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28 junio 2017 3 28 /06 /junio /2017 23:00
Viñeta: Maarten Wolterink

Viñeta: Maarten Wolterink

Como no debemos olvidar que toda dominación imperialista se sustenta en dos patas (recordemos Bretton Woods), la económica y la militar, el denominar "la OTAN económica" al TTIP no es un menosprecio del papel fundamental a desempeñar por la Organización del Tratado del Atlántico Norte, sino una forma de situar el aspecto comercial al mismo nivel que el militar

Francisco Sánchez del Pino y Manuel Montejo López

Para desmontar desde la base las trampas, peligros y falacias escondidas detrás de los Tratados de Libre Comercio, habría que desmontar en primer lugar (algo de ello hicimos durante los primeros artículos de la serie) los mitos sobre el comercio internacional y las supuestas ventajas del librecambio. Lo haremos con la ayuda del profesor Juan Torres, basándonos en este artículo suyo publicado en eldiario.es. De entrada, el libre intercambio de mercancías, productos y servicios se ha vendido siempre como un proceso que hay que potenciar, en beneficio de todos, pero sabemos que esto no es así. O al menos, no es así cuando este comercio internacional intenta superar las barreras que defienden la protección de la población, de los recursos económicos y del medio ambiente. Los economistas de ideología neoliberal (ya hemos explicado en otros muchos artículos que la economía no es una ciencia exacta, sino una ciencia social cuyos parámetros, por muy matemáticamente que se presenten, obedecen a unos determinados intereses) y quienes defienden los intereses de las grandes corporaciones siempre se han empeñado en proclamar que la total liberalización de productos y servicios tiene más ventajas que cualquier otro régimen comercial. Pero casi siempre lo hacen sorteando la evidencia empírica y forzando los argumentos para dar por bueno lo que carece de suficiente fundamento científico, y únicamente delata los prejuicios e ideas preconcebidas. Veamos los mitos más difundidos:

 

1.- El librecambio proporciona a todos los países que lo practican las máximas ventajas y es más beneficioso para todos que el proteccionismo. Pero eso asume (entre otras) la hipótesis del "mercado perfecto", es decir, que los mercados en donde comercian todas las naciones o empresas son de competencia perfecta, lo que implicaría que en ellos no hay ninguna empresa o grupo de empresas que tenga poder suficiente para influir sobre las condiciones del intercambio, que los productos que se intercambian son completamente idénticos, que no hay ningún tipo de dificultad para que se incorpore al mercado cualquier nueva empresa, y que empresas y consumidores tienen información completa y gratuita sobre todas las circunstancias que afectan al intercambio en el mercado. ¿Es ésta la situación real? Si así fuera, todas las economías tenderían a ser igualmente competitivas, se igualaría el saldo entre importaciones y exportaciones, ni habría déficits ni superávits comerciales, los salarios reales y las tasas de beneficio se igualarían, etc. Es decir, se necesitarían unas condiciones que son materialmente imposibles que se den en la realidad y mucho menos en su conjunto. Por tanto, si en la práctica no se dan esas condiciones teóricas, es posible que las políticas proteccionistas sean mucho mejores, más eficientes y más justas para promover la actividad económica, el empleo y el bienestar que las políticas liberalizadoras. MITO NUMERO 1: FALSO.

 

2.- Los países que quieran progresar deben abrir al máximo sus fronteras y practicar el libre comercio. La apertura de fronteras está muy bien como ideal internacionalista, pero aquí no se argumenta en este contexto, sino en el de la globalización, que no es otra que la globalización capitalista, en vez de la globalización de los derechos humanos. Es imposible citar siquiera algún país cuya economía haya llegado a encontrarse en algún momento entre las más avanzadas del mundo, y que lo haya conseguido abriendo sus fronteras y practicando el librecambio. De hecho, todas las grandes potencias económicas, financieras y comerciales de la historia han llegado a serlo gracias al proteccionismo ejercido bajo cualquiera de sus diferentes formas. Incluso las grandes economías de hoy día (Estados Unidos, Unión Europea, Japón, China...) siguen siendo proteccionistas por mucho que digan defender el libre comercio para poder exigir a los demás países que liberalicen sus economías, justamente para que así se consoliden las relaciones de asimetría que les favorecen. Por tanto, simplemente no es verdad que lo que convenga hoy día a las economías en peores condiciones sea no protegerse, que es lo que hicieron en su día todas las grandes potencias para progresar. MITO NUMERO 2: FALSO.

