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5 julio 2017 3 05 /07 /julio /2017 23:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

[El Tratado] es un proceso constituyente que va a reconfigurar la estructura de los derechos de los ciudadanos, instituyendo unos derechos superiores (en realidad, privilegios) para las multinacionales con unas protecciones únicas. Va a construir un fuero judicial específico para las multinacionales, va a destruir las garantías del poder judicial y va a cambiar la naturaleza de las decisiones del Estado

Diego Hidalgo Morgado

Y aunque en la cita de entradilla Hidalgo Morgado se refería al paralizado TTIP, lo mismo puede extenderse al CETA, que vuelve a estar de actualidad tras los bandazos y ambigüedad en torno al mismo del PSOE en nuestro país. El "nuevo" PSOE de Pedro Sánchez continúa esforzándose en convencernos de que va a dejar atrás su legado de traiciones e indefinición al electorado socialista, pero la verdad es que detrás de todos esos amagos, se esconde el mismo PSOE de siempre. Ya lo hemos explicado recientemente en otro artículo de nuestro Blog. Pues bien, después de anunciar su previsible abstención con respecto al CETA (sobre la cual incluso la organización de consumidores FACUA recomendó al PSOE revisar su decisión y posicionarse claramente en contra), y varios días antes de que se produjera la votación en el Parlamento, hasta un total de 330 organizaciones y una amplia representación de la sociedad civil firmaron una carta instando a todos los grupos parlamentarios a no ratificar el CETA. Lo destacaba el medio AraInfo en este artículo, que seguimos a continuación. La misiva fue apoyada por una representación del mundo cultural, artístico, jurídico, académico y periodístico, y destacaban que dicho Tratado de la UE con Canadá no está al servicio del interés público. La radiografía de la votación fue absolutamente previsible: a favor los grupos del PP, Ciudadanos, PDCat y PNV, en contra Unidos Podemos, sus confluencias, Compromís, ERC y EH Bildu, y el PSOE se quedó vergonzosamente en la abstención. A esta petición para hacer cambiar el voto del PSOE hacia el NO también se sumaron a través de Twitter miembros de los partidos socialdemócratas francés, inglés y canadiense.

 

La verdadera impulsora de la carta fue la organización "Ecologistas en Acción", afirmando en la misma que "la gente de Europa no quiere un tratado que sólo beneficia a las grandes corporaciones y que amenaza nuestro frágil planeta y nuestros derechos fundamentales. Llamamos a los grupos parlamentarios a representar a la ciudadanía y a rechazar cualquier acuerdo que no esté al servicio del interés público. La avaricia corporativa no debe estar por encima de nuestros derechos". Ni tan siquiera párrafos tan ilustrativos como éste sirvieron para que el PSOE cambiara el sentido de su voto. El texto incluía también las firmas de los Secretarios Generales de CGT, UGT, CC.OO. y USO, así como de integrantes de diversas organizaciones de consumidores, ambientalistas, animalistas y ecologistas, como Amigos de la Tierra, ATTAC o Greenpeace. La carta reclamaba la apertura de un amplio proceso de debate social y político en torno a estos tratados, en el que se consulte a todos los sectores implicados, la democratización de los procesos de toma de decisión, y la exclusión de los tratados de los sistemas de arbitraje privado, que crean una suerte de sistema judicial paralelo para que las corporaciones puedan demandar a los Estados firmantes, como ya hemos explicado a fondo en entregas anteriores de esta serie de artículos. Asímismo, todas las organizaciones firmantes exigían en el escrito la protección de nuestros estándares ambientales y reguladores, así como el impedimento de poder llevar a cabo futuras privatizaciones de nuestros servicios públicos fundamentales. En fin, un documento que volvía a desmentir todas las falsas bondades que los medios dominantes nos vienen contando sobre el CETA (y el resto de los tratados), y alertaba de sus eventuales peligros. 

