Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
20 junio 2017 2 20 /06 /junio /2017 23:00
Hacia la superación del franquismo (28)

Denunciemos también otra clásica falacia discursiva a la que aluden los herederos ideológicos del franquismo, que consiste en presentar la sublevación militar golpista, que abrió paso a la guerra, como algo "necesario" e "inevitable" dada la situación del país en aquél momento. De esta "justificación" ideológica, tal como señala Santiago Vega en el documento de referencia, se derivaron las demás, es decir, la guerra civil y la "necesaria" e "incontrolable" represión. Como el relato de la historia lo escriben los vencedores, algo que ya hemos apuntado en anteriores entregas, esta versión de la realidad, este montaje de justificación ideológica gozó durante 40 años de todos los recursos del Estado, sin posibilidad de réplica. Aún hoy muchos de los parlamentarios que se sientan en las Cortes defienden esta justificación, y legitiman directa o indirectamente el franquismo, y de ahí su negativa a condenarlo. Por tanto, ha sido una constante (y todavía lo es) la deformación histórica de la realidad, y su instrumentación política. Esto se sitúa en la raíz de las tremendas dificultades con que tropezamos a la hora de desmontar ciertos mitos (algunos de ellos aún muy profundamente arraigados), que la propaganda política del régimen franquista se encargó de difundir en todo el pueblo. De hecho, los historiadores franquistas se limitaron a negar el hecho de la represión ejercida sobre los vencidos, pues la España de Franco se limitaba a "hacer justicia" con los "asesinos", los antipatriotas, los antiespañoles, y mil barbaridades más. 

 

En todas estas tergiversaciones tienen su responsabilidad las pervivencias del franquismo que se han mantenido en diversos ámbitos de la Administración. Durante la Transición no se produjo, como hubiera sido deseable, un corte histórico que supusiera una renovación institucional y una drástica sustitución de los cargos que iban a presidir la nueva situación histórica. Como bien explica Reig Tapia en este sentido: "La permanencia de personajes estrechamente vinculados al antiguo régimen en importantes puestos de la burocracia y de la maquinaria administrativa, así como la politización de importantes sectores del estamento militar y cierta inercia franquista en los aparatos del Estado, dificultan enormemente el acceso a documentación básica para el estudio de la represión". La Transición (1976-1982, aunque algunos autores retrasan aún más su finalización) se nos ha expuesto por parte de las clases dominantes como un proceso "modélico" en todas sus dimensiones. Se ha resaltado la capacidad negociadora de todas las partes, su voluntad manifiesta de hacer evolucionar el país mediante métodos pacíficos, evitando una nueva Guerra Civil, e incluso algunos políticos y un sector de la intelectualidad afirman que incluso se podía exportar a otros países como modelo a seguir. Pero tenemos muchas preguntas sobre dicho período, algunas que podemos contestar, y otras que aún no del todo, o al menos con plenas garantías de veracidad en las posibles respuestas. Mucho de lo que durante aquéllos años ocurrió en nuestro país se mantiene aún en secreto, o conocido únicamente por un núcleo muy reducido de protagonistas de la época. Pero poco a poco, muchas cosas van saliendo a la luz pública. 

 

Pero no todos los intelectuales están de acuerdo con la visión "modélica" de la Transición, existen muchos críticos que ven de modo negativo el proceso desarrollado durante la misma. Uno de los autores más críticos, Gregorio Morán, hizo una desmitificación del famoso "consenso", tan aplaudido y ensalzado a nivel nacional e internacional. Rescatamos sus palabras, tomadas de su obra "El precio de la transición": "La apariencia dice que todo consenso es un acuerdo entre las partes en el que cada una cede algo en sus aspiraciones para lograr una base mayor de apoyo. La realidad atestigua que todo consenso es el reconocimiento de la inferioridad de una de las partes y el temor de la otra, más fuerte, a que la imposición de su programa acarree consecuencias que demuestren su debilidad. El consenso es la autoconciencia política de una situación de mutua fragilidad, en la que nadie está en condiciones de asumir el riesgo de quedarse solo, de aislarse. El aspecto falaz de un consenso no está en llegar a él, sino en enmascarar como voluntad lo que no es sino necesidad. No es que quieran el consenso, es que no tienen más remedio que consensuar". Y en efecto, eso es exactamente lo que ocurrió. Bajo un contexto nacional absolutamente revuelto, donde los estamentos del franquismo estaban aún muy vivos (aunque el dictador había muerto), y bajo las presiones internacionales, las fuerzas del régimen usaron todo su poder para hacer evolucionar nuestro país hacia un sistema aparentemente democrático (legalización de partidos, elecciones libres, etc.), pero manteniendo todos los resortes del aparato del Estado franquista, bajo las presiones de un Ejército muy ligado en gran parte al franquismo, y una Iglesia Católica, una judicatura, un aparato represivo y policial que no se había desmantelado, y unas élites empresariales que no querían renunciar a sus privilegios. 

