Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
27 junio 2017 2 27 /06 /junio /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

No se puede admitir que se identifique España con los harapos de la vida política española, caída ya en la miseria y en la hediondez, con los restos de regímenes abolidos, y que sin embargo, han pretendido y pretenden hacerse pasar por la más genuina representación del alma española

Manuel Azaña (Presidente de la II República durante la Guerra Civil)

A raíz de la muerte de Franco (continuamos tomando como referencia el estupendo documento de Santiago Vega) se inicia un proceso de "desmemorización colectiva" (en expresión de Gregorio Morán), que no de olvido, sino de algo más preciso y voluntario, expresamente proyectado en el imaginario colectivo de la España de finales de 1975, y años siguientes. Los dirigentes políticos fueron conscientes de que la memoria era un elemento que dificultaba el camino hacia una democracia estable, así que había que debilitarlo como fuera. El olvido se extendió primero a lo más sangrante y lejano en el tiempo, esto es, la Guerra Civil, después a los tiempos intermedios de la dictadura, y por fin a los tiempos más inmediatos, al final del franquismo, con un dictador ya muy debilitado, y las revueltas populares y sindicales en pleno auge. No obstante, el aparato del Estado franquista disponía aún de mucho músculo, y no dejó de ejercerlo durante varios años más. En este sentido, el sociólogo Víctor Pérez Díaz explicaba en un artículo para el diario El País publicado en 1990 que conforme se producía el "esfuerzo constitucional" de los pactos y acuerdos se daba un "esfuerzo cultural paralelo, en parte consciente y en parte inconsciente, en olvidar algunos fragmentos de nuestra historia (...) el pasado franquista ha sido no tanto denunciado cuanto silenciado". El pasado fue entonces instrumentalizado en función de una pretendida reconciliación de los españoles. Una especie de chantaje social, cuando se exigía a una parte (los perdedores) el olvido como condición para poder participar en el nuevo escenario político, social y cultural que se avecinaba, elaborado durante décadas por los vencedores. 

 

La Transición, ese "ejemplar" período de nuestra historia reciente, a cambio de aportar algunos rasgos democráticos al panorama de nuestro país, conservaba la hegemonía ideológica de quienes habían vencido. El temor a alterar la paz social, aún entendiéndola como paz armada de la dictadura, hubo que considerarlo atentamente a la hora de adaptarse a las condiciones que impusieron los herederos del franquismo para alcanzar la supuesta "democracia". Una democracia tutelada, vigilada y de baja intensidad, una democracia controlada, para que no rompiera los moldes previstos por los que la habían diseñado desde la larga noche franquista. La paz, mejor dicho la amenaza a la misma, constituiría un permanente chantaje durante todo ese proceso de la Transición. Las fuerzas políticas de la izquierda jugaban en clara desventaja, ante un escenario de constante chantaje de vuelta al fascismo. Y así, el franquismo significaba un agujero negro en el que no convenía entrar si no era para señalar generalidades justificatorias sobre el tiempo, la época y las necesidades históricas. Todo un falaz discurso dominante que era continuador del discurso legitimador de la dictadura durante décadas. El contraste entre la II República y la dictadura franquista constituía una provocación, no un ejercicio de reflexión obligada. Y lo peor de todo es que aún hoy día, a más de 40 años de la muerte del dictador, una parte de la población continúa abrazando ese discurso. El pensamiento dominante continúa haciendo mucho daño, sobre todo a las clases populares. Lo hemos analizado a fondo en esta serie de artículos. 

 