 

Pero todo fue inútil. Y como era previsible, el "TTIP canadiense" (como se le ha denominado también al CETA) fue finalmente aprobado el pasado jueves con la radiografía del voto que ya hemos contado más arriba. En concreto, 179 votos a favor, 79 en contra y 81 abstenciones validaron finalmente el tratado en el Congreso de los Diputados. Y en su próxima tramitación en el Senado, los conservadores no tendrán problema alguno, ya que la aplastante mayoría absoluta del PP les garantiza su aprobación. Sólo nos queda volver a la lucha para impedir por todos los medios que herramientas como el CETA puedan campar a sus anchas, destrozando todas las conquistas ambientales, sociales, educativas, laborales o sanitarias que se han alcanzado. El CETA no es más que un mini TTIP, negociado con un país de menor envergadura que los Estados Unidos, pero que esconde básicamente los mismos peligros, y debido a su vecindad con la gran potencia norteamericana, es puerta de entrada y caballo de troya para allanar el camino a posteriores instrumentos que las grandes corporaciones transnacionales pretendan introducir en nuestras sociedades europeas. De hecho, hoy día Canadá, como señalaba Pablo Bustinduy (Unidos Podemos) es un país ciertamente irrelevante en el marco de nuestro comercio internacional, ya que sólo representa un 0,5% de nuestras exportaciones, siendo el país 38 en dicha lista. A todo ello, el discurso neoliberal dominante continúa defendiendo estos tratados, asociándolos con "aumentos en la calidad de vida de la población europea", con "crecimiento económico", con "creación de empleo", con "modernidad", y con "prosperidad", entre otros mantras. Más de lo mismo. Hay que desmontar tanta falacia y tanta manipulación. 

 

Gracias a los medios y blogs alternativos, que nos hemos preocupado de hablar y desenmascarar estos tratados, a las filtraciones de valientes organizaciones como Wikileaks o Greenpeace, y a las movilizaciones populares llevadas a cabo en todos los países europeos, el asunto de los TLC es hoy día bastante más conocido que lo era hace cuatro o cinco años, donde los medios dominantes mantenían un sepulcral silencio sobre los mismos. Porque como sabemos, los grandes medios no necesitan hablar bien o mal sobre algún asunto para influir en la opinión pública, les basta con ignorarlo. Sólo existe lo que para ellos es noticia, y todo lo demás entra en el terreno de lo irrelevante. Esta es nuestra guerra, la del conjunto de medios alternativos y blogs de contrainformación, que hemos de luchar día a día para situar el foco de atención donde entendemos que debe estar, y no donde nos dicen los medios de comunicación convencionales. Y así, los que estamos en contra de estos tratados mal llamados de "libre comercio" somos tratados, en los mejores casos, de radicales, extremistas, proteccionistas, antiglobalización, o paranoicos. Y últimamente, los argumentos nos vienen a colocar al mismo nivel de los populistas, e incluso de la ultraderecha. En efecto, el argumentario del PP o de Ciudadanos nos sitúa en este asunto en la misma orilla que formaciones políticas como por ejemplo el Frente Nacional de Marine Le-Pen en Francia, que también está en contra de la Unión Europea y de estos tratados, pero evidentemente, por razones muy diferentes a las de la izquierda transformadora. Y así, toda la hornada de medios de corte ultraliberal (que son la inmensa mayoría) han arremetido contra las opiniones de los grupos de izquierda, moviendo mantras clásicos (que ya hemos desmontado también en entregas anteriores), tales como que "El comercio siempre es bueno", o que "Las barreras son malas".

 

Nos intentan engatusar con las grandes cifras macroeconómicas, como si ellas por sí solas fueran a acabar con los problemas de la gente, con el paro, con la precariedad, con la inestabilidad, cuando lo cierto es que se incrementarían con los tratados, al sentirse más protegidos los grandes actores económicos para perpetuar su fanático neoliberalismo. Y así, por ejemplo, sólo las cifras de que el tratado alcance a un 40% del PIB mundial y que afecte a países donde viven más de 650 millones de personas, ya son motivo suficiente para celebrar la "buena" noticia que constituyen las ratificaciones de los tratados. Apabullantes cifras, gigantescos datos que se usan para esconder las terribles verdades que esconden estos instrumentos al servicio del gran capital, y en contra de las mayorías sociales, de la soberanía, de la democracia, de los servicios públicos y de los derechos fundamentales. Nuestra labor es desenmascarar toda esta ponzoña, denunciarla, hacer que salga a la superficie, denunciar sus nocivos efectos, sobre todo acudiendo a la evolución de las condiciones de la clase trabajadora de países implicados antes y después de estos tratados. Continuamos en la lucha. Seguramente la desinformación, las mentiras y la manipulación en torno a estos tratados por parte de los grandes medios de comunicación se recrudecerá. Y volveremos a escuchar los debates sobre el CETA, la falta de argumentos por parte de quienes los defienden, la ocultación de cifras, la manipulación de los datos, la difusión de absurdos mantras que sólo obedecen a dogmas de fe neoliberal, y todo ello aderezado con documentales, programas de televisión, entrevistas y debates donde se criminaliza a los que estamos en contra de estos tratados. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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