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20 febrero 2017 1 20 /02 /febrero /2017 00:00
Por la senda del Pacifismo (38)

No existe una bandera lo suficientemente grande para cubrir la vergüenza de matar a gente inocente

Howard Zinn

El propio concepto de Terrorismo no es abordado desde el mismo punto de vista, ni obedece a ninguna definición aceptada globalmente, tal como afirma el ex Relator Especial de la ONU para ese ámbito, en esta entrevista para el medio Red Voltaire, a la que nos remitimos. Su respuesta es muy clara en este sentido: "Está bien claro que en muchísimos países el concepto de terrorismo se utiliza para respaldar intereses políticos mediante la estigmatización de sus opositores, y ello toma muchas formas; una de ellas incluye actos de terrorismo aislados e individuales que el gobierno utiliza para marcar a amplios grupos u organizaciones, movimientos políticos, grupos étnicos como terroristas sin basamento alguno. Esa es una forma, y otra forma es aquélla en que un gobierno simplemente trata de neutralizar a sus opositores al llamarlos terroristas, aunque jamás hayan llevado a cabo un acto de terrorismo. Esos dos casos se refieren al abuso generalizado del concepto de terrorismo". Porque en efecto, el concepto y la aplicación del término "Terrorismo" se aplica a muchos y diferentes ámbitos, y no todos ellos sobre la misma base conceptual. Muchas veces el término se aplica interesadamente, acudiendo a una falaz asignación que nada tiene que ver con las actividades de la organización o el colectivo en sí mismo. Nosotros ya hicimos una clasificación en uno de nuestros artículos, al que remito a los lectores y lectoras que no lo hayan leído. 

 

El caso es que al existir muchas aplicaciones y conceptos incluidos bajo el gran término "Terrorismo", y no existir un gran consenso mundial en torno al mismo, ello provoca frecuentemente que el concepto se banalice, se tergiverse o se aplique indiscriminadamente de forma sesgada, equívoca e interesada. Desde este punto de vista, aceptar que existe una "Guerra Global contra el Terrorismo", como Estados Unidos y sus países aliados, se empeñan en difundir, es una alusión a algo realmente inexistente, y que únicamente entra en los planes imperialistas de la gran potencia estadounidense. Como estamos exponiendo desde múltiples puntos de vista en esta serie de artículos, los conflictos armados obedecen siempre a unas causas últimas, a unos motivos finales que los gobiernos y los medios de comunicación dominantes se empeñan en esconder. Puede que haya situaciones temporales donde la guerra contra grupos terroristas esté en correspondencia con lo que se llama conflicto armado, según las Convenciones de Ginebra y sus protocolos, independientemente de que estemos hablando de un conflicto armado internacional. Pero los conflictos armados no obedecen a ninguna estrategia planetaria sobre "guerra global contra el terror", que no es más que una opinión infantil y reduccionista de la situación de belicismo internacional y del perverso panorama de cruce de intereses estratégicos y geopolíticos que las diversas naciones enfrentan. Nos quieren inducir a pensar que existe algo así como un ejército global en la sombra, dispuesto a acabar con nuestra civilización, y al que hay que eliminar a toda costa. Nada más lejos de la realidad. 

 

Y como venimos explicando, nuestra hipocresía occidental está detrás de todas estas interpretaciones interesadas del terrorismo, comenzando por no reconocer nuestra siniestra participación en los diversos conflictos bélicos, echando (por acción u omisión, ésta última bañada con un falso barniz de neutralidad) más leña al fuego, a un fuego que ya resulta abrasador, y que amenaza con convertirse en una nueva conflagración mundial. Occidente representa la doble moral en lo relativo al respeto al Derecho Internacional, y a los Derechos Humanos, expresados y reconocidos en los múltiples foros y tratados suscritos por los diversos países europeos. Ahí tenemos el ejemplo del Reino Unido (ahora bajo el mandato de la Primera Ministra Theresa May), que lo mismo defiende el criminal sionismo de Israel, que al wahabismo de Arabia Saudí, que mira para otro lado cuando se habla de la agresión a Siria, que se niega a criticar las decisiones del gobierno estadounidense (del cual ha sido siempre su más fiel perrito faldero), en su papel de violador de los acuerdos nucleares del G5+1 con Irán y los compromisos asumidos al respecto. Reino Unido siempre ha desempeñado, sobre todo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el papel de simple apéndice de las posturas bélicas avalados por su gran primo estadounidense. Un simple y cobarde peón del tablero, a la hora de decidir su participación en los diversos frentes en conflicto bélico, aunque ello implique, como implica, la muerte de millones de seres humanos, y el éxodo masivo de otros tantos, por ver satisfechos sus intereses políticos, económicos y geoestratégicos. 