Y ante el advenimiento del nuevo escenario democrático, los actores comenzaron a migrar en sus papeles. A todos les parecía razonable que para la pacífica convivencia del país se estableciera un tácito pacto de honor que impidiera arrojarse mutuamente a la cara antiguas biografías, dudosas o turbias actuaciones políticas. Sin haber pasado realmente página, sin haber desmontado realmente las estructuras de poder del Estado franquista, se aparecían ante nuestros ojos los gerifaltes de la dictadura reconvertidos en "demócratas de toda la vida", que fundaban partidos políticos para presentarse a los próximos comicios de esa nueva etapa de "libertades" que nuestro país iba a protagonizar. Por tanto, esa supuesta "reconciliación nacional" se planteaba no en términos de administrar verdad, justicia y reparación, sino en términos de soltar toda una tupida capa de olvido, de borrón y cuenta nueva. Santiago Vega lo explica en los siguientes términos: "La instauración de una monarquía heredera del franquismo supuso unos costes elevados para una generación de españoles que defendieron la legalidad republicana en la guerra. Estos españoles se sintieron sin régimen al que identificarse y sin símbolos a los que respetar; no digamos sentir suyos. Una bandera, un himno, una concepción de patria a las que no podían contemplar sin desdén. El precio de la pacificación y la tranquilidad se hacía a costa de enterrar cuantas convicciones habían solidificado su vida". Así fue, en efecto. Se trazó todo un itinerario legal, social y convivencial, de tal manera que no asustara demasiado a los poderes fácticos (el Ejército, la Iglesia, los grandes capitalistas), pero que a su vez pudiera dar la apariencia de abordar una nueva etapa democrática. Eso fue lo que Transición nos trajo. Sólo una apariencia de democracia. 

 

El camino que hemos llevado hasta ahora no es el correcto, ni el justo ni el democrático. Sólo el camino de la verdad, la justicia y la reparación es el apropiado cuando ocurren circunstancias de tanta gravedad como las que se vivieron en este país durante aquéllas cuatro décadas negras de nuestra historia. Es necesario devolver a los españoles y españolas las señas de identidad y el sentido de su historia. Hemos de revertir aquél proceso de desmemoria colectiva que comenzó durante la Transición, no bajo un prisma de venganza ni revanchismo, sino bajo la ineludible necesidad de recomponer los trazos esenciales de nuestra historia. Pasar la página del franquismo supone restituir todos los daños que ocasionó, reconocer a las víctimas, y anular legalmente cuantas disposiciones y sentencias se dictaran durante aquél tiempo. No es buena política dejar las cuentas sin saldar, y menos si son cuentas históricas. Las cuestiones pendientes como la represión franquista no se solucionan ignorándolas, como se ha hecho hasta ahora. Se solucionan enfrentándose a ellas, restituyendo sus daños cuando se pueda, difundiendo la verdad de los hechos, reconociendo a las víctimas, y asegurando unas garantías de no repetición. Mientras no abordemos todos estos asuntos, no habremos superado realmente el franquismo en todas sus dimensiones. Mientras no se pueda acceder libremente y sin restricciones a toda la documentación generada por el franquismo y pueda, en consecuencia, hablarse y escribirse abiertamente y sin eufemismos, habrá siempre una asignatura pendiente con la dictadura. 

 

Es una cuestión muy conveniente, necesaria y de plena salud democrática, contar la Guerra Civil, la dictadura y la Transición sin manipulaciones y sin eufemismos, escapando del dogmatismo y de los prejuicios. Ello es necesario para que el conocimiento del horror de entonces, por la España de hoy, haga sociológicamente imposible desembocar en una situación histórica similar. Santiago Vega finaliza su informe con las siguientes palabras, que suscribimos completamente: "Ya va siendo hora de que los hechos que han desatado pasión y se han utilizado para fomentar la polémica entre los españoles se conviertan en hechos históricos, es decir, documentados, admitidos e insertos en el rigor histórico. Lo que no quiere decir que ante ellos cada uno los vea desde su prisma conformado por la ideología, los sentimientos...Así debe ocurrir con todos los hechos históricos, sean la guerra civil española, la revolución bolchevique o las guerras de Yugoslavia o Palestina; cada cual los sentirá según su propia escala de valores, pero su conocimiento histórico debe tener un mínimo de rigor objetivo y un máximo desprendimiento de la carga ideológica". Ante la manipulación enfrentemos la verdad, ante el silencio enfrentemos la difusión y el conocimiento, ante la injusticia ofrezcamos la reparación, y ante las peligrosas derivas de sociedades no cohesionadas, luchemos por ofrecer garantías de no repetición. Verdad (para conocer los hechos desgajados de toda postura ideológica), Justicia (para las víctimas de los horrores y sus familiares), Reparación (del daño histórico causado a personas y patrimonios), y Garantías de No Repetición (para evitar reproducir hechos deleznables de nuestra historia). Esos son los cuatro pilares para superar definitivamente el franquismo. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Política
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías