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25 junio 2017 7 25 /06 /junio /2017 23:00
Viñeta: Antonio Rodríguez

Viñeta: Antonio Rodríguez

En definitiva, en Palestina está muriendo gente para preservar los intereses económicos de unas minorías oligárquicas a las que no les importa en absoluto la vida humana

Antonio Cuadrado-Fernández

En la entrega anterior de esta serie habíamos comenzado a hablar sobre el programa BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) como la mejor herramienta política, económica y social, pero sobre todo pacifista, para comenzar a acabar con la impunidad y la fuerza de Israel en lo tocante a su aberrante atropello a Palestina. El propio Estado de Israel, siguiendo de nuevo a Pablo Jofré Leal en el artículo de referencia, basa su existencia en la segregación de su propia población árabe, que representa más o menos el 20% del total, con derechos conculcados en función de su raíz palestina. Israel no es una democracia verdadera, sino una pseudodemocracia que sustenta su existencia física en tierras vecinas humilladas y conquistadas mediante el despojo, las guerras y la ocupación desde el año 1948 en adelante. Es un Estado de ideologías totalitarias que Jofré Leal ha denominado "nacionalsionismo". Israel es un Estado criminal y una clara etnocracia, pues prevalece en ella la pertenencia a un grupo étnico determinado sobre el conjunto de la ciudadanía, sirviendo de instrumento para la mayoría étnica judía en detrimento de la minoría árabe. Pero Israel posee un bastón fundamental. Un bastón que le lleva prestando durante décadas apoyo integral: apoyo político, económico, y sobre todo, militar, para que pueda seguir perpetrando las crueles matanzas en la vecina Palestina. Ese bastón son los Estados Unidos, y es algo tan arraigado en USA que da igual el Presidente de turno, o el partido que gobierne en un momento dado, la política de privilegio, complicidad y apoyo hacia Israel no varía. 

 

Pero insistimos, desde un punto de vista pacifista, la única herramienta válida para desmontar y luchar contra toda criminal connivencia, desmontando así de paso la impunidad y el poderío de Israel, es el sistema BDS. La campaña BDS es un llamamiento pacífico pero activo, un llamamiento a la acción práctica, con actos concretos, pero también una clara denuncia, y una llamada a la conciencia para dejar de aceptar los crímenes cometidos contra la sociedad palestina. Entendemos, y así ha sido explicado en todos los foros donde se ha propuesto, que campañas de este tipo son las únicas que, sin renunciar a los enfoques pacifistas, pueden tener éxito en la reconsideración y los enfoques alternativos, cuando se dan situaciones de tremendo calado como la que azota los territorios palestinos ocupados. Allí se cometen crímenes contra la humanidad de un modo absolutamente impune, se ignoran los tratados internacionales y resoluciones de la ONU, no se respetan los marcos y convenios de respeto a la convivencia entre los pueblos, y además todo ello se ejecuta desde una posición de clara superioridad militar, por parte de Israel. Debe quedar siempre descartada toda acción violenta, invasiva o militar como respuesta, porque entonces estaríamos entrando directamente en su terreno, sembrando más caos, devastación, violencia, guerra y destrucción. Desde la primera entrega de esta serie estamos argumentando que ese no es el camino, ni en el conflicto palestino-israelí ni en ningún otro (salvo en casos de estricta autodefensa). 

 

¿Qué hace hasta ahora la comunidad internacional? Absolutamente nada. Mirar para otro lado. Declararse bochornosamente "neutral". ¿Se puede ser neutral en un conflicto de este tipo? ¿Desde qué puntos de vista está legitimado cruzarnos de brazos, mientras contemplamos con estupor e indignación las graves violaciones a los derechos humanos de los palestinos que cometen los israelíes, o los continuos bombardeos en los territorios ocupados? La engañosa posición de aparente "neutralidad" sólo da alas a los más fuertes, legitimando, aunque sea indirectamente, sus razones y sus argumentos. No se puede permanecer neutral ante la injusticia, sobre todo cuando se presenta de forma tan evidente como en este caso. Hay que reaccionar. Hay que tomar partido. Hay que acordar una serie de estrategias que debiliten al agresor. Y este es exactamente el sentido de la campaña BDS. Una serie de actos de sabotaje, de boicot y de desinversiones, para que el gigante israelí se dé cuenta de que así no se puede continuar, de que la comunidad internacional va a ser inflexible, y no va a tolerar más agresiones hacia el pueblo palestino. Un conjunto de acciones decididas y valientes, mediante las que el resto de los países democráticos decimos alto y claro que "ASÍ NO", y que no estamos dispuestos a continuar mirando hacia otro lado, y tolerando la terrible situación que se vive en la zona. Pues bien, para llevar a cabo todas estas tareas, las campañas BDS proponen, definen, concretan e implementan todo un conjunto de acciones y decisiones económicas, políticas, deportivas, comerciales, culturales y diplomáticas, enfocadas a destruir la política del terror llevada a cabo por el régimen sionista. Este y no otro es el sentido del BDS.

