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28 mayo 2017 7 28 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

El verdadero peligro para el mundo no es Corea del Norte, como no lo es Siria, ni lo fue Libia. Como tampoco lo es Rusia, Venezuela o Irán, por más que Washington repita este discurso absurdo, irracional y con el claro propósito de generar un estado favorable a sus intenciones imperiales. El verdadero peligro para el mundo es la política exterior estadounidense y sus afanes hegemónicos. Su política hostil contra ciertas naciones, su apoyo a regímenes cuyas ideologías son las que desestabilizan al mundo: el wahabismo y el sionismo principalmente, sin que ello pueda ser detenido debido a la impotencia y la complicidad de organismos como la ONU, la OTAN, la Unión Europea, que suelen efectivamente bailar al compas de las notas musicales emitidas desde Washington

Pablo Jofré Leal

Estamos intentando explicar la compleja situación y reacción de Corea del Norte, ante el continuo hostigamiento de Estados Unidos, por supuesto desde un prisma pacifista, es decir, situando por delante nuestra crítica a la escalada armamentista norcoreana, pero intentando ser justos en nuestros planteamientos. Y siguiendo los razonamientos de Pablo Jofré expresados en este artículo, Corea del Norte sostiene que frente a la política de agresión estadounidense, está preparada para una guerra total, que evite ceder a las presiones extranjeras, y sobre todo caer en el error de la Libia de Gadaffi, que abandonó su programa nuclear años antes de caer bajo el poder de los mismos que exigieron el desmantelamiento de un programa que podría haberle dado la protección que Corea del Norte exige. Es decir, la pregunta de base podría ser: ¿Con qué autoridad decide Estados Unidos (y sus aliados) quién puede y quién no puede llevar a cabo un programa nuclear? ¿Quiénes son ellos para erigirse como valedores morales del resto de los países, cuando precisamente representan lo peor del belicismo mundial? Es evidente que desde un punto de vista pacifista NINGÚN PAÍS debería desarrollar un programa nuclear con objetivos armamentísticos, pero lo que no es de recibo es que ni Estados Unidos ni ningún otro país se arrogue la potestad de prohibir o permitir dicha escalada a terceros países. Porque precisamente USA es el mayor exponente de la escalada armamentista, y ningún otro país en ningún foro internacional ha prohibido a los estadounidenses llevarla a cabo. 

 

Por tanto, y en primer lugar, la propia comunidad internacional debería reaccionar democráticamente en contra de este supuesto liderazgo estadounidense en cuestión de armamento para el resto de países. El control del armamento mundial debería ser una cuestión decidida democráticamente por los foros universales, y no estar al capricho de unas pocas potencias (que, en realidad, se reducen a una: Estados Unidos). Bien, pero no todo es responsabilidad del gigante norteamericano, aunque es el principal actor. Rusia y China, por su parte, han hecho un llamamiento para reducir la tensión y el clima bélico, y encontrar una salida negociada, pero también han puesto en alerta sus fuerzas armadas. Y al otro lado, Japón y Corea del Sur actúan como aliados de Washington en la zona. Y  una vez repartidos los papeles, cada actor juega el suyo. China ha declarado que no tiene ninguna manera de influir en las decisiones de su vecino respecto a su programa nuclear, y ha instado a Estados Unidos para que tome el camino del alivio de las tensiones en lugar de presionar a Pyongyang mediante acciones intimidatorias que tienden a encender las pasiones y a exaltar los ánimos, en lugar de buscar alternativas de diálogo, en las cuales China se declara dispuesta a participar. Pero ya sabemos que Washington no entiende otro lenguaje que no sea el de la fuerza. Pero China, a pesar de esta postura, no ha escatimado críticas contra el gobierno de Corea del Norte, a partir de lo que ha denominado la tozudez del gobierno norcoreano en las pruebas de sus misiles balísticos estratégicos y que significó, por ejemplo, que durante febrero de 2017 Beijing suspendiera la importación de carbón norcoreano. 

