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24 mayo 2017 3 24 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

No nos dominarán por la fuerza, sino por la ignorancia

Simón Bolívar

A estas alturas de la presente serie de artículos, que ya estamos finalizando, creo que tendrán claro todos mis lectores y lectoras la importancia del desarrollo y expansión del pensamiento crítico por todos los medios posibles. Como venimos demostrando, hoy día se han extendido un conjunto de banalidades propias de un pensamiento único, sumiso y aberrante, que supone la plena aceptación y apología de todo lo existente. El pensamiento dominante es la mejor arma, y así lo hemos expuesto en multitud de aspectos, para controlar la mente y la vida de miles de millones de personas, repartidas en un mundo cada vez más despiadado, salvaje y caótico. Bajo ese prisma, el pensamiento dominante nos presenta al sistema capitalista como el vencedor indiscutible de la historia. Se nos intenta convencer de que dicho sistema es el "menos malo" de los existentes, y se nos presenta una visión histórica manipulada donde las posibles alternativas han fracasado estrepitosamente. Tildan a dichas alternativas como "el pasado", y al capitalismo como "el presente". Hacen loas al libre mercado, al liberalismo económico, a la iniciativa privada y al desprecio de lo público. Se presenta al capitalismo como el mejor de los mundos posibles, una realidad insustituible, sin concebir otras formas de organización social. Para que todo ello quede perfectamente enmarcado, se manipula la historia de forma descarada, para que el presente no se aparezca como una pesadilla que tenemos que soportar, sino como la única organización posible y el único sistema que funciona. 

 

Desde ese punto de vista, se impone la amnesia y el olvido para que aceptemos que el capitalismo siempre ha existido y siempre existirá, porque no es posible concebir otro mundo que funcione bajo otras reglas. Pero el conocimiento histórico nos ayuda a entender que el presente actualmente existente no es más que el resultado de la interacción de determinadas fuerzas, que a partir de cierto momento histórico impusieron su forma de entender las relaciones sociales. Y ello se hizo, en muchas ocasiones, desde la violencia y la irracionalidad. Aún hoy se continúa practicando en muchos países que intentan explorar otras vías que puedan representar una amenaza para el pensamiento dominante. Y como hemos explicado en anteriores entregas, el pensamiento crítico ha de ser radical, ya que para denunciar la injusticia y la desigualdad imperantes hay que llegar al fondo mismo de los problemas, esto es, a su raíz. La radicalidad así entendida no es ningún defecto, sino todo lo contrario, la garantía no sólo de que hacemos un correcto diagnóstico, sino de que también podemos plantear las oportunas soluciones. Un pensamiento radical debe huir de las apariencias, hurgar hasta el fondo en las motivaciones y causas de los problemas, y denunciar los mecanismos que mantienen la dominación, la explotación y la opresión. El pensamiento crítico ha de denunciar las falacias lingüísticas utilizadas por la clase dominante, llamando a las cosas por su nombre, recuperando la utilización correcta e idónea de los conceptos y de las ideas, y expresando sus consecuencias y trasfondos. 

 

El pensamiento crítico debe partir también de la base del anticapitalismo, es decir, de un enfrentamiento de base con respecto a los postulados del sistema económico imperante, injusto y depredador por naturaleza. Deben denunciarse las falacias del sistema capitalista, sus continuas crisis, sus bases en la desigualdad y en la ausencia de redistribución de la riqueza, y su obsesión por el mercado y el consumismo. Hay que denunciar la lógica mercantilista sobre todas las necesidades y derechos humanos, y su voracidad basada en el lucro y en el crecimiento ilimitado, todo lo cual trastoca los límites reales de nuestro entorno físico, es decir, nuestro planeta. El pensamiento crítico es a su vez un pensamiento abierto, que huya de los dogmas, que se base en las diversas tradiciones revolucionarias, así como en el conjunto de las artes y de las ciencias. El pensamiento crítico es renovador, adaptador, no acepta sin más los postulados de un sistema concreto, por muy perfecto o evolucionado que pueda parecer, sino que se enriquece constantemente con las corrientes de pensamiento complementarias que vayan pudiendo aportar sus puntos de vista a las corrientes clásicas. Por ello, aunque pueda partir de la base del marxismo, no debe limitarse a él, sino que debe también sumergirse en el anarquismo, el ecologismo, el pacifismo, el feminismo, el indigenismo y todo lo que ayude al propósito de reconstruir los elementos para la lucha contra el capitalismo y el imperialismo. El pensamiento alternativo también debe cuestionar ciertos preceptos que se han aceptado como mantras indiscutibles por la sociedad capitalista, tales como "crecimiento", "progreso", "bienestar", "modernidad", etc. Debe aportar otras visiones distintas sobre la idea de producción, de consumo, de reparto, de redistribución, de reciclaje, de remoción, etc. 

 

Debe tomar como meta alcanzable, como utopía posible los preceptos del buen vivir, replanteando todo el conjunto de relaciones entre una sociedad local, y entre ella y el resto de sociedades, cultivando nuevas formas de relación con las personas, los pueblos, los países, los animales y la naturaleza. Debe poner como objetivo indispensable la lucha contra el cambio climático y la destrucción de los ecosistemas, pues son ellos los que nos permiten la vida sobre este planeta. El pensamiento alternativo también debe ser, lo hemos dicho, ecologista y antipatriarcal. Debe cuestionarse las intrincadas relaciones que han mantenido modelos de relación entre hombres y mujeres, y sus roles ante la actividad humana. Hay que denunciar no sólo el conflicto capital-trabajo clásico del pensamiento de izquierdas, sino también el conflicto del patriarcado, y el conflicto capital-planeta, si queremos plantear soluciones globales a los tremendos problemas civilizatorios que padecemos. Hay que replantearse sistemas de gobernanza global más democráticos, para inclinar la balanza de la globalización hacia la verdadera globalización de los derechos humanos, de los animales y de la naturaleza. Hay que proceder a un profundo discurso ético sobre los límites y los efectos de la imparable robotización, para ponderar sus implicaciones sobre todas las actividades humanas, sin perder el horizonte de sociedades justas y avanzadas. Asímismo, el pensamiento crítico que se enfrente a los dogmas del pensamiento dominante debe ser nacionalista e internacionalista a un tiempo. Hay que denunciar el falso dilema planteado por la globalización neoliberal, que demoniza todo lo relacionado con lo nacional, y lo identifica como propio del atraso y de la barbarie. 

 

Y como nos argumenta Renán Vega Cantor en este breve documento: "Esto lo han hecho con la finalidad de justificar la entrega de la soberanía de los países y el regalo de los bienes comunes que se encuentran en sus territorios, todo a nombre de una pretendida modernización global". Por tanto, se debe denunciar esta falacia, y abogar no por el trasnochado patriotismo barato de bandera y pulsera, propio de la retrógrada mentalidad de los poderosos que han aplastado a los más vulnerables bajo la razón de la patria. Debemos apostar entonces por un nacionalismo abierto, cosmopolita y basado en las personas, tomando la famosa máxima de José Martí: "Patria es Humanidad". Esto se traduce en que aunque estemos asentados en un territorio, y nos identifiquemos como un pueblo, para comprender mejor el mundo hemos de relacionarnos de forma más adecuada con otros pueblos, países y territorios, y no creernos ni mejores ni peores que ellos. Ese enfoque está en plena sintonía para poder solidarizarnos y compartir las luchas de los oprimidos del mundo entero, y en ese sentido tenemos que entender el internacionalismo. Y abundando en ello, el pensamiento alternativo es por definición un pensamiento anticolonialista y antiimperialista. La siempre latente colonización, agenciada por las clases dominantes para mantener y extender sus privilegios, ha sido la responsable de la exclusión, la discriminación y la explotación de indígenas, afrodescendientes y mestizos pobres por todo el mundo, desde hace siglos. Aún hoy día se mantiene. Por último, el pensamiento crítico y alternativo debe conjugar los postulados teóricos con la actitud comprometida, valiente y decidida para cambiar el mundo. Un pensamiento que ha de devenir en praxis concreta y transformadora, para cambiar la realidad social de nuestro mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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