 

3.- Las normas mundiales que regulan el comercio internacional promueven el librecambio como requisito para aumentar el comercio, el crecimiento económico y el empleo. De hecho, todos estos mantras son los que nos cuentan para que aceptemos las falsas bondades de los Tratados de Libre Comercio de última generación (TPP, TTIP, CETA, TISA...). La tesis dominante entre los defensores de la liberalización comercial, ampliamente impuesta en los últimos 40 años de políticas neoliberales, es que gracias a ella aumenta el comercio y que ese incremento de las relaciones comerciales es lo que permite que haya más empleo, menos pobreza y mayor bienestar. Pero no ocurre así. La experiencia nos demuestra que lo que ocurre es uno de los principios fundamentales del capitalismo, que es que la riqueza se va concentrando cada vez en menos manos. Los agentes económicos se van concentrando, se van haciendo cada vez más fuertes y potentes, y aprovechan para presionar en la ejecución de medidas que contribuyan a su máximo beneficio, lo cual va en detrimento de los objetivos antes mencionados (reducción de la pobreza y aumento del bienestar). Las evidencias apuntan, por tanto, en sentido contrario. De hecho, países como la mayoría de los latinoamericanos que liberalizaron por completo sus relaciones comerciales, han pagado una factura muy alta en términos de crecimiento, desempleo y pobreza. Porque lo que de verdad se busca cuando se establecen medidas liberalizadoras del comercio no es promover el comercio, porque los datos demuestran que así no se consigue. Y mucho menos cuando esa liberalización, tal y como viene ocurriendo en los últimos decenios, sólo se orienta a dar mayor libertad de acción y mayor poder a las grandes corporaciones. Por eso lo que ha aumentado en los últimos años de liberalización comercial han sido los beneficios del capital, y no el crecimiento económico, el bienestar y el empleo. MITO NUMERO 3: FALSO.

 

4.- Los Tratados de Libre Comercio buscan favorecer el librecambio entre quienes los firman. Los tratados bilaterales o multilaterales que se han ido firmando durante los últimos años, y los que están negociándose ahora, o pendientes de aprobación final (como el CETA) se han presentado a la opinión pública como "tratados de libre comercio", pero en realidad no lo son. Utilizan el librecambio como una excusa para dar una nueva vuelta de tuerca al sistema neoliberal, empoderando a los ya grandes actores económicos transnacionales, es decir, las empresas multinacionales, en su obsesión por incrementar sus beneficios, y acabando de mercantilizar todas las facetas, actividades, servicios y derechos humanos. En este sentido, se dedican a reforzar la naturaleza oligopólica de los mercados, restringen la competencia, y socavan la soberanía popular y la democracia. Bajo la falaz excusa de "acabar con las barreras comerciales", estos tratados representan una peligrosa ofensiva hacia los derechos humanos y de la naturaleza, intentando blindarse además ante la soberanía de los Estados que los firman. Para ello diseñan peligrosas herramientas como los ISDS, mecanismo que implementa un peligroso sistema de arbitraje internacional privado, mediante el cual las empresas pueden demandar a los Estados ante leyes, medidas o decisiones políticas o económicas que las empresas entiendan que pueden menoscabar sus actividades o reducir sus beneficios. MITO NUMERO 4: FALSO.

 

5.- Los economistas que critican las ventajas del librecambio y la organización actual del comercio internacional defienden la autarquía y el aislacionismo comercial. Más bien al contrario, lo que suele ocurrir es que los economistas convencionales que defienden estas ideas librecambistas no refutan los argumentos de quienes las han criticado a lo largo de muchos años y con todo tipo de análisis, sino que recurren a la descalificación, cuando no al insulto. Desgraciadamente, la campaña contra los economistas críticos es más feroz aún, pues suelen estar vetados en los medios de comunicación, con lo cual simplemente sus opiniones son silenciadas, no se escuchan, no se dan a conocer en igualdad de oportunidades con los economistas convencionales. De ahí que la ciudadanía se forme únicamente un criterio conformado por el pensamiento económico dominante, ignorando (porque lo desconoce) que existen otros puntos de vista y otras alternativas, y que la realidad económica que se les cuenta no es ciencia exacta, sino que es producto de una ideología. Por tanto, rompamos una lanza a favor de la difusión de un pensamiento económico alternativo, pues el modo en que funciona el comercio internacional durante las últimas décadas, y el predominio de una ideología económica que sólo conduce a aumentar los beneficios y privilegios de las multinacionales, tienen mucho que ver con los grandes problemas actuales de la economía mundial, sobre todo con la terrible desigualdad. MITO NUMERO 5: FALSO. Y hasta aquí el desmontaje de los grandes mitos sobre el comercio internacional. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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