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14 mayo 2017 7 14 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Alex Falcó

Viñeta: Alex Falcó

Estados Unidos y la Unión Europea, con la inestimable ayuda y respaldo de la OTAN, se han vuelto expertos en desencadenar nuevos tipos de contiendas; instigan y provocan lo que se vienen llamando revoluciones populares, claro está, en países perfectamente escogidos para sus propios intereses, y con dicha justificación, se lanzan a la conquista del universo, como patrocinadores (encima) de los derechos humanos

José Luis Vázquez Domènech

Y es que el nuevo peligro mundial, en cuanto a las guerras y el terrorismo se refiere, se llama Donald J. Trump. Ya escribimos sobre él en este artículo y en este otro artículo de nuestro Blog, a los cuales remito a los/as lectores/as interesados/as. Y es que aún habiendo proclamado hasta la saciedad en sus mítines de campaña electoral de hace pocos meses que desarrollaría un plan de amistad con Rusia y que intentaría sofocar los focos actuales en conflicto, lo cierto es que ha irrumpido en la Casa Blanca como elefante en cacharrería, reproduciendo de forma amplificada los belicosos comportamientos de todos sus precedesores. Recomendamos en primer lugar a continuación los planteamientos de Jorge Majfud en este artículo para el medio Rebelion.org, donde se cuestiona la pregunta fundamental que deja al descubierto la hipocresía de este personaje: ¿De verdad quiere usted salvar vidas humanas? El artículo se centra sobre los bombardeos en Mosul y sobre la base aérea de Siria, después de que se conociera la noticia de que el régimen de Siria (hecho que aún no ha sido demostrado) había atacado a su población con armas químicas. Enseguida salió la vena policial y vengativa estadounidense, esa que se empeña en enseñar al mundo cómo hay que hacer las cosas, y quién es el líder y el gendarme mundial. Ese líder mundial es Donald Trump al frente de la criminal Administración norteamericana, empeñado en inundar al mundo de petróleo, aunque se incendie todo el planeta, como denuncia Michael T. Klare en este artículo para el medio TomDispatch traducido por Carlos Riba García para el medio Rebelion

 

La nostalgia de Donald Trump por las energías contaminantes nos lleva directamente al camino del infierno, algo propio de una Administración gobernada por generales y multimillonarios. ¡Menos mal que había personas que consideraban a Donald Trump un antisistema! ¡Menudo antisistema! En la introducción a dicho artículo, Tom Engelhardt ponía algunos ejemplos de los elegidos por Trump para su nueva Administración, y sus respectivos planes para demoler el sistema: "Betsy Devos, la favorecida por el presidente electo para la secretaría de Educación, quiere hacer pedazos la educación pública; Tom Price, el futuro secretario de Salud y Servicios Humanos, está impaciente por desmantelar el Obamacare y el Medicare; Scott Pruitt, que ha sido propuesto para dirigir la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), parece desear el despedazamiento total de esa Agencia; y el candidato a la nueva secretaría de "Trabajo" (es verdad que esto hay que ponerlo entre comillas), el CEO de la comida rápida Andy Puzder, está contra el aumento del salario mínimo y piensa que la automatización del puesto de trabajo es una ventaja total, ya que las máquinas no se toman vacaciones y nunca llegan tarde". Como vemos, una Administración absolutamente peligrosa y agresiva hacia los derechos fundamentales tanto de los humanos como de la naturaleza, la cual ni está ni se le espera, lógicamente, para los asuntos del pacifismo, sino todo lo contrario. ¿Están los estadounidenses en guerra? ¿Está la Administración Trump en guerra? Ciertamente. Lo están contra contra los trabajadores, y contra el medio ambiente, y contra los refugiados...en definitiva, están en guerra contra todo el planeta. 