 

Mientras, en el otro bando, en el bando del sufrimiento y de la dignidad de sus pueblos, tenemos que hablar de Palestina, del Sáhara Occidental (ambos serán objeto de un estudio más pormenorizado en próximas series de artículos), de Siria, de Irak, de Yemen o de Bahréin. Auténticos espejos de la resistencia ciudadana, ante los indiscriminados ataques de las potencias implicadas, que no son otras que los ya descritos en múltiples ocasiones: Washington, Londres, París, Berlín, Roma, Ankara, Tel Aviv, Amman, o Riad, entre otros. Por su parte, la crisis y el caos en Libia no tienen la más mínima intención de disminuir, sino más bien al contrario, va camino de balcanizar totalmente al país, de forma que termine siendo despedazado y repartido en trozos entre los grandes "actores" occidentales, y sus grandes compañías transnacionales. Y todo ello bajo la extensión de las maléficas corrientes de pensamiento patrocinadas por el wahabismo, el sionismo y los intereses hegemónicos occidentales. A todos ellos tenemos que unir los conflictos en Somalia, Eritrea, Sudán del Sur, República Democrática del Congo (una guerra civil que dura ya más de 20 años, y que ha dejado más de cuatro millones de muertos), así como los países amenazados por el grupo terrorista Boko Haram, tales como Nigeria, Níger, Chad y Camerún. Para finalizar el repaso sobre los escenarios bélicos o en inminente o latente conflicto a nivel internacional, hemos de incluir también la zona del Mar Meridional de China, objeto de disputa entre la gran potencia asiática y los Estados Unidos. El gobierno estadounidense se opone a las reivindicaciones territoriales de China, con relación a la disputa de las islas Senkaku con Japón (otro aliado histórico de EE.UU.), situadas en el triángulo definido entre el nordeste de Taiwán, el este de China y el sudoeste de Okinawa. 

 

Son islas que China reconoce como suyas, por lo cual ha instalado un sistema de defensa y monitorización por radar. Esta disputa en el Mar Meridional de China representa un escenario de fuerte tensión y de constante amenaza, en una de las zonas navegables con mayor tránsito internacional, con riquezas naturales variadas en recursos pesqueros, y reservas de gas y de petróleo, que la convierten en zona de conquista por sus elevados atractivos, y que delimita un conflicto bélico muy probable a medio plazo, si no hacemos que impere la cordura y la sensatez, manifestadas en la senda del pacifismo, la negociación y la cooperación. Han de abrirse vías de negociación políticas y diplomáticas, que encaucen los conflictos de forma definitiva, en lugar de aumentar constantemente la tensión con acciones unilaterales. Pero para ello, sería absolutamente preciso que la comunidad internacional dispusiese de algún foro totalmente democrático (en vez de la actual ONU, que necesita una urgente y profunda reforma, que trataremos en su bloque temático correspondiente) y cuyas resoluciones gozaran de mecanismos de obligado cumplimiento por todas las partes, cosa que ahora, desgraciadamente, no ocurre, y así los conflictos están servidos. Como vemos, la senda del Pacifismo no es un camino de rosas, pero tampoco es un ideal absurdo y rocambolesco, o un simple ideal buenista manifestado por cuatro mentes disparatadas. La senda del Pacifismo es una imperiosa necesidad, un objetivo absolutamente imprescindible, pero pasa, como estamos viendo, por adoptar cambios de actitud absolutamente radicales, y entender la política pacifista como un camino permanente a recorrer, instando con todas nuestras fuerzas al resto de la comunidad internacional a que la siga. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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