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30 abril 2017 7 30 /04 /abril /2017 23:00
Por la senda del Pacifismo (48)

Sea en Eurasia, en el Magreb, en el Lejano Oriente, en Asia Central u Oriente Medio, el mundo se debate en una serie de conflictos que mantienen al menos a una tercera parte de sus países enfrascados en contiendas bélicas, agresiones, invasiones, apoyos a grupos terroristas y disputas territoriales con el peligro de estallidos violentos. Un mundo que día a día está en pugnas, acompañadas de una lucha ideológica, mediática, donde lo que se presenta para una parte importante de la humanidad, a través de los ojos interesados de Occidente y sus aliados es aquello que obedece a los intereses económicos y políticos de Washington y sus aliados

Pablo Jofré Leal

A estas alturas de la serie, pensamos que nuestros lectores y lectoras tendrán muy claro que el fanatismo no es el camino. No se arregla nada con llamar "locos" a otros que matan inocentes, no se arregla nada bombardeando países de población musulmana, no se arregla nada diciendo que "estamos en guerra", no se puede proclamar a los cuatro vientos que se combate al terrorismo, mientras paralelamente se fabrican y venden armas que aterrorizan a millones de inocentes en todo el mundo. Maite Moraza lo ha expresado fantásticamente en su artículo de referencia: "No es posible acabar con una organización terrorista sin antes reparar injusticias históricas. No se debería acusar a un enemigo de querer imponernos sus ideas, y por nuestra parte impedir escuchar la voz de nuestras víctimas en sus países de origen. Es preciso tener en cuenta sus derechos humanos, no solamente nuestros intereses, para no provocar situaciones similares, sin meter tanto nuestras narices occidentales sabelotodo". Moraza denuncia en este párrafo, al igual que venimos haciendo nosotros durante todo este primer bloque temático dedicado al terrorismo internacional, la tremenda falsedad e hipocresía que existe en los planteamientos de nuestros gobernantes. Se oculta información, se manipulan los hechos, nada se habla del contexto real donde ocurren los hechos, no se recurre a la historia para poner en contexto las situaciones, ni se informa de las verdaderas causas e intereses que se esconden detrás de las guerras y de los ataques terroristas. 

 

Estas falacias se introducen en la mentalidad de las personas, y van creando una predisposición y un caldo de cultivo hacia la aceptación de ciertas políticas que van en detrimento de la paz, o si se quiere, que contribuyen a la guerra. Hay mucha gente que piensa que habría que cerrar mezquitas y todo lugar de culto para musulmanes (en realidad habría que hacerlo únicamente con las que son financiadas desde los grupos wahabitas más fundamentalistas, como ya hemos explicado), y que su religión les "lava el cerebro" para que cometan atentados. Además, una gran parte de la población aprueba los bombardeos de los países occidentales en venganza a los atentados ocurridos aquí, y no se plantean la posibilidad de "daños colaterales" allí. Parece que no hemos aprendido nada desde los atentados a los periodistas satíricos de Charlie Hebdo hace ya más de un año. Más bien, todo demuestra que fue inútil la masiva manifestación, la concentración de líderes internacionales, las condenas masivas desde todas partes del mundo, etc. Si el discurso no es pacifista, y además se corresponde con las decisiones y medidas futuras que se acometan, el problema del terrorismo persistirá. Y cuando además obligamos a la población (como ha ocurrido en la escuela francesa, según relata Maite Moraza) a manifestarse en la dirección de las opiniones oficialistas, ya estamos entrando en un Estado totalitario. La autora del artículo nos ofrece algunos ejemplos significativos que vamos a rescatar. 

 

