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14 junio 2017 3 14 /06 /junio /2017 23:00
Contra los Tratados de Libre Comercio (38)

En el fondo el TTIP trata de allanar el camino para que las empresas transnacionales de EEUU campen a sus anchas por los territorios de otros países, otorgando libertad de explotación a los poderosos

José Manuel Naredo

Y en efecto, aunque el asunto del TTIP esté en descanso (volverán a intentarlo en cuanto puedan), el CETA y toda la nueva hornada de Tratados de Libre Comercio obedecen a lo que Naredo indica en nuestra cita de entradilla. Por tanto, se ha ganado una batalla, pero en modo alguno la guerra, de ahí que retomemos esta serie de artículos, en la cual tenemos aún mucho que contar, y no sólo sobre las maldades de los TLC, sino que en la últiima parte de la misma, realizaremos (como ya veníamos avanzando en anteriores entregas) una propuesta de lo que entendemos desde la izquierda transformadora que debe ser un verdadero Tratado por los Pueblos. Bien, de entrada comentaremos los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro país en torno al asunto del CETA (el TTIP canadiense), tanto a nivel político como social. En el plano político, hay que destacar (como la enésima prueba más del comportamiento e intereses de dichos partidos) que en el Congreso, el PP, el PSOE y C's impusieron la tramitación exprés de dicho tratado. Por su parte, el Gobierno de Rajoy sigue pisando el acelerador para garantizar la aprobación en el Congreso del tratado comercial entre la UE y Canadá, con el apoyo de las otras dos fuerzas políticas que le garantizan su sostenimiento. Se dejó para el mismo día la votación sobre la aprobación del CETA y sobre una cuestión previa de (posible) inconstitucionalidad, iniciativa que permitió pedir al Tribunal Constitucional que se pronuncie sobre si el CETA vulnera las disposiciones de nuestra Carta Magna, como denuncian Unidos Podemos y cientos de organizaciones sociales, civiles y sindicales. 

 

Es decir, que primero se votó y aprobó el CETA por parte de la Cámara, y a continuación la Cámara mandó el acuerdo al Alto Tribunal para que éste aclare si vulnera la Constitución. Como vemos, un procedimiento totalmente absurdo, pues lo lógico es que hubiera sido al contrario (es decir, que se votara en pleno únicamente cuando el TC se hubiera pronunciado sobre la constitucionalidad del susodicho tratado). Pero como siempre, las fuerzas políticas autodenominadas "constitucionalistas" tenían mucha prisa por aprobar el tratado comercial. Todo ello sin contar con que la mayoría de los diputados no habían podido aún acceder al contenido de las más de 1.600 páginas donde se recoge el texto final del tratado. A nivel social, es de destacar que el pasado 11 de mayo la Campaña "No al TTIP, CETA y TISA" presentó su Portal de Transparencia, una herramienta mediante la que ofrece información a la ciudadanía sobre los tratados de comercio e inversión que la Unión Europea negocia con terceros países. Su objetivo principal es impulsar la participación ciudadana en las decisiones políticas que comprometen el futuro de la inmensa mayoría social y del planeta. El sitio web http://www.noalttip.org/ceta-al-dia/ recoge un estupendo cronograma sobre lo relativo a este tratado. Asímismo, a comienzos de este mes de junio se dio una gran manifestación a nivel nacional con una masiva afluencia de personas y organizaciones, instando a la negativa a ratificar el tratado. 

 

Y es que el CETA representa, al igual que sus homólogos generacionales, bajo el disfraz de beneficioso tratado comercial, la expresión máxima del capitalismo neoliberal. Como nos recuerda Ekaitz Cancela en este artículo para el medio La Marea, es un tratado rechazado por varias decenas de académicos, que firmaron un documento conjunto en diciembre pasado pidiendo a la UE modificar el contenido del mandato de negociación de los acuerdos comerciales. Thomas Piketty fue incluso más allá, y escribió un artículo para el medio The Guardian argumentando motivos muy explícitos para rechazar el CETA: "Es un tratado que pertenece a otra era. No contiene absolutamente ninguna medida restrictiva en materia fiscal o climática. No obstante, contiene una referencia considerable a la protección de los inversores". Representan la quintaesencia de una globalización brutal y descontrolada, aderezada mediante falaces eslóganes sobre el comercio internacional, la eliminación de barreras, y los engañosos beneficios que supondrían en cuanto a puestos de trabajo. Un discurso que casa muy mal (como tantas veces hemos denunciado) con los tratados sobre el cambio climático que se están forjando, que lógicamente van (o han de ir) en direcciones diametralmente opuestas. La finalidad de esta Unión Europea de los mercaderes es hacer negocios, y en ese sentido no se diferencia mucho de las antiguas y primitivas asociaciones y organizaciones europeas de los años 50 del pasado siglo (Comunidad Europea del Carbón y del Acero, etc.). Ahora se trata de anular todos los límites nacionales y constitucionales, de ahí que los jerifaltes europeos quieran blindar a toda costa la estructura supranacional que han construido, a base de retirar la soberanía a los clásicos Estados-nación europeos. 

