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17 mayo 2017 3 17 /05 /mayo /2017 23:00
La transmisión del pensamiento dominante (62)

El uso manipulador del lenguaje es tan antiguo como el dominio de unos seres humanos sobre otros. Todos los dominadores, magos, religiosos, políticos, económicos, intelectuales, etc., utilizaron las palabras para confundir, aterrorizar, ocultar y mantener la ignorancia sobre las verdaderas relaciones de dominio y explotación. De ahí la necesidad de desarrollar un pensamiento crítico, independiente

Vicente Romano (“La intoxicación lingüística”)

En la última entrega de esta serie ya adelantamos la patética razón para la elección del 3% como el valor al cual las autoridades de la UE obligan a los Estados miembro a reducir su déficit público. Nos lo explicaba el economista Juan Torres en este artículo, que estamos tomando como referencia, donde aseguraba que dicho criterio fue una invención de un funcionario francés, Guy Abelle, cuando su jefe le pidió alguna norma para que el Presidente Mitterrand pudiera frenar las demandas de más presupuesto que le hacían sus Ministros. De esta forma, algo absolutamente ridículo y creado para la ocasión con tal de justificar dicha decisión, hoy día se establece como una norma de obligado cumplimiento para esta fanática organización supranacional, este selecto "club" en que se ha convertido la Unión Europea neoliberal. Tal y como reconoció Abelle años después, el 1% o el 2% le parecía demasiado poco, mientras que "...el tres es una figura sólida que tiene detrás de él precedentes ilustres (...), un amplio eco en la memoria común: las tres Gracias, la Trinidad, los tres días de la Resurrección, los tres órdenes de la Alquimia, la Tríada hegeliana, las tres edades de Augusto Compte, los tres colores fundamentales, el acuerdo perfecto...la lista es infinita". Completamente ridículo. Pues aunque pueda parecer mentira, esa y no otra es la teoría o la "ciencia" económica que se esconde detrás de dicha decisión. Todo un engaño, que hasta el que fuera Presidente del Instituto Monetario Europeo, Alexandre Lamfalussy, reconoció sin tapujos: "Los gobernadores son gente demasiado honesta y que saben que los criterios son arbitrarios. Yo jamás habría aceptado cifras de este género". 

 

De esta forma, podemos concluir que el criterio del 3% de reducción del déficit público para todas las economías de los países de la Eurozona es una arbitrariedad, una farsa, pero además, algo completamente inútil para lo que aseguraban que iba a servir, es decir, para reducir la deuda. De hecho, como nos aporta Juan Torres, cuando esta cifra comenzó a utilizarse como criterio de obligado cumplimiento para todos los países, la deuda era aproximadamente de un 55% del PIB como media de los países europeos, y ahora, después de años de estricta aplicación, dicha media supera el 90%. El fracaso por tanto es rotundo. La falacia es total. La manipulación es absoluta. Y mientras, millones de vidas de personas, de hombres y mujeres europeos y europeas, se han quedado por el camino. Porque dicha absurda cifra les ha servido para destrozar millones de vidas humanas, para condenarlas a la precariedad, a la miseria y a la pobreza, mientras los beneficios de los más poderosos crecían sin cesar. La explicación está bien clara: dicha cifra ha sido sólo un recurso de los dirigentes europeos para disciplinar y someter a los Gobiernos (que a su vez lo han hecho sobre el conjunto de la población) y para anular su capacidad de maniobra, dirigiendo la economía de todos los países hacia los fanáticos postulados del neoliberalismo. Tomemos este dato como referencia, porque es un estupendo botón de muestra para comprender cómo funciona el pensamiento dominante. Esta es una buena prueba de su auténtica naturaleza: maléfico, absurdo, manipulador, sesgado, interesado, alienante, perverso, inútil. Hemos de huir de él como de la peste. Rompamos pues lanzas en pro del pensamiento alternativo, útil, liberador. Nunca me cansaré de recomendar esto. 

