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4 junio 2017 7 04 /06 /junio /2017 23:00
Viñeta: Osval

Viñeta: Osval

La manera más efectiva para ocultar los actos de violencia psicológica y física de un sistema social que genera angustias, incertidumbre por el futuro, precariedad en el empleo, discriminación de todo tipo, etc., es crear un discurso que mantenga el miedo y haga creer a la población que no hay otra alternativa que la resignación. Es decir, el discurso de la mentira y del engaño. Como ya apuntó G. Orwell, los actos de violencia pueden hacerse más aceptables mediante eufemismos como “seguridad”, “libertad”, “democracia”, “guerra limpia”, etc. El lenguaje se convierte así en una especie de placebo, la gente se siente mejor

Vicente Romano (“La intoxicación lingüística”)

Estamos revisando en estas entregas de la serie la problemática con Corea del Norte, situando el foco de referencia (como no podía ser de otra manera) en Washington, ya que la enemistad manifiesta entre ambos actores domina gran parte de nuestra realidad internacional. Ya hemos intentado situar el origen del conflicto y realizar un diagnóstico más o menos concreto, pero nos apoyamos en un poco de historia reciente. A comienzos del siglo XX la Península de Corea fue ocupada por Japón y convertida en un protectorado. Dicha situación duró aproximadamente unos 40 años, durante los cuales la pequeña isla oriental ejerció su poderío sobre la península coreana. La Segunda Guerra Mundial terminó con la derrota del imperialismo japonés, que tan nefasto había sido tanto internamente como externamente. En esta contienda para la liberación nacional coreana se destacó el artífice Kim-Il Sung, fundador y líder máximo de la República Democrática de Corea desde 1948 hasta su muerte en 1994. Por su parte, Estados Unidos y la Unión Soviética dividieron el país en 1948, en el contexto de la política de bloques que consagró la Guerra Fría. Y así, en la parte norte se construyó un país socialista, con el gobierno del pueblo, y en el sur nuevamente una colonia bajo la influencia norteamericana. En 1950 Estados Unidos provocó una guerra con el objetivo de dominar toda la península, pero tras un conflicto bélico de tres años el pueblo coreano derrotó al imperialismo yanki, situación que Estados Unidos no ha encajado aún, y de ahí el continuo hostigamiento al que Washington somete a Pyongyang, y la necesidad de defensa y de demostración de fuerza norcoreana. 

 

Siguiendo los planteamientos expuestos por el Embajador norcoreano en España (recogidos en esta entrevista que tomamos como referencia), la República Popular Democrática de Corea se plantea dos grandes prioridades, derivadas de muchas décadas de opresión imperialista: la soberanía nacional y la construcción del socialismo. El Embajador apuntó en dicha entrevista algunos avances de la política social coreana, por supuesto siempre silenciados por los medios de comunicación dominantes (al igual que ocurre con respecto a Cuba, Ecuador, Bolivia, Venezuela y en general los países que se alejan de la senda capitalista y neoliberal): 12 años de educación obligatoria, Universidad pública y gratuita, asistencia médica sin coste para el enfermo, vivienda y empleo garantizados para las clases trabajadoras, igualdad entre hombres y mujeres, etc. Pero como siempre, los grandes medios de comunicación occidentales, cuyos dueños son acérrimos enemigos de los avances sociales para las mayorías trabajadoras, ofrecen una visión engañosa de este país, presentándolo normalmente como una férrea dictadura donde se hace un uso abusivo del poder, y donde la población obedece las tendencias del régimen. Estos medios justifican y legitiman el continuo acoso que Estados Unidos practica hacia el país norcoreano, presentando a Corea del Norte como la amenaza, y a Estados Unidos como al salvador. Nada más lejos de la realidad. La prensa dominante sataniza y ridiculiza continuamente a los gobernantes y al pueblo norcoreanos, mientras ensalza la capacidad de Estados Unidos en "respuesta ante las provocaciones" de Corea del Norte. 

