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13 marzo 2017 1 13 /03 /marzo /2017 00:00
Viñeta: http://www.contratiempohistoria.org/

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La vieja Europa está convencida que inventó la «democracia» y la ha exportado, con ese terrible historial, a los pueblos llamados salvajes e ignorantes, algunos de los cuales tenían establecido el «buen vivir», que era vivir en armonía con la naturaleza y con la comunidad. Europa y EEUU continúan con su tarea de «democratizar» el planeta con guerras «para liberar a las mujeres de la tiranía machista del burka» e invadiendo y arrasando pueblos como Irak y Libia para liberarles de «crueles dictadores y de armas de destrucción masiva». Palabras y sólo palabras para tratar de engañar y ocultar las verdaderas intenciones: hacerse con el petróleo, con los minerales, con todos los recursos de esos países y destruir los pueblos más avanzados del mundo árabe, aunque tuvieran sus contradicciones. ¿Sólo Saddam y Gaddafi eran malos? Y los amigos del imperialismo como la monarquía de Arabia Saudí, los Emiratos del Golfo, el gobierno de Israel, el rey de Marruecos, o Erdogan, ¿qué son? ¿Quizás hermanitas de la caridad?

Jokin Revilla

Vamos a finalizar en esta entrega con las propuestas que desde la izquierda invocamos para acabar con el foco más caliente de conflicto en la actualidad, demostrando de esta forma que la senda del pacifismo no es ninguna idealización de la realidad, ni ningún ejercicio utópico de "buenismo", sino una posibilidad real y concreta, absolutamente viable, si se tiene la voluntad política suficiente para llevarla a cabo. Continuando desde los tres primeros puntos (ya tratados en entregas anteriores):

 

4.- Reforzar a la sociedad civil en Siria e Irak. Irak y Siria son actualmente el mayor feudo del Estado Islámico. Las principales víctimas de ISIS son las propias poblaciones locales, como hemos visto recientemente en Beirut, Bagdad, Ankara, y tantas otras ciudades, y ellas son las únicas que pueden derrotarle sobre el terreno, como sucedió con Al Qaeda en Irak en 2007. Para ello en el corto plazo hay que reforzar y asesorar a las fuerzas locales para enfrentar al Estado Islámico por tierra. Pero además, como comentábamos en el artículo anterior, hay que apoyar a los procesos democráticos en la región. Sólo el refuerzo de la sociedad civil puede impedir el auge del fundamentalismo, principal caldo de cultivo de las aberrantes prácticas yihadistas. En el pasado, en Irak o Afganistán, las llamadas políticas "en favor de la democracia" sólo sirvieron para encubrir desastrosas intervenciones militares extranjeras, o bien fracasaron por la ausencia de protagonismo por parte de la sociedad civil. Cualquier proceso democrático que se precie de serlo debe estar encabezado por las reivindicaciones de la sociedad civil (en este caso de Siria), tanto del interior como del exilio, la labor de los Comités Locales de Coordinación y otros movimientos con base en Irak y otros países, que buscan soluciones basadas en la democracia, los derechos humanos y la no intervención. Asímismo, hay que presionar al gobierno irakí, en el marco del vigente Acuerdo de Cooperación y Colaboración entre la UE y dicho país (2012), para que acabe con las políticas sectarias que marginan a una parte de la población, combata efectivamente la corrupción, y desarme a las milicias armadas (tanto suníes como chiíes).

 