Así, la escuela francesa, laica por ley, donde se supone que todo signo religioso y político está prohibido, y no se permite ir al colegio con un "peligroso" velo en la cabeza, participó esos días (se refiere a las jornadas posteriores al atentado), dirigida por intereses políticos, en la promoción de la islamofobia y el racismo en las aulas. Por tanto, no fueron respetadas todas las sensibilidades e ideologías, la fraternidad entre el alumnado se vio comprometida, y se acusó explícitamente a todo un colectivo de una manera muy generalizada. El control fue tal, que los niños y niñas que se negaron a estos actos fueron conducidos directamente a la Comisaría. En Niza un niño de 8 años fue retenido durante 30 minutos por "apología de acto terrorista" (¿se imaginan los lectores y lectoras padres y madres que lo hicieran con alguno de nuestros hijos o hijas?). El niño en cuestión se negó a guardar un minuto de silencio y a participar en la ronda de solidaridad en su colegio. En un pequeño pueblo de los Alpes Marítimos una niña de 10 años fue llevada a Comisaría porque al final de una redacción escolar se solidarizaba con los autores del atentado. Y en Aisne un niño de 9 años también fue conducido a Comisaría por gritar en el minuto de silencio "Dios es grande". Por su parte, tampoco a los profesores se les permitió expresarse libremente. Un profesor de filosofía, acostumbrado a debatir con sus alumnos después de proponer un tema y votarlo en clase, ese día su gran delito fue intentar reflexionar con su alumnado sobre temas como la justicia, la libertad de expresión, el racismo, los orígenes del terrorismo, etc. Pues por ello, dicho profesor fue sancionado por los Inspectores de Educación Nacional con cuatro meses de suspensión por ser "sospechoso de apología del terrorismo". Después de dicho período de suspensión, lo enviaron a dar clases a otro Instituto, a ochenta kilómetros del anterior. 

 

Así está el patio en nuestro vecino país galo, a ese nivel de manipulación, de censura y de alienación llega el tema. Y en el nuestro seguramente pasarían cosas parecidas, al menos mientras continuara en el Gobierno el Partido Popular (incluso el PSOE). Ya sabemos que existe cierto Pacto Antiyihadista al que se suscribieron la inmensa mayoría de las fuerzas políticas, y que por supuesto, ni estudia,  ni cuestiona ni se posiciona críticamente sobre estas cuestiones, sino que reproduce a pies juntillas todos los clásicos y aberrantes planteamientos que ya venimos denunciando en esta serie de artículos. Parece que tenemos que adscribirnos sin fisuras a la leyenda de los buenos y los malos, pero sin embargo, criticar la hipócrita política de un Estado, recordar la existencia de otras víctimas diferentes a las nuestras, denunciar los verdaderos motivos de las guerras y los ataques terroristas, y movilizarse por los derechos humanos de todos, es motivo de ser acusado de incitación al odio y al terrorismo. La conclusión está bien clara: hoy día, en pleno siglo XXI, la libertad de expresión está a merced de determinados intereses polìticos. No se fomenta la capacidad analítica, crítica y reflexiva. El mensaje por parte de las Instituciones es rotundo: o nos alineamos con el pensamiento dominante, o seremos acusados de complicidad, de apología o de enaltecimiento del terrorismo. Y queremos insistir en que no: que ese no es el camino, que existen otras vías, que hay otras interpretaciones, otras leyendas, otras explicaciones, otros intereses, y otros motivos que explican la escalada bélica y terrorista que estamos sufriendo. 

 

Pero los poderes fácticos y las élites dominantes no están dispuestas a que ese mensaje se escuche, a que esas explicaciones se difundan, e intentan acallarlas al precio que sea. Bien lo deja sentenciado Maite Moraza cuando afirma: "Como madre sueño con una escuela que enseñe de verdad el respeto, la justicia y la fraternidad real entre los pueblos. Una escuela que permita a mis hijos discernir el bien del mal, y que les prepare para que en el futuro no permitan gobernar a quienes promueven políticas que nos lleven a la guerra, invasión, colonización de pueblos, y a la muerte de inocentes dentro o fuera de nuestros territorios". Lo que ocurre es que, como venimos demostrando, formar para todo ello requiere enfrentarse duramente con los postulados del pensamiento de las élites poderosas que nos gobiernan, requiere sacar a la luz muchos espúreos intereses, y requiere una reflexión clara, profunda y serena sobre los valores del pacifismo, y nuestra sociedad (y nuestra escuela, como un fiel reflejo de ella) no está preparada para todo ello. No sólo en los países árabes existe déficit de libertad de expresión, violación de derechos humanos, desigualdades de género, leyes antiterroristas establecidas con el pretexto de combatir amenazas externas, etc. También en nuestros países occidentales son cada vez más evidentes las desigualdades sociales, y la falta de libertades públicas, así como el incumplimiento de los derechos humanos. Y la educación es cómplice de todo ello, porque adoctrina a los escolares desde pequeños para impedirles luego comprender en toda su dimensión, adoptar una actitud crítica y manifestarse en contra de las invasiones y las guerras de todo el mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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