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13 junio 2017 2 13 /06 /junio /2017 23:00
Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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Fueron los franquistas y la oposición más conservadora quienes condujeron el proceso de llegada de la democracia y, bajo la amenaza de la reversión a tiempos armados, impusieron el silencio y el olvido

Carles Senso

A estas alturas de la serie, mis lectores/as, creo, tendrán absolutamente claro que a día de hoy, nuestra sociedad aún no ha superado definitivamente ni la Guerra Civil, ni la posterior dictadura derivada del sangriento y represor régimen franquista. Es una asignatura pendiente. Y tal como indica Santiago Vega en su trabajo de documentación (cuya lectura completa recomiendo), que seguiremos en los siguientes párrafos: "Al utilizar la eterna justificación de no "desenterrar viejas heridas", se demuestra que las heridas no están curadas, simplemente están cubiertas por el silencio y el olvido que impuso la transición como contribución necesaria en aras a la "reconciliación nacional". Continúan existiendo trabas institucionales, pues aún quedan muchos archivos donde las facilidades para la investigación, dependen de las personas que los dirigen. Se palpa aún cierto miedo en determinados sectores a que se divulgue la historia, la verdadera historia, sin manipulaciones ni sesgos interesados. La derecha política, social y mediática esgrime que investigar ciertos aspectos de la Guerra Civil y del franquismo es revanchismo, o se hace con un fin vengativo, o de enfrentamiento para la sociedad. Y para contribuir debidamente a un estudio más o menos completo sobre la represión franquista, se precisa además de la consulta de fuentes escritas (registros civiles, cementerios, archivos de los juzgados, etc.), el trabajo de campo por medio de entrevistas a los afectados directos de la represión o a sus familiares, amigos, compañeros, vecinos...de los represaliados, que ayuden a componer los hechos. 

 

La desaparición de muchas víctimas de un modo tan brutal como cruel cayó como una losa sobre sus familiares y descendientes. En numerosos casos, el trauma fue tan fuerte que no se volvió a hablar de ello nunca más. Hay personas que ni siquiera han hablado en el ámbito íntimo familiar de aquéllas vivencias de la guerra y la represión consiguiente. De hecho, los investigadores han conversado con algunos nietos que aún no saben de qué, ni cómo, ni por qué murieron sus abuelos. Evidentemente, la completa superación del franquismo exige ir cambiando poco a poco este contexto, pero ello no se conseguirá hasta que las propias instituciones ofrezcan las debidas garantías de verdad, justicia y reparación, para poder crear el adecuado clima de confianza, recuerdo y respeto hacia los muertos y represaliados. Santiago Vega apunta también a un detalle importante: a la mayoría de familiares de las víctimas, que eran católicos practicantes, los hechos vividos les crearon problemas de conciencia y de fe, pues veían con asombro cómo sus familiares y seres más queridos eran ejecutados por los defensores de un orden y unos valores que eran también apoyados por la Iglesia. La misma Iglesia que hablaba de amor al prójimo negaba ayuda a los condenados, no intercedía para conseguir los indultos, o se limitaba a ofrecerles la confesión y comunión antes de la ejecución. Muchos familiares dieron la espalda a la Iglesia, que como ya hemos relatado en entregas anteriores, fue una de las principales cómplices del régimen genocida de Franco. 

 

La rabia es otro sentimiento generalizado entre los familiares de las víctiimas. En muchos casos han permanecido viviendo en la misma localidad, siendo incluso vecinos, los verdugos junto a las viudas, hermanos o hijos de los ejecutados. Este hecho ha agravado el sufrimiento y el sentimiento de odio. Han tenido que coincidir en el bar, en la Iglesia, en la tienda, en el Ayuntamiento, etc. Han tenido que cruzarse por la calle. Ello no crea precisamente el mejor clima para la superación de una situación tan profundamente enquistada. En los casos de fusilamiento, la eliminación física del adversario, el peso de la propaganda institucional franquista y la educación nacionalcatólica dirigida durante cuatro décadas de dictadura, crearon otro sentimiento en algunos familiares, concretamente el de avergonzarse de sus padres o abuelos, que fueron ejecutados por "estar confundidos", o bien "por no ser buenos españoles". El hijo de un fusilado decía que si habían matado a su padre "sería por algo". Estas consecuencias psicológicas de la represión, de tan hondo calado social, moral y espiritual, aún no se han superado del todo, porque tras el silencio obligado de la dictadura, vino la frustración por el silencio obligado por los artífices de la transición. Desde las instituciones de la naciente "democracia", nunca se hizo nada por restaurar el recuerdo de las víctimas, de modo que los familiares se vieron otra vez represaliados, no pudiendo dar salida a esos sentimientos durante tanto tiempo reprimidos. La manipulación mental, política e intelectual ha llegado incluso a asociar, para muchos ancianos que vivieron el período, la República con un sistema peligroso, ya que "trajo la guerra". 

 

Como vemos, la represión franquista y sus efectos fueron absolutamente aniquiladores desde todos los puntos de vista. Un completo sistema de ataque por todos los frentes (moral, polìtico, social, económico, espiritual, etc.) dejó a la población del bando perdedor completamente desahuciada, derrotada, reprimida. Pero lo más triste de todo es la constatación de que, a más de 40 años de la muerte física del dictador, aún no se contribuye a restañar las viejas heridas cuya terapéutica tiene necesariamente que comenzar por restituir la verdad histórica al pueblo español, cuyo pasado ha de conocer sin manipulaciones ni tabúes. Con las excusas que ya hemos comentado, se ha querido precisamente enterrar este tema para no investigar responsabilidades, ni para tan siquiera restaurar el recuerdo de las víctimas, su derecho a saber la verdad, a recuperar su dignidad, a obtener justicia, a reclamar una reparación. Desde la Transición (de la que hablaremos más profundamente en próximas entregas) no se han hecho los merecidos homenajes a los españoles que murieron por defender la legalidad republicana contra la sublevación militar. Ni siquiera se ha realizado un reconocimiento oficial de las víctimas de la represión franquista. En muchas Iglesias permanecen las placas con los nombres de los "Caídos por Dios y por la Patria", ignorando vergonzosamente a los otros muertos que también eran españoles. Y otro detalle que denota claramente (ya citado en anteriores entregas) la no superación positiva del franquismo es que en la actualidad todavía permanezcan las placas de numerosas calles y plazas alusivas a personajes o instituciones de los golpistas, o de los colaboradores de la dictadura. 

 

Después de la muerte de Franco, se cerró la puerta en falso, queriendo dejarlo todo en el olvido. Queriendo que un velo tapara la historia. Queriendo que todo siguiera igual, aunque algunas cosas superficiales cambiaran. Queriendo que continuaran mandando los de siempre. Queriendo no tocar nada sobre lo fundamental. Se impuso la lectura e interpretación oficial de que en toda contienda se cometen crueldades en ambos bandos, para que los herederos políticos de los contendientes no se echaran en cara los asesinatos unos a otros. Pero los pactos de silencio no funcionan. Tarde o temprano se destruyen, porque la Verdad no puede estar mucho tiempo sumergida. La Verdad es un ser rabioso que pugna por sobrevivir, por ser conocida, por salir a la superficie. La consigna oficial continúa siendo "no desenterrar viejas heridas" para no herir sensibilidades, especialmente las del Ejército (al cual nos dedicaremos también en esta serie de artículos), que todavía en 1975 (año de la muerte del dictador) era en gran parte simpatizante, cuando no militante, del franquismo. Entre sus mandos, aún entonces en activo, había un gran número de excombatientes del ejército vencedor de la Guerra Civil. Y así, el Ejército post-franquista no fue renovado ni actualizado, ni siquiera fue aleccionado para comprender los nuevos tiempos que se avecinaban. Y de todo este post-franquismo sociológico se explican y derivan todas las asignaturas pendientes que aún no hemos superado. Es como si aún existiera todo un caldo de cultivo en una parte de nuestra sociedad que justifica, comprende y legitima el franquismo, es como si quedaran aún los rescoldos de aquél fuego abrasador, de aquél fantasma que nos reprimió y nos sumió en la oscuridad durante cuatro décadas. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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