5.- Acabar con las guerras en Siria e Irak. La solución, como tantas veces hemos expresado, no es la guerra. La guerra europea en Siria no derrotará a ISIS. Lo hemos visto en Irak, en Afganistán, o en Libia. La guerra sólo engendra más guerra. Para combatir al Estado Islámico en Siria e Irak hay que acabar con la guerra (de la que se nutren y en la que se hacen más fuertes, pues las intervenciones militares contribuyen a alimentar la espiral sectaria y favorecen la partición de facto de la región en áreas de influencia). Y acabar con la guerra pasa por una acción europea decidida que se involucre a fondo, cuanto antes, en un diálogo político con todos los actores implicados: Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudí, Irán, Turquía, y el resto de países sumidos en la guerra regional que se libra ahora mismo en Siria. El primer objetivo fundamental es conseguir parar el conflicto, y sus consecuencias para la población civil. Y para ello, también lo hemos expresado, es imprescindible decretar un embargo de armas y municiones a todos los contendientes, acordado y presionado por los países de la Unión Europea junto con el resto de países implicados. Hay que acabar inmediatamente con los bombardeos del régimen contra la población civil (incluyendo los ataques indiscriminados y el uso de armas químicas). Hay que abrir corredores humanitarios seguros para la población civil que huye o retorna a sus casas, y exigir el cese inmediato de cualquier intervención externa sin el respaldo de la ONU. El objetivo inmediato debe ser un gobierno transicional que combine la presencia de elementos del actual régimen con figuras clave de la oposición, abriendo también un proceso de justicia transicional para juzgar los terribles crímenes de guerra de estos pasados años de conflicto. Sin una decidida y firme voluntad de llevar todo ello a cabo, todo lo demás serán palabras mojadas. 

 

6.- Proteger a los refugiados. La insensibilidad con los refugiados que muestra nuestro Viejo Continente es palmaria y manifiesta. Mientras mueren miles de personas en nuestros mares, las autoridades europeas se refieren a ellos/as y los tratan con absoluto desprecio. La senda del pacifismo es, ante todo, una senda humanitaria, una senda de absoluto respeto a la integridad del ser humano y a todos sus derechos fundamentales. Por tanto, nada debería cambiar nuestra mirada sobre el dolor de quienes huyen de la guerra. Los cientos de miles de personas que esperan a las puertas de Europa huyen precisamente de esto mismo: huyen del terror, de la violencia, de los saqueos, de los bombardeos indiscriminados de los bloques en conflicto, del hambre y de la muerte. Huyen de la barbarie, y nosotros, desde Europa, les recibimos con más barbarie. No podemos caer en el error de confundir a las víctimas y a los verdugos, a los culpables y a los inocentes. La peor amenaza que enfrenta a la democracia en Europa es el auge de la xenofobia, del racismo y del fascismo. Por tanto, debemos reaccionar ante esta barbarie, reafirmando nuestro compromiso inquebrantable con la democracia, las libertades y los derechos humanos. 

 

7.- Acabar con las mafias que trafican con personas. El tráfico ilegal de personas ha experimentado un auge desde unos años a esta parte, precisamente alimentado por la barbarie de las guerras y los conflictos armados, por el terrorismo y los éxodos de población. Al albor de todos estos procesos, surgen una serie de organizaciones (que también podemos tildar de terroristas, pues también aterrorizan a las personas con las que trafican) dedicadas a la más execrable actividad de comercializar con los cuerpos y las vidas humanas. Estas organizaciones son las que se aprovechan en primera instancia de la desesperación de miles de personas, que se ven abocadas a un futuro incierto e imprevisible. Las mafias juegan con su esperanza, les venden un futuro mejor, controlan sus vidas, les cobran precios abusivos, y los tratan como absoluta basura, con un total desprecio hacia sus vidas. La mejor manera de asegurar que no entran terroristas en Europa (o en cualquier otra parte del mundo) es precisamente acabar con las mafias que trafican con personas. Por eso, la mejor manera de proteger la seguridad de todos es articular vías de entrada en Europa seguras, fiables y legales. Para ello hay que reabrir la posibilidad de solicitar protección internacional y visados humanitarios en las embajadas y consulados en los países de origen y tránsito, con el objetivo de acabar con la irregularidad en el cruce de fronteras e impulsar la utilización de cauces seguros. Además, hay que atender las necesidades de los refugiados que ya han llegado a los países de Europa y los países colindantes, sobre todo en lo relativo a educación, sanidad, alimentación y empleo. A Europa sólo ha llegado un 6% de las personas refugiadas que huyen de Siria, y atenderlas no es sólo una obligación legal y humanitaria, pues además debemos impedir que resulte una generación perdida que, entre otras cosas, podría ser el caldo de cultivo futuro para nuevos fundamentalismos, y prácticas violentas y terroristas. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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