común. Alguien descansa en un asiento y nadie lo saca, a uno, del lugar, utiliza ese espacio mientras le sea necesario, luego se va y más tarde vendrá otro. En muchos países se utilizan bicicletas públicas, que se usan mientras se requiere y cuando no, las aprovecha otro, una misma bicicleta para muchos. ¿Por qué no puede ser igual con todo aquello que no sea de uso íntimo? Sí, eso se llama comunismo y a la humanidad le da alergia, porque no se detuvieron a leer y comprender el capitulo 2 del manifiesto comunista, que dice bien clarito que cuando se habla de abolir la propiedad privada no se refiere a la propiedad personalmente adquirida por el trabajo, propiedad que se considera como la base de toda libertad, de toda actividad, de toda
independencia individual, se refiere a la propiedad excesiva que genera privilegios y terribles desigualdades. Sí, posiblemente haya que decir frases como que no queremos abolir la propiedad privada y erradicar la palabra comunismo para convencer o ¿engañar? a los alérgicos, pero me molesta. EL COMUNISMO NO ES STALIN, EL COMUNISMO ES EL BIEN COMÚN, ES UNA SOCIEDAD EN LA QUE TOD@S TENGAMOS LOS MISMO DERECHOS, LIBERTADES Y OPORTUNIDADES.

Rafael Silva 03/11/2017 21:42

Perfecto, Casandra, totalmente de acuerdo. Es más, yo no lo hubiera explicado mejor...Muchas gracias por tu aportación.

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