 

Pero si nos asusta esta tarea de desbancar al pensamiento dominante, o si la creemos utópica, pensemos por ejemplo en magníficas obras literarias que han demostrado lo contrario. Se me viene a la memoria como ejemplo la fantástica obra "Doce hombres sin piedad", de Reginald Rose, que fue llevada al teatro, y luego al cine protagonizada por auténticos pesos pesados de la escena (el papel principal para Henry Fonda), e incluso tenemos una versión a la española dentro de la serie dramática "Estudio 1" de TVE, emitida durante los años 70. Pues bien, en esta estupenda obra, como recordarán los lectores y lectoras que la conozcan, se expone cómo un solo hombre de un jurado popular consiguió convencer al resto (los que representaban al pensamiento dominante para el caso de asesinato que se juzgaba), haciéndoles razonar, enfrentarse a los hechos sin prejuicios y sin complejos, e inoculando en ellos la semilla de la duda razonable sobre la supuesta culpabilidad del joven procesado. Esta obra, junto con otras muchas, nos demuestra que sí se puede, que es posible vencer al pensamiento dominante, que es posible eliminar de las mentes y de las actitudes humanas la lacra del pensamiento único, y sacar a relucir sus falacias y sus mentiras, poniéndolo en evidencia. Es posible por tanto desenmascararlo y liberarnos de su dogal. Y puede que nos desanime el hecho de pensar que nosotros solos (cada uno de nosotros) no vamos a conseguir nada, que esto es tarea de todos, y que aún estamos a años luz de conseguir ganar la batalla al pensamiento dominante. 

 

Pero quizá precisamente el mayor reto que el pensamiento crítico tiene para poder desbancar al pensamiento dominante es erradicar la propia actitud conservadora de nuestra mente, que tiende a infravalorar todo aquéllo que no se conoce, que se ignora, que nos parece distinto a lo usual, que se enfrenta a lo establecido. Pensemos por un momento, y nos daremos cuenta de que todo lo que no conviene a los intereses del pensamiento dominante, o no gusta o no se entiende se etiqueta como "extremista" o "radical", que ya se han establecido en el lenguaje dominante como típicos adjetivos fetiche que el pensamiento dominante asigna sin más a todas las ideas o conceptos alternativos que se le enfrentan, o que ponen en entredicho sus bases conceptuales. Y así, se consideran "radicales" otros enfoques del trabajo humano que no sean los convencionales, se considera radical el reparto equitativo de la riqueza, se considera radical el proporcionar una renta básica universal, se considera radical oponerse al pago de la deuda insostenible, se considera radical aspirar a una sociedad laica, se considera radical aspirar a la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, o se considera "buenista" (ingenuo) aspirar a la paz mundial, entre otros muchos ejemplos que podemos exponer. Las élites poderosas y las clases dominantes son las responsables de adscribir estos adjetivos a dichas propuestas, porque en el fondo sienten un miedo atroz a que los buenos ejemplos del pensamiento alternativo culminen con éxito, e ilustren a la humanidad otras formas posibles de ver el mundo, de entender la política, de analizar la realidad que nos rodea.

 

El pensamiento dominante pretende impedir a toda costa que se instauren dichas medidas, y la mejor forma de hacerlo es abortando lo más rápido posible cualquier intento de transformar el mundo para liberarlo del dogal de las ideas dominantes, y demostrar así que otras formas de vivir, de consumir, de gobernar, de repartir, de participar, son posibles. Pero lo cierto es que no lo conseguirán jamás, aunque intenten por todos los medios impedir por la fuerza la expresión y la difusión del pensamiento alternativo. De hecho, durante siglos las clases dominantes han oprimido al resto con el fin de asegurar sus privilegios, y su arma más poderosa, el pensamiento dominante, ha sido también su más fiel aliado entre los oprimidos. El pensador francés Simone de Beauvoir ya lo expresó de esta forma: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos". ¿Y cómo conseguirlo? Inoculando en ellos la atávica fuerza de la creencia, el inmenso poder de un pensamiento, de un conjunto de ideas, que se implanten de forma subliminal pero inteligente, y que aseguren la dominación de una parte de la sociedad. Erich Fromm, un gran pensador al que ya hemos recurrido en entregas anteriores de esta serie, lo dejó expresado con gran claridad: "Un análisis de la sociedad histórica, con cinco o seis mil años de explotación de la mayoría por una minoría gobernante, revela con toda claridad que la psicología de dominancia y sumisión es una adaptación al orden social basado en el poder ejercido por una élite (...). Es, claro está, muy cómodo creer que la estructura social sea resultado de una necesidad innata del hombre y por ende natural e inevitable. La sociedad igualitaria de los primitivos demuestra que no es así". Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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