 

Y aquí tiene que retratarse todo el mundo. Si de verdad la comunidad internacional, la sociedad civil y sus instituciones están por la paz, entonces, simplemente, no se puede ser cómplice de la ocupación israelí de los territorios palestinos y de su política de exterminio, despojo y exilio de millones de seres humanos, cuya tierra ha sido vilmente ocupada, transformada y segregada por un régimen invasor. Frente a esa política de colonización de apartheid, de crímenes y de violación de los más elementales derechos, la sociedad civil palestina, apoyada por millones de personas por todo el mundo, tanto individual como colectivamente (empresas, instituciones, organismos, asociaciones, etc.), exigen, a través de estas campañas BDS, que Israel respete el derecho internacional en base a tres objetivos fundamentales: el primero, poner fin a la ocupación de los territorios palestinos por parte de la entidad sionista, y el desmantelamiento del Muro de la Vergüenza. En segundo lugar, el reconocimiento de la igualdad de derechos de los ciudadanos no judíos de Israel, frente a la existencia de 49 leyes que discriminan a los palestinos con ciudadanía israelí, que viven en parte de la Palestina histórica ocupada desde el año 1948 y que representan un 20% de la población total. Y en tercer lugar, respetar y reconocer el derecho de retorno de los refugiados palestinos, tal como se estableció en la Resolución 194/1948, que en su artículo 11 resuelve lo siguiente: "Debe permitirse a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos, que lo hagan así lo antes posible, y deberán pagarse indemnizaciones a título de compensación por los bienes de los que decidan no regresar a sus hogares, y por todo bien perdido o dañado cuando, en virtud de los principios del derecho internacional o por razones de equidad, esta pérdida o este daño deba ser reparado por los Gobiernos o autoridades responsables". 

 

Por tanto, el marco legal existe desde hace muchos años, y además se ha ido renovando en el contexto de las diversas Resoluciones de Naciones Unidas al respecto. Pero Israel siempre ha hecho caso omiso de ellas, bajo el amparo y complicidad de los Estados Unidos, y ante la vergonzante "neutralidad" de la comunidad internacional. De ahí la necesidad de poner en marcha y respetar el BDS, ya que es una de las acciones de no violencia activa, más potentes en la lucha contra la ocupación israelí de los territorios palestinos. Pero ya sabemos que cuando priman los intereses económicos o de otra índole, las cuestiones del pacifismo quedan relegadas a un tercer lugar, o bien se habla falazmente de la "no politización" del deporte, del arte o de la cultura. No caigamos en dichas trampas. El BDS es una herramienta política, pero si no tomamos conciencia de su importancia y alcance, y la ignoramos alegando motivos de "no politización" de otros ámbitos o facetas de la vida pública, continuaremos siendo cómplices de las acciones criminales de Israel. El llamamiento del BDS nos convoca a boicotear la compra de productos israelíes, sobre todo de aquéllos generados en los territorios ocupados. Se llama a no invertir en este régimen, pero también a evitar los contactos culturales, deportivos, artísticos, políticos, económicos y sociales. En una palabra, se hace un llamamiento a la constante presión desde todos los planos al cruel régimen israelí, para darle un mensaje claro de que mientras continúe su fanática política hacia Palestina, la comunidad internacional no va a mirar hacia otro lado, va a tomar partido, va a presionar, va a chantajear y a boicotear cualquier manifestación israelí fuera de su país, hasta que dicha presión surta los efectos oportunos y deseables. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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