 

Bajo este contexto se desarrolla la Transición, y evidentemente, si metemos todos esos factores en una coctelera y mezclamos, podemos más o menos intuir la bebida que nos va a salir: una pócima que bajo una apariencia o disfraz democrático, controlaba que nada de lo fundamental sobre el sistema económico y los sectores más privilegiados no perdieran su poder y capacidad de influencia. Muchos autores están de acuerdo con esta visión. Por ejemplo, tomamos las palabras de Manuel Ortiz Heras, reflejadas en su obra "La violencia en la historia reciente de España": "La llegada de la democracia al Estado Español y la progresiva consolidación del sistema han propiciado un cambio singular de nuestra 'memoria histórica' reciente. El proceso de transición democrática exigió inicialmente el olvido del pasado político de personas y procesos vinculados al franquismo. Posteriormente se ha reivindicado la memoria de algunas personas y, conjuntamente, la obra de la dictadura. Esta dinámica social ha segregado una interpretación del franquismo que ha destacado sus elementos de progreso, de estabilidad y de cohesión social. En el campo de la historia, esta valoración parece traducirse en una visión de la transición como el resultado de la modernización del franquismo (denominado aperturismo) y la obra de Tusell [su biografía de Carrero Blanco] sería el último ejemplo de este tipo de interpretaciones". Exportado a nuestros tiempos, a más de 40 años de la muerte del dictador, esto explicaría básicamente la pervivencia de ese "franquismo sociológico" al que nos hemos referido algunas veces, y que volveremos a retomar en siguientes entregas.

 

Debido a la fragilidad de la situación política durante la Transición, se llegó a una especie de "pacto de silencio" implícitamente acordado entre las distintas fuerzas políticas sobre los aspectos más negros del franquismo, que lógicamente arrancaban en la propia Guerra Civil, tras la cual se instauró el régimen. Por tanto, había de alguna manera que "legitimar" aquélla Guerra, había que justificarla, aunque para ello hubiera que recurrir a burdas mentiras y manipulaciones de la realidad, que no era otra que los tremendos perjuicios que el Gobierno democrático de la Segunda República estaba causando a los intereses de los sectores más ricos, influyentes y poderosos, y los enormes beneficios que traía para las clases populares. Uno de los actores de la transición, como fue Rafael Arias Salgado, llegó a reconocer sin tapujos: "El consenso fue una manera de imponer límites y silencios al debate nacional". Y así, en aras de no agudizar la inseguridad de la ya muy delicada situación política hubo que admitir, en palabras de Gregorio Morán, "una falacia tan burda como la que en aquélla pelea no había vencedores ni vencidos, sino que todos (...) se ofrecían para arrinconar a los irreductibles del viejo régimen (...) líderes responsables sellaban un pacto de honor (...) para un futuro común y un pasado inexistente". Aún hoy no sólo el PP sino formaciones políticas de reciente cuño, como Ciudadanos, vierten sobre el debate, sólo cambiando el léxico, los mismos mensajes: "Aquí ya no hay rojos ni azules", viene a decir, por ejemplo, Albert Rivera. No podemos caer en tan torpe y mezquina manipulación. Por supuesto que sigue habiendo rojos y azules, porque continúan existiendo quiénes defienden y legitiman la desigualdad, los privilegios de los poderosos, el poder de las élites, la competitividad, el individualismo, el egoísmo y la insolidaridad, no creen en el bien común y justifican la explotación de las mayorías, y quiénes defendemos la igualdad, la fraternidad, la cooperación, la inclusión, la democracia, los derechos humanos, la integración y cohesión, el bien común, la equidad y la justicia social. Hasta el más ingenuo se daría cuenta de que son bandos distintos, con objetivos y modelos de sociedad diametralmente opuestos. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Política
Comenta este artículo

Comentarios

Maverick Swan 06/21/2017 21:10

Hombre, Rafa, tanto como falacia... ya es sabido en cualquier mentidero político que la izquierda iba por ahí reventando a toda oposición u objeto contrario a su visionaria cosmovisión ideológica de la justicia universal. Y el representante de la Izquierda Abducida (antes Izquierda Hundida, antes Partido Comunista, antes...), ya se ha retratado por su coherencia y vendimia política. Saludos

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías