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9 julio 2017 7 09 /07 /julio /2017 23:00
Viñeta: as

Viñeta: as

Estados Unidos y la Unión Europea son los más destacados practicantes del “bombardeo al por mayor” del mundo. Utilizan ataques en serie contra múltiples países sin declararles la guerra ni introducir en el territorio tropas terrestres de su propio país. Están especializados en ataques indiscriminados sobre población civil desarmada: mujeres, niños, ancianos y hombres no combatientes. Es decir, utilizan los “bombardeos al por mayor” para desatar el terror cotidiano en las sociedades

James Petras

La globalización capitalista y neoliberal ha traído como consecuencia también, primero en un segundo plano, y ahora cada vez más en un primero, a la globalización del miedo y del terror. Estamos inmersos en una peligrosa dinámica que nos conduce a un mundo desbocado y alienante, donde el miedo es el mensaje. El riesgo, la incertidumbre, la precariedad, la inestabilidad, se han instalado en nuestras vidas, y los atentados terroristas están formando parte de ella cada vez en mayor grado. Los laberintos de ese generalizado miedo social se encuentran intrincados en nuestras condiciones de vida, en las políticas que llevan a cabo nuestros gobernantes, y que nosotros legitimamos con nuestro voto cada cierto período de tiempo. La atmósfera de crueldad e inestabilidad que caracteriza nuestra vida contemporánea se traducen en esta creciente propagación del miedo. Un miedo que a su vez retroalimenta las decisiones gubernamentales, que recortan derechos y libertades "para garantizar la seguridad", fomentando a su vez aún más el miedo. Los medios de comunicación, como principales aliados de los mensajes globalizadores, alientan también toda esta sociología del terror cotidiano. Si no somos capaces de ir definiendo y caminando por una senda inequívoca y decididamente pacifista, el destino que estamos forjando nos llevará a una sociedad global en estado de miedo permanente. Pero ante ese escenario de terror y de pánico, hemos de recuperar la calma, poner el carro detrás del caballo, y atender a las verdaderas amenazas que provocan dicho estado de miedo generalizado. 

 

Podría argumentarse de forma directa que el miedo es causado por los diversos actos terroristas y los puntos calientes de conflicto a nivel mundial. Sí, esto sería correcto, pero como venimos explicando desde muchas entregas atrás, es ver el asunto desde un punto de vista muy superficial. La pregunta sería: ¿Es el terrorismo la amenaza directa en sí misma? Creemos firmemente que la respuesta es NO. El terrorismo internacional es una consecuencia de las amenazas que se colocan por debajo, y que responden, entre otras muchas, a la creciente degradación ambiental planetaria, al desarrollo de tecnologías potencialmente peligrosas, a las crisis económicas, y en fin, a la atmósfera de inestabilidad generalizada que caracteriza nuestra vida cotidiana. Recomendamos la lectura del artículo de Edgardo Ordóñez, que estamos tomando como referencia para esta exposición. En nuestra civilización, es la propia sociedad la que construye las nociones de riesgo, amenaza, peligro..., generando unos procesos de respuesta estandarizados, adaptados a los diferentes períodos históricos, y a la propia evolución de las culturas. Por tanto, ese miedo social generalizado, ese estado de pánico que obliga a nuestras actuales sociedades a aumentar los niveles de amenaza por parte de los Cuerpos de Seguridad, y a incrementar sus niveles de alerta, es un producto fabricado por nosotros mismos. Porque los miedos humanos no se nutren solamente de condicionamientos fisiológicos, sino también de formas de temor y de recelo que son aprendidas en el seno de la vida social y comunitaria. Y bajo nuestro mundo globalizado, esta elaboración cultural del miedo ya no tiene lugar sólo a nivel local, sino también a nivel global. 

 

Estos procesos locales de construcción social del miedo se ven cada vez más influidos por nuevas amenazas y temores cuyos orígenes no son locales, sino externos, pero que son interiorizados y convertidos en parte de su propia dinámica social. Tenemos la demostración evidente de ello si comprobamos hasta qué punto las reacciones, los discursos y las medidas que se toman frente al terrorismo en nuestros países occidentales son prácticamente siempre las mismas en todos ellos. De este modo, las fronteras entre los miedos locales y los miedos globales tienden a hacerse difusas. En palabras de Zygmunt Bauman: "La inseguridad nos afecta a todos, inmersos como estamos en un mundo fluido e impredecible de desregulación, flexibilidad, competitividad e incertidumbre endémicas". Actualmente, la globalización del miedo, en  especial el derivado de las acciones de los grupos terroristas (que es el que nos ocupa), se basa en gran medida en la interconexión global entre sociedades y culturas distintas a través de un vasto sistema de medios de comunicación masiva. Y esto es algo que ha de comprender el conjunto de la ciudadanía (y nuestros gobernantes), si es que pretendemos entender mínimamente la dinámica y la deriva donde nos encontramos hoy día. No caben por tanto infantiles, simplistas y reduccionistas leyendas sobre buenos y malos, sino profundos análisis sobre la realidad social de nuestros países, si queremos albergar la comprensión del fenómeno terrorista en toda su dimensión. Hemos citado anteriormente a los medios de comunicación, y es que ellos realizan un papel y una misión fundamental en todo este entramado. Porque las sensaciones de miedo bien pueden estar justificadas por los riesgos, las violencias o las atrocidades que tienen lugar a diario en diferentes lugares del mundo, pero también pueden ser aumentadas o menguadas, focalizadas o ignoradas (provocando en la población mayor o menor sensación de alarma), según el tratamiento que de hecho se le dé a la información. 