 

El problema por tanto es Washington, y no Pyongyang. Durante los 64 años transcurridos desde la finalización en 1953 de la Guerra de Corea, el Gobierno de los Estados Unidos ha hecho todo lo que ha estado a su alcance para castigar y humillar a Corea del Norte, como lo hace siempre que intuye o tiene pruebas de gobiernos revolucionarios en todo el mundo. USA es el enemigo mundial número 1 del avance social de las naciones y los pueblos del mundo, y como además se arroga ese papel sin que nadie se lo haya asignado, se cree con la autoridad moral de intervenir siempre que existe algún foco de gobiernos que intenten llevar a su pueblo a altas cotas de libertad, paz, igualdad y soberanía. Y así, durante todo este tiempo, Washington provocó en Corea del Norte letales hambrunas, impidió la llegada a Pyongyang de capitales extranjeros, así como su acceso a mercados externos y créditos internacionales que en cambio jamás les negó (como nos recuerda Atilio Borón en este estupendo artículo) a regímenes criminales como los de Pinochet, Videla, Stroessner, Somoza y tantos otros. Le impuso tremendas sanciones económicos, contribuyendo a su aislamiento frente a los mercados internacionales, y como guinda al pastel (con consentimiento del vecino surcoreano) instaló toda una serie de baterías de misiles y bases militares a lo largo de la frontera en el Paralelo 38. Pero al igual que Cuba, Corea del Norte ha resistido hasta ahora las amenazas y extorsiones estadounidenses, y como elemento disuasorio frente a un eventual ataque, ha desarrollado un pequeño arsenal de armas nucleares, con el que no aparecer como un país indefenso ante la gigantesca potencia norteamericana. 

 

Y tomando las palabras de Mike Whitney en este artículo para Counterpunch: "¿Cómo reaccionaría la Casa Blanca si un gobierno enemigo desplegara portaaviones y una flota de mar en las costas de California al paso que hiciera ejercicios militares conjuntos en la misma frontera mexicana con la anuencia del gobierno de ese país?". Dejo la respuesta a mis lectores/as. Si hasta ahora no se ha desatado el conflicto, es simplemente porque Washington conoce perfectamente la capacidad de defensa de Corea del Norte. Son conscientes de que un ataque a Corea del Norte provocaría una catástrofe de proporciones descomunales en Corea del Sur y en Japón, que quedarían bastante devastados. No obstante, para otros analistas, como James Petras, la constante provocación de Estados Unidos en Corea del Norte obedece en realidad a un pretexto para desatar la guerra con China, la otra gran potencia en liza, amiga de norcorea, aunque no enemiga declarada de USA. Petras lo explica en este artículo (traducido por Paco Muñoz de Bustillo para el medio Rebelion) que vamos a tomar como referencia a continuación. Y es que desde comienzos de este siglo XXI, el poder de China se expandió por el extranjero mediante inversiones, comercio y adquisiciones, desplazando a Estados Unidos como principal socio comercial en Asia y mayor importador de materias primas de América Latina y África. China se convirtió entonces en el primer fabricante y exportador de bienes de consumo para América del Norte y la Unión Europea. Y además, es socio fundador de los BRICS, que representan las potencias emergentes y ya disponen de organismos internacionales propios de dicha alianza, que hacen sombra a los patrocinados por Estados Unidos.

 

En palabras de James Petras: "La élite ha descartado todas las negociaciones previas y los acuerdos diplomáticos con Corea del Norte con el fin de prepararse para la guerra, en última instancia, en contra de China. Esto se debe a que China es el adversario económico global más dinámico y exitoso al que se enfrenta Estados Unidos para mantener su hegemonía mundial. EE.UU. ha sufrido una derrota económica pacífica, pero humillante, a manos de una potencia emergente de Asia. La economía de China ha crecido tres veces más rápido que la de EE.UU. durante las últimas dos décadas. Y el banco de desarrollo de infraestructuras de China ha atraído a decenas de participantes regionales y europeos después de que el muy publicitado acuerdo comercial de Estados Unidos en Asia, desarrollado por la Administración de Obama, se viniera abajo. En la última década, mientras los sueldos y salarios se han estancado o retrocedido en EE.UU. y la UE, se han triplicado en China". Un ataque nuclear destrozaría las pretensiones de China de colocarse como la mejor potencia comercial mundial. Y así, utilizando a Corea del Norte como pretexto, instaló el sistema de misiles THAAD en Corea del Sur, cuyo alcance supera los 3.000 kilómetros, lo que le permite alcanzar los centros vitales de China en cuestión de minutos. De hecho, los misiles dirigidos del THAAD están diseñados específicamente para identificar y destruir el sistema de misiles de defensa de China. La situación se encona cada vez más, y amenaza, si no se impone la cordura de una gobernanza democrática global (que obligue a recorrer una senda pacifista), con un conflicto nuclear planetario que implicaría una destrucción total. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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