 

Jean-Claude Juncker lo ha resumido perfectamente, cuando ha asegurado que ser europeo se basa en "estar abiertos y comerciar con nuestros vecinos, en lugar de ir a la guerra con ellos. Significa ser el mayor bloque comercial del mundo". Hasta en lo de "ir a la guerra" se equivoca el Presidente de la Comisión, pues como ya se definiera hacia varias décadas: "La guerra es la continuación del capitalismo por otras vías". Y no nos dejemos engañar por las retóricas antitratados comerciales de Donald Trump en USA o de Marine Le Pen en Francia, pues en el fondo únicamente buscan aderezar con mensajes efectivos para la clase trabajadora lo que puedan ser unas post-negociaciones con los países firmantes de dichos tratados, en aras a conseguir unas condiciones más beneficiosas para sus empresas. Mucho eslógan vacío, mucha falsa solidaridad con la clase obrera, mucho falso proteccionismo, pero a la hora de la verdad, las condiciones laborales, sociales, ecológicas, sanitarias y ambientales les importan bien poco a estos candidatos de la extrema derecha. Ellos representan mejor que nadie la punta de lanza del ultraliberalismo económico, y por tanto, no pueden permitirse el lujo de abandonar sin más unos tratados comerciales que saben les reportarán inmensos beneficios a sus empresas transnacionales. No son por tanto enemigos de la globalización, simplemente desean una globalización más "a la carta" para sus respectivos agentes económicos, para recuperar una preponderancia como potencias comerciales que ya creen perdida en pleno siglo XXI, bajo el poderío de las potencias emergentes. 

 

En cuanto a Estados Unidos, el objetivo actual de su política comercial, como nos relatan Adoración Guamán y Gabriel Moreno en este artículo para el medio Contexto y Acción, es la expansión del comercio de manera que éste sea más libre y más abierto para los estadounidenses. Todas las acciones comerciales tendrán como objetivo el crecimiento económico y la promoción del empleo en los Estados Unidos (los clásicos mantras a los que siempre recurren) y la protección de las empresas, trabajadores, sectores y mercancías de los Estados Unidos frente a los del resto de países. Y en este sentido, y ahí es donde Trump quiere insistir, se van a primar los acuerdos bilaterales frente a los multilaterales o regionales, resistiéndose frente a los intentos de la OMC (Organización Mundial del Comercio) de debilitar la postura de los Estados Unidos en los diversos tratados multilaterales. Por tanto, la estrategia está bien clara: abandonar los tratados donde USA esté interviniendo, pero no bajo la convencida creencia de que son dañinos para todas las facetas indicadas, sino para volver a negociarlos con cada país (de forma bilateral), con el fin de poder obtener condiciones más ventajosas. En resumen, a eso obedecía (bajo este punto de vista de los TLC) el famoso "America First" del primer discurso presidencial de Trump. Por tanto, el TTIP regresará disfrazado de nuevo acuerdo comercial con nuevos actores, aunque llevará dentro los mismos peligros (o incluso más) que los que ahora han quedado en stand by, esto es, en punto muerto. Por tanto, no nos engañemos: Trump seguirá con el libre comercio sin límites, sin trabas ni cortapisas, incluso de forma potenciada, y continuará el proceso que David Harvey bautizara como "acumulación por desposesión" (desposesión de muchos para enriquecimiento de unos pocos). Todo ello bajo el manto de un discurso nacionalista y neoproteccionista, mientras sus cuentas y sus empresas no dejan de obtener inmensos beneficios. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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