 

Sin duda este es el camino, y no el de la permanente hostilidad que Washington despieliega hacia Corea del Norte, mientras asedia sus contornos con maniobras militares. Las presiones que la comunidad internacional debe ejercer contra cualquier país que intente desarrollar una carrera armamentista (aún basada en pretextos tecnológicos) deben ser de tipo económico y diplomático, aceptadas por consenso, y ejecutadas mediante sistemas que permitan controlar su validez y sus resultados. La senda pacifista, como tantas veces hemos argumentado, siempre ha de huir de soluciones violentas, agresivas o belicistas. Echar más leña a un fuego nunca es una salida. Y menos aún cuando dichas decisiones y medidas se adoptan de modo unilateral, sin el concurso de la comunidad internacional. Recientemente, el medio Rebelion.org, entrevistaba a través de su periodista Enric Llopis al Embajador de Corea del Norte en España, Kim Hyok-Chol, quien declaraba abiertamente: "Nos vemos obligados a poseer armas nucleares como medio de independencia y justicia frente al asedio exterior", denunciando la agresión imperialista por parte de Estados Unidos. Ya lo hemos dicho y lo volvemos a reiterar: no estamos de acuerdo con la posición norcoreana, pero su postura es perfectamente comprensible, a tenor de su papel como pequeño país que pretende no ser (como el resto) una marioneta más en manos de Washington. Y aquí como en tantos otros asuntos, la tremenda hipocresía de los aliados de la potencia norteamericana se deja ver muy fácilmente. Callan continuamente ante las continuas agresiones de Washington en cualquier país, pero se rasgan las vestiduras si el régimen norcoreano realiza pruebas y ensayos de misiles balísticos. 

 

En este sentido, las palabras del Embajador norcoreano en nuestro país eran muy reveladoras: "Con Estados Unidos no es cuestión de comunicarse, sólo cabe la acción; sólo es posible que se dobleguen si contamos con la fuerza suficiente". Lo cual delata, en el fondo, que los foros de la comunidad internacional son absolutamente incompetentes para cumplir su obligación de democratizar el poder y la gobernanza mundiales. Porque si fuera Naciones Unidas quienes leyeran la cartilla a Washington con la fuerza del resto de países, todos a una, controlando y haciendo ejecutar y vigilar sus resoluciones, nada de esto pasaría. Es un fracaso de la comunidad internacional, con un grado mayor de complicidad de todos los aliados occidentales de Washington, que le ríen constantemente las gracias, y se han convertido en sucios vasallos de su política imperialista. Corea del Norte, por tanto, basa sus acciones en un "justo derecho a la autodefensa", y lo apostilla el Embajador en nuestro país argumentando que "Corea es una nación con más de 5.000 años de historia que jamás ha arrojado una piedra a otros países", contraponiendo frente a esta realidad "el terrorismo imperialista norteamericano de agresión". Y por supuesto, los medios de comunicación dominantes continúan con su propaganda proyanki, justificando siempre las acciones norteamericanas, y tratando a los gobernantes y al pueblo norcoreano como psicópatas que desean una guerra. Pero veamos los datos para comprender cómo la situación es absolutamente desproporcionada.

 

En febrero de este año el medio BBC Mundo daba cuenta de la exhortación de Donald Trump a "fortalecer" y "expandir" el arsenal nuclear de Estados Unidos. ¿Algún país puso el grito en el cielo por ello? ¿Se escandalizó algún foro internacional? ¿Hubo algún llamamiento en contra de la decisión de Trump? Ya sabemos la respuesta. Añadamos que dicho arsenal multiplica por 31 el de Reino Unido, por 26 el de China o por 22 el de Francia, según la ONG "Asociación de Control de Armas" (con sede en Washington), que cita datos del propio Departamento de Defensa estadounidense. La citada fuente señala que Estados Unidos y Rusia poseen el 90% del arsenal nuclear mundial. Mientras el gigante norteamericano cuenta con 6.800 ojivas nucleares, Corea del Norte dispondría de una decena. ¿Es esta a ojos de cualquier observador justo e imparcial una situación deseable? ¿Tiene sentido que precisamente el mayor poseedor de ese tipo de armamento recrimine a terceros países su posesión? ¿Hace caso Washington de los constantes llamamientos al desarme nuclear mundial? ¿Tiene autoridad moral para instigar a otros países si libremente deciden desarrollar procesos de este tipo? Insistimos una vez más para que no haya duda ni malinterpretaciones de nuestra posición, ni del sentido de una senda pacifista: el desarrollo de armas nucleares ha de ser progresivamente reducido en la totalidad de los países. Punto. Pero esto no puede ser liderado a golpe de amenaza precisamente por la potencia que más armas de este tipo posee en todo el planeta, que además resulta ser la causante de la inmensa mayoría de conflictos armados desde hace siglos, sino que tiene que ser liderado por la propia comunidad internacional, en un proceso guiado, vigilado y controlado democráticamente, y donde todos los países se encuentren bajo esta obligación. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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