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4 julio 2017 2 04 /07 /julio /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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El franquismo no solamente reprimió con acciones físicas (torturas, cárcel, depuraciones, confiscaciones, penas pecuniarias, trabajos forzados y ejecuciones) a los republicanos en la guerra y la posguerra, así como a todos los opositores durante el largo período histórico que duró la dictadura. El franquismo también empleó otros tipos de represión de tipo psicológico, moral y espiritual, constituyendo casi un modelo en este sentido. Algunas de sus consecuencias se siguen viviendo en la actualidad, lo que demostraría la fuerza y el éxito del franquismo en la labor de reprimir

Eduardo Montagut

Una muy buena demostración (diríamos, como en matemáticas, "la prueba del 9") de que la Transición no fue tan modélica, y de que no se desmontó el aparato franquista de poder y la naturaleza de sus instituciones, es observar los múltiples acontecimientos, comportamientos, reacciones y actos que ocurren en la España de hoy, en 2017, a más de 40 años de la muerte del dictador. Si realmente se hubiese llevado a cabo una remoción del Estado franquista, y el franquismo estuviese hoy día plenamente superado, ninguno de los ejemplos que vamos a ir comentando a partir de esta entrega se estaría produciendo. Como primer ejemplo, vamos a señalar los homenajes y las misas en honor de Franco y Primo de Rivera que la Iglesia Católica celebra en nuestro país cada 20 de noviembre. Y así, cada año se sucede la exaltación de la dictadura, entre las que se encuentran una serie de misas que la Iglesia celebra en nuestras principales ciudades, tales como Madrid, Sevilla, Granada o Valladolid. Estos deleznables actos son enmarcados por la Fundación Francisco Franco (que aún recibe subvenciones públicas, no ha sido ilegalizada y sus cargos son invitados a conferencias y entrevistas por algunos medios de comunicación) dentro de la "libertad de expresión" y de la "pluralidad política" de nuestro país. A estos actos se suma, como suele ser habitual en la fecha mencionada, la convocatoria que hace Falange para manifestarse hasta el Valle de los Caídos. 

 

En la misma línea se manifiestan las notas oficiales de los arzobispados, que aseguran que "los templos pueden dar misa por el alma de todas las personas, sean quienes sean", y se quedan tan panchos. Pero lo cierto es que los sacerdotes en sus homilías comienzan el sermón "pidiendo por la obra que ellos hicieron", y animando a "aprender la lección que nos dan estas grandes figuras de la Historia". Típicamente, después de estos actos religiosos, a las puertas de la iglesia, algunos asistentes se congregan para cantar el "Cara al Sol" (himno oficial de la Falange), mientras hacen el típico saludo fascista en presencia de varias banderas, entre ellas la preconstitucional. ¿Es todo esto normal en un país que se autoproclama "democrático"? Pues es normal si lo examinamos desde el punto de vista del franquismo sociológico que aún perdura, y si recordamos que la Iglesia recibía al dictador bajo palio, y bendecía sus órdenes de fusilamiento, ya que como hemos expuesto en anteriores entregas, la alianza del régimen franquista con la Iglesia era muy sólida. Es más, lo verdaderamente indignante, tal como indican las asociaciones de víctimas, es que a día de hoy la Iglesia española no haya pedido perdón oficialmente, por su clara alineación con el franquismo. Y es que en nuestro país, la exaltación del franquismo todavía sale gratis. Los esfuerzos de las formaciones políticas de la izquierda para que dicha exaltación conste como delito en el Código Penal han sido en vano hasta la fecha. Constan referencias vagas al fascismo en sentido general, pero no al franquismo en nuestro país. Un claro síntoma de que el franquismo sociológico pervive, y capas muy concretas de la población (aunque muy minoritarias) aún legitiman y añoran la dictadura. 

 

