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25 abril 2017 2 25 /04 /abril /2017 23:00
Hacia la superación del franquismo (XX)

La serpiente venenosa del nazi-franquismo logró astutamente mimetizarse disfrazándose de demócratas. Primero se llamaron UCD, luego AP, y por último PP. Hoy son los que dominan el poder político, judicial, económico, militar y religioso del reino de España. En una España donde jamás se aplicó un proceso de desnazificación como sí se llevó a cabo en otros países europeos

Josep Almudéver (último superviviente de las Brigadas Internacionales)

Tenemos una necesidad perentoria de enfrentarnos a nuestros fantasmas, resignificar nuestra historia, nuestras bases como sociedad, todo aquéllo que nos han contado para construir un ideario que pueda servir a los mejores ideales del pueblo, que no son otros que justicia, igualdad y dignidad. Y ello hemos de hacerlo aprendiendo de la historia, sacando del olvido de esa fosa común a la que unos pocos relegaron los más altos valores de la humanidad para reconstruir la patria que nos merecemos. Porque, como dicen desde Voces en Lucha (cuyo artículo de referencia estamos siguiendo en esta exposición): "Algunos se preguntarán por la necesidad de revivir un concepto como el de patria, que en este país ha sido el escudo simbólico bajo el cual se han escondido los peores sentimientos de pertenencia (...). La necesidad de tener Patria viene de la necesidad de contar con una identidad nacional. El contenido de dicha Patria es lo que hay que disputar. Y si no logramos construir esta nueva Patria de forma colectiva, otros lo harán por nosotros. Y si ese concepto de Patria no representa los valores del conjunto mayoritario de la sociedad, de todas y todos nosotros, la fuerza potencialmente trabajadora, ocupada o desempleada, es decir, los de abajo, esa Patria no nos representa". Personalmente prefiero hablar del concepto de "pueblo" en vez del concepto de "patria", pero para el caso que nos ocupa, ambos conceptos se yuxtaponen. Porque como proclamara José Martí, artífice de la liberación de Cuba: "Patria es Humanidad".

 

Y si el franquismo nos arrebató ese ideal de patria, para afrontar una verdadera regeneración democrática lo primero que debemos revisar son los símbolos y los aparatos del Estado que nos conectan con nuestro pasado y presente imperialista, y con nuestro pasado y presente franquista. Y en ese sentido, conseguir eliminar la Monarquía y restaurar la República forma parte de ese saneamiento democrático al que debemos aspirar, pues la Monarquía nos fue impuesta también por el dictador, como parte de su legado. De hecho, el Rey Juan Carlos nunca juró la Constitución, pero sí los Principios Generales del Movimiento, es decir, las estructuras de poder del franquismo. Esa Patria con mayúsculas que represente a la gran mayoría, y no a una minoría enriquecida a costa de todo un pueblo y de otros pueblos hermanos del mundo, hay que construirla. Y sólo se puede construir mediante la transformación social y política de la estructuras de la actual patria, la que representa sólo a esa élite poderosa que nos gobierna. La nueva Patria debe fundarse sobre la superación plena y completa del franquismo, y por tanto, esa Patria sólo se construirá luchando por aquéllos valores de justicia social que devuelvan la dignidad a la Patria que muchos nos atrevemos a soñar, una Patria inclusiva en la que quepan muchas naciones, es decir, un país en el que quepan muchos pueblos, y que genere relaciones pacíficas y de hermandad y fraternidad con otros pueblos del mundo, desde el mismo sentimiento internacionalista que impulsó a llegar y a morir en estas tierras a los Brigadistas Internacionales. En definitiva, una Patria plurinacional. 

 

Debemos abandonar la trasnochada visión uniformizada y excluyente de esa España "Una, Grande y Libre" del franquismo, para transformarla en el Estado Federal Español, nación de naciones, país de pueblos, que fraternal y voluntariamente se unen para seguir compartiendo una historia y unos valores en los que creen. Una Patria de contenido emancipador, que recoja la mejor tradición comunitaria y socialista, adaptándola a nuestro contexto y necesidades históricas. Pero todo ello sólo será posible desde la superación del franquismo, que nos permita ponernos en paz con la historia y con sus protagonistas, y que nos permita pasar página definitivamente de aquélla negra etapa. No se puede hablar de que hemos pasado página cuando, sin ir más lejos, en cualquier país europeo que haya vivido un régimen fascista, no se autorizaría que existiera legalmente una fundación que exaltara y reivindicara sus valores. En España sí. Y menos que se alimentara con fondos públicos. En España sí. Eso sería en otro país, simplemente, un delito. En España no. En nuestro país, en esta patria heredera del franquismo, el esperpento fascista proyecta tan alargada sombra que permite que sigan ocurriendo estas barbaridades. Ya es hora por tanto de poner fin a este modelo de impunidad, y que se conceda a todas las víctimas del franquismo el respeto que merecen, pero teniendo muy claro que la finalidad es consolidar las libertades civiles y los derechos humanos. La superación del franquismo, por tanto, no consiste sólo en declarar solemnemente la condena a toda aquélla etapa, en renegar de ella, en abolir las sentencias de los juicios franquistas, en sacar de las cunetas a tantos asesinados, en derogar la Ley de Amnistía, o en llevar ante los tribunales a los torturadores y altos mandos franquistas aún vivos.

 

La superación del franquismo debe suponer también una revisión a toda la carga sociológica heredera de él, una remoción de los poderes fácticos que aún dominan como en la etapa franquista, y en fin, una profunda transformación política, económica y social de los moldes sobre los que se asienta nuestra actual sociedad, conservadora de gran parte de los puntales sobre los que se asentó el franquismo. Las bases sobre las que debería asentarse esta superación del franquismo podrían ser las siguientes (seguimos a continuación el texto "La impunidad en España y los crímenes franquistas (Manual para neófitos)", a su vez extraídos y resumidos de Equipo Nizkor, Federación Estatal de Foros y FAMYR):

 

1.- El derecho de las víctimas a saber. No se trata solamente del derecho individual que toda víctima, o sus parientes o amistades, tienen a saber qué pasó en tanto que derecho a la verdad. El derecho a saber es también un derecho colectivo que tiene su origen en la historia, para evitar que en el futuro los terribles hechos del pasado se reproduzcan. Es un derecho colectivo a que las instituciones públicas abran toda su información al pueblo, para que éste pueda conocer mediante los canales oficiales los hechos tal cual ocurrieron. Como contrapartida tiene, a cargo del Estado, el "deber de la memoria", a fin de prevenir contra las deformaciones de la historia que tienen por nombre el revisionismo y el negacionismo (es decir, tergiversar o negar los hechos ocurridos). El conocimiento para todo pueblo de la historia de su opresión pertenece a su propio patrimonio cultural, y como tal debe ser preservado. 

 

2.- El derecho de las víctimas a la justicia. Implica que toda víctima tenga la posibilidad de hacer valer sus derechos, beneficiándose de un recurso justo y eficaz, principalmente para conseguir que su opresor sea juzgado, obteniendo la debida reparación. No existe reconciliación justa y perdurable sin que sea aportada una respuesta efectiva a los deseos de justicia. El derecho a la justicia confiere al Estado una serie de obligaciones, que básicamente son: la de investigar las violaciones de los derechos humanos, la de perseguir a sus autores (incluso en el extranjero, rescatando el principio de Justicia Universal), y si su culpabilidad es establecida mediante un tribunal, de asegurar su sanción.

 

3.- El derecho de las víctimas a obtener reparación. Este derecho implica tanto medidas individuales como medidas generales y colectivas. En el plano individual, las víctimas deben beneficiarse de un recurso eficaz. Este derecho comprende los tres tipos de medidas siguientes: medidas de restitución, medidas de indemnización y medidas de readaptación. Y en el plano colectivo, las medidas de sentido carácter simbólico, a título de reparación moral, tales como el reconocimiento público y solemne por parte del Estado de su responsabilidad, las declaraciones oficiales restableciendo a las víctimas su dignidad, las ceremonias conmemorativas, el cambio de denominación a las vías públicas, la abolición de los monumentos que recuerden el genocidio, y la asunción de proteger el derecho y el deber a la memoria. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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