 

De hecho, el lingüista y filósofo Noam Chomsky, uno de los sabios mundiales de mayor prestigio, ha definido al Partido Republicano estadounidense como "la organización más peligrosa de la historia de la humanidad", y pensamos que no exagera ni un ápice. Entre otras salvajadas y barbaridades, Donald Trump ha declarado que quiere volver a los tiempos en los que "Estados Unidos ganaba guerras". Y mientras exhorta al resto de países a tratar a USA con respeto, él insulta y menosprecia en cada declaración al país que se le antoje en cada momento. La pesadilla planetaria está por venir, y está asegurada mientras lideren el mundo personajes como Donald Trump. Su política energética es poco más que una lista de deseos formulada por las mayores empresas de explotación de combustibles fósiles. Acaba de autorizar el seguimiento de la construcción del oleoducto que destruirá las tierras sagradas de los nativos Sioux, en el Estado de Dakota del Norte (Keystone XL y Dakota Access). De hecho, muchas de sus propuestas simplemente han sido extraídas directamente de las conversaciones con los más altos directivos de la industria de la energía y sus pródigamente financiados aliados en el Congreso. ¿Tendrá todo esto algo que ver con el pacifismo? ¿O acaso no llevamos argumentando durante toda esta serie de artículos que uno de los oscuros argumentos motivacionales para las guerras es la explotación de los recursos naturales de los diferentes países atacados e invadidos? ¿Tendrá la política energética entonces algo que ver con los conflictos armados? Muy ignorante o ingenuo hay que ser para no contemplar esta razón. 

 

Quizá la devastación mundial venga incluso antes que la deflagración provocada por cualquier arma nuclear, ya que la política del magnate estadounidense, en vez de reducirlo, favorecerá los efectos del cambio climático. Retomamos las palabras de Michael T. Klare en su artículo de referencia: "Si todas las propuestas de Trump resultan aprobadas, se disparará la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) de Estados Unidos, dando fin así a la disminución lograda en los últimos años e incrementando la velocidad del cambio climático global. Dado que otros importantes emisores de GEI, sobre todo India y China, se sentirán menos obligados a cumplir los compromisos asumidos en París si Estados Unidos no los respeta, lo más probable es que el calentamiento global aumente más allá de los 2º C por encima de los niveles de la era preindustrial que los científicos consideran que es lo máximo que el planeta es capaz de absorber sin que haya catastróficas consecuencias. Y si, tal como prometió, Trump revoca también todo un conjunto de regulaciones medioambientales y desmantela la EPA, gran parte del progreso logrado en los últimos años en la mejora de la calidad del aire que respiramos y el agua que bebemos sencillamente será eliminado y el cielo sobre nuestras ciudades y zonas suburbanas volverá a ser gris por la niebla tóxica y los contaminantes de todo tipo". El camino de la destrucción, como vemos, está siendo sembrado sin prisa pero sin pausa. Y el resto de naciones y organizaciones estamos siendo cómplices de dicha destrucción. Un mundo siquiera medianamente civilizado no debería tolerar que ningún dirigente mundial, sea del país que sea, pusiera en marcha políticas de destrucción ambiental de esta naturaleza, que nos afectan a todos. 

 

En resumidas cuentas, es a esa época saturada de dióxido de carbono a la que Trump sueña regresar, aunque ya está bastante claro que el único tipo posible de sueño que alguna vez puede salir de su conjunto de políticas será una pesadilla total, con temperaturas batiendo todos los récords, con las grandes masas de hielo cada vez más debilitadas, con las emisiones de GEI disparadas, con el uso masivo de fuentes energéticas contaminantes, ciudades costeras inundadas, bosques en llamas, grandes zonas desérticas, y tierras cultivables convertidas en páramos. La vida en nuestro planeta se volverá cada vez más insostenible, y a ello habrán contribuido unas políticas bárbaras y suicidas, que habrán demostrado de nuevo que los intereses del capitalismo se sitúan por encima de cualquier otra consideración, al igual que ocurre con los conflictos armados. El mundo entero se verá afectado por los delirios de "grandeza americana" de un estúpido magnate que será el máximo responsable (aunque no el único, todo hay que decirlo) de que aumenten los fenómenos climáticos extremos, y de que estemos más cerca del declive climático planetario. Sólo nos queda combatir estas tóxicas medidas con todas nuestras fuerzas, desde el convencimiento de que son los grandes agentes del capitalismo las que las provocan desde la defensa fanática e irracional de sus espurios intereses, las que provocan las guerras, el terrorismo, los conflictos armados, el odio, el rencor, la venganza, la destrucción, la pobreza, la miseria, la barbarie. En el fondo, todo es producto de unas mismas políticas, de un mismo modelo económico pernicioso, el modelo capitalista neoliberal, que continúa sus objetivos por cualquier medio que esté a su alcance, sin detenerse a pensar en las terribles consecuencias que provocará. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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