Nicolás Tomás lo explica muy bien en este artículo para el medio El Nacional, que vamos a seguir como referencia a continuación. En Alemania, por ejemplo, la apología del nazismo está tipificada en el Código Penal como delito. Y así, la legislación de este país contempla la imposición de multas e incluso de penas de prisión por "aprobar, negar o minimizar, en público o en privado, los actos perpetrados durante la dictadura nazi". Aquí, sin embargo, los altos cargos del franquismo son reconocidos y homenajeados. En el reciente acto en el Congreso de los Diputados en recuerdo a nuestras primeras Elecciones "libres" (15-J de 1977) se distinguió entre otros a Rodolfo Martín Villa, un personaje franquista. O por ejemplo, en el entierro hace pocas fechas del suegro del ex Ministro Alberto Ruiz-Gallardón, José Utrera Molina, ex Ministro franquista, se ensalzó su trayectoria fascista, e incluso se cantó el "Cara al Sol" por algunos asistentes al funeral. Utrera Molina jamás renegó de ser falangista: "Quiero afirmar con orgullo y la cabeza bien alta, que he sido, soy y seré mientras viva, falangista", afirmaba en diciembre pasado. Y aprovechaba la ocasión para describir a Franco como "un hombre excepcional", y a José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, como ejemplo de "nobleza". Otro típico acontecimiento que ocurre cada 12 de octubre, con motivo del Día de la Hispanidad (una anacrónica fecha que debiera desaparecer de nuestro calendario de celebraciones, como ya explicamos en este otro artículo), es la marcha de ultraderechistas desde Plaza de España hasta Montjuic, exhibiendo todo tipo de simbología fascista, nazi y falangista. Todas estas manifestaciones no sólo están autorizadas por la correspondiente Delegación del Gobierno, sino que además cuentan con un amplio dispositivo de protección policial. 

 

Y por todo lo largo y ancho de nuestra geografía y territorio, nos encontramos con personajes públicos (alcaldes, concejales, etc.) que defienden su simpatía con el franquismo, sin ningún tipo de complejo. También nos podemos encontrar con locales, establecimientos, etc., adornados con todo tipo de simbología franquista, a más de 40 años de la llegada de la "democracia" a nuestro país. Todo ello ofrece una clara demostración y un pleno ramillete de manifestaciones de un país que no ha superado aún realmente toda aquélla etapa negra de nuestra historia, apoyado por unas instituciones y unos gobernantes que nunca se han aplicado en ello. Placas de calles franquistas, monumentos y reconocimientos al dictador y a toda su pléyade de militares golpistas que organizaron la sublevación, también los podemos contemplar por doquier, expandidas por todo el territorio nacional. Incluso violando flagrantemente la vigente Ley de Memoria Histórica, a la cual no se le hace el más mínimo caso, lo cual no sorprende con un Gobierno que se jacta de haber dedicado "0 euros" (Mariano Rajoy dixit) a su presupuesto durante sus últimos años de Gobierno. Pero eso sí, cuando el pueblo catalán manifiesta masivamente su voluntad de organizar un referéndum popular, entonces sí que se llena la boca haciendo llamamientos "al cumplimiento de la Ley". Hipocresía en altas dosis, llevada a su máxima expresión. Para ellos, la ley es sólo un arma arrojadiza para usar cuando más conviene. Igualmente, y cada 20N, un grupo de nostálgicos falangistas peregrina hasta el santuario del Valle de los Caídos para conmemorar la muerte del dictador y del fundador de la Falange, en nombre de los cuales se celebra una misa especial. 

 

¿Cómo explicamos todo esto? ¿Por qué a nuestro país le cuesta tanto superar el franquismo, y alcanzar unos mínimos estándares democráticos? Lo explica muy bien Carlos Hernández en este artículo para eldiario.es: "Los "padres" (no hubo madres, lamentablemente) de la Transición se dividieron entre franquistas reconvertidos y demócratas temerosos de que cualquier paso demasiado avanzado provocara un nuevo Golpe de Estado. Aquéllos políticos monárquicos, centristas, socialistas y comunistas pensaron que el objetivo, la democracia, bien valía pagar cualquier tipo de peaje. Los hijos del "Generalísimo" exprimieron la fuerza de sus pistolas y lograron que se despreciara a las víctimas de la dictadura, se otorgara impunidad y privilegios de todo tipo a sus verdugos, se olvidara a quienes murieron o aún se pudrían en el triste exilio francés por haberse enfrentado al totalitarismo...y relacionado con todo ello, y quizás lo más grave, consiguieron impedir una revisión oficial detallada y rigurosa de nuestra Historia reciente". Así fue, en efecto. La Transición no fue modélica, no pudo serlo al estar permanentemente amenazada por unos estamentos del franquismo que aún seguían en vigor, y que impidieron, por ejemplo, que a esas primeras Elecciones "libres" no pudieran acudir los partidos republicanos. Sólo se legalizaron aquéllas fuerzas políticas que adoptaron una actitud "colaboracionista" con el nuevo régimen "democrático" que se avecinaba. Las demás tuvieron que seguir ocultas de su realidad social. Y quizá sea cierto que en aquéllos años no se pudo hacer nada más, pero es que ya han pasado más de 40 años. Más de cuatro décadas durante las cuales, si se hubiera querido, el franquismo podría haber sido desmontado poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Pero el bipartidismo que nos ha gobernado desde entonces, obediente a los grandes poderes fácticos que los mantienen, no han querido. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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