 

Los medios de comunicación son responsables de presentarnos cada día la peligrosidad del régimen de Corea del Norte o de Venezuela, mientras por ejemplo callan la enorme peligrosidad social que sufre la población de México o de Honduras. Mientras nos informan durante dos semanas de forma continuada si el atentado terrorista fue en suelo europeo o estadounidense, apenas ocupa una simple nota si el atentado fue en tierras asiáticas o en Oriente Medio. Mientras nos ponen el foco de atención en detalles irrelevantes, dedican gran parte de su ejército de periodistas a justificar las políticas de austeridad, así como la precariedad, pobreza y exclusión que generan. Y mientras los medios nos presentan a la "democracia" estadounidense como uno de los mejores referentes mundiales, ocultan los logros sociales que por ejemplo llevan consiguiendo en Cuba desde hace décadas. Gran parte de las ideas y conceptos que poseemos sobre lo que ocurre en nuestra aldea global ha sido perfectamente influenciada y definida por los medios. El interesado sesgo informativo de los medios es pues palpable. Hoy día los medios de difusión masiva no sólo informan acerca del mundo, sino que también actúan sobre él. Apoyados sobre unas retóricas simplistas y vacías, los medios y nuestros gobernantes nos van imponiendo una lectura de la realidad tergiversada y manipulada. En este sentido, la globalización del miedo es un desarrollo emergente que le viene bien a todo aquél que quiera mantener viva entre la ciudadanía la esperanza de un triunfo sobre el miedo. De ahí los típicos mensajes de las élites: "Venceremos al terrorismo", "No podrán doblegarnos", "Vencerá la libertad y el Estado de Derecho", y otros muchos similares. Se instala una lógica de esperanza que intenta justificar la adopción de ciertas medidas derivadas de ella, pero que en pura lógica nunca debieran estar justificadas. 

 

Nuestros líderes y gobernantes son los primeros cómplices de todo este entramado (forjado por los poderes fácticos), y ellos/as con frecuencia son los primeros interesados en difundir dichos falaces mensajes, ya que en la medida en que esa atmósfera de miedo se mantenga viva, la esperanza de derrotar al miedo (proyecto que ellos mismos prometen cumplir, vigorizando su poder y su figura, y aumentando su legitimidad y popularidad) también persistirá. En este orden de cosas, alimentar el miedo social generalizado puede ser también un medio para ganar puntos en los sondeos, para aumentar la popularidad o para obtener votos o incrementar los apoyos. Las decisiones a alto nivel sobre la seguridad se venden como "decisiones de Estado", "Pactos de Estado" o similares, y concitan mucho más entendimiento entre las diferentes fuerzas políticas que aquéllas que no se tildan de esa forma. Por eso los promotores de estas políticas suelen estar ávidos a utilizar los medios para persuadir a la opinión pública, tanto de la peligrosidad de la amenaza terrorista, como de las bondades de su estrategia para combatirla. Y a las pueriles afirmaciones y leyendas explicativas en torno al fenómeno terrorista, se unen las erróneas políticas que únicamente intentan encubrir los verdaderos motivos de tanta agresión, de tanta venganza, de tanta muerte y destrucción. Por otra parte, quien vive en un mundo aterrador se autoconvence fácilmente de que el único modo de sobrevivir consiste en inspirar a su vez un terror aún mayor. Y por este camino inútil, la lucha contra el miedo termina sirviendo para justificar la construcción de muros, el reforzamiento de las fronteras, el diseño de armamento más sofisticado, y sobre todo, la búsqueda de chivos expiatorios sobre los cuales descargar la furia de nuestra venganza. Es exactamente lo que llevan haciendo nuestros Gobiernos desde hace décadas. Además de esconder la verdad, se llevan a cabo estrategias aún más peligrosas si cabe. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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